Una angustia se abre paso
entre los huesos
(Obra en un acto)
Miguel Falquez-Certain



La angustia se abre paso entre los huesos,



hasta abrirse en la piel,



hechos carne en la interrogación vuelta a las nubes.




—Luis Cernuda, «No decía palabras»



I don’t need you to worry for me ’cause I’m alright



I don’t want you to tell me it's time to come home



I don’t care what you say anymore, this is my life



Go ahead with your own life, leave me alone.
© 1995 Copyright Miguel Falquez-Certain
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Para Braulio De Castro y Joaquín Méndez.
A Ron Buono, Hugo Martínez, Ludwig Meyer y Rafael Panizza, in memoriam.
PERSONAJES
Roberto, colombiano, 30 años.
Valentín, colombiano, 30 años, ex amante de Roberto.
Alberto, puertorriqueño, 30 años, amante de Roberto.
La acción toma lugar en el aeropuerto J.F.K. y en el apartamento de ROBERTO en Nueva York.
Época actual.
Esta pieza fue escrita en mayo de 1995 durante el taller del dramaturgo mexicano Hugo Argüelles ofrecido por Ollantay Center for the Arts.
Fue publicada en Ollantay Theater Magazine, Volume III, Número 2, y se estrenó el 8, 9 y 10 de marzo de 1.996 en el Teatro Latea de Manhattan en el marco del festival de Inarú: teatro íntimo, dirigida por Tony Chiroldes Carbia y con las actuaciones de Axel Cintrón (Roberto), Tony Chiroldes (Valentín) y Roberto Rodríguez (Alberto).
Primera escena: El escenario está a oscuras excepto el proscenio. Una cortina negra cubrirá la sala de la segunda escena.
Por el lado izquierdo del proscenio entra VALENTÍN, treinta años pero aparenta menos, estatura mediana, rubio, ojos verdes, delgado. Lleva una maleta y un maletín de mano.
ROBERTO, su contemporáneo, alto, pelo castaño crespo, delgado, está esperándolo en el lado derecho del proscenio.
ROBERTO

¡Valentín, Valentín! Pensé que nunca llegarías.
VALENTÍN

Roberto, parece mentira. Tú sabes cómo es el cuento con la aduana.

(Se abrazan con efusión)
ROBERTO

Apenas ven el pasaporte colombiano se ponen mosca.
VALENTÍN

Y qué culpa tengo yo del narcotráfico. Hasta me hicieron desnudar.
ROBERTO

Eso es el colmo. Con razón fuiste el último en salir. Pero no dañemos este encuentro. Déjame ayudarte.

(Toma una de las maletas)
VALENTÍN

Gracias. (Pausa) Si no vengo a Nueva York creo que no te hubiera vuelto a ver.
ROBERTO

Más de diez años. Los mismos que tengo de no volver a Colombia.
VALENTÍN

Tantas veces te lo pregunté y nunca me has explicado el porqué de tu larga ausencia.
ROBERTO

Es mejor no discutirlo, especialmente en el aeropuerto.
VALENTÍN

Como quieras, Roberto. Tú siempre con tus misterios.
ROBERTO

Todo a su debido tiempo. Pero cuenta tú que tendrás mil cosas que contarme. Ya eres un novelista de éxito.
VALENTÍN

No exageres. Dos novelas publicadas no me han establecido. Pero empiezan a apreciarme. Hasta me estudian en una que otra universidad.
ROBERTO

Pues ya era hora. Cuánto me alegro.
VALENTÍN

Y tú, Roberto, ¿cómo va tu poesía? ¿Cuándo publican tu libro?
ROBERTO

Ya ves, no he tenido la suerte tuya. A todas partes lo he mandado y ni siquiera se dignan contestarme. Ya tiré la toalla. Tendré que publicarlo yo mismo pero no es barato y nunca tengo la plata para hacerlo.
VALENTÍN

Quiero que me des a leer lo que has escrito recientemente.
ROBERTO

Cada vez escribo menos. Vivo en una especie de marasmo. Mejor me muestras el manuscrito de tu nueva novela.
VALENTÍN

Está en cierne. Pero de acuerdo. (Con malicia y sonriendo) Me muestras lo tuyo y te mostraré lo mío.
ROBERTO

(Sonriendo) Dando y dando. Qué tiempos aquéllos.
VALENTÍN

¿Por qué te fuiste, Roberto?
ROBERTO

Tenía que largarme de Barranquilla porque ya no nos aguantábamos. Pero basta de recuerdos. Esperemos aquí que ya estará Alberto por llegar.

