Editorial:

A veinte años de su muerte
Los grandes temas en Borges

Manuel Guillermo Ortega
(Guillermo Tedio)
mortega@metrotel.net.co
“Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría de Dios,
que con magnifica ironía
me dio a la vez los libros y la noche."
J. L. Borges

Jorge Luis Borges nace el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires y muere en Ginebra, el 14 de junio de 1986, oportunidad —a  veinte años de su muerte— para repensar algunas ideas que orientaban su quehacer literario. Como sabemos, Borges nunca escribió novelas porque consideró que tal hecho era un ejercicio desgastante e inútil cuando una idea cabe perfectamente en cuatro o cinco páginas. Prefería la síntesis, el género breve: el cuento, la poesía, el ensayo corto que pueden darnos el efecto de la emoción en una lectura realizada en un tiempo máximo de una hora. Por ello, en algunos de sus cuentos, simula que esas novelas ya existen y que él nos ofrece de ellas una síntesis.

En relación con sus relatos, Borges es fiel a unos cuatro o cinco temas. El primero es el tiempo circular o como lo llamó Nietzsche, el eterno retorno, que parte de la idea astronómica o cósmica de que igual que los planetas integrantes de un sistema (como el solar) cumplen ciclos, así también el inconmensurable universo (es decir, toda materia existente, galaxias y nebulosas) se mueve en órbitas, de modo que cada vez que el universo cierra un ciclo, las cosas vuelven a repetirse. Así, Borges dice en su poema “La noche cíclica”: “Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras: Los astros y los hombres vuelven cíclicamente; los átomos fatales repetirán la urgente Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras. En edades futuras oprimirá el centauro con el casco solípedo el pecho del lapita; cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita noche de su palacio fétido el minotauro”. Como se puede constatar, esta teoría inicialmente astrológica ha influido de manera notoria en las creaciones artísticas y literarias, solo que en la narrativa no puede seguir siendo teoría abstracta sino concretarse en acciones y personajes que se repiten como en Borges o en García Márquez. Es indudable, por ejemplo, que la reiteración de los Arcadios y los Aurelianos en Cien años de soledad es una aplicación práctica de la teoría de los ciclos. En el cuento “Tema del traidor y del héroe”, Fergus Kilpatrick es al mismo tiempo héroe y traidor y está viviendo de nuevo los hechos ocurridos al emperador Julio César.

El segundo tema en Borges es Dios, por supuesto, no el Dios de las liturgias de la fe, porque él mismo era un agnóstico, alguien que ponía en duda todas las creencias y teologías, y se lamentaba de no haber incluido en su colección de literatura fantástica algunos dogmas religiosos. Así como utilizó filosofías para escribir sus cuentos, del mismo modo incorpora un andamiaje teológico y metafísico en muchos de sus cuentos, que desde la parodia enciclopédica, ponen en duda ciertas verdades reveladas y complacientes. Un ejemplo de ello es lo que ocurre en el cuento “Tres versiones de Judas”, en que se plantea la herejía de que el verdadero Cristo no fue Jesús sino Judas, quien se sacrificó por la humanidad, condenándose al infierno, al cumplir la necesidad de entregar a Jesús para que con su muerte redimiera a la humanidad. Cuánto se alegraría Borges si estuviera vivo y se enterara de que, según el quinto evangelio encontrado —en Egipto, 1978, y solo ahora hecho público—, Judas no fue el traidor que los textos canónicos revelan sino el apóstol privilegiado, a quien Jesús le habría asignado la misión de entregarlo, convirtiendo entonces la traición en un hecho glorioso.

