Si he de vivir que sea
sin timón y en el delirio.

Mario Santiago

Gospel

                                               a Enrique Barros Vélez

El reverendo Jhon Derek Scott usaba botas tejanas
y un traje polvoriento de tres piezas.
No usaba revólver
sólo su hermosa voz digamos profunda y en picada,
pero donde había un difunto
el REVERENDO ponía una canción.

Caía en los funerales de los negros de Loussiana
y cantaba por tres dólares la noche;
el algodón entonces se volvía más blanco y triste,
más sólo cada copo en su tallo.

Al reverendo Jhon Derek Scott lo acompañaban tres negras rollizas
cuyas dentaduras parecían
las ruedas de las embarcaciones de vapor del Misissipi.

Las negras cantaban como los ángeles,
una tenía pajaritos de miel en la GARGANTA como Whitney Houston,
otra
voz ardida como la de Gladys Night;
una suerte de tren de media noche a Georgia,
la tercera daba notas sutiles de cera y cirio
y un aroma de gladiolos silvestres
emanaba de los melones vibrantes de sus pechos
al cantar con el arco iris de su diafragma.

Cuando el reverendo y las negras cantaban
el cielo se abría por tres dólares la noche
para los desaparecidos del Misissipi;
cantaban ¡aleluya aleluya! y batían las palmas.
Era necesario el pavor y la melancolía en cada entierro
y las mazorcas asadas y sobar a las viudas a la manera del reverendo.
Cada soul era en realidad un sudario de tres dólares;
para que se abriera el cielo y llevaran en brazos a los deudos desnudos
por el aire de los algodonales.
El reverendo Jhon Derek Scott no usaba armas,
pero donde había cirios y flores
y una fotografía en blanco y negro
disparaba a diestra y siniestra
un SOUL entre bajos
y remolinos oscuros.


Katrina

El viento hacía girar sus hélices rabiosas y se venía encima
ese asunto gordo de las nubes.
Había que ver cómo andaban de preocupados e impotentes.
Las memorias, las carátulas fantasmas de Satchmo
de Black                             de      amor al día
de tantos otros
como los negritos Nick Dowell, Elisa Hamilton
parados en una acera todos
con ojos de espantado jazz bajo la lluvia y sin para dónde pegar
o qué muro SALTAR en últimas si había que correr.

Había que ver como conversaban alrededor de la mesa en el Rag time
apurando un cigarrillo
acerca de lo doloroso de ser aquello a merced de la tormenta
del tema de las ubres y la pelvis voraginosa de Katrina.

Así es muy triste  aunque bello —decían— ver a Donald Bird con el abrigo
raído y los zapatos en esas colecciones.

Por las ruinas vitupero tus 300 mil kilómetros de VIENTO,
tus medidas con nombre de muchacha zarandeando
las palmeras de Nueva Orleáns
a golpes secos un aviso chisporrotea en corto luces bajo la lluvia
contra la pared abandonada a las aguas.
El alcalde había dicho por precaución
“había que tatuarse el número del Sócial en las carnes de los antebrazos
como un bovino o como cualquier otra cosa
por si los encontramos flotando en la BAJAMAR, además
hay que dejar en claro que fuimos lo que somos
cuando venga y nos arrastre la corriente
yo estoy bien gracias
diciendo a nombre y lenguas de cadáveres—

y en la voz del alcalde
porque a los políticos hay que dejar decir por desventura
o si no
terribles enfants
rompen mucho más digo
peor la ciudad
y no porque le desee a la gente pésimos futuros
pero ya verán estos señores
cuando B. B. King les pulse su guitarra eléctrica en los oídos
y les haga tronar salvaje
los ortofónicos de pedal
o los topemos
gateando verticales por paredes
y en zigzag los techos inundados.

En una piedra
UN CAMALEÓN OTEA EL negro PANORAMA
el huracán
detrás de la tormenta.


Seudo- biografía de Donald Bird

Todos los días a la hora crepuscular del desayuno     
de su piel
años cuarenta con pocos sueños todavía
a Donald Bird en la pajarera de Menphis kenroad
un niño negro se le asomaba en la puerta
con papeles en la mano y un plato vacío.

Nunca Donald compuso cosas mayores.
Algún jazz o un manojo de blues
que después de escribirlos y borrarlos
quedaron engavetados en armarios 
o perdidos
en sus mil trasteos a sótanos y recovecos de pesadilla
hacinado con mujer vociferante                 y mocosos
entre cuatro paredes y cinco esclusas por donde desbordarse de un portazo
a la mañana.
Mudanzas en viejos camiones
tomaban por la vida una curva y caían a la calle
podridos muebles estallando en comején
tristes herencias de la bruma de los años.

Alguna vez escribió a la tía abuela
quien no sabía leer y a la que nunca envió la misiva
porque en las oficinas de correos no podían entrar negros
y menos negros contrabajistas:
                                    “Dónde              cuándo         la partitura con mis blues
                           cuándo mi rítmico Black bird  me llevará en los aviones,
                               dónde el jazz con el qué pondré a gozar a mis amigos
                                     TÍA pero el contrabajo siempre se salvó.”

En la creativa cabeza de Donald
—cuestiones que se conocen por su historia—
ya andaba su famoso Black Bird con turbinas de Mercedes
por los estudios de grabación de los cincuenta.
Cierto que le tocaron muchas esquinas lúgubres de farol,
para armonías a duras penas de pie su contrabajo entre las piernas
pegado al pecho como una muchacha que se ama
arrancándoles suspiros a las cuerdas
y arrebatos de músico a quien una sola creación
hubiera bastado
una que pulsara lo intuido y vaciados en ella todos sus sentidos y su espíritu.

