¿Le tienes miedo a los payasos?
José Valerio
¿Le tienes miedo a los payasos?, fue la pregunta que le hicieron sus padres cuando era un niño de seis años, y cuando apareció el payaso, barbudo y jetón, comprendió la pregunta… Los payasos no tienen nada de graciosos, mucho menos el que conoció en su infancia, un payaso grosero, que a la mínima les gritaba que se callaran, que lo dejaran trabajar.
Ahora niños, viene el conejo…
El pobre conejito, raquítico, daba más lástima que diversión, con su mirada de “Sálvenme, por favor, me muero de hambre y sed”, sin embargo, los niños rieron, todos con excepción del festejado, que ya daba sus primeros pasos en cordura humana. A esa tierna edad comprendió que la naturaleza equilibra los actos repartiéndolos en los guiados por el instinto animal y los controlados por la cordura razonable… Lo que mejor le sabe a la gente es el instinto, la intriga, el maltrato al más débil, la burla, el deseo a lo ajeno… Pobres diablos que se dejan seducir por los gustos de la carne, olvidándose de los valores infinitos de la bondad de dios, de la curiosidad celestial por descubrir los misterios divinos del universo… “Todo lo reducen a una guerra de las galaxias sin sentido y monstruos peludos buscando respuestas a preguntas ya analizadas desde hace siglos”, piensa ahora, adulto, mientras empuja el cartucho con siglas XXX en la videocassetera.
Tiene media hora para olvidar los designios de dios, sus jodidos misterios y la fronteras del universo que al fin y al cabo sólo le interesan a los que no tienen éxito con la mujeres en este planeta, como si a las taloneras de la disco les quemara la curiosidad por saber cuántos hoyos negros existen regados por el universo, no, lo que ellas quieren es que se ocupen de su hoyo negro, que se lo llenen con materia sólida terrestre, dándoles igual si lo creó dios padre o la santa puta de lo que sea, así es la vida, ¿qué se puede hacer?
Con su dedo grasiento aprieta el botón PLAY y se sienta en el sofá bajándose la bragueta con cuidado. Saca dos Kleenex®, los coloca al lado, en una mesita con dos latas de cerveza aún llenas. Es hora de relajarse. Al principio siempre se siente avergonzado, así que trastroca sus pensamientos para que ninguno le llegue al tuétano y lo haga sentir incómodo. Los quejidos de placer fingido de Melinda se escuchan ya en la tele, ha comenzado el show… Melinda, esa gringa caliente de pelos rubios, si supiera lo que es el amor, si reconociera las bondades de Dios, si alguien le hubiese dicho que… Ahora Melinda está de rodillas, trabajando dos penes al mismo tiempo, lo que los expertos llaman un “doble deep blowjob”, esa escena le fascina a Bernaberdo porque le hace recordar a su amado Molkovitch, su sacristán favorito… mmmmm
Coge los dos pañuelos y en un golpe extasiado deja que corran como locos los blancas semillas de Dios, predestinadas a procrear seres a su imagen y semejanza...ahhhhhh.
Queda satisfecho e intenta no pensar en lo sucedido; no es bueno subir al púlpito sagrado con sentimientos de culpa porque los fieles —entre ellos Garvos— van a eso, a observar al sacerdote con morbosidad minuciosa, a descubrir si el jodido hombre vestido con la túnica celestial no se anda con trucos sucios, asustándoles la conciencia con imprecaciones, sin antes haber martirizado a la propia.
En la sacristía Bernaberdo se enjuaga las manos, Molkovich se las seca. Las campanas anuncian la misa de las seis de la tarde y los fieles ya esperan impacientes a que comience el lavado de culpas. Mientras se dirige al altar piensa en el payaso aquel que le asustó la curiosidad por la vida, en ese puto payaso barbón y borracho, en los niños que supieron burlarse del pobre idiota, sí, del tipo que tenía que ganarse la vida haciendo el ridículo ¿Por qué simplemente no se levantó de su asiento y le metió una patada en los huevos a ese payaso maricón? Al fin y al cabo, era su fiesta de cumpleaños y la patada no iba a ser gratis, para eso habían contratado a ese muerto de hambre, carajo, si lo hubiese hecho no estaría ahora allí, vestido con esas ridículas ropas haciendo la misma payasada todos los días, ni enamorado de Melinda, la muy puta, ni…
¡CARAJO! Si le hubiese metido una patada en los huevos al payaso...
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© José Valerio
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 26
Julio-Agosto-Septiembre de 2006
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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