El espíritu variado en
La noche con ojos, de Guillermo Tedio

Silvia Boekhoudt de Marenco
silviadisc@yahoo.com
Facultad de Ciencias Humanas
Universidad del Atlántico

Introducción

De acuerdo  con la historia,  la literatura se mueve de manera continua, en diferentes direcciones y tiempos. En su libro de cuentos La noche con ojos, de igual forma nos traslada Guillermo Tedio a ese período de la época agraciada de la literatura latinoamericana, del “Boom” literario, que asombró al mundo. Fue esa una literatura esperanzadora que, para el asombro del mundo,  se manifestaba con altas cualidades,  exploraba la vida con cierta rebelión y protesta, con impresiones fantásticas y realistas, que el  autor expresa con el espíritu de ese tiempo, un espíritu variado, como variados son sus temas, espacios geográficos y temporales, contando quiénes somos y cómo somos en el litoral atlántico colombiano y en Latino América. Sus cuentos  contienen una mezcla de fantasía y  ficción con lo real, que contribuye a preservar, para las generaciones futuras, la originalidad de un pasado que hará a los lectores venideros acercarse a las costumbres, creencias y tradiciones que permanentemente experimentan cambios.

Perspectivas generales

El lector, al leer una novela o un cuento, va en búsqueda de la verdad, y se encamina a descubrir lo que el autor tiene  oculto en su  cosmovisión.  En los veinte cuentos de La Noche con ojos, simboliza Guillermo Tedio el cómo, el dónde, el cuándo y el qué paradigmáticos, en apoyo a los elementos que conforman la llave narrativa de los sucesos e historias, acaecidos en las décadas de los cincuentas y sesentas, tiempo de su obra, cuando el país se encontraba en un encerramiento, ensimismado y aislado, ante los procesos de cambio científico, social y político que se daban a nivel universal.

En medio de ese distanciamiento, los autores individualizaban los sucesos del país y los daban a conocer en sus novelas y cuentos, habiendo logrado los últimos su consolidación, cuando elaborar  cuentos no es tarea fácil, dadas sus altas exigencias, menos cuentos cortos, como los sometidos a estudio, en los que el autor crea un pueblo mítico para dar a conocer,  en forma fantástica, mágica, a veces surrealista, la verticalidad de las relaciones de cada grupo humano que vive su mundo en un estado de aislamiento.

Los relatos de Guillermo Tedio son testimoniales, por lo que en ellos expresa fielmente su visión, acudiendo al estilo artístico literario para reproducir, ficcionalizar y simbolizar  las vivencias de unos seres en varios escenarios del continente americano. Sostiene sus impresiones con discursos selectivos, cortos, firmes y profundos, sin dejar por fuera la oralidad, el lenguaje coloquial elegantemente implementado, evadiendo el desperdicio de palabras, sin utilizar términos difíciles, lo cual da agilidad, fluidez y soltura a su obra, que siendo seria, no es solemne ni contiene una atmósfera triste ni lúgubre, no existe además la hipérbole, tampoco es alegre, por la realidad que  atraviesa.

En  algunos cuentos se produce un aire paródico como cuando pinta la actitud del estudiante marxista  sin nunca haber leído a Marx, concluyendo, que al lado de la parodia también da a conocer, desde su óptica,  una crítica política, académica, de estudiantes que quieren ser, pero no leen o no saben leer; sin  exceso de  realismo  hace  sobresalir lo literario.

En medio del drama de la existencia no hay una atmósfera de terror, la mención del odio de la hermana por el hermano, que vive su soledad, víctima del incesto, es meramente una alusión onírica del hermano, sin que éste pinte el proceso en que el suceso se produjo. La venganza existe, pero no es estilo del autor darla a conocer en toda su crueldad, esto se lo deja al imaginario e intuición del lector.

De ese modo da Guillermo Tedio cabida a varias historias vividas en  sectores citadinos y rurales del Caribe colombiano y América Latina, mezclando, en las diversas temáticas, la realidad con la ficción, como formas derivadas de  sus cualidades estéticas.

La creación verbal y artística, por tanto, es más la  representación de una verdad ficcionada. En esto nos confrontamos con una paradoja: ¿El autor estaba consciente del panorama de los sucesos que estaba contemplando en el momento de pintar la realidad y escribir los relatos sin ser recurrente?

El lector traduce, amplía o transforma los contenidos, descubre sus significados, quedando a la vez anclado en las ideas y sensaciones que se  van presentando en el proceso de la lectura, lo cual lo induce al cambio y a la transfiguración de lo presentado por el ser y el hablar del autor, cuyos relatos reflejan  la oralidad, dando significado al lenguaje sencillo y cotidiano de los actores. Este estilo de la pragmática eleva la fidelidad y la sonoridad de su arte  que da forma a lo real acontecido.

No es fácil realizar un estudio de estos cuentos de Tedio, no obstante su brevedad. La temática y los escenarios son cambiantes, los sucesos se sitúan mayormente en un pueblo mítico, mágico, denominado Barahona, creado por el autor, lo cual hace  señalar la influencia de otro pueblo, Macondo, de García Márquez en lo real maravilloso;  esto es válido cuando los autores hacen escuelas.

