Bajo un fragor de lluvia

Sergio Manganelli
manganellisergio@yahoo.com.ar


La patria
es un café
al que desciende,
bajo un fragor de lluvia,
estremecida,
su plena luz
de arcángel suburbano,
florida de castaños,
desvelada de augurios
y urgencia metafísica.

A trocarme ese absurdo
rebaño de la pena
por guiños y candiles,
verdad perecedera,
parábolas de musas
y viajeros,
o ayudarme a cruzar
a través suyo,
salvar de sur a norte
las barricas.

Hasta la incierta hora
en que gravita
el aura de la ausencia
entre sus labios,
y el vaho del amor
fermenta los silencios,
en la borra
de un pocillo
abandonado.


Ya no creo en la luz,
salvo en la atlántica
centella de la noche,
ni en ninguna penumbra
más grave que el destino,
y es la alegría apenas
un lúdico placer,
un pasatiempo,
del que vuelvo deshecho,
al críptico hospedaje
de las sombras.

 
Las gotas
van y vienen,
se mecen,
se descuelgan,
transfiguran la tarde
en claridad y verde,
cincelan en lo árido
un mundo cristalino,
un brotar de matices
y duendes incorpóreos.

Y luego,
a la perfecta hora
en que los pájaros
diseminan al aire
la fragancia,
descubro en la húmeda
tersura del follaje,
un verso candoroso,
o una mueca anhelada,
que desbarata el intento,
la malsana tendencia,
de sentarme a morir
bajo los álamos.


"...El sueño se hace a mano
   y sin permiso
   arando el porvenir con viejos bueyes".
Silvio Rodriguez

Arar la tierra
con los pies,
paso tras paso,
reconociendo el eco
de secretos abismos,
la roja vibración
de la semilla,
el sabor de la luna
en el silencio.

Desempedrar las calles
del olvido,
robarle sus fulgores a la sombra,
marchando en el vacío,
a tientas,
como un ciego.

Bebiendo de la vida
hacia la muerte,
sin espigas,
ni pan para mañana.

Dejar dormir la aurora
en la sal de su lecho,
mientras el vino sangra
bajo mis cicatrices,
y vierte sobre mi alma
un fuego para siempre.
No hay camino, ni luz,
tan solo pasos.

….

Un agua de naufragio
en las esquinas,
praderas invernales,
soles verdes.
Arena de los surcos
de la gloria.

Eclipses transparentes.

Y mi ansiedad un río,
que se tropieza a veces con tu nombre.


Yo sé de mar,
de sal,
de campanadas.

Fui navegante
sin haber nacido,
y me perdí
en el vuelo del albatros.

Yo me escapé
del tiempo
en un naufragio,
y sufrí por las noches
las ganas del regreso.

En invierno
en las playas,
trato de descubrir
la luz de los corales,
y suelto al mar
bandadas de botellas
con estrofas de tangos.

Sólo la suave complicidad del viento.

Mientras las olas
derraman en la arena
fragancias submarinas,
ya la canción de espuma
desviste la marea.
Yo sólo sé de azul,
de gris,
de campanadas.


"No se recuerdan los días,
se recuerdan los instantes".
  Cesare Pavese
Hizo a la mar
su luz
la barcarola,
y estremeció mis huesos
el goce de la tierra,
encrespando la sangre
como un gran maremoto
de fuego y cascabeles.

Desde entonces
llamaron tus manos
en mi puerta,
como una exaltación,
un exorcismo,
una bandada de dudas
migratorias,
un oscilar del amor
al invierno.

Fueron de estío
mis horas más calladas,
mis públicos olvidos,
y Afrodita era apenas
una estatua en el parque,
cuando a mí no acudían
tu cuerpo y tu destino.

….

Queda claro,
vivir es simplemente
una razón,
y un laberinto,
cárcel de minotauros,
arena calcinante
precipitando pasos,
oasis transparente
al filo del abismo.

El color es un modo
de transponer la noche,
y la piel un supremo
bálsamo del delirio,
una impronta de estelas,
un clamor metafísico.

Las malas horas traman
petrificar la pena.

Y mi júbilo duerme
inmutable en la hierba.


El mar es verde
la palabra
azul.

Sobrevivir
y desamar,
verbos espeluznantes
(mientras en los portales del delirio
la luz hierve crepúsculos,
a fuego lento,
en cándidas pupilas)

Si dios existe o no,
casi no importa.

Atesorar palabras y praderas,
mercados desolados,
fantasmas y franquezas.

Silencios y aguaceros.

Otoños y arrabales,
tristezas repentinas,
y el exorcismo malogrado
de la duda.


No contar pasos,
ni horas, ni certezas,
ni financiar los soplos de alegría.
Respirar nada más,
y almacenar
detrás de las cortinas
parvas y parvas
de cosas que no pesan,
ni cesan.

Breves eternidades cristalinas.

Un odio pendular
demarca el territorio
del dolor,
las cifras de la muerte.
La oscura matemática
del miedo.

El mar es verde
la palabra azul.

De ceniza implacable
es la ceguera.


Ahora que ya
no guardo prisas,
ni azares de primera mano,
ni cumbre a plazo fijo,
ni coartada idiota,
o amuleto feliz
contra el olvido,
ni besos desayuno,
ni graffitis de amor
sobre muros de trigo.

Justo cuando
se duerme mi desánimo
la siesta del domingo
y el carrusel de insomnios
se abstiene de sortijas,
ahora que mi rencor
anda descalzo,
que las nueces son mucho más
que médicos  y  ruido.

En este tiempo
en que las bienvenidas
tiemblan en los espejos
y el pasado nos pica
como un cuervo de exilio.

Precisamente ahora
en que ya no soy huésped
debajo tu piel,
ni miel bajo tu ropa,
me afiebra el horror cotidiano,
mientras aguardo turno
en la antesala del miserable destino.


Recién en esta tarde
de muelle sin pañuelos,
silencio sin conjuros,
plumas huérfanas,
ojos sin deseo,
acupuntura torpe
contra el miedo,
mayo sin poesía, 
soledad y trapecio.

En esta hora
que no transmite nada,
este rato perdido,
sin cuerda en el reloj, 
pantano de las emociones,
arena y espejismo..

Esta calle desolada,
este latir sin sangre,
esta hiel y este frío.

Acabo de descubrir
una paloma sin rumbo
que me anida en la puerta,
un caracol de lluvia,  
reproduciendo el eco
de un dolor repetido.

El autor:

Sergio Manganelli nació en Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina, reside actualmente  en San Antonio de Padua, al oeste del conurbano bonaerense. Sus poemas y artículos han sido publicados en una importante cantidad de diarios de Argentina, México y España. Asimismo en revistas culturales y literarias de Argentina, España, México, Estados Unidos, Puerto Rico, Francia, Colombia, Venezuela, Chile y otros países. Obtuvo entre 1991 y 1999 una treintena de premios y menciones en su país. Se encuentra trabajando en la edición de “Sangre de Toro” -poemas y banderillas-, que se editará inicialmente en Buenos Aires a mediados de 2006 y posteriormente en España.  
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©  Sergio Manganelli

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 25
Abril-Mayo-Junio de 2006

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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PORTADA
VOLUMEN VII - NÚMERO 25