Montar en AVIÓN también fue su sueño 
la boca soñadora en contra alto pidiendo al negrito un poco más de skat
y contrapunto
pulsaba y lo repetía en densas vibraciones cada noche
diapasonaban sus labios en el silencio de sus cuerdas.

Para mí
al tenor o al calibre de su música
encerrado en un cuarto mientras pasa por fin tanta primavera,
resuena su silueta recortada a soledad en las esquinas
con la paciencia que caracteriza al solitario,
al compositor que sabía
le aguardaba mientras tanto a cada sombra un sostener sobre sus pies
una sonrisa doliérale el alma cuanto más pudiera
con atención o abandono borrándolo todo como nunca un poco;
acaso me pregunto pero intuyo
si es que algún día tocaste los violines y la TUBA

que los contrabajos
no pertenecen a la sombra de su estuche
¡y sin que hoy lea tus partituras con turbinas
viejo Donald!


¿O poetita de Schultz

Soplaba el saxo y un relámpago de notas se elevaba.
Dejaba en el aire una pregunta.

¿Una canción es un rascacielos de notas
un edificio
un puente de sonidos?
Sí    pero es amargo no tener respuestas
sólo preguntas metálicas amasadas por los dedos.

Saxo Furioso quería quedarse allí para siempre
pataleando en el piso como un hindú dentro de su túnica
emboquillados los labios          aferrado a  su sonido mezcla
de oscuridad y brillo.
Soltaba notas sobre la gente que pasaba
ascendía por estas o aquellas doradas de oxigeno
de fusas estáticas y suspendidas en cerrado monólogo
antiguo sin memoria.

GUESS WHO miraba la quietud de su color
se preguntaba por su mágica urdimbre gaseosa.
A veces deseaba escuchar
la guillotina que pende en cada instante se derrumbara
sobre la vida y la abriera en dos
como a esas frutas estereofónicas
que crecían en la boca de su saxo.

Furioso oscuro como un astro
en notas de sol, de fa, de si y de corcheas
por si acaso.

Llueve sobre su calle                                                               sobre el saxo
sobre sombras negras de paraguas
llovía y la lluvia empapaba su pregunta.
Pese a todo murmuraba
Saxo loco no sabe ir de rodillas bajo paraguas
no decia                                                sálvame virgen de los saxofones               
señora de la lluvia ampárame
prefería algo más real              más inocente
ponerse los guantes con un elefante por ejemplo
y le derribara con un golpe de llanuras africanas.
Quería levantarse a cornetazos y a laúdes con la vida
que de su siesta por la correa le sacaran de su funda
las cosas le miraran horrible y derramar sobre ellas
sus ojos de airado FONSAXO.
Le llevaran a puntapiés antes que perecer colgado en una vitrina
mudo el corazón 
salir expulsado por las puertas batientes de un salón del oeste
vociferando bilis                              notas rotas por llaves y pistones
enarbolando preguntas por su campana a cada calle
a tayronas emparentándolo con flautas de millo
con maracas de semillas
de mariguanita
marca registrada.
¡Saxofón no se vende por nada del mundo!
¡Fon Saxo no es centauro de carga de nadie!

Bien respondía señor Saxo a cualquier llamado en una esquina;
le gritaban
¡Saxo Stradivarius! ¡Stradivarius Sexus!
¡Pequeño Saxo Gran Quindo del Caribe!
y él giraba con cuerpo de metal          con nuca de émbolos y llaves en  los labios                           con pájaro anidando en  el Rag time
sin emprenderla contra nadie
a no ser
por un par de melodías
tan MISAN- TROPICALMENTE
risotantes.


Frankestein jazz bar-nouvelita very very breve,
historian de un chochitril

La mujer es, en efecto, la sopa del
hombre, y cuando ve a otros
que quieren ir a meter los dedos en su
sopa, ello le produce una cólera suma…

Molière

VERSION DEL PORTERO DEL BAR

Ciudad Nevada. Nada más abría la puerta y un trueno de trompetas daba la bienvenida desde el fondo de la noche. Sopa cantaba, bailaba en escenario; pegado a sus labios el micrófono. Medias veladas, grabadas con luminarias como Rubén Blades, Dizzie Gillespie, Arturo Sandoval, etcétera etcétera. Pero la banda sonora del bar es de heavy metal.

Ella sabía agitar en el aire las maracas de sus senos, cantar gutural, casi ronca a cuatro labios, arrancar rugientes ovaciones de ladrones de bancos y banqueros, de sacerdotes, de asesinos a sueldo,  de promiscuas estatuas; los dedos hundían propinas en la alcancía de su bikini.

Sopa Vedette hacía rugir el bar de adipsia, desatar demonios de placer copulando en las alfombras. Barman y yo éramos dolientes de sillas y estalladas botellas en los rostros y en espejos; y en esos llameantes estratos de la noche, de frenesí en el humo de colmillos, de lujuriosos latigazos de sombra, de la mirada boquifría de pistolas, la noche giraba enloquecida por el mundo hasta que por fin cerrábamos la puerta. Entonces éramos los grandes solitarios, salíamos delirantes aún en ese estruendo ubicado en la calle murciélago con niebla esquina. A veces nos sorprendía la canción de algún ebrio, las trizas de una botella rota, la carcajada de alguna putica trasnochada en minifalda. Cada noche en el bar era como un DOCUMENTAL POCO CONVENCIONAL donde Max Guarapus era Barman, la vedette era Sopa, Cam Server era yo, y Beodo era Beodo; la tramoya    luces       maquillaje
corría a cargo de Polvos funestos  sociedad anónima. 

