ITINERARIO FUGAZ
Lidia Salas
Publicamos en Ediciones CARIBANÍA, de LA CASA DE ASTERIÓN,
el libro Itinirario fugaz, de la poetisa Lidia Salas,
nacida en Colombia (Barranquilla) y residente en Venezuela (Caracas).
EXILIO SAGRADO
“¡Oh! ¡Cómo ha llegado a sentarse solitaria,
la ciudad que abundaba en gentes..!
Todas sus puertas están desoladas…”
Lamentaciones: Cap. I, vers. 4.
Terrenal
“ Y lo echó el Señor Dios del paraíso de delicias,



para que labrase la tierra, del cual había sido formado...”
Génesis: Cap. I, vers. 24.
He naufragado en los meandros
de la sierpe.
Ando a la deriva de tus besos.
Llueves en mí hasta el desmayo.
A lo lejos,
la luz del ángel a las puertas
del edén sagrado
nos confirma el exilio.
Establecidos los confines
me abrazo a la materia que me nombra.
Hemos vuelto a la arcilla.
Residimos en el esplendor de lo efímero.
Ciudad de babel
“Y confundamos allí mismo su lengua...
de donde se le dio a esta ciudad el nombre
de Babel o confusión.”
Génesis: Cap. XI, vers. 7.
Derruida la quimera
de llegar al infinito, quedarían arrasadas
las escalas de la torre.
Las palabras traicionaron desde entonces
las certezas y se instauró la soledad en lo más hondo.
Aletea, como ave en agonía, la nostalgia.
Duelen las raíces del lenguaje cercenado.
Habitamos a la diestra de lo oscuro.
Babel, ciudad de atajos ciegos. Pesadumbre.
II
Inicio de la búsqueda.
Certidumbre del vacío sin la espera
posible del hallazgo
Confusión instaurada
por la cólera divina condena para siempre
a lo disperso.
Imprecación que nos arroja
al núcleo de lo solo.
Vanos los vocablos del encuentro
en la voz del sí mismo desgarrado.
La herencia es ahora la alforja del destierro.
Agar
“Levantándose pues Abraham de mañana,
y cogiendo pan y un odre de agua, los puso
sobre los hombros de Agar, y le entregó su hijo,
y la despidió. ”
Génesis: Cap. XXI, vers. 14.
Nadie tuvo indemne la tristeza
como los ojos de Agar aquella tarde
a orillas del sollozo.
Sobre la arena del desierto
los andrajos de la alianza,
el licor de las promesas derramado.
La memoria, como una daga cruel
escarba entre los besos.
Manan de sus entrañas
manantiales de odio donde beben los hombres
de su estirpe
sin calmar la sed.
Corazón de soñador
“Tras esto sucedió que habiendo tenido un sueño se lo contó
a sus hermanos: lo que fue incentivo de mayor odio.”
Génesis: Cap. XXXVII, vers. 5.
I
Mi corazón no era mayor
al corazón de mis hermanos.
Mínimo y ligero
se hundía cada noche en el naufragio
de las sombras.
Desgarro la veladura de los símbolos
para abrir los intersticios del misterio.
¿La gavilla de quien sueña se eleva
sobre las hierbas inclinadas de la envidia?
Las visiones del futuro me alejan la ternura.
El destino me aguarda junto al pozo.
El recelo del odio ha desgarrado mi túnica.
Las lágrimas del padre inundan el valle de Sichem
con sus gemidos de luto.
Perdura en la flauta del pastor
la desmesura del silbido.
II
La libertad es una ramera
que se vende por veinte siclos de plata.
He perdido el trémulo halago de la cabra,
el instante de esplendor en la sabana,
la húmeda pedrada del naranjo
y la sombra dócil del follaje.
Descifro la seducción de los enigmas
en Egipto y el poder me ofrece su vino
y sus inciensos.
Armo la celada para que lo fraterno
absuelva los resentimientos.
Florecen las promesas en el linaje de Judá.
