Lazo de agua

Álex Támara Garay
alextamara@hotmail.com


De los pájaros y el viento

Del viento sabemos que habla con los pájaros
y se enreda entre los árboles cuando está frío
y un poco melancólico.
Se arrulla detrás de las ventanas.
¿Pero qué sabemos del silencio?
¿Acaso también se esfuma con el viento
o será un silbido apretado entre los dientes?


Noticia de lluvia

El aguacero es inminente.
Los pájaros celebran el acontecimiento
con efusiva alegría.
Una desbandada de azulejos, cotorros y chupahuevos
se arremolinan formando en el cielo
un arco casi perfecto.
La serenata de sus trinos y movimientos
se apodera de la tarde
que sucumbe ante el leve movimiento de la noche.

Mientras tanto
en las aceras y corredores del Barrio Abajo
los transeúntes vigilan con simétrica exactitud
los pasos que deja el desastre
de este nuevo acontecimiento natural
que arrastrará cadáveres y desechos.
Una vez más el océano recibirá en su lecho
—sin egoísmo alguno—
ese remolino de tristezas.


La casa

La casa,
ese antiguo receptáculo de apariencia extraña y moribunda,
soporta la gracia del daguerrotipo
que cuelga sobre la pared.
Frágil soldadura de tiempo,
yace hacia dentro
contemplando el vaciamiento
de su propia existencia.


La gracia del pequinés

Para todos los perros del mundo,
especialmente Snoopy y Clifford, en su memoria.

Suele el animal
restituir con su gracia de movimientos y lameos
una extraña alegría a mi corazón.

No encuentro en el cine,
los helados y cervezas,
ni en la mujer ni en el amigo
la camaradería de mi pequeño perro pequinés.

A él acudo
cuando sé que la cuestión
es de principios fundamentales:
Mordernos los días y las noches
con el hueso de nuestras soledades.


Lazo de agua

Para Alejandra y Valeria.

Defender lo antiguo
es permanecer en tu presencia,
barca atada a una misma agua.

Defender lo antiguo
es preguntar por las cosas
que se marchan
pero retumban en la memoria
de la imagen.

Quisiera colocar ladrillo tras ladrillo
y construir la pared de los silencios.
Luego conchas tirarles a las estrellas
como el niño que se bebe el mar
con su mirada.


Los vestidos de Dios

Hoy guardo en la maleta
los vestidos.
Vagaré una semana
las márgenes del mundo.

Para un lunes nocturno del viejo San Juan
luciré para las putas y los poetas
un jean de vaquero justo a mi cuerpo.

Una tarde de martes en la derruida Barranquilla
Dios me ha vestido con camisa gris y pantalón verde
como los cadáveres pintorescos
que bajan por el río de la Magdalena
junto al sol.

Miércoles en Medellín
sudaré vestido de blanco,
paseándome con Gardel, sus calles y tristezas.

Ir a Cartagena un jueves y mirar la ciudad en decadencia.
Aquí basta solo un calzoncillo.
A dios le gustan los escándalos.

El viernes agoniza la ciudad.
Sus muertos salen a tomar el fresco de la noche.

Un ciudadano cumple en silencio los dictámenes de Dios.
La chaqueta negra va con el gusto moribundo del planeta.

Sábados y domingos,
Dios anduvo y anda desnudo todo el tiempo.
Yace un hombre tendido mirando la ventana.

La ciudad y la noche caen a pedazos.
El silencio es el mejor vestido de Dios.


Mirándome llover

Un lugar roto eres.
Vivo en el árbol
más despoblado de la tierra.
A veces pienso
en la quietud de la tarde ya muerta,
en la noche,
y es como cuando abro mis ojos
y los párpados se derraman
en un llanto fino pero doloroso.
Por eso digo que la lluvia
habitó primero en el corazón del hombre.
Después,
como bendición,
se extendió en una cortina de nube
sobre nuestras cabezas.
Desde entonces
el llanto anda navegando
y es un río que puebla la tierra
y lava las tristezas.


Parpadeo

De repente
un aleteo imperceptible
en tu mirada.
Podría jurar
que un búho rosado llora
cuando desapareces
del pie de la ventana.


Poética

Un poeta es
en resumidas cuentas
el ser más terco que pisa la tierra. 
Sabe de antemano
que todo está perdido
y sin embargo
todo se lo apuesta al mundo.
Su pelea es de burro amarrado
con tigre suelto.
¿Por qué cree tanto en la poesía?


Relato

¿Con qué palabra nombrar al ausente?
¿Dónde el poema que encierre el acertijo
del soplo y el milagro?
¿Quién da cuenta de la hierba
y el canto de la lluvia,
—pedazos del azul de un mismo tiempo—?

Sospecho que el trigo
fue feliz en su espiga.
Ahora el pan se debate
en la mano del verdugo.


Sonata

Juntemos algo
a este pequeño episodio triste de la vida,
por ejemplo, guindémonos
de la colgadura que deja el paso
de un rayo luz en la mañana.
Abracemos con la fuerza del trinar
el aliento de una montaña
que jamás hayamos visto.
Juntemos los recuerdos en un viejo baúl,
a manera de un gran cofre,
no sea que después vayamos a ver
y no encontremos nada.


Y toco dos o tres
La puerta sellada para siempre
Y abro las ventanas
Dos o tres
Y una voz como la mía
—quizás la que fue mía—
canta y se estaciona muy adentro
Cerradura dejando pasar
solo el silencio.


Balada para un hombrecito avaro

Moral hecha a base de principios
repetidos por una tradición
menesterosa y vulgar.