PERSPECTIVA DEL BARMAN

Los espejos del baño despeinan a ebrios de cocaína, provocan conjeturas en los fríos cerebros y una que otra mueca del visitante. En la mesa una lágrima se disuelve con el hielo de una copa. Manos y frente de mujer apaciguan en un abrazo una testa inclinada por el peso de la noche. Una trompeta ejecuta un monólogo doliente y sus notas se clavan, como palillos en el corazón de las aceitunas de un DRY MARTINI. Mis labios elevaban por la salud del bar el incienso de una oración. Un beodo conversa con invisibles interlocutores sus miserias, a cada tanto, palmea atrevido las nalgas de un angélica de uñas negras. Aquí en medio de la furrusca se ruega con una camándula de ajos, se clama no rasgar las medias veladas, mientras un cigarrillo con boquilla se consume en humo, colgado de labios mayores. La vedette a cada ebrio que en círculos beodos pasa por su lado, le besa la cabeza con un botellazo de sus labios antes de que caiga. Los gritos desesperados arrancan golpes y festejan madres, azuzan jaurías de vulvas y sillas que estallan en mordiscos en espaldas y pectorales. Así es la cosa en este sitio, los gritos que se escuchan enmarcan un rostro en la ventana; y fueron siempre, los escuché nítidamente, los de ¡ayúdame Frankestein a liberar de su perfume!

BALADA DEL EBRIO

Esta copa gota por gota me ha sacado a la calle, ha metido el aire de la madrugada en mi cabeza. Este trasnocho es piel de muchacha hecha de sombras, junto al farol de su minifalda iluminada de arabescos.

Sin pasajeros ni carga, un aguardiente es una carroza carabela con ruedas bajo las silentes enaguas, que remonta la corriente de la avenida vía al mar; o una carcajada lanzada desde mi isla de botellas, o una canción cantada a pleno pulmón por la entrepierna femenina.

Una botella bien a fondo me reclama las entrañas; pone mi abrazo sobre sus hombros desgastados, nos da el caminar sobre la cuerda floja de la calle.

¡ay, que la santa virgen de las botellas mantenga llena la copa del presente, desvanezca las berenjenas de los ojos de los ebrios. Y el recuerdo del perfume grutis lubricus de HALSTON que perfuma hasta mi caldo.


Pessoa uno
 
A quién seguir
si el día dobló en la esquina del
crepúsculo
y  la nube
subió en busca de su sombra a la avenida.

Pintar al otro sin rasgos de este y madurar un racimo de poetas.
Éste, aquél
a cual QUELONIO cepillarle la melena.
A cada cual se le están anudando los zapatos.
De campos se abotona la camisa que Caeiro lleva puesta
Pessoa calienta la sopa a Caeiro que está bebiendo De campos.
De qué noche el sueño recurrente de la cueva del humo 
A qué fecha hay que arrullar para vencerle el miedo
Qué rayo de luz despierta primero en la mañana
Qué mano sobaba otra costilla

El índice de Pessoa restregaba el ojo y aclaraba la mirada del cartógrafo
y emergía del lago de su cama   
La sabana es seria cuando te asomas en la URDIMBRE y te sabes
trama
                                                                                   cuando todo
se resumía a preguntar de parte de Ricardo
“quién de nosotros tiene caspa y nieva  hombros si Pessoa”

o si Pessoa ya nocturno acorazado de voces lusitanas
indagaba con los labios,
“Cuál fue el año de morir Ricardo
sí apenas mañana saldrá a patinar con Saramago
de casco y rodilleras por la Rua de Emenda,                                                                                       o quién de nosotros sin percatarme ayer tarde me ha afeitado el bigotito

¡ay!
por dónde estuvo anoche Reis
que me siento como si la quilla de un balandro me hubiese golpeado la costilla”

De campos
frente a un espejo le ajusta vendas alrededor del tórax
a Pessoa.                 
                                                                                                                               

Pessoa dos

Tengo tantas cosas qué decirle sólo gracias. Estrecharle con voz, voz que no sé si es de las mías, porque la escucho ronca, grave, como si no la hubiera escuchado nunca ahora que Pessoa.
Qué bueno palparle con abrazo más terrestre, con brazos anónimos, cosa común, peste bendita de estos tiempos
de resultar infame ir por ahí dando la mano
presentándose usted a diestra y siniestra en oficinas y consultorios
en embajadas y parques.
Usted bien sabe de máscaras que porta el hombre, lucía muy bien la suya y nadie supo. Es mejor que nadie sepa que se sabe a que saben los frutos
del algarrobo y el caimito.
Los poetas andan raudos por aquí en motocicletas con dos asnos de fuerza.

Es bueno recordarle si mira el río si existe mucho viento darle otra vuelta a la bufanda, si los calores son extremos guárdese de la sed, de no olvidar el sexo
es poco saludable desbordarse a la abstinencia
el fragante habano entre los dedos mientras se entrevista con Kant
en su casa de los extramuros del silencio. 

Es bueno que lo sepa a estas alturas.