Éxodo
“Esta noche, en que sacó a los Hijos de Israel
de la tierra de Egipto.”
Exodo: Cap. XII, vers. 42.
Partir al espacio del viento
y del milagro.
La tierra prometida es un bocado
de miel y codornices, un rocío de maná,
visión febril de un paraíso abriéndose a la huida,
aroma de polvo humedecido en la llovizna,
caricia de música fugaz, enamorada.
La invitación a partir era el hechizo. 


Saudade
“No verán la tierra que prometí con juramento
a sus padres”
Números: Cap. XIV, vers. 23.
¿Alguna vez se llega a la tierra de los sueños?
¿Vivir no es acaso
un desolado errar por las dunas del desierto?
Desde lo alto de la cima
algún valle lejano nos engaña,
el matiz de un azul en la distancia
despierta las saudades.
La felicidad
hospedaje en el encantamiento.
Humo
“No se vieron jamás aromas tales,
como estos que dio la reina de Saba
al rey Salomón."
Paralipómenon: Cap. IX, vers. 9.
La llama alumbra el aire de la alcoba.
Centellea su luz sobre la piel desnuda.
Quién roza los límites del vértigo?
Cómo se abren los diques temblorosos
de la carne?
Cuál jadeo seduce la desmesura del exceso?
Me llevas a horcajadas sobre tu piel de corza
y la fruición disuelve las aguas
temblorosas. Me alojo en la ciudad de tu éxtasis,
abandono a sus puertas el vano poderío,
al brillo de los ritos. Tu fragancia
victoria inextinguible.
Sed
La fascinación de la sed abre
las fuentes de la dicha
y la humedad se desborda hasta el deleite.
Giramos en el espacio
de lo dulce, el agua nos enlaza
con sus labios de fruta
y las espinas de lo árido
evaden nuestros cuerpos.
La fiesta de la amada
ha convidado mis ansias.
Soy huésped de sus huertos.
En mis besos la magia del verano
donde se desvanece el aire de su boca.
Mara
“No me llames Noemí (esto es, graciosa) sino Mara
(que significa amarga)".
Libro de Ruth: Cap. I, vers. 20.
La poda ha desollado los lirios de mis pechos.
En mi vientre sólo ortigas y amargura
en el desafinado de mi boca.
Embriagada de llanto, he dejado
guirnaldas y atavíos a la vera
de las lápidas.
¡Ah! La devastación de las plañideras de la noche.
La desolación suena su cítara de duelo
delante de mis pasos.
Todos cierran las hendijas para no ver
en mi ojos la niebla de la muerte.
¿Quién avienta en la nada los lechos
de las mujeres solas?
María de Nazareth
“Y por aquellos días partió María y se fue
apresuradamente a las montañas de Judea”
Evangelio según San Lucas: Cap. I, vers. 39.
La brasa de un latido abre el misterio
de mi vientre.
Recuerdo el celaje de unas alas,
la fragancia de uvas en mis labios
y la cadencia del salmo.
¡Ah este llamado que estremece
mi corazón de sulamita!
Desfalleceré de lágrimas un día
por este daño de amor que me cautiva.
Me abrazo al sortilegio.
He renunciado a las mieles
del esposo para ser amante de un Dios
que desconozco.
María de Bethania
“Y María tomó una libra de perfume de nardo puro,
y de gran precio, y derramóle sobre los pies de
Jesús, y los enjugó con sus cabellos.”
Evangelio de San Juan: Cap. XII, Vers. 3.
Abandonado a la penumbra
de mis párpados
arriesgas la mansedumbre de tus huellas
al óleo de los nardos. Mis dedos,
apenas el gesto de alcanzarte.
Vienes de la esencia incomprensible
a mis sentidos.
Acaricio tu orilla con mi luz hecha cabello.
El atrevimiento se adelanta a la hermosura
y estremece tu urdimbre nazarena, 

humana para el dolor,
negada desde siempre a las delicias.
Me ciñes con tu silencio denso
y unges con tu fuego mis entrañas
de lodo. Desde entonces el fulgor.