Como sujeto activo, el lector analítico da significado a los elementos abordados por el autor en sus viajes a otros lugares y países, con la intención de hacer presencia y ser testigo de sucesos geográficamente distantes.

Con relación a lo anterior, manifiesta Ricardo Pligia: “El narrador no es un sujeto real que ha vivido y que le cuenta a otro su experiencia, es la lectura la que modela y transmite la experiencia, en soledad. Si el narrador es el que transmite el sentido de lo vivido, el lector es el que busca el sentido de la experiencia perdida” (105).

Una obra sin lector, diríamos, que es obra lastimosamente muerta, de ahí   la importancia de un estudio analítico que dé sentido a los contenidos, que los transforma en la dialéctica de la lectura controlada y minuciosa, cuya síntesis altera la realidad escrita. El mismo Piglia dice: “Mayor sería decir, la lectura construye un espacio entre lo imaginario y lo real, desarma la clásica oposición binaria entre ilusión y realidad” (30).

Así, las situaciones  son extracciones de la vida real, complejas pero no ajenas, cuando conducen a la circunspección emergida del flujo y reflujo de procesos que se dan en el Caribe colombiano y más allá en América Latina. Los escenarios son productos de realidades exploradas y reconstruidas desde la imagen simbólica, la fantasía y la visión de mundo del autor.

Los actores tienen dificultades para ser comprendidos cuando los datos de su realidad no forman parte del paradigma del lector, cuya verdad, por tanto, pasa con dificultad por su filtro, sin descartar que  el autor también tenga su paradigma, pero los dos son complementarios al estar familiarizado el lector con la comarca y con los sucesos dibujados en el texto, que prácticamente, en ese tiempo, también hacían parte del Caribe antillano.

La vida en los diferentes escenarios es dada a conocer por Guillermo Tedio como mítica, medieval y moderna, con un tono de voz que, concordante con la atmósfera, puede ser dramático, jocoso, humorístico, donde no falta la carnavalización de variada circunstancia. Puede ser irónico y pesimista cuando hace resaltar  esa época en que el hombre, como hoy, vivía sin la luz de la sabiduría porque se la negaban, afectado negativamente por el engaño, la traición, la violencia y la corrupción que lo circundaban de forma existencial, hasta surrealista.

Para concretar, cada cuento es una realidad explorada y reconstruida, acompañada de la fantasía, la imaginación y la visión del mundo del autor. Los personajes tienen dificultades para comprenderse, viven su soledad en un silencio hermético, como intuye el lector de la hermana que se encierra ante el hermano que la acosa incestuosamente. Por otro lado, no hay diálogos entre los personajes, todo está a cargo del narrador, en primera y tercera persona, a veces omnisciente con  predominio del monólogo interior y lo guardado en la conciencia que aflora para premiar o castigar.

Cuando el lector se encuentra con un tema  que no pertenece a su paradigma, aquel dificulta el paso por su filtro, al ser su verdad también influenciada por su paradigma, sin embargo, si conoce la historia de los sucesos,  las formas de vida e idiosincrasia de la región, la comprensión se  hace factible.

Después de todo, los relatos incluyen un mensaje del qué y del cómo de los personajes y sus circunstancias. En esto es donde reside la aptitud o la cualidad  del escritor, en su sistema semiótico y  la forma como expresa las características del comportamiento humano en lo que son el odio, el amor, la lucha, el orgullo, la ignorancia, la sexualidad, la violencia, la violación y la conciencia que castiga y premia.

Todo lo mencionado en el párrafo anterior, es causal de la integración o la destrucción de la vida en la afirmación o la negación de los valores, cuya ausencia predomina en los cuentos, por no ser los actores solidarios; se unen cuando salen en persecución de algo que les interesa a todos. Se dice predomina, debido a que hay momentos en que se posibilita la unión, por cuanto los pobladores muestran colectivamente admiración hacia determinado personaje, o se unen por su creencia en lo escatológico.

Vale mencionar que los valores son el resultado de la praxis del hombre que pertenece a una sociedad que los determina y los hace funcionar. Éstos pueden favorecer u obstaculizar la función social en  que  podrían aceptarse, como un valor o un antivalor, predominando, para clarificar más, el antivalor en los relatos de Guillermo Tedio.

Basado en eso, los sentimientos nobles son casi inexistentes, el amor se confunde con lo carnal, lo sexual freudiano, carece del idilio hermoso y la lealtad entre el hombre y la mujer; como excepción se alude al cuento que hace brillar, con estilo bucólico, la firmeza y la convicción del abuelo sabio, admirado por su nieto, comparable con la abuela llena de sabiduría de Lina, en la novela de Marvel Moreno, En diciembre llegaban las brisas.