(Ponen las maletas en el suelo.)
VALENTÍN

A propósito, ¿cómo es Alberto? ¿Cuántos años tiene?
ROBERTO

Es puertorriqueño y tiene la misma edad de nosotros: 30 años.
VALENTÍN

¿Y de verdad lo quieres?
ROBERTO

Ya llevamos diez años juntos. Por supuesto que lo quiero.
VALENTÍN

(Con picardía) ¿Tanto como me quisiste a mí?
ROBERTO

Lo nuestro era distinto.
VALENTÍN

No te salgas por la tangente.
ROBERTO

Es mejor que no hablemos del pasado.
VALENTÍN

(Herido) ¿Y por qué no? (Con sorna) Después que he atravesado mares, ríos y montañas por volver a verte no me puedes tratar de esa forma. ¿Qué tenemos en común sino el pasado?
ROBERTO

Lo sé...pero es muy doloroso. Es mejor que lo releguemos al olvido. Especialmente delante de Alberto.
VALENTÍN

(Molesto) ¡Alberto, Alberto! ¿Es que ya no significo nada para ti? A lo mejor cometí un error en haber venido.
ROBERTO

No seas infantil. Nunca dejarás de ser mi amigo pero...
VALENTÍN

(Con amargura)...pero ya no me quieres... ya lo sé, no tienes que restregármelo.
ROBERTO

El tiempo no pasa en vano, Valentín. Mejor es dejarlo de ese tamaño.
VALENTÍN

Pues no va a ser posible. Al volver a verte todo me regresa a borbotones. No puedo evitarlo.
ROBERTO

Haz un esfuerzo. Recuerda que fuiste tú quien me dejó.
VALENTÍN

Pero fuiste tú quien se fue de Colombia. Ni siquiera hiciste el intento por arreglarnos.
ROBERTO

Valentín, no seas cínico. Mira que te lo pedí, que te lo advertí. Pero no me escuchaste.
VALENTÍN

Sabes muy bien que no fui yo el seductor sino el seducido.
ROBERTO

A otro perro con ese hueso. Ya estabas muy grandecito para saber lo que estabas haciendo.
VALENTÍN

A los veinte años todavía era un niño. Me enamoré por primera vez. ¡Y qué sabía yo del amor! Fuiste mi primera experiencia.
ROBERTO

¿Por lo mismo tenías que acostarte con él? Yo que lo conozco sabía que no podía resistirse. Me la había jugado anteriormente.
VALENTÍN

¡Qué culpa tengo yo! Estábamos borrachos y por la maldita discusión que tuvimos esa noche tenías que largarte y dejarme solo con él.
ROBERTO

Guerra avisada no mata soldado. Te lo advertí antes de que llegara él a Barranquilla.
VALENTÍN

Quizá fue eso lo que me puso la idea en la cabeza. Quería herirte por todos tus desplantes.
ROBERTO

Y bien que lo hiciste. Te acostaste con mi propio hermano y eso nunca se los he podido perdonar. Me engañaron hasta el último momento.
VALENTÍN

Te batiste en retirada. El se aprovechó...
ROBERTO

¿Y tenías que irte con él a Cartagena?
VALENTÍN

¿Qué otra alternativa me quedaba? Tu familia me odiaba y la mía me hacía la vida imposible. No me ayudaste en nada. Te viniste a Nueva York de la noche a la mañana y ni siquiera me avisaste.
ROBERTO

No podía vivir en ese infierno. No podía soportar la idea de encontrarme con ustedes, de verlos juntos, de representar el papel de «civilizado».
VALENTÍN

(Con sorna)

Una cosa es cierta, Roberto. Preferí cambiar de amante y no de suegra. Ya ves cuánto la quería.
ROBERTO

Muy gracioso, Valentín. No me hagas reír que tengo los labios partidos.
VALENTÍN

Roberto, razón tenías. Mejor es firmar un pacto de no agresión si vamos a estar juntos un mes, ¿no te parece?
ROBERTO

Con tal de que lo cumplas, tú que no cumples ni años.
VALENTÍN

¿Y no estoy aquí como te lo había prometido?
ROBERTO

Así es. Milagros que hacen los santos. Y ahora a callar del pasado que ya veo a Alberto que se aproxima en el carro.

(Apagón)
Segunda escena: La cortina que cubría la sala se levanta. Las luces se encienden lentamente sobre todo el escenario.
El apartamento de ROBERTO al día siguiente por la noche. Al fondo, en el rincón derecho, un bar con un banquillo y varias botellas de licor, hielera, sodas, etc. En el centro de la pared derecha, una puerta que conduce a la alcoba. Al fondo, a la izquierda, un puerta que da a un corredor para la calle. En el centro, un sofá grande de frente al público. Al frente de éste, una mesilla larga y baja con varios vasos de licor a medio consumir, ceniceros, cigarrillos, encendedores, etc. A la derecha del sofá, una butaca.
ROBERTO y VALENTÍN están sentados en el sofá a cada extremo. Están exaltados; ROBERTO, embriagado.
VALENTÍN