Celada
“Apenas estuvo Judith en su presencia
quedó Holofernes inmediatamente
preso en sus ojos.”
Judith: Cap. IX, vers. 17.
La lluvia es un lejano temblor
sobre las hojas.
Noche adentro, los guerreros
que apuestan a la gloria o a la muerte
en las batallas.
Holofernes advierte la celada
entre los besos.
Vano es ahora el triunfo o la derrota,
la eternidad de un reino,
de un nombre, de una hazaña,
fútiles las arcas, los vítores,
los restos de un héroe
en la estatua de bronce frente al tiempo.
El deseo es una urgencia acuosa insobornable.
Alucinado desnuda su piel ante la daga.
Duelo
“Y Esther le cayó en gracia
y obtuvo su favor sobre todas las demás.“
Esther: Cap. II, vers. 17.
Esther atraviesa el espejo
de su credo y habita el efímero país
de la ventura.
Su cuerpo se estremece
en el rescoldo de las brasas.
Breve el tiempo del festejo
y de las bodas.
Su grito se arrecia desde el duelo.
Feroz es el destierro del olvido.
Lamentos
“Quién me diera volver a ser como en los días
venturosos de los tiempos pasados.”
Job: Cap. XIV, vers. 4.
Un oleaje de sargazos ha devorado
los muros de mi casa.
En desbandada han partido con trozos
de mi heredad como trofeos.
Otrora el fuego y el laúd.
La devastación es más honda cuando los labios
saben del sabor de la dicha.
En mis campos apacentaba la fortuna
y la felicidad me consumía como leño guardián.
He sido mutilado de mi tallo.
Rama inservible en un arrume de despojos.
¡Quien me diera regresar por un instante
a los días hermosos del pasado!
Cadencia
“Huye a los montes de los aromas
si quieres oír mi voz.”
Cantar de los Cantares: Cap. VIII, vers. 13.
Niégate a tu huerto de lilas y gardenias
y huye a la enramada
en lo profundo de ti mismo.
Afina los sentidos
al bálsamo de hierbas y de espigas.
Silencia tus rumores
hasta que oigas
mis pasos sobre las hojas secas,
habita la soledad.
Alguna madrugada
te ceñiré en mi canto.
Extramuros
“Abandonaremos nuestra tierra nativa.“
Jeremías: Cap IX, vers. 19.
¡Jerusalén! ¡Jerusalén!
Tus piedras y la luz
de tus atardeceres.
Tu recuerdo
hace salobre el vino,
se estruja sobre el pecho como mujer amada.
¡Jerusalén! ¡Jerusalén!
Las rosas de tus tapias
y la pátina
del tiempo en tu muralla.
En añejos olivares
el llanto de Dios se hizo sangre
por tus ruinas.
Aguardo cabizbajo
en lejanos sardineles
un tren que no ha de pasar.
Lugar de derrumbamiento
“Desbastada ha quedado ella y desgarrada
y despedazada.”
Nahum: Cap. II, vers. 10.
Desiertas las aceras, sólo gatos astrosos
acuchillan con sus cuerpos de filos las esquinas.
Los pájaros del miedo anidaron en cada domicilio.
La codicia inundó con su miseria el espacio de la hierba.
Y la violencia elevó su puño ensangrentado ante los ojos
indefensos.
Rotas están las cercanías, las memorias de amor
que florecieron algún junio remoto.
Gime la obscena desnudez de lo perdido.
Acoso interior
“Notoria se ha hecho su calamidad.”
Nahum: Cap III, vers. 19.
Derruida desde adentro
han arrasado las señales que conducen
a sus espacios cálidos.
Inútil caminar por sus atajos. Laberinto.
Sus juglares se han infatuado con la muerte.
Desguarnecido el canto, los címbalos de horror
esparcen sus cruces y cenizas.
¿Dónde la otra realidad de sus reversos?
¿Por qué tanto agravio para el amable azul de sus laderas?
