Equipaje para desahuciados

Janet Núñez Marroquín
kalusa@telecable.es

Poemas remitidos por la propia autora para LA CASA DE ASTERIÓN,
tomados de su libro Equipaje para desahuciados.
Madrid, Ediciones Elogio del Horizonte, 2006.














Si no fuera por las instancias
de este cuerpo absorto en la penumbra
ahora ya inmerso
en el salobre sabor del desencuentro
desarraigada la raíz del amparo
despulpado el sexo y desolado el pellejo
alguna verdad amasaría el futuro

Si no fuera porque alguien
rumia los huesos de un niño no nacido
con su hambre de moho que trepa la incordura
y un sonido que es preámbulo del frío
abriría las compuertas a una primavera

Si no fuera porque la tarde
es mi cuerpo sin pulso
un vértice doblado tras la niebla
una orilla que muere sin quejarse
un dolor de partos escondidos
exprimiría hasta la médula
este afán de vivir que soy y que tengo
aún a pesar mío
para no ser cadáver nunca antes vivo

Entonces ya exhausta de intentos y misterios
a partir de esa hora desplegaría las alas
llevaría un equipaje para desahuciados
un arcón poblado de trueques y retrueques
un rescoldo de amores del día transgredido
si no fuera porque la tarde cae
y porque la noche que se cierra
no tiene párpados
si no fuera porque mi vida suena
a puntos suspensivos
y si no fuera
porque la noche es fugaz y sin memoria. 


A continuación presentamos traducción al francés
del poema anterior, realizada por Jean Dif.

Si ce n'était par les supplications
de ce corps absorbé dans le pénombre
à cette heure déjà plongé
dans l'âcre saveur d'une rencontre avortée
une fois extirpée la racine protectrice
extraite la pulpe du sexe et piteuse la dépouille
une vérité quelconque pétrirait le futur
Si ce n'était parce que quelqu'un
rumine les os d'un enfant non né
avec sa faim de moisissure gravissant l'insensé
et un son qui est le préambule du froid
j'ouvrirais les vannes du printemps
Si ce n'était parce que l'après-midi
mon corps reste sans impulsion
un sommet plié derrière le brouillard
une berge qui meurt sans se plaindre
une douleur d'accouchements dissimulés
j'exprimerais jusqu'à la moelle
cet effort de vivre que je suis et auquel je tiens
quoique à  tant m'examiner
pour ne pas devenir cadavre jamais je n'ai vécu
Alors déjà épuisée d'intentions et de mystères
à partir de cette heure je déploierais mes ailes
je porterais le bagage des sans espoir
un coffre empli de choses troquées et retroquées
la cendre des amours d'un jour transgressé
si ce n'était parce que le soir tombe
et que la nuit se ferme sans paupières
si  ce n'était parce que ma vie sonne
en points de suspension
et si ce n'était que la nuit
est brève et sans mémoire.


627 para ser exactos

Seiscientos veintisiete pasos
hechos de arena o de barro hecho añicos
muy pocos para tantos guerreros azules
tendidos de espalda sobre la estepa
la huella de Caín señalada en la frente
a la espera del blanco corcel solitario
Seiscientos veintitrés                     
La hora está cerca
¿Qué se va contigo, azul guerrero,
y qué se queda?
Esta duda con olor a canto eterno
la voz de la oración silenciosa
y el color de la noche
en el desierto metálico de tus huesos
donde ahora no hay color ni desierto
ni calor ni de cierto
Seiscientos veinticuatro                   
Los talones olvidados sangran el rastro
al pronunciar la palabra
impronunciable
la conjunción indecente
bajo el troquel del calambur                                                          
sin caballos para herrar ni errar
Seiscientos veinticinco                    
Me hielo y paralizo
en la grisácea densidad del polvo clandestino
o de la húmeda piedra que abandonan
tus pisadas transgresoras
cae el letargo que agota las palabras
se tornan azules mis tendones
se funden mis estrellas
con los ojos de los muertos
azules
cara arriba en la espera interminable
Seiscientos veintiséis
Paso el umbral helado                            
aquí no existe dios ni adiós
ni odios ¡Oh Dios!
Aún paso la delgadísima línea del umbral
Aún paso. A un paso me hielo
Si todavía respirara congelara el aliento
Me hielo       me hie-lo
me hi...
hi...
hiberno.