Nunca me he cruzado en su camino
nunca escribiré para la revista Athena                                                         jamás por lo insalubre he soltado un comentario sobre esto
o aquello

jamás me tropecé con su sombra en la Rua de Emenda
para discutir sobre Wagner
sería imposible no me gusta Wagner
sin embargo suelto visos y celajes.

Me gusta la luz
Trepar en bus y despierto
verme haciéndome el dormido roncando recostado a la vecina de
silla
Hace siglos uso sólo zapatos marrones y recuerdo
tenía un corazón y ojos claros no tan negros,
salía con mis sombras hacia los puntos cardinales
me ponía chaquetas y con ellas me desnudaba de frío

Cierto día salí a buscarme en las palabras y encontré las suyas repicando por el aire y me alegré por Caeiro    por Reis     por de Campo     por Pessoa
pero me dolió por mí profundamente
¿Conoce bien ese defectillo que arde en el corazón de los poetas?
El deseo por escribir lo que fue cincelado en excelsas palabrejas antes
por docto escriba pero no lo envidio neurasténico señor de Lusitania.

Complázcase en que anónimos le lean después de muerto
que rasquemos sus pulgas
que sin herencia palpable afirmemos frente a funcionarios de los bienestares familiares
que se es su primo algo       sobrino medio          un cuarto de hijo suyo
que de vez en cuando me exalto en la intensidad del show

La intensidad es extremo sereno del amor     del odio     del placer y dolor        de la violencia del horror y la belleza.
La intensidad mantiene tranquilo
trajinado por la ventisca
como himalayo tras pestañas blanquecinas
en vertiginosa ADRENALINA por el cuerpo en cámara lenta
endurecido    anestesiado                 de silencio                 con ojos abiertos.

Necesario hallarle donde se rompe                         en el límite
donde nace la gracia de ansiedad
y se siente tan cerca y por supuesto tan lejos de usted señor Pessoa
tan lejos y tan cerca de todos
ahora que cada cabeza se suma a muchas
hoy cuando hay que portar un uniforme.

Notariar lo auténtico es necesario
al menos por estos días es tan difícil.
¿Es necesaria una lista?
¿Es necesario tener claro hasta que cúspide del silencio debe aspirar cada palabra  sin caer en el abismo de su contraria?                               MEJOR. Mejor.
Nada mejor ni tan terrible
nada tan malo como bueno
no es óptimo sentarse a conversar con desaparecidos
es bueno que los muertos nos digan sus palabras
a no ser en las páginas blancas de los libros
mejor esta noche
aguardar a que un ángel aparezca en oleaje de sorpresa
recomendarle esta misiva
de propina subrepticia mientras
sube chorreando
Oh plurales 
algunos billetes sueltos en los bolsillos
y vientos
de sus PLUMAS.


Parlatos trazos

Como el sol proyecta su sombra sobre el muro
la sombra de la mano se refleja en una hoja
sobre un rostro esbozado al carboncillo.

Seguir la línea de unos ojos   de una nariz no vista
pero imagina de un archivo de narices de bocas y orejas de PICASSO.
Rasgos          quieta vibración suspendida en la memoria
tal vez equivocada del testigo a ciegas
que da por hecho
la paupérrima luz que le llega de la noche convertido
en un arco superciliar que nadie pudo llevar tan entre cano.
Rostro susceptible de resumirse en una línea
que va en busca de sí misma por la bruma
o de pronto
de tantas palabras
sólo resulten esos trazos
y el precario recuerdo
de lo que nunca fueron
o seremos esos sujetos que más bien
en el tiempo
fueron o parecen engendrados por el ocio  
por la abulia
o por el HUMO.


Parlatos dos

En esa calle todo es fugaz como palabra.
Pasan entre sucesos                                                    entre autos.
Por gestos suyos        mirada cruzada que duró lo que tarda una onda
en desgastarse por el agua se supone
nunca nada que acumular en el banco o la alacena
como si vivir a diario a la espera y sin defensa
resultara lo más nítido que nos queda de un rostro
sostenido por grito de relámpago nos sugiere
a cada mirada torcida de papagayo
o de ojo de cristal vestida de ajada gabardina
de COLUMBO color ocre y bajo el ala de sombrero
que hasta las pistas dejadas por crepúsculos
se dispersan en sombras
se diluyen porque no se halló algo que dijera de nosotros

de gente que construye urdimbre de COMUNA en la tienda de la esquina
saludando con gesto inocente de vecino y no sabes si lleva en algún sitio
humeante aún una PISTOLA  que escupió a ráfagas          secas estaciones;
recuerdo
si la memoria nunca falla y se hace oscura o muda,
describiendo
si así es el hilo negro que conduce cada rasgo hacia la luz o
hacia la sombra del aliento o parpadeo
de aquellos ojos o si nunca parpadearon
como lechuzas
a la anciana paseando tensa  de unas cuerdas a un pitbull y a un rodwiller,
suficientes para trazar
a desempleados BORRADOS DE UN BOSTEZO
de impaciencia en las bancas de los parques,
el matiz del pastor con su discurso-fábrica de sanaciones y milagros,
en el carbón para ojos hambrientos de NIÑOS del mugre
cuando soplan fuego frente a un semáforo,
o los muchachos de la pandilla de Bram Stoker
rugiendo
mientras se santiguan la amarilla melena
pelando los dientes encima de la moto;

gente tendida en aceras nocturnas
cerca de la recién pintada línea blanca
en un muro urbano como aviso o sentencia de limpieza,
desaparecen mientras duermen
como globos por el aire estallados por pistolas
sin saber ya
de qué lado se está en tanta geografía
del país que habito
que me vive
y sin necesidad
de mirarlo ya
en noticias de la pantalla chica
o los trillers de Holliwood
en ESTRENO.


