Buenos Aires,
Borges y un fantasma musical

Eduardo Bermúdez Barrera
Facultad de Ciencias Humanas
Universidad del Atlántico
edyedzer@yahoo.com
Por la música, misteriosa forma del tiempo.
JLB

Visitar Buenos Aires es, para cualquiera que haya leído algunos textos de Borges, algo que nos produce una sensación emocionante… Es como volver a un sitio en el cual, de algún modo, ya habías estado… Es pasar por la calle Corrientes y, luego de una bocanada de humo helado en el agosto frío bonaerense, descubrir el número 348… y recordar algunos acordes y versos de algún viejo tango. Uno asocia ciertas ciudades con sus grandes hombres, con sus grandes temas, y Buenos Aires es Borges, Sábato y Cortázar. Es tangos, Gardel y milongas. Es Maradona, fútbol y la Boca. Es Ajedrez, Najdorf y Poesía.

"Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas cambian como en un sueño y sobre el cual me inclinaré después de haber muerto…"

Sí, Borges muchas veces asoció ajedrez y poesía, y utilizó el juego para definirla, y escribió dos famosos sonetos dedicados al juego ciencia, y en algunas de sus múltiples entrevistas mencionó cuando su padre lo inició en el ajedrez y en la filosofía, y cómo le enseño la aporía de Aquiles y la Tortuga utilizando un tablero de ajedrez.

Y así, uno se hace su propio tour, y se va hasta la Plaza Italia, en donde nace la calle Jorge Luis Borges, y sigue por la misma calle hasta llegar al 1600. Allí, ¿quién lo pudiera creer?, termina la calle en la Plaza Cortázar… Faltaría seguir un trecho más y uno sueña que se encontrará con la Avenida Sábato, ¡pero no! Me cuentan que Sábato vive y escribe a sus 95 años, y casi ciego, recibe todavía a algunos amigos para charlar. Aún no es asfalto o plaza en la memoria urbana bonaerense. Pero el tour sigue, y más de una vez pasamos por la puerta del Zoo, el mismo zoo al cual iba Borges a ver al tigre que le hizo componer estos versos:

Hasta la hora del ocaso amarillo
cuántas veces habré mirado
al poderoso tigre de Bengala
ir y venir por el predestinado camino
detrás de los barrotes de hierro
sin sospechar que era su cárcel…

Yo diría que Borges subestimaba al tigre: ¿Cómo no iba a sospechar —pienso yo— semejante felino que el suyo [el del tigre] era un encierro antinatural, forzoso, desesperante? Y Borges, al parecer, tuvo un encanto especial no sólo por los espejos, los libros, las enumeraciones y las citas apócrifas, sino también por los felinos. ¿Cómo no recordar ahora "La Escritura del dios"? Allí nos dice:

“Imaginé la primera mañana del tiempo, imaginé a mi dios confiando el mensaje a la piel viva de los jaguares…”

Y luego, esa delectación que tenía por los temas filosóficos, ahorrándonos, como diría Carlos J. Maria, muchas de las discusiones sobre el nominalismo cuando escribía:

“Consideré que aún en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato.”

El nominalismo fue siempre uno de los temas recurrentes en alguien que como Borges tenía “una buena cabeza filosófica.” Antonio Carrizo, en sus conversaciones con Borges el memorioso, le recuerda que “un solo hombre ha nacido, un solo hombre ha muerto en la tierra.” A lo que Borges le responde:

“Claro. Porque si lo único real son los individuos, entonces… la historia universal es falsa. Porque se habla de países, se habla de naciones, que no han existido nunca. Lo que existe es cada individuo… Un país, por ejemplo, es una idea abstracta; por consiguiente, falsa. Lo que existe es cada individuo; el país es una superstición o una convención.”

Y seguimos en el tour, y esta vez nuestro imprevisto y valioso guía es el veterano sabio taxista, que nos explica, evadiendo la Plaza de Mayo, quiénes son los Piqueteros y sus nexos con los corruptos políticos, que los hay en todas partes. Y luego nos pasa más adelante por una inmensa flor metálica que vale millones de dólares, y se lamenta otra vez de los políticos. En fin, nos dice que eso está mejor resumido en alguna canción juvenil de un tal grupo Bersuit Vergarabat llamada “Señor Cobranza.” Y con cierta perversa discreción nos advierte al bajar que tengamos cuidado con las bonitas mujeres de Buenos Aires, pues algunas son, sí… muy bonitas, pero son hombres.

En algún momento pasamos por los Bosques de Palermo, en donde jóvenes muchachos se ganan unos pesos paseando los perros de los diplomáticos —parodiando a Atahualpa Yupanqui, uno podría decir “aramba, triste destino, los muchachos argentinos…”—, atravesamos la Avenida de los Libertadores para llegar una vez más al centro de la ciudad, no sin antes saludar a una gordita familiar que dejó por estos lares nuestro pintor, el antioqueño Botero. Buenos Aires es memoria y es olvido, es Funes el memorioso, invitándonos a conocer el Parque de la Memoria y el monumento a los caídos en las Malvinas: “Recordar es un proceso de aprendizaje, un fenómeno cultural expresado por individuos en un grupo social determinado. La importancia fundamental del recuerdo radica en su poder para definir la identidad y la conducta de un pueblo. La memoria tiene efectos actuales y determina la relación con el futuro.”