          
Verdaderamente quisiera hacer algo diabólico,
  pero no se me ocurre nada.
  Monólogo del insumiso,
                                Juan José Arreola

Ato un extremo a la tierra y el otro
a la incertidumbre
me dejo caer en laberintos irregulares
ciertas estancias nunca antes
construidas o habitadas
pequeños tramos con aspecto de selva
cuya travesía logra darme un nuevo nombre
o reducirme a un gesto unívoco
pabellones túneles pasadizos
poblados de risas distorsionadas
fatigados trayectos donde se cruzan
pasajeros del pasado
atajos donde confluyen multitudes de rostros
ninguno distinto de los otros
y desde aquí
y desde ti
cada vez más pequeños
Entonces también invito a una cena
celebro la presencia del extranjero
la vibración de los cartílagos en desuso
ese miedo irrazonable
como si la sola evocación
del arañazo de la infancia todavía doliera
como si el recuerdo
de una cicatriz insignificante
de repente pudiera ser una incisión
profunda y sangrante
celebro el miedo y la avidez imprudente
una mezcla de maneras opuestas
de considerar la vida
tal vez porque al final de la curva reconozco
que trepándote se alcanzan otros mundos
así no nos hubiéramos tocado nunca.



Cuando el primer acto de fe
que es el hombre nos traiciona
una zona de sombra se instala para siempre.
Una obsesión irrevocable nos transita
y una fuerza invisible nos acerca a lo humano.
Un reclamo se agita invocando a los dioses
una justa palabra, un severo designio
que al menos encadene el tácito cobijo
para nuestra tristeza
—esa infinita reserva de amparo que nos queda—

Una trama inequívoca de miedo y desconfianza
tiene lugar allí,
nos mina,
nos acecha
y suele desterrarnos del alma de los hombres.
Yo quisiera entenderlos sin mayores esfuerzos
sentándome en su silla para contemplarme
habitando un espacio de rencores ajenos
que me revele a solas el sino que merezco
hasta que esa reserva múltiple y confusa
como juego de espejos, sin más, desaparezca
y como un transeúnte que cae y se levanta
sin errores ni aciertos,
crédulo y paciente recupere el aliento,
resguarde la confianza, decline la sospecha.


¡Adónde has ido a plantar tus tiendas!
¿Por qué esa ancla que revuelve las profundidades 
ciegamente y tú nada sabes?
Sonata,
Álvaro Mutis.

Es apenas macabra la aventura
de yacer tendido sobre la hierba
la nariz descarnada
apuntando al vacío
en la hora precisa
ese instante recobrado para el encuentro
           —ya previsto—
con un otro que dice conocerme
Es no sólo apenas curioso
este defecto mío
de dejarle que llegue
con cara de inocente y casual
y me haga el tonto
cuando oculte su afilado cuchillo
en algún oscuro surco
lejos de mis ojos
que instale paciente sus huesos
infinitos entre todos mis huesos
y consiga usurpar el único lugar
que acaso sería
in-trans-fe-ri-ble-men-te              
mío sobre la tierra
Es imposible predecir
si también consigo arrastre
el peso de mi nombre
y aun así y tal vez quizás por ello
me alejo y retorno al inútil intento
de describir el mundo conocido
fallido intento
siempre fallido si me miro
dentro de cinco minutos
y no soy el que fui
ni ese otro que acabo de ser
ni tampoco ese anónimo
que impasible ocupa mi lugar
y en mi lugar allí yace tendido.


Una gota se escurre por la mejilla del ángel
que custodia las campanas
¿Qué ráfaga de lluvia y de metralla
alertó sus ojos desde el cielo?
¿Qué velo blanco cubre ahora su sien?
¿Qué corazón atrincherado
detrás del muro de artificio
reniega de la mano que lo crea?