Naturaleza muerta con busto de  Beethoven

Beethoven después
nunca necesitó sus oídos,
frente a sus partituras
largas horas
tecleaba las notas
exhaladas por el portento de su memoria auditiva.
Con tres golpes de atención
solicitaba silencio a los músicos en el recinto ACÚSTICO
que soplaban y rasgaban violines, tubas y fagots;
inmersos en calentar labios, boquillas, teclas,
afinando cuerdas
y trompetas.

Ese era el maestro
el sordo.

Y sobre el arco de su tumba en miniatura
han erigido un busto de carrara
reflejando en su limpieza y la blancura
un tiempo ya pasado por el agua
del ESTANQUE en hojas amarillas
como huellas del aire por las ondas con el aromado esplendor
de los frutos en cosecha.

Toda esa vida detenida por un pincel se suma
a sinfonías dejadas por su lucidez a su paso por la tierra
sintetiza los cornetazos romos de los patos en la escena
donde funge de fondo un árbol
un piano super blanco de cola con la boca abierta;
las teclas hundiéndose a cada tanto 
donde corren las manos solas sin Beethoven;
una pluma de ganso con gotas de PLASMA del lenguado
por sus vientos  que espejean al sol en sus escamas
y con tino de palabra
arrojada  
reposando
      EN UN FLORERO
y en el lienzo.


Colage 

A fuerza de COLORES
intenta retratar rasgos en el tiempo.

Pintar un gesto
rayas en el aire
palabras diminutas
casi tangibles como lluvia negra
como quien rescata de un lienzo el verde de LA hoja;
pintor que replica una obra de Velásquez
con la estancia donde aparecen las infantas
en perspectiva
el rostro del maestro en un espejo.

Valioso esfuerzo del artista
porque no pretende —lo trae impreso en una tatuaje— 
“LIBREME LA VIDA DE SEMEJANTE LOCURA”
parecerse al padre;
aun cuando riegue por allí par matices.

Bueno es reconocer que posee sus propias alas.

En medio del día detuvo el trazo
dejando en la tela
la huella bermeja con la mano abierta.
Se rascó la barba
contemplaba el cuadro
la lámina del libro desempolvado donde encontró
la biografía para volver a sumergirse afanado en cada trazo.

Así es el asunto en lienzos acerados
si se hace a trazos
a alas de pájaro clavadas en el aliento del verano
un resumen no autorizado del pincel RISITAS
o de irónico espejo
con virutas de Velásquez.


La poesía también se come

El poema aún no escrito
es un tazón de donde extraigo
con palitos chinos las letras de mi sopa estética.

Si la miro detenidamente
la palabra cuelga de sus puntas como un
fideo aséptico.

Cada palabra es como una arveja.
Un mundo en la oscuridad diminuta
humeando bajo la lípida sombra de una costilla
en pesados amarillos.

La poesía despierta paladares con un bocado.
Es la REGLA.
En sabores
la palabra se rompe en su cadena en el lomo de mi lengua
y diga lo que diga
siempre me deja insatisfecho,
encalambrado,
a punto de salir
a darle otra vuelta a Colombia en canopy e indigesto,

Escribir y cocinar se parecen.
De alguna manera nativos
—olla y puño, pluma y tabla de picar verduras— de la constelación
de Géminis.

Para ojos
los dos oficios rescatan por un instante algo de la muerte.

Alguien en la floresta mató una CEBOLLA
alguien haló de la tierra por su cabellera
a una ACELGA que traía gritos en los ojos
alguien degolló un ternero en la niebla de la meseta
CUNDI-BOYACENCE
nadando en un chimichusi polinesio


LA CARTA

Excelentísimo señor
Don EFRAIN ARGUELLO:

Miraba un  álbum, sepias retratos empozados en los rostros, remendando recuerdos ovalados. 
Recordarás de 1987 algún crepúsculo, la asistencia a fiesta de disfraces sin muchas ganas e inocentes, aun cuando alguno en estupor haya dejado escapar una sonrisa.
El suceso fue digno de una película de KUBRICK, pero no vale ya la pena recordarlo, los retratos quedan en el tiempo, nos recluyen en humo de nitrato.
Vivos y rotundos.
Permanecimos en el juego y la broma con un muslo de pollo
a medio comer en una mano,
el fotógrafo —ya sabes como son estos artistas— abundan en la rigidez del resultado de su oficio, exigía con el ruidito de la cámara:
“nada de risas macabras mientras se posa
aunque sea mucho el valor de ser poeta en días lejanos…

A mí...
envuélveme tarde gris, qué puedo hacer, se es una amalgama de grises que ya no se pregunta. De mucho la retórica si no se sabe qué es poesía o el tiempo sin respuesta alguna o si se tienen muchas y ninguna. 