Aludiendo al lenguaje oral característico en cada circunstancia, proporciona Guillermo Tedio la carnavalización especulativa en un universo esotérico imaginario. Los elementos fantásticos en este viraje, son seres conocidos, desaparecidos hace años, dados por muertos, que retornan al pueblo desde el más allá. Uno muy conocido y desaparecidoen un tiempo lejano, en “El regreso de Ariel Gavilán”, retorna al pueblo y se aprovecha de la ingenuidad de la población para su beneficio propio. Estos sucesos no son extraños en el Caribe, por cuanto sigue existiendo la leyenda, en que muchos creen, de Hermógenes Ramírez o el Enviado de Dios como se le llegó a denominar, por lo que todavía hay personas que guardan un lienzo bendecido por este embaucador, que en caso de un niño enfermo, éste se mejora al ser cubierto con la tela.

“El enviado.- Remitido de Santa Marta llegó a este lugar el renombrado loco Ramírez, que se dice Enviado de Dios, y lo es en efecto, pero no de Dios, para embaucar a la gente ignorante y la gente sin religión. Ha vuelto a conmoverse el pueblo, como hace cinco años en las riberas del Magdalena, con las patrañas de este pobre loco a quien se le cree más que al mismo Papa, si viniera aquí”. (Semanario El Estandarte, editado en Barranquilla, citado por Homero Mercado, p. 222)

Los pueblos de Guillermo Tedio, a falta de educación, viven resignados, son ingenuos e ignorantes en su existencialismo, rodeado por la monotonía de una vida que no les depara nada, son seres sin esperanza donde lo nuevo no entra. Relacionado con esto, manifiesta Homero Mercado:

“A pesar de que los nuevos tiempos con sus avances científicos y tecnológicos traen nuevas concepciones del mundo, todavía en algunas personas mayores y en otras de menor edad, depositarias de una tradición centenaria carentes de juicio, persisten opiniones que se oponen a la modernidad y el desarrollo (218).

Guillermo Tedio, por otro lado, en un entorno industrializado, hábilmente trasciende  el tiempo,  tratando la época virtual cibernética en su imaginario,  al lado del atraso de la vida en el sector rural. Vemos cómo, al lado del realismo mágico, introduce un relato de  ciencia-ficción, “El rapto”, situando  a unos personajes citadinos en un campo cognitivo y complejo avanzado, en la postmodernidad, que  para algunos es  la súper modernidad. Resalta la contradicción existencial de los personajes en dos extremos, uno de mucho atraso y otro de gran avance, siendo el atraso social y el científico objetos de comportamientos estáticos, tradicionalmente ensimismados, que no dan cabida a lo moderno. Cuando llega lo nuevo, se convierte en objeto de robo, de corrupción, cosa que se da en el Caribe colombiano, donde, como bienes públicos, los instrumentos de gran valor se convierten en objetos de desaparición “misteriosa”, que poco se aclara.

Esa es una situación que constantemente preocupa en el Caribe,  sale publicada en los medios de comunicación, para sufrir del olvido posteriormente. El robo de la máquina robótica es símbolo de un suceso típico de nuestro medio, donde abundan los desfalcos y la desaparición de valiosos instrumentos en los círculos gubernamentales.  Lo asombroso es la simbiosis del tipo que le quita los miembros al robot, y la forma en que esta  secretaria robótica se resigna ante tal hecho. Es un cuento de ciencia ficción al estilo de Borges; muestra una dualidad de sentimientos, donde el robot dialoga con el ladrón que lo despoja de sus miembros.

Cambiando de tema, por otro lado, el escritor introduce, con dibujos precisos, unos elementos y sucesos  ideológicos, con alusión al contexto universitario. Esta realidad pertenece a lo urbano, donde el narrador omnisciente observa detenidamente la actuación y la actitud del dirigente estudiantil sin ética, de cuyo cerebro fluyen las frases de cajón memorizadas, empobrecidas, y prefabricadas; todas caben en el cajón de su mente. Es imposible desconocer que el rosario de estas frases repetidas sin convicción, por tanto, carentes de significación, es producto de la creación previa de una mente inteligente, analítica y disciplinada, quizás de toda una vida de dedicación intelectual creativa, que el estudiante, en el peor de los casos,  vulgarmente pisotea y repite sin transformar, adaptar o recrearlas en la situación política de su vivencia, que va ceñida a una verdad histórica. A este seudo-académico  no le obliga a nada esta pobre repetición sin definición,  acantonándose en la simple afirmación de lo que memorizó sin conocer ni comprender.

El autor, en “Salve, líder”, simboliza un modo deshonesto de hacer política, que continúa en nuestros días. Se trata de un proceso irracional que se pretende racionalizar, pero que no lo saben discriminar los estudiantes seguidores de la “doctrina sin fondo” del líder. Ellos a su vez, son objeto de una educación que no tiene estándares ni promueve el pensamiento complejo, como lo plantea Edgar Morin, lo cual paradójicamente es la praxis pedagógica en esta era avanzada de la postmodernidad que exige alta competencia para hacer desaparecer los obstáculos nihilistas del positivismo científico y las crisis paradigmáticas actuales, en que la humanidad está atravesando por unos momentos históricos muy importantes ante las nuevas formas de obtener y comprender el conocimiento, cuando la teoría de nuestra civilización occidental está abriendo espacios a otras formas de conocer y de vivir, si echamos un vistazo a los nuevos sucesos latinoamericanos y mundiales.