Roberto, te lo digo por tu bien. Necesitas ayuda.
ROBERTO

Espero que no hayas venido a Nueva York a pontificar.
VALENTÍN

Yo sé lo que digo.
ROBERTO

¡Ja! ¿Qué sabes tú?
VALENTÍN

Bien que lo sé si pasé por las mismas y sé lo que se siente.
ROBERTO

No tengo ningún problema.
VALENTÍN

Por supuesto que lo tienes pero no quieres o no puedes aceptarlo.
ROBERTO

(Toma su vaso de la mesa) Lo que necesito es un trago. (Lo bebe de un tirón. Toma un paquete de cigarrillos y al sacar uno la mano le tiembla.)
VALENTÍN

Es lo que menos necesitas. No te das cuenta. Ojalá pudieras verte a ti mismo. Te vuelves un fantoche insoportable.
ROBERTO

(Toma el encendedor con mano temblorosa y se le cae.) No me vengas con tus cantaletas que me cansas. (VALENTÍN recoge el encendedor y le enciende el cigarrillo a ROBERTO.)

Gracias.
VALENTÍN

No quiero ser cantaletero pero ojalá hubiera tenido una cámara de video anoche para haberte grabado. Llega un punto en que cambias totalmente y empiezas con tus morisquetas y tus frasecitas de cajón.
ROBERTO

Oh, perdón si te aburro.
VALENTÍN

(Tomando un cigarrillo) No se trata de eso, Roberto. No tenía ni idea que estuvieras en este grado de alcoholismo. Yo... (Prende el cigarrillo)
ROBERTO

(Con una mueca)

Exactemente. Tú no sabes nada. Sí, es cierto, soy alcohólico y nunca lo he negado. Una vez me lo preguntaste por teléfono cuando te llamé borracho.
VALENTÍN

Las cosas te las cuento dos y tres veces y es como si no te hubiera dicho nada. Tengo que hacerlo cuando estás sobrio para que registres.
ROBERTO

Tengo una memoria excelente. (Se le cae el encendedor y lo recoge.)
VALENTÍN

Cuando no estás borracho. Lo que me parece de lo peor es que no le dedicas el tiempo a lo que de verdad te interesa.
ROBERTO

Echale sal a la herida, Valentín. (Se le vuelve a caer y lo vuelve a recoger.)
VALENTÍN

No lo hago por crueldad. Lo hago por amor.
ROBERTO

(Le tira el encendedor. Sarcástico) ¡Ja! Qué bien lo disimulas. Te resulta fácil decirme lo que debo hacer. A ti te publican.
VALENTÍN

¿Y por qué crees que lo hacen? No ha de ser por mi linda cara. Mira, Roberto. La coca...
ROBERTO

El perico me hace beber más. Y entre más bebo más perico quiero. Un círculo vicioso. Ya lo sé. Pero me levanto todos los días y voy a trabajar como cualquier hijo de puta. Eso no lo negarás.
VALENTÍN

Pero te estás suicidando de a poquito.
ROBERTO

(Se levanta, va hasta el bar y se sirve un vaso de Scotch con hielo.) De algo tenemos que morirnos.
VALENTÍN

(Se levanta y va al bar.) Muy bonito. No sé adónde se te va la inteligencia cuando estás en ese estado.
ROBERTO

(Con sorna) Je suis l’intelligence pure. (Seriamente) Pero es cierto, Valentín. Mira cuántos amigos se han muerto de Sida o de ataques al corazón. Cuando estoy en la parranda no me acuerdo de la muerte. ¿No te das cuenta o qué?
VALENTÍN

Bien sabes que yo también era así. (Toma un vaso del bar y lo llena de Cocacola con hielo.)
ROBERTO

Y qué desgracia que cambiaste. Te aseguro que antes eras más divertido.
VALENTÍN

Pero no iba a ninguna parte. Por eso dejé de beber, de fumar marihuana y de meter perico. Más era el tiempo que me la pasaba parrandeando que el que dedicaba a escribir.
ROBERTO

Tu vida debe de ser aburridísima.
VALENTÍN

Las apariencias engañan. De otra forma hubiera seguido bebiendo y tratando de publicar como tú sin lograrlo.
ROBERTO

Y dale con lo mismo. El libro está terminado. El problema es que no encuentro quien lo publique.
VALENTÍN

Pero te quedaste estancado. No enfocas. Lo importante es seguir escribiendo. Nunca se sabe cuándo nos vamos a morir.
ROBERTO

Esa es mi filosofía, por eso bebo.
VALENTÍN

Y yo escribo. Es muy sencillo. No tenemos el mismo orden de prioridades.
ROBERTO

Es mejor morir joven y bello para crear un cadáver precioso.
VALENTÍN

Cómo eres de imbécil.
ROBERTO

Hey, nada de insultos.
VALENTÍN

No se puede clasificar de ninguna otra forma. Es una estupidez. Si supieras apreciar la vida. Verdaderamente nadie sabe lo que tiene...
ROBERTO