Algo se rompe bajo la piel oscura de la tierra
entre las ruinas la sangre inventa nuevos cauces
la tormenta de arena borra de los campos
el coraje
en los escombros el frío clama raíces abisales…

Alguien guardó la espada
para volver a blandirla sobre nuestro cuello
alguien sin rostro pretende que todos estemos
a la medida de la angustia      cuando a lo lejos
redoblan las sirenas
cuando las piedras se mueren por el ruido
cuando el dolor de nuestros pies
enmudece las campanas
cuando nuestra mirada
transitando llanuras impensables
muerde el polvo
quebranta la frente del ángel
hace añicos los badajos en la hora siniestra
y convierte en imposible la palabra.

lágrima amputada.


La misericordia se abandona al desconsuelo
tras la lágrima que danza los miedos
de aquel que recorre una casa
recién deshabitada y cierra ventanas
recoge cenizas sembradas en el suelo
posa la mano sobre la superficie
de los recuerdos
los recuerdos
   conjuro de las tallas
en el madero del sacrificio
y las cenizas
  una rara espesura que trepa
por cada firme intención de desapego

No hay redención posible

El olor de la sangre de los últimos días
impide el paso de todo visitante
intempestivo
There's no comfort in the truth
decía en algún papel abatido entre cenizas
verdad que ningún sentido tendría
y que nadie habría elegido
sin el rictus acusador y el frío
que se aposentan en el cadáver
del ignorado
En el centro de todo aquello
en el borde de un pozo en el patio trasero
una niña camina sin tensión ni equilibrio
bailarina de sombras
sobrelleva
  el antiguo ademán del abrazo
como un rito del hombre
natural e innato
y en el fondo del eco
el sonido de la última ventana que se cierra
es también la conciencia de la tierra
un poco menos intensa que la risa del caído
maldita costumbre del ojo sobrepuesto
a la memoria
memoria
  cada vez menos inoportuna
más inerme ante lo insólito
y menos soberbia que esta creencia
de ser dioses devorados por el fuego.



Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad?
¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa
con la espada en la mano?
¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus ojos
como el adorno de un dios?
¿Por qué un día de repente sentiste el terror de ser?
Altazor, Canto I,
  Vicente Huidobro
Hoy
Despertarás del sueño más allá de la risa
y bajarás hasta el último peldaño de un patio
el reposo del frío te golpeará la cara
Tú, tan pies de barro,
tan voz de semilla,
te sentarás a oscuras
guarecido en el tronco del viejo árbol
bajo el follaje
Entonces
cuánto darías por no ver
empañados los cristales de aquella luz vecina
flor de novicia
solitaria en flor
que te recuerda al de antes, cuando querías
poder empeñarlo todo
por descubrir cuanto pudieras abarcar
del alma de las cosas

Para mañana
todo será distinto
saludarás el rostro del mundo sin afanes
desperezando los huesos fantasmales
sin preguntas que te vuelvan a dejar en vilo
tú, rompeolas circular y laberinto,
por ti, todas las preguntas
deberían quedar en el aire
¿Quien tendrá la verdad absoluta
universal e irrefutable
de arrebatar la vida
al hambre?
¿De qué materia salvaje, impasible y severa
o tal vez indolente como si hubiésemos muerto
estará fabricada la humanidad entera?

Pero es a ti a quien alguien espera
aunque tú ya no quieras colorear el cielo
quizás porque te duelen sus cristales en los ojos
quizás porque tu ancla se sumerge
inaprensible
y tú ostentas el dilema de salvar la casa
el territorio doliente que no te pertenece
una batalla absurda de todos los diluvios
sin el otro abismo y sin más viceversa
que la razón del hombre por el hombre mismo
y en la frontera
una vaga desazón de caminar a tientas
por el túnel quebrado de un dogma colectivo
y al otro lado
te encuentras.


