Literatura de Guinea Ecuatorial:
En torno a Historia íntima de la humanidad,
de Juan Tomás Ávila Laurel

María Elvira Luna-Escudero-Alie
Howard University
Literature_courses@yahoo.com


Guinea Ecuatorial, la tierra de los Bubis y los Fangs, es el único país hispano-parlante en África. Este pequeño y fascinante país, ubicado en África occidental, en la ensenada de Biafra, entre Camerún y Gabón, se independizó de España en 1968.

Uno de los escritores contemporáneos más destacados de Guinea Ecuatorial es Juan Tomás Ávila Laurel (Malabo, 1966), cuya producción es muy variada y abarca poesía, ensayo, novela y teatro. Entre sus libros más importantes figuran: Poemas, 1994; colección de poemas, Rusia se va a Asamse; 1998, relato juvenil ambientado en Malabo, Historia íntima de la humanidad; poesía, La carga, 1999; novela, El derecho de pernada, 1999, ensayo, Nadie tiene buena fama en este país (Ávila, 2002), El fracaso de las sombras (Malabo, 2004); Cómo convertir este país en un paraíso: Otras reflexiones sobre Guinea Ecuatorial (Malabo, 2005); Africa ya dejó de mamar (a publicarse en 2006).

Juan Tomás Ávila Laurel, quien se considera a sí mismo: “un africano con sentimientos hispanos”, define Guinea Ecuatorial así: “Mi país es pequeño, bonito y está atrapado en las garras de la mundialización”.
  
Este versátil escritor ecuatoguineano fue galardonado en Nueva York, con una Mención Honorífica en el XXXV Certamen Literario Internacional: "Odón Betanzos", por su poemario: Historia íntima de la humanidad. Ávila Laurel también ha recibido reconocimiento por su talento como narrador por el cuento: "El desmayo de Judas" (2001), y ha sido galardonado en varias ocasiones por su obra poética, por sus ensayos y obra dramática.  Y desde luego que de este escritor dinámico y talentoso esperamos aun más sorpresas literarias.

Los treinta y tres poemas de Historia íntima de la humanidad, número que coincide con la edad que tenía el poeta cuando se publicó el poemario, son a la vez un intenso clamor, un llamado de atención, y una suerte de paseo por la historia universal.  Los treinta y tres poemas se pueden leer también como un canto espiritual y una crítica socio-política. Estos hermosos poemas escritos de una manera diáfana, sencilla y lúcida, exhiben una precoz madurez poética. Tras un lenguaje muy fluido, a veces coloquial, pululan pensamientos profundos, reflexiones hondas que nos interpelan. El poema número I, por ejemplo, alude en los primeros versos a Dios: "El nombre de Dios es Cristo" (1). Es interesante este verso, porque de alguna manera es como si la voz poética reconociera de la Trinidad de la tradición católica sólo la figura del Hijo, y negara al Espíritu Santo y al Padre. En el mismo poema hay también referencias a Belgrado, África y la ONU, el poema II se concentra  en los niños de Colombia, habla de  Egipto,  Guinea, Sierra Leona, Haití y el Tercer Mundo, y puede interpretarse también como una protesta frente a la plaga que el racismo representa. El poema II (b) define a Guinea de la siguiente manera:

GUINEA

                                                                                   Panfleto de
                                                                                  reyes godos
                                          en bocas de pelinegros
                                               de seso torcido (p. 3).

El poema II (c) continúa describiendo con dolor la realidad geográfica y económica de su querida patria. Los siguientes versos nos traen a la memoria aquellos inmortales de José Martí cantando a su amada Cuba:


HISTORIA DE UN PUEBLO

Bajo el verde color verde
de nuestra enseña,
  un pueblo de pobres pobres
quema su vanidad
bajo el fuego de una hoguera (4).

El fuego en tanto elemento destructor pero también purificador, juega en estos versos un papel importante; es el fuego poderoso que devasta pueblos; pero también es el fuego que consume, que destruye y que posibilita un nuevo comienzo. En el poema VII titulado “Las bienaventuranzas”, la voz poética se refiere nuevamente al fuego pero esta vez con una connotación histórico-política: 

Israel yace en tierras desiertas
al otro lado del fuego palestino (8).
        
La ironía se hace notar en los versos que siguen, así como también la crítica frente a aquellos que con fines políticos coactan la libertad del poeta: 

Mi poesía se escapa,
dicen los sabios, y no cuenta
la historia de tu tierra maltratada.
           