Y dale con el refranero.
VALENTÍN

(Habla decidido, seriamente) Déjame confesarte algo Roberto. No vine a Nueva York sólo por verte.
ROBERTO

(Burlón) Qué decepción.
VALENTÍN

Vine a hacerme unos exámenes, tal vez un tratamiento.
ROBERTO

¿Un tratamiento? ¿Un tratamiento para qué si puede saberse?
VALENTÍN

No te había querido contar nada pero estuve muy enfermo.
ROBERTO

(Súbitamente sobrio, le pasa el brazo por el hombro y lo conduce hasta el sofá donde vuelven a sentarse.) ¿Por qué no me avisaste?
VALENTÍN

Sucedió todo tan rápido. Pensé que Gerardo te había contado. El fue a visitarme a la clínica.
ROBERTO

Seguro que por él no me iba a enterar. Bien sabes que no le hablo a mi hermano.
VALENTÍN

Me empezaron unas punzadas en el estómago. Al principio eran leves y pensé que pasarían pero a los pocos días se volvieron insoportables. También me había adelgazado bastante y sin proponérmelo.
ROBERTO

¡Valentín, no!
VALENTÍN

Sí, Roberto. No te imaginas las noches que pasé en vela. Todos pensábamos que era Sida.
ROBERTO

¿Pero por fortuna no lo es, no es cierto?
VALENTÍN

No sé cuál sea peor. Me tuvieron que hacer cuatro operaciones en un mes. Quedé acabado, anémico. Al fin descubrieron que era la enfermedad de Hodgkin.
ROBERTO

¿Pero ya estás bien? Te ves muy saludable.
VALENTÍN

Ojalá tu boca dijera verdad aunque se quedara torcida. Por ahora estoy en remisión, a Dios gracias, y espero que dure mucho tiempo. Nunca se sabe por dónde va a reventar. Por eso me cuido más que de costumbre y no sé qué hubiera sucedido si hubiera continuado con tanta parranda.
ROBERTO

(Conmovido, lo abraza.) Lo siento, Valentín. De veras.
VALENTÍN

Ya lo sé, Roberto. Gracias. Por eso te lo decía. Si de verdad crees en tus talentos debieras aprovechar todo el tiempo libre para escribir. Olvídate de publicar. Eso vendrá después. Lo importante es no dejar de producir. Como dicen los gringos, Use it or lose it!
ROBERTO

Yo tampoco he sido totalmente honesto contigo.
VALENTÍN

Me lo imaginé.
ROBERTO

Te dije que cada vez escribo menos, que vivo en una especie de marasmo. Son tantas vainas que me acosan, tantos amigos muertos, no estoy contento en el trabajo. Y para terminar de joder ni siquiera pude ir a Colombia cuando murió mi mamá. Mi relación con Alberto...mi relación con Alberto...hace más de un año que no hacemos el amor.
VALENTÍN

¡Qué va! Con lo arrecho que eres tú. No puedo creerlo. ¿Pero cómo has podido aguantarlo?
ROBERTO

Y yo qué sé. Por desidia. Y tampoco he tirado con nadie.
VALENTÍN

¿Cómo puedes seguirle siendo fiel?
ROBERTO

Son diez años, Valentín, diez años compartiéndolo todo. Tal vez por eso no tengo la maldita enfermedad. Y lo que hago es emborracharme a muerte viendo la televisión hasta fundirme. Para no salir a la calle y buscar una mala hora.
VALENTÍN

Pero eso no es vida. Te estás matando. Si ya no son amantes lo mejor es que se dejen.
ROBERTO

Muy fácil para ti decirlo. (Se oye un portazo)
VALENTÍN

Hablando del rey de Roma.
ROBERTO

Calla.
VALENTÍN

Cuánto miedo le tienes.

(Por la puerta del fondo, a la izquierda, entra ALBERTO. Puertorriqueño, treinta años, delgado, alto, pelo castaño y ojos color de avellana, con gafas, luciendo vaqueros, una camisa de colores estridentes y zapatos tennis. Viene borracho.)
ALBERTO

¡Hola! (Va hasta VALENTÍN y le da un beso en la mejilla.) ¿Qué tal, Valentín? ¿Cómo te trata Nueva York?
VALENTÍN

Hasta ahora no la conozco. Roberto no ha querido salir a ninguna parte.
ALBERTO

Para variar. Ya empezó con su bebelata del fin de semana. (Va hasta el bar, se sirve un Scotch puro y se lo bebe de un tirón.)
ROBERTO

Valentín, no le eches leña al fuego.
ALBERTO

¿Ah, no quieres que tu ex se entere? Pues cuando se vaya de aquí irá curado de espanto. Así es, Valentín, no hay quién lo saque de esta pocilga.
ROBERTO