Suele el hombrecito
a manera de un emperador sombrío
dictaminar reglas de recto proceder
a sus cercanos.

Pero solo consigue
la reprobación sistemática
de los seres que lo habitan.

Un disparo a quemarropa
podría destronar y para siempre
esa criatura mezquina
que ha heredado una ignorancia
de los usos más recuentes
de la cultura
aprendida en los grandes salones de la avaricia
y la frivolidad.


Canción de patio

A la memoria de mi padre, Víctor T. S.

Es en el patio de la casa
donde suelo retener tu dignidad.
Allí junto al naranjo florecido en los octubres
tu mirada cae con las flores y los días.
Eras también un viejo árbol,
un rey en la morada recurrente de los pájaros.
Ahora tus ojos,
naranjas que alumbran como soles,
descienden por la tarde indescifrable.
Y dejas intacta una voz,
savia para cubrir nuestro patio de memorias.


Del asombro

Esta pisada que doy
alguien la siente.
Este suspiro tan lejano
anda enredado en otro tiempo.
Una flor o un pequeño arbusto
retienen todo el asombro en el camino.
Ahora la pupila quema la sombra,
después se queda sumergida
en el ojo que la mira.


El bosque encendido

Para Eili, Alejandra y Valeria.

¿A dónde ir
cuando la mirada se cansa
de buscar a lo lejos
de la calle
y no se ve?

Dame una letra,
un sonido para reinventar una fábula
o la canción que adormezca
la ciega espera de perdernos
en el bosque que llevamos dentro
y desde siempre.

Extiéndeme tu mano, niña,
para no extraviarme
en la rutina de los días.

Un beso como puente
y una mirada desde el río
—llevándome y trayéndome—.

Solo eso para no quedarme con la piedra
y burlarme de la muerte.


La ciudad al fondo

La ciudad es una máquina
de vapor a todo dar.
El humo como buscando a Dios.

Se empeña en cubrir lo más alto
de los edificios de la calle Gonza.
Sube en espiral una cortina de humo
desde la chimenea-boca hasta el techo del cielo.
El hombre aspira en silencio el cigarrillo
que lo protegerá nuevamente del frío
y tanta indiferencia.


La silueta

La silueta de la horca basta
para que la tarde se arrodille
ante la majestuosidad de la nube-noche.

Solo un pájaro aturdido
cantó equivocadamente
en la ventana azul.

¿Por qué hay aves que se anticipan a la catástrofe?
¿Por qué no acuchillar de una vez por todas
la esperanza que sostiene la belleza de la desesperación?

Que los pájaros se detengan en el aire y trine el dolor de la bestia humana.
Nadie como ellos para denunciar
la muerte y la locura que sacuden
el centro y la periferia de la tierra.


Los adioses vuelven
como fragmentos de sombras
salpicando las ventanas,
acurrucando el punto más próximo al silencio.
La mano toca el sonido
que late como un guiño
mientras se llueve
la nube aprisionada
que canta el instante de la espera,
y la ventana se derrite,
adentro danza la lluvia.
Apuesto a que llena el estanque
acostumbrado de los sueños.


Lunática

Bañarme de la imagen
y el reflejo de la noche
proyectada en la sombra de la luna.
Tocarte con la tenue voz del viento
que deja la flor del flamboyán
al desvestirse de su rojo.
Llevarte para siempre
prendida en el corazón
como esta bombilla de cien bujías
que me alumbra y enceguece.


Parpadeo II

Detrás del eco
el sonido establece
su furor.
La ventana cierra
y abre sus párpados nuevamente.

Aquí se erige imborrable
la presencia de alguien
que mira al mundo
sobresaltado por la luz.

A esta hora la ciudad
llora a sus testigos mudos,
imborrables caminos
de un antiguo animal
que se consume con el tiempo.


Carta desde Quilla

Preguntabas cuándo volverás
a estas tierras fértiles dadas para el café, la orquídea y la marihuana
y otra variedad de plantas nutridas siempre con la sangre
de grandes comarcas arrasadas por la guerra inoficiosa del poder.

Imaginabas un retorno inesperado
traído con la velocidad del relámpago
pero la guerra seguía en tu patio y en el mío.
Yo, con un arado interno
arrastrando los escombros del pasado,
sacando en vez de semillas de café, omoplatos y clavículas.
Tú haciendo la guerra de esperarme sentada en el butacón de la cocina
con un poco de café.
Si supieras que estoy pensando en ti
y me muevo internamente hacia ese lugar imaginado,
solo que lo hago desde una bicicleta estática.


Se me ocurre un silbido,
milagro de un pájaro asustado,
habitante inquieto de este corazón.
También emergen vuelos
de mariposas correteadas por un  fuego.
Pisada de niña.
Se me ocurre fumarme un cigarrillo
hasta consumirme
como aquel cadáver encendido
junto a la orilla del mar.


Toque

Cuando vuelvan las palabras
las mariposas llenarán por siempre
los espacios.

Entonces los hombres
como niños
retornarán sobre sus sueños.

De madrugada,
cuando aparezca
con su espada
la ciudad,
los hombres tendrán algo
que empuñar para mañana.

¿Acaso una mirada en la ventana
o un soplo de luz en las tinieblas?

Cuando vuelvan las palabras
cantaremos al silencio o a las voces
de estos cuerpos mutilados
en el mapa incierto de la noche.
_________________________
©   Álex Támara Garay

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 27
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2006

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS
FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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PORTADA
VOLUMEN VII - NÚMERO 27