Psicótico

Freddy A. Salas
Humanidades y Lengua Castellana
Universidad del Atlántico

Cuando me dijeron que estaba loco, no lo creí por muchas razones. Una, que nadie rayaba en la locura sino hasta empezar a alucinar, y las otras, era que sinceramente todos somos locos en algunos momentos de nuestras vidas, sea por cuestiones de trabajo o de cualquier índole sentimental o rutinaria, como lo ha sido mi vida este tiempo. Quizás era cuestión de reputación ya que la gente que realmente estaba loca, lograba en un intento desesperado hacer que las demás personas fueran realmente locas.

“No lo creo, creo que realmente estaba loco, y siempre respondía que nosotros éramos los que estábamos enloqueciendo, él no lo creía, porque ni siquiera se ha dado cuenta hasta la fecha, de que ha estado encerrado en un cuarto del sanatorio municipal del pueblo. Estaba allí tendido, desahuciado y sin ninguna esperanza. Sus ojos, que una vez tenían ese furor de la juventud, ahora mostraban un brillo opaco y sin dirección, algo esparcido en su propia realidad, porque eran muchas, y realmente hasta los doctores se fascinaban con esas historias que contaba, pero que en el fondo de él siempre eran la realidad que necesitaba. Siempre creía que estaba en un mundo aparte, y hasta en su mente, en lo más profundo de su mente, se hacía a la idea de que hablaba con nosotros como si fuera cualquier día y cualquier circunstancia. Parecía un actor que ejecutaba su más importante actuación, y el cuarto, a pesar de ser el mas pequeño del sanatorio, no era problema para él, ya que siempre los lugares más visitados en su mente eran los más espaciosos. Creo que si alguna vez, en su pequeña cuerda vida, hubiera considerado ser escritor, de seguro se habría transformado en una figura intelectual de la literatura. Algunos por aquí decimos que de pronto no está loco, solo es que tiene la imaginación muy elevada y a nosotros nos cuesta entenderlo”.

Yo estuve alguna vez a punto de enloquecer. No sé en qué momento me perdí, pero yacía sin ninguna explicación en un lugar oscuro, creo que eran unas de esas visitas diarias que realizaba en mis sueños, porque realmente dormía mucho, a raíz de los largos momentos de lectura que me fatigaban. Entiendo muchas cosas que la gente de afuera no entiende, ojalá viajaran por donde yo he viajado, me darían toda la razón. Por eso, mañana me voy. Ojala consiga a alguien que pueda acompañarme, pero de seguro escucharía esa misma palabra miles de veces, y no quiero volver a oírla.

“Sí, las historias son fascinantes. Creo que se cree los distintos personajes de las miles de novelas que ha leído. Últimamente piensa que va en la búsqueda del santo Grial, por una novela que leyó acerca de eso. Si supieran lo que era ayer, no me lo creerían, ayer fue la mejor alucinación que haya experimentado jamás”.

La cuestión es creer o no creer. Los de afuera son gente banal, pasan su vida sin sacarles provecho a las cosas que realmente importan, y yo soy el loco, aquel del que se habla hasta en las noches, cuando a mi puerta llegan aquellos que, con sus batas blancas y sus lentes de pasta, me miran de reojo. Pero yo ando viajando y nadie se da cuenta, la realidad a veces es muy confusa pero cuando uno se da cuenta de lo que es, realmente no importa lo que piensen de ti…

“Vaya, ayer llegué a las tres de la mañana, por los gritos que él profería a los cuatro vientos, la enfermera me decía que estaba volviéndose más loco de lo que estaba, a lo que yo le contesté que más loco no puede estar, sino que nosotros, al no tener un poco de locura, no podemos permitirnos pensar que él ande bien.”

La enfermera me queda mirando de reojo, y ella sabe que yo la veo también. Pero su mirada posee esa ignorancia de los demás. A veces, veo en sus labios sellados por el mutismo y por lo maquinal con que hace su trabajo, que quiere decirme que estoy loco, pero solo el viento se asoma un poco en el cuarto, y quedo yo solo, con la droga que me han suministrado… bien para mí, porque es la que me permite viajar, aunque no se lo digo a nadie, porque después no sigo viajando por el mundo, y el avión que a veces tomo, me deja sin importarle nada.

“Su alucinación lo hacía gritar; a veces en los momentos más tranquilos, se la pasa balbuceando algo, como si fuera otro idioma que solo él entiende. Parece ser que ya nada le importa en la vida, o quizas alguien le arrebató eso que más le importaba, sumiéndolo en ese trance eterno de lecturas hasta que pereció en el limbo de la sabiduría y nos dejó a nosotros al otro lado del silencio, en lo contrario de la imaginación, lo humilde y despótico de la ignorancia”.

Él a veces me entiende, y creo que es el único. Habla de mí como si fuera alguien cuerdo, cree que perdí algo en la vida, pero no sabe que encontré la forma de viajar por el mundo sin necesidad de salir de este cuarto. Eso es solo lo que soy, un viajero, no sé por qué a los demás les cuesta creerlo, pero realmente no me importa, con tal de que me den la droga. Siento que esta vez me iré para siempre, aún no se a dónde, pero de seguro mi mente encontrará el camino…

“Dice que se irá para siempre, que eso es lo que siente, que su mente encontrará el camino, pero creo que él piensa matarse definitivamente, así lo diagnostican los casos, y los señores de bata blanca y lentes de pasta. Simplemente la palabra “loco” le queda corta, y eso él y yo lo sabemos aunque no hablemos mucho. A veces siento que lo conozco y es preciso decirle a la gente, que realmente una imaginación como la suya no se encontrará jamás”.

Encontré el camino, yo sabía que lo iba a hacer. La enfermera lo sabía y se despidió de mí con la singular mirada de desprecio con que me ha tratado todos estos años, y aunque ella nunca supo que también me despedí de ella, le dije en tono burlón que una sonrisa no mataba a nadie, ante lo que su mirada, casi brutal, me hizo entender que ya nada le importaba de mi… ¡uy!, el ultimo pinchazo, la droga entra por mis venas, y poco a poco cierro los ojos, me voy, adiós…

“No pensé que hablaba en serio, la última vez que lo vi se quedó dormido, y por más que los de bata blanca y lentes de pasta lo levantaran, no pudieron hacer nada, puesto que lo dejaron postrado cual muerto en la calle y se dirigieron enseguida a sus oficios, a seguir viendo a los que verdaderamente estaban locos, a los que por desgracias perdían su hilaridad y quedaban confusos en mundos insignificantes y faltos de atención. Pero él sabía que no estaba loco, y yo también, no sé por qué, pero siento que así es, ya que mi reflejo en el espejo me lo dice, y aunque los demás digan que estoy bien, siento que alguna vez podría empezar a viajar otra vez, eso lo aseguro, pero antes, antes de salir de aquí, quisiera robarme un poco de esas drogas…”

Adiós, Charlie, no olvides la cita de control, mira que sigues desdoblándote y hablando solo otra vez.

“Mire quién me habló, y era alguien de bata blanca y lentes de pasta, y solo pude esbozar una sonrisa, mis bolsillos estaban llenos de esa droga, y aunque sabía que jamás sabría del otro, no dudaba en intentar otra vez, viajar como él".
_________________________________________
©   Freddy A. Salas

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 25
Abril-Mayo-Junio de 2006

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

El URL de este documento es:
http://casadeasterion.homestead.com/v7n25psico.html
PORTADA
VOLUMEN VII - NÚMERO 25