Mira quién habla. Sabrá Dios cuántos tragos te metiste antes de venir.
VALENTÍN

Por favor, no peleen que me hacen sentir incómodo.
ALBERTO

No te preocupes, Valentín. Así nos tratamos y es mejor que te vayas acostumbrando. Y para tu información, Roberto, tan sólo fueron unas cervezas después de ese maldito trabajo que me tiene jarto. (Se quita los zapatos y se deja caer sentado en la butaca a la derecha del sofá.) Estoy muerto. ¿Nadie tiene coca? (Se busca en el bolsillo del vaquero.)
ROBERTO

No quedó nada de anoche.
ALBERTO

(Sacando un sobrecito de plástico transparente a medio llenar con un polvo blanco.) Pues yo conseguí un chispito. ¿Quieren? (Saca las llaves e inhala.)
ROBERTO

No, gracias. Y tú no debieras meter a esta hora porque luego te quejas de que no puedes dormir.
ALBERTO

Tú dedícate a lo tuyo. Sigue bebiendo hasta que quedes jendí’o. ¿Y tú, Valentín, no metes?

(ROBERTO va hasta el bar y se sirve un trago doble de Scotch con hielo.)
VALENTÍN

No, gracias, dejé de meter hace mucho tiempo. ¿No te da dolor de cabeza al día siguiente?
ALBERTO

Eso, Roberto. Sírvete un poquito más para que te mueras de una vez por todas. ¿Por qué no saltas por la ventana y así te evitas la espera?
ROBERTO

Oh, cállate la boca. No empieces.
ALBERTO

No empiezo. Continúo, Roberto. Y prepárate. Contestando a tu pregunta, Valentín, sí me da resaca pero para eso están los Alka-Seltzers con aspirina.
VALENTÍN

La famosa bomba.
ROBERTO

(A ALBERTO) No vengas aquí con amenazas que ya me tienes hasta la coronilla.

(VALENTÍN se va hasta el bar, se sienta en el banquillo y rellena el vaso de Cocacola.)
ALBERTO

Y tú me apestas. No sé por qué no me largo.
ROBERTO

¿Y quién te está deteniendo? Lárgate a vivir con tu mamá a ver si la aguantas.
ALBERTO

Tú sin mí no eres nadie. Acuérdate cómo te recogí de la calle cuando los botaron del apartamento de Milo.
ROBERTO

Nunca dejarás de recordármelo. Un puerco día me hospedaste adonde tu madre y te estoy agradecido. De allí en adelante he sido yo quien ha sacado la cara por ti.
ALBERTO

Muerto de hambre, eso es lo que eres tú, un ’esmaya’o. (Va al bar y se sirve otro trago.)
ROBERTO

Y tú, un irresponsable. Vas por la vida de trabajo en trabajo sin importarte un carajo el resto de la gente. Comienzas todo y nunca lo terminas. Y mientras tanto soy yo el que siempre tiene que asumir todas las responsabilidades.
ALBERTO

Eso es. Me importa un carajo el resto del mundo. Que se jodan. Por eso me encanta saber lo malo que le sucede a la gente.
VALENTÍN

Muchachos, no más.
ROBERTO

(Con sorna) Ah, el perfecto Valentín. El escritor famoso.
ALBERTO

Cosa que tú nunca serás. ¡Pobrecito! Todo para ti es literatura y sólo te publican en unas revisticas oscuras que nadie lee, que nadie conoce.
ROBERTO

Por lo menos publico. Tú no dibujas desde hace nueve años.
ALBERTO

Porque no quiero. No tengo ya nada que mostrar.
ROBERTO

Pues yo sí y es esta vida contigo la que no me deja hacerlo.
ALBERTO

No vengas a echarme a mí la culpa canto ’e mama’o. ¿Por qué no vas a los Alcohólicos Anónimos a ver si te curan?
ROBERTO

Jamás iría adonde ellos. Son unos estúpidos. Confunden el alcoholismo con una enfermedad y se convierten en fanáticos religiosos. Por algo me liberé de la religión y de los jesuitas... ¿para volverme ahora cristiano?
VALENTÍN

Pero hay otras formas de dejarlo, Roberto. Yo...
ROBERTO

Tú lo dejaste porque tenías que hacerlo.
VALENTÍN

No es verdad. Dejé las drogas y el trago muchísimo antes, porque quise hacerlo. Un día fui a un baño en una caseta de carnaval a meter perico y empecé a botar sangre por la nariz. Me llevaron a la Clínica del Prado donde me pararon la hemorragia y ese mismo día me dije que tenía que dejar el vicio de una vez por todas.
ALBERTO

¿Dejaste de beber muchísimo antes de qué?
VALENTÍN

Estoy en remisión de la enfermedad de Hodgkin, Alberto. Vine a hacerme unos exámenes a Nueva York.
ALBERTO