Pero si de memoria y recuerdos se trata, no nos olvidemos que lo que nos llevó a Buenos Aires fue el Torneo Continental de Ajedrez, y alguno de los días nos invitaron a celebrar los cien años de la fundación del Club Argentino de Ajedrez, el mismo club que organizó el famoso match por el título mundial en 1927. El vicepresidente del club nos recibe de manera cordial y, al enterarse de que somos colombianos, nos pregunta: “¿De qué parte de Colombia?” Algunos dicen “Medellín”, otros “Bogotá”, pero cuando oye “Barranquilla”, inmediatamente nos dice que le gusta mucho el libro El amor en los tiempos del cólera, y que ha leído a García Márquez. Decide hacer una excepción, y saca de la vitrina de exhibición las históricas piezas de madera con las cuales jugaron Capablanca y Alekhine el citado encuentro. Y además nos muestra la mesa en la cual jugaron en 1971 el ya legendario Bobby Fischer y el excampeón mundial Tigran Petrosian.

Caminar por Buenos Aires es un deporte literario de indudables connotaciones estéticas. Mientras recorría sus calles, preguntaba, en las tiendas de discos que encontraba a mi paso, por la obra musicalizada de Borges, cantada por Jairo. Por varios días la búsqueda fue infructuosa. Tanto, que por un momento dudé que existieran aquellos poemas musicalizados que veinte años atrás escuchara intensamente. Pensé que un fantasma musical me asediaba. Y ese fantasma musical no aparecía. Y es que buscaba a un cantautor seducido por la poesía —de la estirpe de Paco Ibáñez, Alberto Cortez, Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Facundo Cabral, Gilbert Becaud, etcétera—, que alguna vez cantara

“Si yo fuera un fantasma, vagaría todo el día en la ciudad, para oír todo el día las historias de la gente… si yo fuera un fantasma, volaría para atrás, para ver jugar al «loco» Gatti, para ver pelear a Nicolino.”

Jairo es un cantante poco conocido por estos lares. Es uno de esos que no escuchamos ni aún en las emisoras culturales de nuestro entorno radial, pues no pertenece a las subculturas musicales que más impactan el romo gusto de nuestros programadores musicales, siempre supeditado a los más ramplones intereses comerciales inmediatos. Pero este juglar contemporáneo, cuyo timbre de voz recuerda por momentos a algún joven puma venezolano, ha compartido escenarios con estrellas de la canción como Charles Aznavour, Astor Piazzolla y Nana Mouskouri, entre otros. Precisamente en cuanto a la música, Borges nos dice que

"en un diálogo de Oscar Wilde se lee que la música nos revela un pasado personal que hasta ese momento ignorábamos y nos mueve a lamentar desventuras que no nos ocurrieron y culpas que no cometimos; de mi confesaré que no suelo oír «El marne» y «Don Juan» sin recordar con precisión un pasado apócrifo, a la vez estoico y orgiástico, en el que he desafiado y peleado para caer al fin, silencioso, en un oscuro duelo a cuchillo.”

Y caminar Buenos Aires me hizo recordar la Milonga de dos hermanos, musicalizada por Carlos Guastavino y cantada por Jairo:

Traiga cuentos la guitarra
De cuando el fierro brillaba,
Cuentos de truco y de taba,
De cuadreras y de copas,
Cuentos de la Costa Brava
Y el Camino de las Tropas.
Venga una historia de ayer
Que apreciarán los más lerdos;
El destino no hace acuerdos
Y nadie se lo reproche.
Ya estoy viendo que esta noche
Vienen del Sur los recuerdos.
Velay, señores, la historia
De los hermanos Iberra,
Hombres de amor y de guerra
Y en el peligro primeros,
La flor de los cuchilleros
Y ahora los tapa la tierra.
Suelen al hombre perder
La soberbia o la codicia;
También el coraje envicia
A quien le da noche y día.
El que era menor debía
Más muertes a la justicia.
Cuando Juan Iberra vio
Que el menor lo aventajaba,
La paciencia se le acaba
Y le fue tendiendo un lazo.
Le dio muerte de un balazo,
Allá por la Costa Brava.
Así de manera fiel
Conté la historia hasta el fin;
Es la historia de Caín
Que sigue matando a Abel.

Dice el propio Jairo que “la idea de un Borges cantado, me otorgó el privilegio raro de cantar obras originales de once músicos argentinos de enorme talento, y el de encontrarme con Borges en Buenos Aires, que era algo así como hacerlo con Federico García Lorca en Granada.” Y de ese mismo trabajo resuena en mi memoria auditiva la música de Facundo Cabral en "Soy esos otros" (dedicado al hijo):

No soy yo quien te engendra. Son los muertos.
son mi padre, su padre y sus mayores,
son los que un largo dédalo de amores 
trazaron desde Adán y los desiertos
de Caín y de Abel, en una aurora
tan antigua que ya es mitología,
y llegan, sangre y médula, a este día
del porvenir, en que te engendro ahora.
siento su multitud. Somos nosotros y,
entre nosotros, tú y los venideros
hijos que has de engendrar. Los postrimeros
y los del rojo Adán. Soy esos otros
también. La eternidad está en las cosas
del tiempo, que son formas presurosas.

No podemos dejar de mencionar a Astor Piazzolla en esta relación, quien en ese trabajo de Borges cantado, musicalizó "1964", poema del libro El otro, el mismo:

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

Borges y yo

"Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel. De Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson. El otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un autor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición".
_________________________________________
©   Eduardo Bermúdez Barrera

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 26
Julio-Agosto-Septiembre de 2006

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

El URL de este documento es:
http://casadeasterion.homestead.com/v7n26baires.html
PORTADA
VOLUMEN VII - NÚMERO 26