Hoy te vi Mr. Hearthrow
y aunque todo caiga en el olvido
la vida no será la misma.

I.
Ignoro qué conoces de mí para alterarme
para dejar sin orden los signos de mi cuerpo
y veo en las paredes tus manos
arañando este impás de vacío
en el que todo tú, tu ser o lo que queda
—quebrada marioneta en un desván de siglos—
alimenta los hilos de mi mortaja antigua.

II.
Detesto, Mr. Hearthrow,
tu paso de soldado arrasándolo todo
repudio tu casa sideral y tu desierto
pero tengo que hablarte ahora
sin una voz que pueda
pronunciar nuevas palabras
conozco las de siempre
las inútiles
te hablo desde mi corazón vulnerado
el corazón que abandono en manos de los otros
lo entrego al placer de otros para que coman de él
y a ti sólo te pido muy cerca del oído
—sin importar que puedas verme
flaquear con los días—
que no me devuelvas imposibles
porque sé quien eres
George Hearthrow
no des marcha atrás hacia mi encorvadura
tengo doblado el pecho desde que eras un niño
y nadie podía amarte
pero yo te amaba
yo te amé
desde el primer día de tu vida
y eso es aun más inútil
Entonces    como sabes
hay entre los dos
una noche perenne
una instancia de roca que nos convierte en hijos
de la misma oruga.

III.
No des paso en el regreso
no está del todo mal alejarse
del centro de las dunas
con tus ojos de agua
con tu boca que no será jamás de risa
con tu cuerpo cercano a la eterna pesadilla
de hombre vencido sobre el lodo
cara abajo en esta tempestad
venida de repente
a arrebatarnos todo
a nosotros que nada tenemos
más que una sonrisa que se irá
perdiendo con los años
y un intenso dolor
tú y yo un solo dolor
un único dolor
y una estela de sangre
que nos arruga el rostro.


El agua del río va huyendo de sí misma: Tiene miedo de eternidad.
Dulce María Loynaz
Para las ganas de morirse
que dan a las tres de la mañana
ya plácidos de sangre en la nuca
pensando en la prefuga de los amores torpes
en las horas muertas, en la canción profana
y también en las fugas del amor indigno

De pronto asumido el regocijo
de meditar pacientes la rebelión abierta
hastiados y hastiados hasta el infinito
de ser sin rumbo mitades imperfectas
la otra mitad de alguien eternamente ausente
y enteramente solos con la mitad desierta
como desiertas quedan las cuencas del retorno
como perpetua queda la cicatriz del viento
detrás de las puertas, en todos los andenes
desplomando su huella sin poder caminar

Las palabras entonces abrazan la caída
dejándonos yacer volátiles, sencillos,
con los cuerpos ingrávidos de fetos orbitando
el refugio convexo de un útero lunar

En noches como ésta de falsa profecía
vaciados del todo del eco de la carne
dilata la distancia de los amores prófugos
se rompen los nexos con los amores necios
se encadenan los ojos a la veta del sueño
y cada sueño es cadena en el sueño del vértigo
todo el cuerpo se llena de resonancias huecas
recientes las heridas para este poema
y como forma tangible la grieta del recuerdo
es sedimento de lodo de una antigua tristeza

Para las ganas de morirse que dan de madrugada
vendrá este poema de verdades a medias
a rescatar a algún hombre del filo del absurdo,
pues vendrá de repente un amor mesurado
que habilite el indulto de sublevar las voces
y las subvoces de los niños mudos

Este atadillo de palabras colgado al hombro
nos salva del intento de arrasarlo todo
maldita perversión la de mi vida toda
y una sola excepción a modo de conjuro:
que estos últimos versos sean como una fuente
para que no se diga luego
que un poema ha muerto
de sed con la garganta seca
aunque la noche venga traicionera
invertebrada y plagada de bostezos.






_________________________________________
©   Janet Núñez
© Jean Dif (Traducción)

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 25
Abril-Mayo-Junio de 2006

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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PORTADA
VOLUMEN VII - NÚMERO 25