Lo siento, Valentín, no tenía ni idea. Roberto no me dijo nada.
ROBERTO

Yo tampoco lo sabía hasta esta misma noche.
ALBERTO

(Va hasta el bar, se sirve un doble de Scotch puro y se lo toma de un tirón.) Ya ves, Roberto, ¿por qué no sigues el ejemplo de Valentín y dejas el vicio?
ROBERTO

Ese será el día en que dejes de meter perico.
ALBERTO

Ahora menos que nunca. Tu gran amigo Milo...
ROBERTO

No empieces con mis amigos. Siempre estás haciéndoles desplantes.
ALBERTO

Porque todos son una porquería. Mira nomás a quién tienes hospedado. Al que te quitó tu hermano.
VALENTÍN

Para qué revolver el pasado, Alberto. Yo no...
ROBERTO

No metas a Valentín en este infierno.
ALBERTO

¿Ah, prefieren el presente? Pues ahí les va. Tu gran amigo Milo salió seropositivo.
ROBERTO

¿Que qué?
ALBERTO

Como lo oyes. Por eso estoy bebiendo. Me llamó al trabajo.
ROBERTO

Pobre Milo. Valentín, fue Milo quien me abrió sus puertas cuando llegué a los Estados Unidos.
ALBERTO

Y de donde los botaron como perros.
VALENTÍN

¿Pero por qué?
ROBERTO

Me estaba quedando con Milo el verano mientras conseguía un dormitorio en la universidad. Milo estaba atrasado en la renta, y para rematar se quedó sin trabajo. Un día llegué de la calle y vi un reguero enfrente del edificio: libros, papeles, cosas tiradas en el andén. De pronto me di cuenta que eran mis libros, mis cuadros, mis diplomas rotos. Cuando alcé la cara para ver lo que pasaba en el tercer piso vi que unos tipos estaban tirando a la calle todo lo del apartamento de Milo. Tuvimos que mudarnos esa misma noche.
VALENTÍN

¡Qué desastre!
ALBERTO

Y si no es por mí te hubieras quedado en la calle.
ROBERTO

Por esa noche y siempre te lo he agradecido. Pero los caseros la pagaron bien caro. Se habían robado mi tocadiscos, mi máquina de escribir, el televisor de Milo, todos los electrodomésticos. Los demandamos y ganamos el caso. Tuvieron que indemnizarnos.
ALBERTO

(Como para sí) Semejante regalito el que me ha hecho ahora el Milo. Tendré que hacerme el examen de todas formas.
ROBERTO

¿De que estás hablando?
ALBERTO

Nunca había querido decírtelo.
ROBERTO

Alberto, ¿de qué carajo hablas?
ALBERTO

Hace ya tanto tiempo, pero por si las moscas.
ROBERTO

¿Tanto tiempo de qué?
ALBERTO

Una noche... no sé dónde estabas.
ROBERTO

(Con temor) ¿Una noche qué? ¡Habla!
ALBERTO

(Durante el siguiente parlamento ROBERTO empezará a beber exasperado. Mirará a ALBERTO con los ojos exaltados.)

Sí, una noche me fui para su casa después del trabajo. Estaba deprimido y no quería venir para acá después de la pelotera que habíamos tenido. Empezamos a beber vino, a fumarnos unos motos, a meter perico. Como que me dormí un rato y cuando me desperté tenía la bragueta abierta y Milo me estaba mamando el bicho.
ROBERTO

(Soliviantado) Esto es lo último que me faltaba.

(VALENTÍN contiene a ROBERTO)
ALBERTO

Fueron sólo unos segundos. Lo aparté enseguida.
ROBERTO

Y qué importa que hubieran sido unos segundos.
ALBERTO

No era mi intención. Tú y yo nos conocíamos hacía muy poco.
ROBERTO

(Zafándose de VALENTÍN, se le acerca iracundo) Pedazo de hipócrita. Y yo como un imbécil siéndote fiel todos estos años para que ahora me salgas con esta putada.
VALENTÍN

Roberto, cálmate.
ROBERTO

No tengo por qué calmarme. Ahora lo veo todo muy claro. Lárgate ya mismo. No quiero verte más nunca en mi vida.
ALBERTO

Esta también es mi casa.
ROBERTO

Es mí casa. Tú siempre has sido un invitado.
ALBERTO

Acuérdate que no estás en posición de amenazarme. Sabes muy bien lo que puedo hacer y no me costaría ningún trabajo.
ROBERTO

Anda, hazlo de una vez por todas, ya me tienes jarto con tus amenazas. No me extrañaría nada que cayeras tan bajo.
ALBERTO

Apuesto que tu gran amigo Valentín no sabe la verdad.
VALENTÍN

Alberto, esto tiene que acabar.
ROBERTO

Déjalo, Valentín, déjalo que diga.
ALBERTO

Valentín, ¿te acuerdas que siempre le preguntabas por qué no había regresado a Colombia en tantos años?
ROBERTO

