Líricas visiones
Daniel Alejandro Gómez
Pescador de lunas
Desconsoladas olas
de dulce miel morena,
tocando con besos de arena
los juncos, agujas de la orilla
hilando la cansina y nublada majestad
de la brisa.
Un pescador de turbulentos
ojos insomnes, los cabellos
en largas penurias castañas,
arrojó su ansiedad en el sedal
de sus hambres.
Desconsoladas olas.
Paseando sus fangos oscuros,
el río deja el insulto de una sombra
en la arena charra y cimarrona.
Piedad para el pescador; el cielo
le desciende
limosnas de sangres y de oros.
Tarde bondadosa, relojes de luz
velando pálida la luna.
Crepúsculo que nada tatuado
en la escama fugitiva del pez.
Una red de poca fortuna al agua,
entre lentas espumas de plomo.
Desconsoladas olas…
Llorando en la red vacía.
El anzuelo está desierto, el río
suspira, nocturno, en los aceites
de un oleaje plateado.
Mi pescador lleva a sus espaldas
la seca red y el sedal derrotado,
y la noche
ya le guarda su plato de luna serena,
de hambre blanca.
Después
El cielo, bandeja de miel; servidos
los ocres labios
en la aurora del bosque.
Madera de árbol, nidos
de liras nudosas
que las músicas de Apolo
empuñan para el cazador.
En la tierra han surgido las semillas
de una cabaña, palizal erizado
como aterrados cabellos. El cristal
de sus ventanas sabe la pálida intimidad
de la nieve; en la chimenea,
el fuego ríe sus dientes de azufre y sangre.
Bajo el techo de la soledad.
Una cama, en el sueño lacónico del cazador.
Fraterna soledad. Y una escopeta
asó a sus ciervos y jabalíes, y las ásperas
carnes le sangran venas de vida más roja,
de bravos tratos con la nevisca que platea
sobre el agudo pinar. Fiera amistad montaraz,
con sus insólitas faunas,
y las intactas pescas del río,
donde el hombre se baña el alma,
y flota en los blancos jabones de la espuma.
Aguarda el paso de las luces,
los indómitos humores del cielo;
deceso rubio y bronceado de follaje,
el día en la toga purpurada. Cazador
buscando apresar sueños fugitivos.
Y la soledad insufló su nariz; arcilla mordaz
de costillas sin mujer: estricta melancolía.
Tumbas que acechan. Tierra con hambre y sed.
Las flores, los bosques, la vida; el más allá
ha de crecer
de los lentos y satisfechos deshielos de su carne.
Poesías en sus labios
Cabellos de liso cobre,
desnudos en mis manos desnudas;
ella, como un dibujo de marfil
en el sangrante lápiz de sus besos.
Y tus miradas parpadean en mi cuerpo;
ya las amadas manos poseen mis almas,
ya tus ojos en los míos han llorado…
Y la luz del día
nos viste el júbilo de la carne
que goza el sufrimiento del amor.
Veo sus senos en las rosas,
y la pálida piel donde le brilla la luna.
No digas, así, que no te oigo;
pues está en las arpas de tus labios
el ardiente yugo de mis poesías.
Tiempo
Brumas en los árboles queridos,
colores cargados de cenizas,
viejas charlas sepultadas en susurros,
ardientes aromas descansan.
Las tormentas se han secado;
y el sol, velado en neblina de negro plomo.
Gorriones con sus extintas alas de hojarasca
muriendo en el pálido viento de las nubes.
Los días están pulidos por el tiempo,
el reloj ha mudado la sal de los mares,
y un río moreno engañó a sus sedales de barro…
Barbas de nieve, piel de antiguos oros;
hoy los fuegos de la sangre se han quedado
en la gélida paz de mi rostro…
Donde ya los ojos no me llueven bajo la luna.
Recuerdos de la noche
Recuerdo
los helados silencios de la noche.
Veo tus labios de negro,
susurrando músicas de amor.
Bajo el árbol de hercúleos tiempos,
bajo la sombra senil…
Estaba sintiendo las venas quemadas
en sangrientos leños de sexo.
Nuestros dientes
sonrieron apolínea palidez,
y los dedos que mezclaban
anhelos de carnes mutuas.
Sí, vestidos desolados. La luna
entre los cuerpos;
mármol dulce, mortal;
manos esculpiendo la soledad.
Pupilas de canela y sal, un sabroso llanto
de adiós, pues juntamos nuestros ojos
en una copa de cristales hirviendo.
Párpados, misterioso cobre rosado,
el clavel encarnado
que besaba los besos en sus labios.
Ella se iba. En mis sueños
la sombra, la noche, el negro.
En las manos su cuerpo,
desnudo como una hoja en blanco,
allí donde se juntan
las tintas solitarias de mi llanto.
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© Daniel Alejandro Gómez
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 26
Julio-Agosto-Septiembre de 2006
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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