2005
Segundos de luz nocturna donde me muevo. Quietud. Impulso
lenta paternidad de T. S. Eliot,
mis signos     sondean noches astilladas    buscando la fascinación de la palabra,
el verso tocado de horror y de belleza, el libro suficiente que me sumerja en el  BRILLO del olvido. Se es apenas un hombre. ¿Parece un crimen la mirada interior sobre cosas cotidianas de otros ojos                                             como suma súbita de palabras …

—Dejar correr la pluma por oscuridades de la página
por qué                                    a pesar de los dones
de la virtud y el juego
de hundir la mano en abismos y no perderla
donde cada coma ya es un astro
y
se paladea el vértigo de salir de uno
en busca del aire de la luz del mundo
por huequitos del sol.

Hay un apremio en mí
como quien quiere mudarse de casa o de ASFIXIA
imán que jalona la palabra
hacia el suceso en sombra de la página

¿Se puede ser más sencillo en el oficio de llenar con nuestras palabras
el espacio reservado para el sujeto anónimo que mirará
el desfile
que recorre la calle de North West en quién sabe donde?

Hombre cotidiano respira con SNORKER de bambú multirracial
y multi-oficio
al escribir otra línea en el hecho de rascarse la batata
apagar el cigarrillo en una ausencia
anda del cuarto a la cocina en bermudas
y se oye la angustia del último minuto en las noticias.
¿Y el lenguaje? un puente, túnel revisable, un pobre diablo…
La entrada a la biblioteca de Alejandría     
una nínfula de muslos abiertos;
ardía el tiempo y su hojarasca en su húmedo liminar de limonar.

Oh, si los libros pudieran vivir sin hojas, ser sólo luz quieta blanca e impasible.
Si pudiéramos desprenderles de su seriedad
pero mi vida es un guión difuso y
un boceto  trágico la condición humana.

Es noche, bruma y niebla en estas estaciones…
VIVIR ES LLENO DE TRAMPAS
según filósofos se susurren o se griten las palabras;
aterra pensar en los siguientes segundos que quedan en las ramas,
en la publicidad nutriente del oficio en la fanática informática.
En Cue Club desarrollo un juego de 8 americano con Miss Arkansas
ganes o pierdas te desnudan.

FLASH POEMA
1993.
Cayó la noche desde una nube hasta el presente.
Estaba mi garabato en un parque a donde había traído
sus huesos, las palabras dichas
como entrañas impalpables que extrajo de debajo de la ropa del día.
Cargo el sol en la punta del zapato,
pero el tiempo, corazón, alas de pájaro, vuela siempre
aun cuando la mirada pueda perderse en un canasto, en mis pantalones,
en un gancho donde cuelga mi alma como una camisa a rayas,
en el humo y las horas.

Cuán efímero
qué fragilidad frente al mar.
Qué irse como agua entre los dedos.
Por fortuna se cabe en el azul y en la brisa,
en un crepúsculo exorno de la calle en llamas,
con su propia voz que permite mirarse en la eternidad
espejo del enamorado de sí mismo,
sereno, eyaculando versos con la pluma,
con el ciego relámpago que me retrató un instante.
Con el amargo dolor de la poesía.

Post scriptum
Confirmo mi presencia en la instantánea
lugar y fecha en el anverso de puño y letra de mi mano.
Hoy es preciso atravesar fronteras
penetrar con nuestro hombro la niebla equidistante
dicen escapar con un gesto en la mano por el universo cotidiano.
QUIÉN TOCA A MI PUERTA POR DONDE NADIE ENTRA
QUIÉN INTERRUMPE POR CELULAR MI COPULA
QUIÉN RASGA EL PAN DEL PLATO AL DESAYUNO




Amores violentos

                                                  En principio se intuía el vacío.
                                                                                    Cierta insatisfacción
                                                                                    demasiada soledad
en cuerpo y alma.
                    Después
                    una muchacha
                    su rostro aleteaba por oficinas.

Delante de una computadora hicieron entonces las miradas
de ansia y los besos
el amor mirándose en espejos                en astros estallados en moteles;
salvados de quedar en posiciones pornográficas pero no
en la estela de vacío de la cámara de sexo.
Un cigarrillo humeaba en la penumbra. 
Se hundían el uno en el otro laberínticos.
Se mordían
besaban con furia de dementes    
se ofendían.
soñaban pasar la vida y nadaban en medio de calles extranjeras.
Después   bailaron
al influjo de trombones y violines de Glen Miller junto al borde del CARIBE.
Luego la tristeza
tan polar pasó por los cuerpos.
Nada puede desunir
unir más a un hombre
a una mujer
que ir a la  P a t a g o n í a  juntos.
El olvido llenó de preguntas y migajas
los platos de la cena y los vasos.

Siempre es el amor que provee heridas
satura de puertas y memoria
el cuerpo asfixiante lucidez que extraña.
De vez en cuando piensa que le recuerdan.

Pensar a veces con dolor inquieto,
o con tristeza y con furor                                hasta con un poco de alegría
y ternura

eso sí, después, nunca antes
por qué de qué color
con qué pincel
con cuál paisaje podría omitirse
todo esto.