El líder sin convicción, con  capacidad de convencer, es narcisista, es un comediante que sabe manipular a los estudiantes ingenuos, que como él, no disponen de una capacidad analítica, resultante de una educación repetitiva que se sigue produciendo, aún cuando se están introduciendo cambios que a muchos no les llegan. Su lucha es para ascender políticamente,  creyéndose heroico para sí y para el valor cósmico de su pequeño mundo.  Imaginándose Narciso, es un ser peligroso, sin autocontrol que lleva a su comunidad a la frustración y  agresividad, lo cual es hilo conductor del cuento. La significación social de valores subvertidos se refleja en su conciencia, donde los valores se encuentran deteriorados; es un ser deshonesto, carente de ética, que pretende, y posteriormente llega a  dirigir al país.

Igual al narcisismo y el dandismo de Oscar Wilde en  The Picture of Dorian Gray,  en que el personaje Dorian  ama su imagen reflejada en el cuadro pintado por el artista, a quien termina asesinando,  el actor de este cuento asume la misma actitud en el diálogo con su ego reflejado en el espejo, con sus sueños, que le ayudan a construir una pared monolítica con un mal Karma, diseñada para apoderarse de la élite política, al tiempo que se reserva un enorme provecho para sí. No asesina, pero traiciona a los estudiantes que ciegamente le siguen y hace lo mismo con los políticos que lo saben y lo aceptan, por no ser ellos diferentes. Todo ello conforma su monólogo interior,  los recuerdos guardados en su memoria, cuando dialoga con su verdad, con el reflejo de su ser en el espejo, como en los cuentos de Virginia Woolf. El espejo refleja la vanidad y el falso orgullo oculto del hombre que expone su verdadera identidad en ese encuentro que sucede en otra dimensión, en que los dos hipócritamente se miran y se miden, el uno al otro.

Para hacer énfasis, los cuentos se integran a diversas circunstancias rurales y urbanas, de atraso y avance tecnológico. El contexto retrocede en el tiempo, en parte hacia el feudalismo cuando el padre y el hijo obligan a la muchacha que trabaja en su residencia, a convertirse en  objeto sexual de ambos, para luego dejarla abandonada en una atmósfera igual a la creada por Marvel Moreno en su cuentística.

Lo circundante, partiendo del socio-crítico Edmond Cross, se relaciona con las funciones emotiva, estética y referencial importantes para el paradigma del autor, siendo las funciones referenciales y emotivas complementarias. Las primeras perceptivas y las segundas subjetivas ante lo bello, lo malo, lo feo, lo odioso, lo deseado, lo respetable, lo metafísico, lo cómico y lo ridículo, como elementos de una obra artística, que el cuentista emplea con objetividad, sin descartar la subjetividad intuitiva que predomina en las obras literarias.

Es de anotar que Guillermo Tedio no queda simplemente en lo que ha sido anotado anteriormente, trasciende el mundo científico de la actualidad de su cuentística,  esto con referencia a la herencia genética, hoy abordada con profundidad por la ciencia biológica, por ser tema de gran trascendencia para la humanidad. El tema de esta ficción es la historia de la familia Santos que genéticamente sufre de defectos físicos y trastornos mentales, con alusión a la abuela y su incontinencia sexual heredada por la nieta, y la muerte idéntica e inverosímil de los diferentes grupos generacionales  de la familia. El autor, mediante esta descripción, se introduce con pruebas en el campo genético de la ciencia biomédica, que hoy se interrelaciona con el ADN, que mediante  tests genéticos,  define las características hereditarias, físicas y orgánicas de los individuos.

En ese cuento, “La familia Santos”, plasma el autor lo que cotidianamente se dice, que todo ser vivo adquiere, desde que nace, los caracteres peculiares de sus progenitores,  que son los rasgos morfológicos, funcionales, bioquímicos que se transmiten de padres a hijos y los hacen parecerse entre sí;  en el argot popular: “Así padre, así hijo”.

En la riqueza temática de los cuentos, la carnavalización de la idiosincrasia del barranquillero asistiendo a un partido de fútbol es hermosa y bien lograda, el relato forma  parte de la realidad  de la ciudad de Barranquilla, capital del Departamento del Atlántico, escenario de  los sucesos que introduce un cambio agradable en el drama existencial de los relatos,  que alivia la tensión del lector, dando el autor  a conocer el grado de fanatismo y fervor del ser barranquillero ante su equipo adorado. El personaje lleva su radio portátil al estadio donde queda sometido al dominio del partido que se está jugando y, al mismo tiempo, al dominio del locutor a quien escucha con dedicación mientras observa, con avidez, el partido, en una relación simbiótica,  incomprensible para quien no conoce esta dualidad de comportamiento del barranquillero.