Anda, díselo, desgraciado.
VALENTÍN

Roberto, cálmate. Es cierto que nunca has querido explicármelo. Sobre todo cuando murió tu mamá. Todo el mundo preguntaba lo mismo.
ALBERTO

Porque no ha tenido los cojones para decirles. Se casó...
VALENTÍN

Roberto, ¿te casaste?
ROBERTO

No es lo que tú te imaginas.
ALBERTO

Así es, Valentín, no es lo que tú te imaginas. Roberto entró de turista a este país y se quedó. Por eso no puede salir hasta que le den la visa de residente.
ROBERTO

(Se abalanza sobre ALBERTO con furia y VALENTÍN lo detiene.)

Tenías que hablar, malparido.

(A VALENTÍN)

Suéltame, Valentín, no te preocupes. Es mejor que esto hubiera sucedido. Sí, es cierto. Al principio tuve que comprar un seguro social que me sirvió para trabajar en el restaurante y estudiar en la universidad. Cuando finalmente murió mi mamá y no pude regresar a Barranquilla me di cuenta que tenía que solucionar mi situación de una vez por todas. Por eso me casé con una amiga americana y metí los papeles.
ALBERTO

Un fraude, Valentín, como podrás darte cuenta. (A ROBERTO) Si te descubren, te deportan o te meten a la cárcel. Es sólo una llamada.
ROBERTO

Hazlo de una vez por todas pedazo de hijueputa. Hazlo y me harás un favor. Ya no te aguanto. (Se acerca a ALBERTO) Mira que haberte aguantado tantas malacrianzas a lo largo de diez años para que ahora peles el cobre de esa forma. Todavía no me explico cómo pude hacerlo.
ALBERTO

Y tú, un angelito. ¿Quién tiene que aguantarte tus borracheras?
ROBERTO

¿Pero es que no entiendes? Desde hace un año no te acuestas conmigo. Estoy jarto.
ALBERTO

Más lo estoy yo. Eres una porquería. (Lo agarra por el cuello) Lo que mereces es que te rompa la cabeza.
ROBERTO

(Forcejeando) Eso es lo único que te falta.
VALENTÍN

(Los separa exasperado) ¡Basta ya!
ROBERTO

Todos estos meses he vivido cegado esperándote. El temor a vivir solo ya no me importa. Tendré que acostumbrarme. Acabaste con mi paciencia, Alberto. Me rebosaste la copa. Ya no tengo ninguna excusa para aguantarte tus mierdas. ¡Lárgate! Vete a buscar otro pendejo. ¿Me oíste?

(ALBERTO camina azorado por la sala.)

Lárgate pa’l carajo. A lo mejor Milo o tu madre puedan aguantarte. Te lo juro, Alberto, ya no te soporto más. Lárgate de una vez por todas y déjame solo.

(Se deja caer sobre el sofá, exhausto, derrotado.)
VALENTÍN

(Le murmura algo a ALBERTO en el oído y luego se sienta al lado de ROBERTO.) Roberto, no tienes nada de qué avergonzarte. Era simplemente curiosidad cuando preguntaba. Nunca me imaginé...

(ALBERTO hace mutis por la puerta de la izquierda.)
ROBERTO

Basta, Valentín. No es culpa de nadie. Es mejor así. Ya estaba cansado de vivir con ese secreto. (Se oye un portazo.) Por fin se fue ese hijueputa. (Se levanta y se dirige a la puerta de la izquierda.) Y te lo juro, esta vez es definitivo. No volverá a poner un pie en esta casa. Ni que se le ocurra regresar porque se va a llevar una sorpresa.

(Mutis. VALENTÍN va hasta el pasacintas, lo enciende y deja sonar lo que estaba puesto. ROBERTO desde afuera.)

Voy a pasarle los pestillos a la puerta hasta que cambie la cerradura. Aquí no entra y lo juro por los restos de mi madre.
VALENTÍN

Piensa que a larga eso era lo que tú querías. No hay mal que por bien no venga.
ROBERTO

(Entrando) Tú y tu refranero. Lo que hay que hacer es brindar por el fin de toda esta jodienda. (Se sirve un vaso de Scotch hasta el tope. Le sirve uno de Cocacola a VALENTÍN y se lo entrega. Alzan los vasos y los chocan.) ¡Salud! (Cuando se dispone a beber, aparta el vaso de los labios y lo pone sobre el bar. Le quita el suyo a VALENTÍN y hace lo mismo.) No, Valentín. Tengo una idea brillante. (Se sonríe pícaramente y lo trae hacia sí. Por los parlantes del pasacintas se escucha suavemente la canción “My Life” de Billy Joel. Se besan quedamente. Ambos se pasan las manos por la cintura.)
VALENTÍN

Tu sabor... hacía tanto tiempo.
ROBERTO

Mucho y hay que recobrarlo. (Agarrándole la mano, le conduce hasta la puerta de la derecha hacia la alcoba.)
VALENTÍN

Yo sé que mañana Alberto y tú...
ROBERTO

¡Shhhh! Deja que las cosas tomen su curso. Amanecerá y veremos.