Estación saudade

Antes                                    cada vagón estuvo pintado de colores
nuevos  pero ahora
el verde, el azul, el amarillo             se muestran desvaídos
erosionados por la brisa.
El tren de la glorieta casi de pie sobre sus ruedas,
erigido como recuerdo adorna
en homenaje por servicios prestados
no es más que un amasijo de chatarras
la HERRUMBRE de aceite inexistente.
De NIÑO asomada en ella,
se encendía la curiosidad propia del infante
como movimiento llevándome a recorrer mis juegos.
Imaginaba su fuerza, poco a poco, cuesta arriba por el cerro.                  
Se detenía en estaciones con jadeos de humo
como un animal prehistórico agotado sobre RIELES.
¿A dónde irán afanados tantos pasajeros?
Recordará el vendedor de boletos              
rostros de aquellos que compraron sus pasajes.
Resopla el tren de nuevo con estruendo                de quien pasa por el tiempo
sentado en EL RÁPIDO paisaje.
En cuanto a caminos se refiere     detrás de signos pasajeros siempre habrá alguien regresando al hogar
a recoger cosas olvidadas que bullen en su cuerpo
viejos baúles              fotos SEPIAS                              pasos de silencio
por corredores después de tanto tiempo.
Ruge la máquina del tiempo con voz de silbido
y humo en las COSTRAS blancas de las nubes

los vagones van recobrando los colores.

El cabello blanco de una pasajera entrada en años
AHORA es rubio                             la lozanía en los labios.
El hombre de lentes oscuros y collares
lee                              periódico
vuelve dolido al niño que corre                                       márgenes.
Estaciones fantasmas funcionando en el archivo de los días            siguen
vendiendo tiquetes rutinarios
boletos para un hombre hacia urbe perdida de turistas.       
Un empleado de gorra y uniforme anuncia con una campanilla
junto a rieles sucesivos de partida
un último llamado con un grito
¡compren sus tiquetes!                  ¡aborden                 aborden!
¡en un minuto parte el tren a Cotopaxi
a Sal si puedes
hacia AROMAS DE UNA FRUTA!

¡Ah
por fin!
suspira el alma del viajero


Óleo con guanábana

Recuerdos de mi presencia en aromas de la calle.
Imagen de un instante ataviado de vendedores
voceando FRUTAS de sabrosos colores
me detiene el viento             no recuerdo cuál de ellas
si la manga o la piña              me llevan a un no sé       con dulce de muchacha.
Un gusano gordito se encoge y se estira           se contrae en una U
y entra por la puerta de su manzana        hacia el cremoso abismo de la pulpa
escucho sacudirse el tren de la mañana.
Quizá   esos sonidos     esas imágenes         sean nada más meras palabras
viento en los cabellos y movimiento   hacia dónde        de los árboles pasando en milésimas de segundo y sólo yo escucho trepidar en mi cabeza.
Percibo la imagen sin leer letras del recuerdo
pero sé que están allí     organizadas       como pequeños puntos              después
en cuadros mayores se suman uno más otro                       al total de la pintura de gusano amplificado      devorando en  crujidos             un fruto callejero.
Pinta el sol el rito en el vivo lienzo                                                  a transeúntes detenidos                                     frente a una pila de naranjas
que no ignoran de golpe
que un sabor
o un aroma traen imágenes
vestidas de una sola
si piensan en el DESAYUNO
de una boca comprobable
arrojada como un beso al aire
después de otras estaciones
y otros frutos.

Estación Hölderlin

Todos los días a la estación bandadas de niños llegan.
Empinados HACIA las ventanillas
ofrecen bocadillos y refrescos a los fatigados pasajeros.
Otros sobrevivientes
se ocupan de birlar carteras y recuerdos,
los más curiosos se arremolinan junto al conductor
pidiendo explicaciones de pistones y manijas.

Repararán los pasajeros
en el mozalbete de gorrita sentado en unos FARDOS
mientras lee el verso se nace o se aprende a ser lector.
—De vez en cuando levanta la mirada            recoge un papelito que en la escena el tiempo ha venido a dejar imposible                     y que         para este caso                                                       supongamos                                            bien pudo escribirlo Hölderlin
“olvida MUCHACHO si puedes           y desata tus caros pasos  en la vida”.
Dónde hay prisa
y en estaciones es propio el abigarramiento de gente oscura y sucesos                                                                          
lugar de paso y movimiento donde nunca
sobran incidentes                                   Bulliciosos umbrales transeúntes
con altoparlantes incluidos que le advierten a la tarde     
a todo pasajero que debe recordar a qué lugar del mundo
enviaron o extraviaron su valija con valiosos fetiches
y cosas odiosas de occidente
o con sueños de otras tierras
o si volvemos al muchacho con sólo girar la luz de la mirada
en su papel que representa para esta clase de estaciones
(y goza del guión y arquitectura preciosita de un POEMA)
acercándose por la sed,                                  
el calor de la lectura a enjuagarse el rostro en el agua de una fuente
y regresa a su rincón donde cumple su papel de extra    
y refrescado ya
vuelve a hundir la mirada en esas páginas;
he nacido en septiembre y ando por los quince
se pudiera leer que dicta al viento en el movimiento mudo de sus labios;
cuando se sabe por parte de un lector
que habrá vivido ya el fílmico poema
como una vaga adaptación de Holderlin versión cinco
porque cuál viajero puede hablar de tierras prometidas       
como ensayo y error de la emoción o del paisaje
que se repite  y se  insiste                         
en                               REPATRIAR
cada palabra.


el BIG BANG no es como lo pintan

Mañana no hará nada.
Hastiado de revolver el agua regia de mar
en los centrífugos tubos de ensayo
—la explosión de un verso de amor iluminó mi rostro—.

Fuera de allí,
del LABORATORIO,
por fuera de lo conocido y lo controlable
ESTÁ LA SORPRESA:

A qué leyes físicas obedece un sol en una galaxia lejana
si en ella no se han comprobado las ciencias del hombre.