Ante el gol de su equipo pierde los estribos, no puede controlar el delirio que lo lleva al paroxismo, y en este estado de incontinencia termina por lanzar el radio comprado con sacrificio, sobre la multitud. Es la ocasión que le hace olvidar su marginalidad, es el sueño e ilusión de los fanáticos si nos acordamos de cómo en décadas pasadas, el lunes siguiente del domingo de fútbol, los fanáticos del equipo Junior de Barranquilla, multitudinariamente se reunían en la esquina de la calle San Blas con la carrera Cuartel, alrededor del vendedor de agua de coco, para seguir comentando el partido del día anterior bajo la orientación de este pequeño comerciante que vocifera las actuaciones del equipo amado con el mismo fervor, aprobando las buenas o rechazando las malas jugadas al vaivén del agua de coco que compran en cantidades bajo el sol caliente de Barranquilla, sin importarles la hora,  con el agrado de los choferes de buses que también gritan alegremente, tratando de dar sus opiniones.

Otro ejemplo del ser caribe colombiano se presenta cuando dibuja el comportamiento ingenuo y risible de unas mujeres que pertenecen a diversos grupos religiosos, rivales entre sí —hecho vigente todavía en algunas  parroquias—, las mujeres del Sagrado Corazón que comúnmente poco se comunican con las de la Legión de María, las Madres Católicas, y así entre los otros grupos de la iglesia que luchan por la primacía. Esto es evidente en los feligreses que asisten a los ritos religiosos  donde  mantienen una gran disciplina, todos se desean la paz, con sonrisa, contentos, pero cuando termina el ritual, no se conocen. 

Hay otro elemento que resalta lo burlesco en la rivalidad y  la pretensión de  primacía en los chismes que propagan las mujeres sobre los sucesos de la parroquia,  llegando inclusive a influir en la división del pueblo entre conservadores y liberales, donde no falta el cura, como es común en la vida de los campos. El humor y  lo agradable se validan en la ausencia de violencia y de sangre humana en esta situación. Los liberales humorísticamente atienden la misa en una hora específica e igual los conservadores en otro horario, para que los fanáticos de la política no se relacionen, quizás para no contagiarse los unos con la ideología de los otros.

Guillermo Tedio no deja por fuera la conciencia que premia y castiga al ser humano, cuando trata del oficial que disparó a Ernesto “Che” Guevara, como aparece en Los miserables, de Víctor Hugo, donde el oficial tiene una enorme lucha con su conciencia que le indica su deber de castigar al reo, y la otra que  no debe hacerlo porque no ha cometido una falta grave, es una lucha entre el deber hacer y el no deber  obedecer.

Descripción

Tras haber manifestado, de forma general,  las impresiones obtenidas de la lectura de los cuentos de Guillermo Tedio, se opta a continuación, por presentar unas consideraciones más explicativas de cada uno. En total son veinte cuentos  con características, geografía, temática y sentido propios. De esta forma tenemos:

“Los machos” es un  cuento que tiene como personaje a un ser degradante que comete un acto perverso, al disfrutar de la mujer de su amigo, hecho que La Biblia aprueba por lo que considera a la mujer como persona impura y sujeta a la “ley” del hombre, fomentando el machismo, tanto en el Viejo como en el Nuevo Testamento. Los deseos del macho son un mal endémico, una enfermedad que se presenta en todas las sociedades cuyas causas ha tratado de clarificar Sigmund Freud.

El narrador, en primera persona, frecuenta  la casa de su amigo, con cuya esposa mantiene relaciones íntimas, ante la indiferencia de éste. Sin embargo, antes, como macho, al serle su mujer infiel, ha matado al hombre con quien ella  lo engañaba. Ahora quiere pero no puede descifrar la razón de la infidelidad de la esposa del amigo, cuando manifiesta su convicción de que sabe llevarla al paroxismo sexual. Es tan impetuoso este ser dominado por su libido, que de igual forma, despoja a la hija de su amigo de la virginidad, siendo ella todavía  adolescente. 

"El rapto" es un cuento  de ciencia ficción, asombroso como los que pertenecen a este género; muestra hasta donde llega el imaginario del escritor. Maritza permite que su amigo le quite el brazo para llevárselo a su vivienda, reemplazándolo por otro mecánico, que no le impide ejercer sus funciones en la oficina donde trabaja. Paulatinamente, cada vez que la visita,   lleva parte de sus miembros hasta completar el robo y dejar, en su reemplazo, un robot en la casa que frecuenta, sin que la madre de la secretaria robótica se de cuenta.

El ladrón narrador en primera persona, encontrándose al lado de la mujer llamada Maritza que ha llevado a su casa, ve pasar a la otra Maritza mecánica camino al trabajo, y la verdadera Maritza se pone triste, pensando que su mamá quedó sola en la casa. El autor se trasciende en el tiempo, a centenares de año de esta civilización, como The Machine stops, de E. M. Forster, sin embargo, este relato de Guillermo Tedio tiene un carácter más humano, es un robo que comete por el amor que profesa hacia Maritza, cuyo brazo acaricia.

En “La noche con ojos”, Lucio, el  personaje ubicuo a lo garciamarquiano, aprovecha la oscuridad de la noche y como una sombra entra en las casas “donde hay mujeres casaderas” para violarlas mientras duermen. Se presentan conjeturas de misterios alrededor del violador, que deja como seña  una cruceta en la puerta de la casa que visita, quedando cada muchacha triste por la violación de la que es víctima. El narrador en primera persona es objeto de sospecha, vive solo en la vivienda dejada por sus padres, y muerta la hermana, quien en vida lo odiaba, él la recuerda mirándolo con ese odio inspirado por él a causa del  incesto malsano a que la solía someter. Al final del cuento se encuentra parte de la solución del misterio, Lucio conoce la verdad y promete divulgarla para morir asesinado.