Un tercer tema está dado por la relación entre sueño y realidad. En los cuentos de Borges, la realidad no existe sino como un estado de ficción impuesto por un demiurgo (Dios) que lo hace creer real. Antes que la ficción cinematográfica de Matrix, ya Borges había escrito cuentos de personajes que creen desenvolverse en mundos reales cuando realmente están siendo soñados o inventados por alguien que a su vez es soñado que a su vez… Es lo que ocurre en su cuento “Las ruinas circulares”, en que un demiurgo sueña a un discípulo, una especie de hijo a quien luego impone a la realidad. Solo será al final cuando el demiurgo soñador descubre que él tampoco existe realmente porque está siendo soñado por otro. Del mismo modo, en “El milagro secreto”, un personaje, en el momento en que el jefe del pelotón da la orden de fusilamiento, sueña el milagro de que Dios le ha concedido el tiempo para que termine una obra de teatro. Dios le concede un año. Cuando termina de escribir en su mente la pieza teatral, se producen los disparos del pelotón. En su poema “El Gólem”, Borges desarrolla el mismo tema de Dios y la creación recurrente, esta vez con el agravante de que somos creaciones ilusorias de un dios mediocre, imperfecto, un dios de segunda categoría, que a su vez ha debido ser creado por un dios más poderoso pero también imperfecto. El rabí Judá León, al crear su Gólem, se malhaya de haber construido a aquel ser tan torpe: “El simulacro alzó los soñolientos párpados y vio formas y colores que no entendió, perdidos en rumores y ensayó temerosos movimientos”. Lo que no sabe el rabí es que Dios está mirando su torpeza al crear al Gólem: “En la hora de angustia y de luz vaga, en su Golem los ojos detenía. ¿Quién nos dirá las cosas que sentía Dios, al mirar a su rabino en Praga?”

Un cuarto tema sería la magia, teorizada por Borges a partir de las ideas de Frazer en su libro La rama dorada. Hay dos tipos de magia: la imitativa y la contagiosa. Según la primera, también llamada homeopática, dos cosas que se parezcan, aunque estén separadas en el tiempo o en el espacio, se siguen influyendo mutuamente en una relación simpatética. Este sería el caso de dos gemelos que viven separados, digamos, uno en Barranquilla y otro en Bogotá. El de Barranquilla se golpea un dedo con un martillo al intentar colocar un clavo en la pared. Por supuesto que le duele pero a quien se le inflama el dedo y se le cae la uña es al que reside en Bogotá. También es magia homeopática  el caso de los muñequitos de vudú. Por su parte, en la magia contagiosa, dos cosas, por haber estado en contacto o unidas, se siguen influyendo mutuamente, aunque estén separadas en el tiempo o en el espacio. Un ejemplo sería el de ciertas hechiceras populares que para poder influir sobre determinada persona, para bien o para mal, exigen que se les lleve algún objeto o prenda que la persona haya tocado o usado. En Borges, los lances fantásticos donde impera alguna de estas dos formas de magia son notorios.

Un quinto tema es el laberinto, que en Borges no es solo espacial. Ludmila Kapschutschenko ve ocho tipos de laberintos en la narrativa borgesiana, así: Externos naturales como ríos, mesetas, desiertos, cuevas; externos artificiales: la casa de Triste-le-Roi, en “La muerte y la brújula”, e igualmente “El jardín de senderos que se bifurcan”; internos anímicos: orgullo, odio, inseguridad, deseos; internos espirituales: búsqueda del conocimiento o de la verdad, como en “Tema del traidor y del héroe”; simbólicos: “Tlön Uqbar Orbis Tertius”, “La biblioteca de Babel” o la novela de Ts’ui Pen en “El jardín  de senderos que se bifurcan”; temporales; espaciales, como “La casa de Asterión”; y artísticos (las obras mismas).

El autor:

Manuel Guillermo Ortega (Guillermo Tedio) es narrador y crítico literario, director del Grupo de Investigación Literaria del Caribe GILKARÍ, coordinador del área de literatura de la Universidad del Atlántico. Tiene dos libros de cuentos publicados: La noche con ojos y También la oscuridad tiene su sombra. Es director y editor de la Revista Electrónica Trimestral de Estudios Literarios  LA CASA DE ASTERIÓN. Email: mortega@metrotel.net.co
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©   Manuel Guillermo Ortega
(Guillermo Tedio)

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 25
Abril-Mayo-Junio de 2006

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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PORTADA
VOLUMEN VII - NÚMERO 25