¿Quiénes detrás del cruel hacinamiento?
Sitiada ciudad que me laceras.
Convite
“Y lo recostó en un pesebre
porque no hubo lugar para ellos en el mesón.”
Evangelio de San Lucas: Cap. II, vers. 7.
Quienes desde la calle
miran el convite, ajenos a los saludos
de invitados que pasan sin mirarlos,
los que no alcanzarán ni las migajas
al borde del banquete,
los nacidos para nadie,
los que serán lamidos por perros legañosos,
los que atesoran lagartijas y basura
en talegos que arrastran cual tesoros,
los que no poseerán ni los aromas de la tierra,
a ellos nada dice la humildad de tu pesebre.
Tampoco para ellos hubo lugar en el mesón.
Extravío
“Falsos pastores que extraviaron el pueblo mío.”
Jeremías: Cap. XXIII, vers. 4.
Creían divisar el valle próspero
en cada encrucijada.
Oídos siempre prestos al silbato
del pastor equivocado.
Espejismos
de una epifanía sin cánticos ni luces.
A veces era Persia
o Nínive o Egipto los nombres del exilio
como si el engaño no estuviera
tatuado en sus ancestros.
Solían deslumbrarlos los ídolos de arenas.
La falsas llamadas los perdían,
los mitos de impostores.
¡Ay, el vano heroísmo fundido en oropeles!
EXILIO ÍNTIMO
“Camino hacia atrás
hacia lo que dejé.”
Octavio Paz
Rúa de sol
“Ese resplandor contagioso que me queda en las manos.”
Vicente Aleixandre
I
La sangre del sol se desbordaba
en reflejos de luz por las aceras.
Me estremecía su calidez y una música distante.
Conciencia del destello en lo recóndito.
El aroma de bosque en la hojarasca,
el musgo entre las piedras,
el aleteo de un azulejo
rezagado que no llegaría a Holanda,
el sepia de un paraíso refulgente
en el costado.
Certeza de vibrar en la hermosura.
Suspiro abandonado al viento del levante.
II
Breve la ensoñación del hombre en el camino.
Indemne la saudade
y el rojo de la tarde cuando el ocaso llega.
El olvido y el tiempo ensordecen
las voces del adentro.
Y es aquella muchacha suspendida
en el rosa de un verano quien sonríe
desde una íntima memoria.
Mi sonrisa tiene su idéntica tersura.
Por un instante soy de nuevo aquella
que tenía un corazón desprevenido.
La remota canción me inunda entre sus olas
mientras un sol apasionado
se desangra a mis espaldas.
Itinerario fugaz
“Tengo un único anhelo: que mi viaje continúe.”
Jenaro Talens
I
Deshojada del grito, de la desgarradura del dolor,
¿cuál ráfaga me lleva hacia la nada?
Paisajes de aquel otoño
incierto. Perdura aún la saudade del rubio
esplendor de la hojarasca y el aroma vegetal
de la madera.
Cruza raudo el instante de la felicidad.
Escarbo en la memoria inútilmente.
Perdidos para siempre el humo pertinaz
y el silbato del tren
cuando su hierro acuchilló la llanura
adormecida bajo espigas y tulipanes rojos.
En dónde el memorial de la belleza?
Una desconocida me devuelve en el espejo
la sombra de sus ojeras mustias.
II
Mis labios saborean en mis insomnios
los nombres ya arrasados por el tiempo
como bocados de un ayer inacabado
en los recuerdos.
Me tocan las huellas ligeras de las horas
aniquilando los escorpiones del rencor.
Perfiles, encuentros, baladas, momentos
sobre las aguas de la amistad
desbordadas para mí en abundancia.
Itinerario de los seres que amé hasta
el derrumbe, de los hermanos quienes
acibararon con sus duelos el pulso de la sangre,
de los gólgotas donde me traspasaron de garfios
y de aceros, de las manos que dejé extendidas
en mi ceguera torpe, de instantes
cuando el éxtasis me deslumbró, de estremecimientos
de mi corazón de arcilla, enamorado siempre,
por siempre enamorado de la vida.