"No basta una muerte" es un cuento fantástico. Trata de la muerte de un guerrillero llamado Ernesto, como el nombre de pilas del Che Guevara. El oficial que lo acribilló recibe una carta amenazante, escrita con la misma caligrafía de Ernesto. Como sucede con los asesinos, éste no olvida la mirada de su víctima, y ve los ojos de Ernesto, en su estado moribundo, por doquier.  Se lamenta de haber dirigido el asesinato del guerrillero con miras a un ascenso. Los ojos centelleantes de Ernesto, su rugido imbatible y asmático, persiguen al oficial, inspirándole miedo e ira, hasta en su  hogar. El final tiene un efecto psicológico alucinante, cuando entra en su dormitorio y ve el espectro de Ernesto.

En “Tierra de iguanas” se identifica el autor con la vida dura de los campesinos pobres. La nube oscura es una amenaza, es el presagio y el símbolo de su vida dura y sin esperanza. Los personajes no tienen nombres, lo cual explica  su falta de identidad,  despersonalización e impotencia, como los campesinos de El llano en llamas, de Juan Rulfo, que pasada la revolución, los dirigentes, como los oligarcas a quienes combatían, les dieran las peores tierras para que las trabajaran, igual a como les sucedió a los siervos europeos que presidiendo a los esclavos, fueron traídos a las plantaciones de las islas antillanas; la única diferencia es que éstos huían, construían sus barcos, se convertían en piratas y bucaneros para el susto y desesperación de los gobiernos.

En “Lucero de mi noche”, padre e hijo toman su posición de tener relaciones sexuales con la muchacha que trabaja en la casa, pero ella prefiere al hijo, por ser él joven como ella. Él la considera muy por debajo de su rango social,  la utiliza sexualmente, y al quedar embarazada, él la desprecia y prefiere el matrimonio con una cuarentona rica que le regala un carro lujoso. El viejo senil e impotente no avanza más allá del manoseo de la niña, como en la novela Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez.

“La venganza del guacabó” presenta la lucha por la tierra. Los campesinos  invaden los predios de don Adrián Urbina y éste manda a matar al dirigente Aristóbulo Peña en una emboscada que realiza el capataz del terrateniente.  El narrador en primera persona, hijo de Aristóbulo,  asume la venganza y mata al capataz, y luego planea matar al patrón de quien sospecha ser el ejecutor del asesinato, para hacerle pagar por la muerte de su padre, el dirigente campesino. El lector no llega a saber si la venganza se cumple, aún cuando el guacabó, que es el indicio de su conciencia, le anuncia con su canto que debe matar a Adrián Urbina.

En “Recta final” hay un hombre sin identificación, quien, a manera de Gregorio Samsa en La Metamorfosis, de Franz Kafka, en el existencialismo de su vida y el trabajo despersonalizante de una oficina, se aleja de la monotonía y la angustia generadas por su empleo. La rutina diaria le produce cansancio, huye de la ciudad, y en el fluir de su conciencia, se imagina a la mujer a su lado,  pero inesperadamente la encuentra llevada de la mano de su amante. Al despedirse de su pequeño hijo, siente el presagio de que algo trágico ocurriría, quizás un accidente en la carretera.

En “Aquí, el oeste”, el personaje y su trabajo mal remunerado trasladan  al lector al oeste salvaje norteamericano, no mucho después que Méjico fuese despojado por Oncle Sam de grandes territorios en los que los mejicanos, hoy como chicanos, siguen llevando sus vidas. Hábilmente se introduce en la historia, al lado de Rodrigo Cárdenas, al norteamericano John Power. La atmósfera del cuento es tan pesada como las películas del oeste salvaje,  denominadas “westerns”, donde siempre hay un  “sheriff” y predominan el plomo, las matanzas, el salvajismo, el robo de ganado,  las calles en mal estado, la ciudad decadente, el mal servicio de transporte, todos causales  de la llegada tarde de Cárdenas al trabajo, complementando su malestar con el bajo salario, la supervisión y el control de Ernesto Siache. Como siempre, cuando  le niegan al hombre sus derechos a una vida plena, a éste  le entra el deseo de poder matar al gerente inhumano de la fábrica, Mister Redford. El factor humano está ausente, los seres rodeados del oscurantismo y la monotonía, acuden a lo que les brinda alivio, el whisky,  la taberna y la pistola.