Se repliegan
los huequitos para la aguja del cinturón de Orión;
el maelstrom de un agujero negro.

Nada sé acerca de por qué EINSTEIN
gustaba ir todos los días en bicicleta
desde su casa al Instituto Newtoniano.
¿Obedece a la ley de la gravedad que quien
no coma caiga más rápido a tierra?

Nada sé de las pirañas de la constelación de Acuario.

Para leer el Big Bang y al hombre
según
se necesitan unos lentes saltimbanquis,
unos ojos de mosca
¡Oh tú, hipócrita lector, tan peyorativo!

A veces me pregunto
para que sirven y si serán funcionales
las leyes de la física en una remota galaxia.
¡Qué me importan a mí esas galaxias!
A no ser porque se acabe el oxigeno en este planeta.
La sola idea
me hace fruncir el ceño rumiando
una salida,
una vía de escape constatando
previamente mis bolsillos.

Es por esto
que me hago preguntas sobre cosas más sencillas
como para qué sirve la poesía,
más aun, cuando el poema es de amor, como este.

Por fortuna,
la incertidumbre es una virosis que se expande
como el universo;
y a que
por estos días
todo es susceptible de ser poetizado
hasta las noticias del periódico
sobre tanta vacuidad
sobre tanta ciencia
sobre tantas explosiones nucleares
sobre el protón
el neutrón
el quartz
el átomo;
tildes matemáticas
en la enigmática dermis de una ECUACIÓN lunar
física-cuántica. 


Arqueólogos uno

Limpió con brocha el tiempo descargado allí en cotidiano
de pirámides. 
Fiesta violenta de transfiguración y permanencia                         
vida salvaje
de civilización que rindió culto a niños pájaros                            
a la garganta
rota de un esclavo en humo de sacrificios  y que terminó
sometiéndonos                                                           
al paso de los siglos.
Se resume un domingo de mi turistazgo
visitando piezas exhibidas a media luz en un museo
con mirada escéptica                                    y            sin comprensión totalitaria
cómo las piezas  se conserven aún intactas después de tanto tiempo;
que mucho menos permitan en una foto
—como si en vez de flashes nombrara obuses—
posar junto a una estatua  griega y a un improbable petroglifo hebreo
que nunca ardieron
a una urna de cristal que guarda un agujero en el OZONO 
o al esqueleto cachorro  de un TIRANOSAURYUS 
que se salvó por un pelo de la SHELL
o la TEXACO
de arder  en un Jaguar
en un cohete enclavado
en otra estrella.


Cuestión de historia

A la salida del St James enfermería
colgaba frutal                       miraba turbio el cielo.
Primrose el nocturno componía
sonó un blues tocado después por Satchmo.
A cada garabato llevaba la trompeta a los labios,
el aire a las mejillas; ensayaba fusas y anotaba
silbaba y chasqueaba dedos.
Los blues son siempre en tono lento y triste
—ese fue su más duro blues y lento año—
de negrura en ronca tesitura         rosas en  vibrato,
de barrancos de negra piel como dolorosa herencia
por eso        salía a perderse Louis Armstrong en la niebla
con su séquito.

A cada pared, a cada habitación de urgencias, a cada torre terminada se decía:
en la composición cada instrumento flote solo, se salga sin salirse tirando puertas de la comunión con un piano. Que la melodía no deje de ser sin ser el blues mismo y se desgaja mientras empujen la camilla con un cuerpo,
atravesando puertas de árboles difuntos, huecos de niebla y cloroformo
en un STACATTO de ruedas oxidadas por pasillos.
Así fue el blues de melancólico     quedó flotando en despedida;
el lamento de Satchmo iba en la trompeta paso a paso
por la calle sabor de luna, en inglés Moon Flavors sin ocuparnos del francés tan común en Nueva Orleáns como doliente arpegio. 
Primrose el músico                                   el albañil de urgencias
construyó el San Jaime nota a nota, piedra a piedra, jadeante
y solitario en ese blues que vacía su grito emparedado
cosido al goteo de su rubatto.
Alrededor
tan taciturnos
las manos en los bolsillos, cargadas de un racimo de cuerdas y émbolos
con el aroma de un tintofuerte entre los labios
susurrando para no dejar dormir el alba,
devorados los ojos del nocturno
        
en silencio Satchmo empujaba el cuerpo
bajo una sabana azul de pálidos y hondos trompetazos
al compás de su cuerpo bamboleado
detrás
el manchón de fúnebres sombras y siluetas sazonadas por sus labios;
apto para mi instante o sombra que abandona
si escucho de esos hospitales de gasa y música
sin techos hecho a mano
a cinceladas lajas,
como una melodía que ya tenemos o recordamos de memoria
imposible de olvidar una vez
se atiende cesadas imágenes vestidas de hospitales
que parecen contar que un blues me hace sentir más solo;
Satchmo
el de la voz ronca de trompeta  
quien tocara esa pieza como nadie nunca
porque no hubo melodía tan triste y contraída
se esfumó en la niebla                                o por mis lunas
porque a puro blues no encontré dónde estallar mi llanto,
o en el volátil arpón del trombón de mis palabras.  
PALABRAS DEL DURMIENTE
             
Jorge E. Schultz Navarro
jorgeschultznavarro@hotmail.com
_________________________________________
©   Jorge E. Schultz Navarro

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 26
Julio-Agosto-Septiembre de 2006

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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PORTADA
VOLUMEN VII - NÚMERO 26