(Mientras las luces se apagan lentamente, mutis de ambos por la puerta derecha.)
TELÓN
Nueva York, 16 de mayo al 3 de junio de 1995.
EL AUTOR:
MIGUEL FALQUEZ-CERTAIN
Foto por John Saint-Hilaire
Miguel Falquez-Certain nació en Barranquilla, Colombia. Ha publicado cuentos, poemas, piezas de teatro, ensayos, traducciones y críticas literarias, teatrales y cinematográficas en Europa, Latinoamérica y los EE.UU. Su obra poética, dramática y narrativa ha sido distinguida con numerosos galardones. Licenciado en literaturas hispánica y francesa (Hunter College). Cursó estudios de doctorado en literatura comparada en New York University.
Es autor de los poemarios Reflejos de una máscara, Habitación en la palabra, Proemas en cámara ardiente, Doble corona, Usurpaciones y deicidios y Palimpsestos; de la novela corta Bajo el adoquín, la playa (finalista en el Primer Concurso de Novela Breve “Álvaro Cepeda Samudio” de Bucaramanga en 2003 y publicada por Sic Editorial como premio alternativo en febrero de 2004); y de Triacas (narrativa corta).
Sus cuentos han aparecido en las siguientes antologías: Narradores colombianos en U.S.A., Eduardo Márceles, antólogo (Bogotá: Colcultura, 1993); Concurso de Cuento Carlos Castro Saavedra (Medellín: Fondo de Publicaciones Transempaques, 1994); Brújula / Compass (Nueva York: Instituto de Escritores Latinoamericanos de Nueva York, 1998); Bésame mucho: New Gay Latino Fiction (New York: Painted Leaf Press, 1999); Veinticinco cuentos barranquilleros, Ramón Illán Bacca, antólogo (Barranquilla: Ediciones Uninorte, 2000); y en Antología del cuento caribeño, Jairo Mercado Romero y Roberto Montes Mathieu, compiladores (Bogotá: Universidad del Magdalena, 2003).
Ha escrito seis obras de teatro: La pasión (tres actos); Moves Meet Metes Move: A Tragic Farce (musical en dos actos) con Lourdes Blanco y Bobby Sanabria (INTAR, Nueva York, 1985); “Castillos de arena” (un acto; Latin American Theater Ensemble, 2005); “Allá en el club hay un runrún” (un acto; Repertorio Español, Nueva York, 1994); “Una angustia se abre paso entre los huesos” (un acto; L.A.T.E.A, 1996), publicada en Ollantay Theater Magazine, 1996; y Quemar las naves (dos actos, en colaboración con Francisco Álvarez-Koki en la concepción de los personajes), primer lugar en el concurso de dramaturgia “Nuestras Voces” del Repertorio Español de Nueva York en 2002 (estreno mundial: 25 de abril de 2003 en la sede del teatro en Manhattan donde se presentó con éxito durante varios meses). La versión al inglés de su cuento “¿Y cómo es parada, Padre Infante?” (premiado en el concurso Carlos Castro Saavedra en 1993) apareció en Bésame mucho: New Gay Latino Fiction (New York: Painted Leaf Press, 1999), fue adaptada al teatro por Francisco González y estrenada en el Cochrane Theatre de Londres en junio de 1999.
Participó en talleres de dramaturgia dictados por Sergio Vodanovic, José Triana y Hugo Argüelles; fue subdirector de Ollantay Theater Magazine (1993-2000) y editor del libro de ensayos Nuevas voces en la literatura latinoamericana / New Voices in Latin American Literature (N.Y.: Ollantay Press, 1993).
Sus memorias sobre el pintor colombiano “Rafael Panizza (1953-1990): A Memoir” salieron publicadas en Latin Lovers (New York: Painted Leaf Press, 1999). Una muestra extensa de sus poemarios apareció en Entre rascacielos: Nueva York en nueve poetas (Riobamba, Ecuador: Casa de la Cultura, 1999) y en Entre rascacielos / Amidst Skyscrapers: doce poetas hispanos en Nueva York / Twelve Hispanic Poets in New York (Riobamba, Ecuador: Casa de la Cultura, 2000). Asimismo fue incluido en Veinte poetas al fin del siglo (Nueva York: Ollantay Press, 1999).
Ha participado en las Ferias del Libro de Miami, Santo Domingo y Nueva York y como poeta invitado en congresos del Ecuador y de los Estados Unidos.
Vive en Nueva York desde hace tres decenios.
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© Miguel Falquez-Certain
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 26
Julio-Agosto-Septiembre de 2006
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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