“El regreso de Ariel Gavilán” es un  cuento fantástico. Ariel Gavilán, después  de pasar un año de haber sido sepultado, regresa a su polvorienta Barahona, para el asombro de su madre y su mujer. La noticia vuela por el pueblo, se presentan aglomeraciones para ver al hombre del milagro, que ante la curiosidad de los pueblerinos responde con evasivas a las preguntas que le hacen sobre el más allá. Tal cual “Un hombre viejo con unas alas enormes”, de García Márquez, llegan curiosos de otros pueblos para verlo. Ariel, contrario al viejo parsimonioso garciamarquiano,  hábilmente aprovecha la creencia religiosa de los visitantes para proponerles que envíen dinero a sus allegados en el otro mundo. Manipula a los creyentes que le entregan sus ahorros, y luego desaparece. Este suceso es corriente en esta comarca si recordamos a Hermógenes Ramírez, el Enviado de Dios. Con este cuento dibuja el autor la magnitud del grado de fanatismo a que pueden llevar  las creencias religiosas a las personas ingenuas.

En “Salve, lider”, el personaje, salido de su pobreza, ya ingresado a las filas de los políticos que detentan el poder, y disfrutando de un alto nivel de vida proporcionado por su capital económico, al igual a Narciso, se mira en el espejo y mantiene un diálogo con su ego que admira por sus aspectos físicos. El tiempo de su pasado regresa a sus memorias, recuerda su paso por la universidad, su época de líder estudiantil, cuando defendía y proclamaba el marxismo sin nunca haber leído a Marx. Recuerda cómo hábilmente sabía repetir las frases sacadas del catecismo o la doctrina de este pensador, sin entenderlas; únicamente aprendió a repetirlas de tanto haberlas oído. Es un dibujo del comportamiento de los dirigentes estudiantiles que traicionan los movimientos de izquierda para posteriormente situarse bajo las toldas de los dirigentes políticos viejos y astutos de la derecha.

“Confesiones de Mandarria” revela la avaricia de los empresarios, el capital sin corazón, el control y el trabajo agobiador a que se someten a los trabajadores. A pesar de todos los males descritos, el ser y la idiosincrasia del hombre caribeño se resaltan; el personaje trabaja arduamente, esperando el fin de semana para darse gusto, escuchando música, bailando y tomando ron, que le sirven de alivio para olvidar sus penas y luego reiniciar, con menos rencor, la misma monotonía que le proporciona su labor de todos los días.

“Los viejos” describe la adoración y admiración de los familiares para con el abuelo, hombre aferrado a sus costumbres y a su tiempo. Es un ser bueno, a quien los años no vencen, menos vencen  sus creencias en todo lo visible. Es un hombre duro, de rasgo aborigen, admirado por el nieto narrador de su historia. Resalta la incredulidad del abuelo, para quien el diablo era la misma gente de su pueblo de Barahona, sugiriendo que lo malo no es creación escatológica sino que nace de las personas mismas.

“Cesó la horrible noche”, en su temática, intertextualmente se relaciona con el cuento “Salve líder”, en que los dirigentes estudiantiles aprovechan su influencia para ser integrantes importantes de los partidos políticos tradicionales. Hábilmente el líder Antón dirige la manifestación estudiantil, los agentes del gobierno los esperan y se presenta una lucha  tenaz que el líder, con gran habilidad, evade, llevando la peor parte los estudiantes que terminan golpeados y sangrando. Posteriormente este dirigente, que traiciona la causa, gana una beca y termina trabajando en el Ministerio del Gobierno que una vez combatía. Es el juego común de muchos países, en que la derecha  “compra” a los influyentes de la izquierda.

“Cara de perro” es un relato fantástico, surrealista y alucinante. El narrador dialoga con el muerto y le hace recordar su vida rodeada de pesadillas, donde el rostro del muerto se convierte en cara de perro. El narrador se convierte en una bestia feroz, como el cuento de drácula, que era tema de una película que se estaba rodando en las décadas de los cincuentas y sesentas. A la manera del Doctor Yekill y Mister Hide,  el personaje de día es normal y de noche se convierte en  un devorador de perros que amanecen destrozados para el lamento de la población que no se resigna, y va en búsqueda del causante de la muerte de estos perros, lo descubren y lo matan a garrotazos.

“El malentraña” trata del  regreso de Villalobos, a quien todos creían muerto por haber sido llevado por la corriente de un arroyo. Este cuento guarda cierta relación intertextual con “El regreso de Ariel Gavilán”. Villalobos es un hombre de alta estatura, mide dos metros. No obstante la impresión que podría despertar en quienes lo ven, es un ser inquieto, contento y querido por el pueblo de Barahona que no tiene en cuenta las muchas travesuras de este hombre-niño, que llega a tal grado de travesura, que no obstante la peligrosidad del arroyo, se lanza a las aguas, e impotentes los muchachos miran cómo el arroyo se lo va llevando, hasta perderlo de vista. Después de doce años regresa al pueblo para el asombro del narrador en tercera persona, quien, en su ingenuidad, termina aceptando que quien estaba ante él, era el mismo Villalobos. En el proceso de la lógica de su pensamiento acepta que los años  han cambiado al verdadero Villalobos  físicamente, haciéndolo tal cual como ahora es.