El poema III es una crítica a la democracia, que compagina magistralmente temas de la historia con el presente político, y hace referencia a la revolución, a Persia, incluso a Mónica Lewinski:

Viva la emoción de Lewinski,
quien  duda
por la cremallera dura
de la democracia androide y machista (5).

Todos los poemas son una acelerada marcha por la historia donde hay constantes referencias bíblicas, por ejemplo, en el poema VI tenemos la siguiente:

La sangre del Bautista
manchó la espada de Herodes (7).

Personajes claves de la historia universal y de nuestra azarosa contemporaneidad también desfilan en este inteligente poemario, a saber:  Mandela, Sadam, Colón, Escipión El Africano", Atila… El poemario no está excento de otros temas más mundanos tales como el erotismo, por ejemplo, en el poema XI donde se deja sentir la influencia de Neruda:

Pienso en tus caderas
y miro tus nalgas vibrantes
y creo que todo me lo quieres ofrecer, me lo dejas
todo,
para mi goce y el tuyo.
Sí, Ana, también quiero
pero mi amor es para otra (12).

El poema XIII describe la alienación de las grandes ciudades, y es también un comentario al racismo:

Nueva York llora
su miedo
por salir por la noche
donde mandan
ladrones marginados
en la fiesta de las invasiones (13).

El poema XV con un tono zumbón nos recuerda a Quevedo al criticar la doble moral, la falsedad de nuestra sociedad:

Ni gustan a aquellos las facilonas;
¡mentiras! ¡si las buscan con dinero! (15).

El poema XXV, con ecos de Ernesto Cardenal, es por otro lado una oración desangrada, desgarrada, plena de amargura, un deslinde con Dios, con la violencia del mundo, una apuesta por el hombre:

Hágase tu voluntad,
Señor, pero no sean más penas
que traen crueles guerras.
Déjanos, Señor, déjanos solos,
  para creer en una justicia tuya
que haga que la guerra huya
y que nos deje por fin solos.
Sea así, Señor, solos,
que así sea  (25).

Ávila Laurel intenta llegar a todos los lectores y, por lo tanto, no descuida ningún aspecto de sus juiciosas reflexiones sobre la humanidad. El poema XXVIII, titulado “Nissan”, es una abierta crítica al consumismo, a la explotación económica y a la corrupción político-económica:

Roza el freno en lo negro de la acera
para el paso del mercedes descapotable
con jefe con voz en la diestra oreja.
Es el precio del cacao, el cacao de los bubis.
El cacao desinfla la rueda de las ilusiones
de Riquechi, porque Londres
ya quiere chocolate barato […]” (28).

El hermoso poema X es de tono abiertamente filosófico, se siente aquí la beneficiosa sombra de: El sentimiento trágico de la vida, de Miguel de Unamuno. Se percibe la angustia existencial de saberse tan vulnerable y finito.

X

La muerte asusta al mundo
desde el año de la piedra primera,
Pero lo que me asusta
de la muerte, de mi muerte,
no es la pérdida de lo que he sido
sino el dolor de no saber
lo que seré,
tras la vida con los míos.
Y saber que mi miedo
no es nada
frente al llanto de la despedida,
al lado de la caja larga
esperando la arena y la cal
para el adorno eterno.
Oigo truenos lejanos de una lluvia futura
y mi alma se transporta
en busca del creador de las tormentas.
La lluvia tronada
es un ensayo de mi muerte  (11).

Los primeros versos del poema son una introducción general al tema universal de la muerte:

La muerte asusta al mundo
desde el año de la piedra primera.

Es interesante reparar en el segundo verso, en el uso del vocablo "piedra", en tanto origen,  y señalar lo que Cirlot nos dice en su Diccionario de Símbolos: "La piedra es un símbolo del ser, de la cohesión y conformidad consigo mismo” (p.362).

Luego la voz poética pasará a particularizar su canto y llevarlo al terreno concreto de la propia vivencia, de la experiencia personal:

Pero lo que asusta
de la muerte, de mi muerte,
no es la pérdida de lo que he sido
sino el dolor de no saber
lo que seré,
tras la vida con los míos.