Ferrocarril ausente
“...tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca.”
Antonio Molina
I
Antiguo tranvía de las callehuelas de mi barrio.
De niños andábamos
sobre los rieles de rutas olvidadas.
Llegar en el vagón del sueño a las antiguas
estaciones de Ceilán
con sus cestas de plátanos
y peces
y a Marruecos olorosa a especies y a carnero.
Mirar en atávicas imágenes
el humo de los trenes, el torpe alborozo
de quienes se alejaban,
la impávida quietud
de los que avizoraban las distancias.
II
El tiempo ha asolado los predios de mi infancia.
Frente al bar de la aduana abandonada
jardines de almendros y palmeras
adversan todavía la insistencia del viento.
Ray Charles canta con la gamuza
de su voz un viejo jazz de Georgia.
Sobre la espuma de mi vaso los restos
del ensueño.
De tantos aromas de mares y eucaliptos,
de tantos viajes por fiordos y campiñas,
de tanta belleza en los matices de ínclitos museos
y en las luces reflejadas frente
al puerto más famoso del mundo,
de tantas palabras,
y tantos triunfos huecos,
de tanto amor y tanto olvido,
de todo lo alcanzado,
de lo que nunca tuve,
de todo lo que he sido,
nada, nada exhalaba
ese tenue temblor
de tener trece años y sentir por vez primera
la sangre fluyendo entre las piernas.
En la vieja estación
la vida no estaba prevenida por la muerte
y este poema era apenas
la más dulce de todas las promesas.
Caminos de derrota
“Etrangeiro aquí como en toda a parte.”
Fernando Pessoa
I
Habité mi destino con todas las señales
en mi contra.
Partí como si la lejanía redimiera
del tiempo de la muerte.
El tiempo de morir siempre acortando
el latido de la vida,
más la vida impaciente me urgió desde los ojos,
la lengua,
el olfato,
la piel que nos dilata,
el oído
que escucha canciones en silencio,
desde mi sexo húmedo,
desde la mente abierta
a la verdad de los conceptos,
desde esa desconocida en mi interior
que se estremece
hasta de un leve resplandor.
II
La poesía descubre el hechizo de las formas
velado a la mirada.
Guardo en mi derrota el manojo de palabras
de los poetas que me hablaron
a través de sus versos.
Sagrado talismán del lusitano
quien sentado frente a la tabaquería
de Lisboa, lúcido se reconocía como nadie,
sin embargo, su corazón
como puerto infinito
albergaba los sueños todos del mundo.
Por instantes,
la revelación se aproxima
hasta mi misma
y me abrazo a la acrimonia
a la dulzura
de sentirme extranjera en todas partes.
Isla
“Insectos sobre las palmas de Dioses crueles."
Thomas Hardy
I
Tal vez seamos como dijo ese otro exiliado
de las islas, insectos sobre las manos
de inescrutables Dioses.
He sido borrada de todos los archivos,
nadie sabe mi nombre,
mi rostro apenas atrae un leve gesto,
me ignoran quienes enseguida advierten
que no pertenezco a cofradías.
Insula sin tesoro ni belleza.
No trafico con el encanto de las frases.
En los conciertos los cortinajes ciegos
me devuelven los pasajes más limpios de la música
en el silencio de la sala vacía.
II
El indeciso vuelo de un albatros
ilumina la cúpula dorada sobre el azul abierto.
Me subyuga la transparencia dulce de la tarde,
el pulso de la luz,
que torna bronce rutilante los tejados,
ventanas y paredes de las casas distantes.
He preferido a los poetas muertos
porque alientan mi timidez fraterna.
No escribo cartas
amo la vida
amo el jazz
y me apasiona encontrar
antiguos manuscritos de escritores extraños.
Habito con sensualidad el país
de mi exilio,
la tierra fascinante del poema.
Antonio Traficante
“Necesitaba algo para reconciliarme
conmigo mismo.”