En “Las tardes idénticas”, el viejo es Borges dominado por el tiempo invencible, que a nadie perdona. El título reproduce ese tiempo circular, siempre idéntico en su eterno retorno, que en todo ser humano se reproduce de manera similar en el nacer, crecer, decrecer y morir. A sus setenta años, en las memorias de su tiempo, el personaje vuelve a su infancia y recobra su visión mental; ve al niño Jorge Luis jugando a la bola en un parque. Este recuerdo ilumina agradablemente su rostro de forma momentánea; sin embargo, la misma lucidez mental le hace recobrar la situación real en que se encuentra, está viejo y enroscado. El cuento es fantástico, surrealista, nostálgico y hermoso por los recuerdos del viejo, y triste por la forma como se transforma el ser humano antes de abandonar la vida.

“La familia Santos”, como  los demás cuentos, está cargado de oralidad, de ese lenguaje común  que el ser en su vida cotidiana implementa en el proceso de la comunicación, despojado del academicismo y cientificismo. La familia Santos, por herencia, sufre de defectos físicos y mentales. El narrador en primera persona, buen conocedor de esta familia por generaciones, hace referencia a la abuela y sus sentimientos eróticos heredados por la nieta.  Los miembros de la familia, en casi su totalidad, mueren de manera inverosímil, extraña, con excepción de Inés, la hija, que mentalmente sufre  también de ciertas distorsiones, pero tiene la tendencia de ser ninfómana. El cuento presenta situaciones surrealistas, como cuando Inés se casa con un hombre llamado Buitre, cuatrero, que la maltrata, y un día aparece muerto en un pueblo denominado Galapa.  El final comprueba el surrealismo, cuando el narrador se detiene, ya no puede seguir, menos vaticinar nada bueno para la madre y la hija. 

En “La pelota en la mira”, con el dominio del fútbol sobre los espectadores, el autor  describe fielmente el comportamiento del hombre caribe colombiano frente a este deporte. El personaje del cuento lleva su radio al estadio para escuchar al locutor que ejerce gran influencia sobre los espectadores, y al mismo tiempo observa el juego, para además, olvidarse de su marginalidad. Se narran en el cuento los sueños tenidos por muchos de llegar a ser grandes jugadores, grandes ases, y la influencia de los medios de comunicación sobre los fanáticos, quienes llegan hasta lo imposible para presenciar un partido de fútbol, sin importarles el sacrificio. Es un  cuento alegre, hermoso, dibujo fiel del comportamiento del colombiano caribeño en su desbordante alegría, que le  despoja de la apatía que produce el individualismo.

“Cuídate, Juancho” nos cuenta que dos hombres a caballo llegan al pueblo, disparando al aire,  reflejando los sucesos de las películas mejicanas. El pueblo en su creencia e incertidumbre mezcla la magia con lo escatológico, atribuyendo la llegada de los jinetes misteriosos a la fuerza del castigo de Dios por la desobediencia de Juan Romero. Otros atribuyen los sucesos como castigo, por ser él cuatrero. La tercera versión es que Juan Romero se desempeña como  líder de los campesinos sin tierra; la última es la que se mantiene. La temática de la lucha por la tierra se mezcla con lo religioso, con la desunión entre los miembros de los diferentes grupos, todo conducente a la recogida de dinero propuesta por el párroco, para que se practique el exorcismo del demonio presente en los jinetes misteriosos.

Conclusión

Guillermo Tedio ha caracterizado varias circunstancias  y  comportamientos que detentan los seres humanos. Dibuja la diferencia entre el atraso y el progreso, entre el patrón y el trabajador, entre el que tiene poder y el que no lo tiene, entre la ignorancia y el avance cognitivo, entre el engaño y la confianza,  los que luchan por un pedazo de tierra y aquellos que desean salir de su labor monótona, sin opción de cambio.

Realiza un retrato fiel de la circunstancia que rodea a los estudiantes en las universidades públicas y sus actitudes ante los procesos de cambio, donde los más hábiles, con menos estudio, terminan por ocupar los buenos puestos en el gobierno, dando a entender que los que dirigen el país no son todos quienes realmente merecen estar allí.

La atmósfera, por tanto, es de un estaticismo que agobia a los actores sin alternativas. La vida de los personajes no es de lo más atractivo, sus condiciones están rodeadas por la indiferencia que gira cíclicamente alrededor de su ir y venir, subir y bajar.

Con referencia al lenguaje, reproduciendo fielmente lo adecuado a las diversas circunstancias, implementa fiel y hábilmente la oralidad que algunas veces fluye de modo veloz a través de sus manifestaciones. Su lenguaje sencillo mantiene la elegancia de sus escritos, lo cual no es fácil.

Como siempre hay una influencia mutua en todas las circunstancias de la vida, vemos en su texto influencias de varios autores latinoamericanos y europeos aludidos en el análisis.

Los dibujos de la realidad transformada en ficción y arte literario no son cualesquiera, los realiza de forma sutil y cautivante. Necesitó de honda dedicación y atención para hacer  las relaciones en el marco de las circunstancias  lugareñas tan diversas como se dieron en sus cuentos, otros todavía se siguen dando en el universo de la existencia humana, cuando todavía no está lejano el tiempo que circunda sus relatos.

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©   Silvia Boekhoudt de Marenco


LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 25
Abril-Mayo-Junio de 2006

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FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
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VOLUMEN VII - NÚMERO 25