Sentimos en estas líneas la angustia y la incertidumbre frente a ese tiempo sin tiempo, frente a ese futuro en el cual el ser ya no volverá a ser, cuando el tiempo de la vida haya cesado.  Percibimos el dolor de estar condenados a una existencia finita, la conciencia clara de no pertenecer más, de convertirnos en la negación de lo existente.  La muerte después de todo, como bien dijera Edgar Alan Poe, genera la melancolía más profunda.  En los últimos cinco versos del poema, la conciencia poética parece estar experimentando el terrible proceso de su propia agonía:

Oigo truenos lejanos de una lluvia futura
y mi alma se transporta
en busca del creador de las tormentas.

El ser, consciente de su propia finitud que le genera angustia, en un ímpetu final de desesperación por resolver su entelequia, alza los ojos al Todopoderoso: “en busca del creador de las tormentas”. El poeta en tanto visionario anticipa su propia muerte, asociándola a la lluvia:

La lluvia tronada
es un ensayo de mi muerte.

Encontramos una relación entre estos versos con aquellos célebres de César Vallejo:

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París —y no me corro—
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

(Del poema “Piedra negra sobre una piedra blanca”)


Es pertinente traer a colación el simbolismo de la lluvia, vocablo usado frecuentemente en poesía, y en particular en este poema X de Ávila Laurel, y en los versos mencionados de César Vallejo.  Cirlot nos dice con respecto a la lluvia: "La lluvia tiene un primer y evidente sentido de fertilización relacionado con la vida y con el simbolismo general de las aguas. Aparte y por la misma conexión presenta un significado de purificación, no sólo por el valor del agua como sustancia universal, agente mediador entre lo informal (gaseoso) y lo formal (sólido), admitido por todas las tradiciones, sino por el hecho de que el agua de la lluvia proviene del cielo. Por esa causa tiene parentesco con la luz" (p. 288).

Conviene también referirse al interesante simbolismo de la tempestad. Ávila Laurel usa en el poema X, la palabra tormenta, que es el nombre genérico de tempestad.  Cirlot nos dice sobre la tempestad: "El mito de la tempestad creadora (comunicación activa de los elementos) se halla en todo el mundo; en los países nórdicos bajo la advocación de Thor, en la mitología asirobabilónica con el nombre de Bel; en la alemana, con el de Donner; en la griega con el de Zeus; entre los eslavos, con el de Peroun, etc. La tempestad, como todo lo que sucede o desciende del cielo, tiene carácter sacro" (p. 430).

El poema X en definitiva nos presenta, en un tono melancólico, un cuadro de reflexión y angustia, donde el poeta se enfrenta a su propia finitud, a la inevitabilidad de la muerte.  Los treinta y tres poemas de este interesante poemario reflejan una preocupación por la dimensión espiritual, social, política y cultural de la vida. Ávila Laurel ha logrado con su Historia íntima de la humanidad cautivarnos y sumarnos a su causa. Quedamos convencidos de que si bien "la historia sigue su curso", bien vale la pena detenerse un momento a la vera del camino para reflexionar sobre la política, la vida, el amor y la muerte, y acaso barajar inusitadas posibilidades de jugar con la palabra y su entorno mágico de silencios elocuentes.

Bibliografía:

Ávila Laurel, Juan Tomás. Historia íntima de la humanidad. Malabo, Guinea Ecuatorial: Pángola, 1999.

Cirlot, Juan-Eduardo. Diccionario de símbolos. Barcelona: Labor, 1992.

Luna-Escudero-Alie, María-Elvira. "Aproximaciones a los poemas: Historia íntima de la humanidad de Juan Tomás Ávila Laurel”. En: El Patio, Revista Bimestral de la Cultura Hispano-guineana. Malabo, Equatorial Guinea 71 (Nov-Dec 2000): 34-38.

Luna-Escudero-Alie, María-Elvira. Historia íntima de la humanidad. Review of: Historia íntima de la humanidad, by Juan Tomás Ávila Laurel (Malabo, Equatorial Guinea: Pángola, 1999). Hispanic Outlook in Higher Education 12, No.19 (Jul 2002): page 34.

Ver entrevista a Juan Tomás Ávila Laurel realizada por María Elvira Luna-Escudero-Alie, en Espéculo No. 16: Revista de Estudios Literarios (Universidad Complutense de Madrid), Noviembre 2000-Febrero 2001): “El mayor drama para mi país es que las cosas las hacen otros”.
_________________________________________
©   María Elvira Luna-Escudero-Alie

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 26
Julio-Agosto-Septiembre de 2006

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

El URL de este documento es:
http://casadeasterion.homestead.com/v7n26guinea.html
PORTADA
VOLUMEN VII - NÚMERO 26