Henry Miller
I
La ciudad diecinueve de mi itinerario
está cruzada de soledad y vientos.
Hacia el Norte
el río hace una encrucijada
entre las piedras para hartarse
de las olas y del iodo que lo acosan.
Restaurantes y bares presumen la hermosura
de maderos derruidos por el tiempo.
En los restos del muelle, entre la miasma
de bejucos y hojas, bailan olvidadas
piraguas la danza de las horas.
Sobre el oleaje insomne,
las ráfagas de un lejano bandoneón.
II
Me embadurno de vahos, de arena,
de graznidos,
de vientos. Siento en mi carne el sortilegio
de todo lo fugaz.
En un atardecer del último milenio
estuve mirando en esta balaustrada
las garzas dormidas que cruzaban
sobre residuos de islas
vegetales, mientras en mi cintura
tú apretabas el brazo a mi silencio.
Mirábamos las aguas.
Mi corazón carga
el estigma de tus besos, trafica tus recuerdos
en esta rasgadura de la ausencia.
Alguna vez tu cuerpo
fue el único lugar de mi destierro,
patria frágil y sabia
donde no tuve miedo de la muerte.
Ceremonias de equinoccio
“Y llena de sus flores el jardín,
fuego apacible.”
Horderlin
I
Limpia con tus índigos
mi lengua
para que puedan estas palabras ser mirada.
Ceremonias de células vitales renaciendo
en esta hora de equinoccios.
Las raíces del subsuelo extendiendo
sus cabellos entre piedras,
el susurro de miríadas de hojuelas
entreabriéndose en el verde de las ramas,
los estambres de heliotropos
seduciendo a los insectos
en los prados.
El murmullo de la vida.
II
El sol deshiela al Norte los témpanos
de invierno, mientras al Sur, el aire
del otoño
humedece la fiebre del verano.
Solsticios y equinoccios
sin saciar esta sed de infinito
y de existencia.
Testimonian estos rituales
de la vida
el convidado de lo amargo,
el que oficia el sacrificio de su cáliz
en las liturgias de la muerte.
III
¿Cuál cadencia traducirá su grito
o su callado llanto?
¿Cuál imagen reflejará el miedo
en su temblor de ciervo ante el feroz
rugido de la guerra?
¿Qué metáfora traducirá del hombre
sus carencias?
¿Cuánto dimensionar la sal y las cenizas
de su duelo y su herida?
¿Cuáles matices describirán la manta
en donde anude migajas de la herencia?
¿Dónde la polvareda del camino
en la huida sin regresos?
IV
Tan frágil la esperanza del hombre
desvalido que huye de Ramallah,
de Nigeria, de Méjico, del Tibet,
de Alabama, de Corea, de Yakarta,
de Tennessee, del Zaire.
Clandestinos viajeros
de Honduras, de Marruecos, de Albania, de Haití,
de Argelia, de Perú, de Caracas, de Namibia, de Cuba,.
en pos de lo perdido.
Desplazados por el zarpazo de la guerra
marchan desde Kosovo y Chechenia; desde Kabul,
y una aldea de Colombia
las hordas lastimosas en silencio.
V
Indigentes que migran de la angustia,
y de la muerte. Del cotidiano odio.
Sendero hacia la nada.
Carecen de visas, de valijas,
de sueños mientras marchan
hacia el lugar de nadie.
Para ellos la miseria y la mugre
de ciudades ajenas.
Imposible el gemido desde lo hondo
en el cotidiano titular de la tragedia.
VI
La vida en marzo empieza.
¿En dónde la belleza de la utopía fraterna?
¿Quiénes los profetas que incendiaron
de fuego tantas vidas?
¿Para qué la fe renovada en la esperanza?
¿Cuáles las antorchas en las noches de infamia?
¿Entonces, eran falsas las consignas?
Se apagan las estrellas,
Se cimbran las tinieblas en el envés vacío.
Mientras crecen
crecen las ciudades
alienadas hacia el Sur de los sueños.
