¿FANTASMA?
Yizas Marimont
Segundo puesto en el V Concurso de Cuento Universidad del Atlántico,
Semana de las Lenguas 2006, Departamento de Idiomas, Facultad de Ciencias Humanas.
El flujo del agua cesó con gemidos entrecortados. Recordé (recuerdo que recordé) vagamente un sonido de estertor —ese que va tan bien con las manos cruzadas sobre el pecho— o de estornudos fallidos en rápida sucesión o de fatiga de amor consumado. Lo de “recuerdo” es puro tecnicismo; ahora tengo remanentes de remanentes de sensaciones, las cuales asocio con sucesos que probablemente las motivaron según me aconseja mi experiencia. Había agua por la impresión de sus dedos todos yema bajando la espalda, terminaba el baño por la indefinible tristeza que aún me producen los pobres chorros agonizantes, pensaba en estertores y estornudos por un como vacío entre las orejas que solo vendría de tales imaginaciones... y seguramente era de noche.
Las noches son buenas. Todo deja de “haber” por un momento y la condición de los que no “estamos ahí” ya no parece tan deplorable —no para mí, claro, porque yo no puedo deplorar. Solía preferir las noches porque el baño matutino me sabía a conducta antinatural: se desvestía uno de sí mismo cubriéndose de lo otro, el agua que ha bañado otros cuerpos y recibido otros escupitajos y mojado otra sed viene saturada de lo otro; el baño vespertino, en contraposición, significa desprenderse de lo otro y quedar uno solitario ahí donde estaba al empezar, con su tragedia y su saliva propias. Y el agua ayudaba... al principio; debía sujetarla, no fuese a arrastrar parte de lo mío con lo demás. Así deslizaba manos furiosas por todo mi cuerpo a un ritmo casi marcial sacudía la fina película de humedad con desespero escarbaba en busca de piel seca, piel original, que por paranoia o por simple obsesión (según se prefiera) consideraba perdida para siempre o por lo menos en grave riesgo después de un baño porque sin piel ¿qué era? ¿Realmente estaba? ¿Realmente estoy? Cuando la piel, cuando envolvía la carne, entonces era yo como saco de vísceras bien bien tangible, y cualquier vecino habría dicho de mí: “Allí está el señor etcétera quien sin duda existe, a juzgar por su mórbida panza llena de tripas”. No reclamaba cualquier cuero, no; quería el mismo con sus cicatrices para verlas y pensar que sí, que yo, que otro no podría tenerlas, y qué alivio. Pero si la piel no estuviese, me asaltaba la angustia, si al despejar el agua no encontrase la piel, no sé que sería de mí: de golpe no habría sabido quién era. En ese entonces vivía convencido de mi materialidad, como la mayoría de mortales que así nos llamamos esperando perderla algún día.
¡Como si la piel... o la carne...!
En esa noche no tan buena, se confirmarían mis temores.
Algo se abría paso hacia el exterior salvando mi epidermis, luego mis poros; brotaban partículas negras muy menuditas que no eran gotas —las habría reconocido de inmediato al verlas estallar desde sus heridas, alcanzadas por el resplandor lunar justo antes de caer en las tumbas regulares del embaldosado. Las confundí con mosquitos o con hormigas, y agité mis brazos frenéticamente, me sacudí con mayor insistencia. A medida que el ritmo marcial degeneraba en retirada desordenada, soldados que se desbandan bajo una lluvia de proyectiles, caía más y más polvo extraño, sudor oscuro, y mis brazos literalmente desapareciendo frente a mis ojos, mis ojos gritando si era posible, cómo Dios mío, no puede ser: ¡Estos mosquitos se interpretan, estas hormigas dicen algo en sus formas caprichosas! Recuerdo la sensación de desmayo en las extremidades, un reflejo automático que me poseía frente a las letras, una suerte de necesidad maternal de detenerme y leer y acunar el texto entre mis párpados. Palabras manando a borbollones ¡Y yo las leía, y yo las podía leer! Mi cuerpo se desmigajaba en palabras aquí-humano-retribución frases deslizándose por mis muñecas invisibles se-aburrieron-las-águilas-y-la-herida-se-cerró-de-tedio como si aún estuviesen allí y-acerca-tu-mano-y-métela-en-mi costado.
Huí aterrorizado del baño. Párrafos enteros pegados colgados de la cortina; allí donde apoyaba mi mano, quedaban impresos minúsculos caracteres, signos inertes hablando un día todavía vivo en mi memoria (memorias ajenas), mudos epitafios de un hombre/idea que —oh paradoja— los lee y relee cada vez que lo asalta la sensación de llanto. Corrí, dejando a mi paso un reguero de frases, escribiendo la crónica de mi desdicha. ¿Cómo lo explicaría mi familia? ¿Qué opinaría algún criminalista impasible, examinando mecánicamente las líneas y pasando por alto el contenido? Quizá sonreiría a media boca y diría entre dientes: “Ha muerto un canalla”.
Sufrí durante meses, años, si se quiere, víctima de un giro inexplicable de las circunstancias, culpable solo de haber estado en algún punto donde lo real y lo irreal se interceptaron; por lo demás, inocente. Con todo, mi estado me permitía acceder a nuevas percepciones y modos de percepción. Lo abstracto ya no aparecía inconcreto e inasible. Vi a mis hijos hablando, vi sus palabras fluyendo como potentes surtidores, a veces como rayos proyectados, envolviéndome cual enjambre de mansas abejas, levitando conmigo.
Entonces comprendí.
Sí, comprendí.
Mi muerte no fue la del hombre común, sino mucho más cruel: la del que ha perdido toda capacidad de enviar el mensaje indispensable: “Estoy aquí, afectando la realidad, tu realidad”. Ignoraba que hay otras formas de “haber”. La venda ha caído de mis ojos, y fue reemplazada por un manto de sensaciones puras, desnudas. Hoy vivo en los recuerdos; sin ellos muero y con ellos vuelvo a existir.
Percibo una nueva sensación: aburrimiento, ganas de cambiar de tema. ¿Será el momento de morir? Ya regresaré.
Ella reía, y las hojas arrastradas por el viento nacían de su risa. Sentí (recuerdo que sentí) que su risa impresionaba mi oído como meter la mano en una bolsa de ciruelas impresiona el tacto…
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© Yizas Marimont
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 25
Abril-Mayo-Junio de 2006
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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