La voz de un anónimo poeta
es un grave saxofón, un celaje fugaz, una luz que titila
sobre el gris de las sombras.
Lejanías
"Siempre llegarás a esta ciudad. Para ir a otra
—no lo espetes— no hay naves para ti ningún camino.”
K. Cavafis
I
Lejanía
lluvia leve
que lame mansamente
esta tarde de agosto.
Cortinaje de niebla que embellece
el asfalto,
los muros, los tejados,
el verde
de los árboles y sus pájaros
dormidos bajo el agua.
Acuoso cortinaje que aísla y que separa.
Es la misma que llueve en la memoria.
Tiembla el neón sobre
una calle húmeda
que reflejan tus ojos.
II
La mano extendida
en el vacío de la distancia toca sólo el recuerdo
Ciudad que el insomnio
reconstruye
en altas madrugadas
cuando los ojos del alma
se desvelan.
Puerto en los laberintos de la vida.
Certidumbre de todo lo perdido.
Es un sitio o un tiempo
lo que extraño
esta tarde de domingo acongojado?
III
Remembranza de los días
de la raída pobreza y de los sueños todos.
Edad de la pasión. Ardiente zarza.
Tu cuerpo era una rada
donde mi desnudez desembarcaba
su soledad de siglos.
Fluía de las cosas un aroma vital.
Se anudaban los cuerpos como tallos
de una misma raíz incandescente.
Piélago donde el sol
se levantaba desde adentro.
IV
Plenitud cuando partí en pos
de las fulguraciones de lo que veíamos
violeta en la distancia.
La lucidez me reconoce lejana
en una exótica ciudad
con un rostro que ahora desconozco.
Creí adentrarme en el jardín secreto
donde la magia hacía suceder
todo distinto,
pero, es domingo y llueve en esta latitud.
Se humedece el polvo frágil
de mi esencia y los navíos de la espera
hacen aguas.
V
Me llegan en ráfagas de lluvia
tus palabras
cuando el sol se hundía
a las espaldas de la calle más hermosa
del mundo.
En sandalias con la luz de la noche
derramada en los hombros
merodeábamos los bares
donde el lenguaje tenía otras palabras.
Sentirse mínimos en esa arquitectura
de las piedras y el tiempo.
Las terrazas repletas de música
sin bridas cedían a la plaza
un racimo de sombras.
Tu nombre se esfuma
sobre el tardío ahumado de la lluvia.
Exilio íntimo
“Respiramos
separación. El cisma
es nuestro refugio."
Rafael Cadenas
I
La noche llega roída de miasmas
y humedades.
Entreabre los bordes voluptuosos que ciñen
este hálito que soy.
Desciendo por un saxofón adormilado
al anónimo espacio del deseo.
El ojalá era la tierra de la dicha
cuando aún era posible la vuelta hacia sus límites.
Se mecían los puentes hacia el otro.
El edén refulgía en nuestro encuentro
en lo prohibido de la fruta.
II
Tus palabras secretos pasadizos
a un útero sagrado donde nos arrullaban
violines y latidos.
Mi cuerpo
tarde de pálidos matices,
tus manos otoño
llovizna de hojas sepias
delgadas como las cigarras.
Tus besos eran bosques
de eucaliptos, mis pechos
ánforas de agua derramada.
Un rayo nos desplazó
al aullido, al monólogo,
a la canción
a este vano delirio
de volver para escuchar de lejos
el sosegado lamento de las ruinas.
III
A veces,
surge el encantamiento.
En una madrugada, arriba el rastro
de tu voz amortiguada por oscuro silencio.
Me llamas.
Mordedura interior.
Miro levantarse el camino
desde las huellas de los pasos.
La ciudad desparramada en el fulgor
de sus cítaras y risas.
Asombro de ser un habitante
y poseer el albedrío
de quedarse en el regazo de los sueños
o consumirse en la hoguera perdurable del exilio.
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© Lidia Salas
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 26
Julio-Agosto-Septiembre de 2006
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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