Cuartel
Clemencia Tariffa
Notas introductorias al poemario Cuartel,
de Hernán Vargascarreño y María Mercedes Carranza.
El libro apareció en el año 2006, en coedición
de la Sociedad Literaria Mesosaurus y Poetas al Exilio.
Presentación
Antes de que Clemencia cayera en el delirio y se exiliara un poco en la sinrazón, apabullada además por la epilepsia cada vez más traumática, lentamente le fui comprando sus poemas —única manera de que me los facilitara—, los que fui guardando celosamente al darme cuenta de la facilidad con que los perdía debido a su falta de control sobre sí misma. El motivo no era solamente la amistad que nos empezó a unir desde 1990, sino especialmente la belleza de sus textos, los cuales bien valía la pena proteger. En dos ocasiones, y sin su permiso, envié algunos textos suyos a dos concursos: el de la revista Koeyú, en Caracas, y el departamental de poesía del Cesar, de donde era oriunda. El fallo del jurado de los dos concursos la dio por ganadora y en Venezuela la revista publicó seis de esos poemas. A Valledupar fue ella misma a recibir el premio, lo gozó durante dos semanas y regresó a Santa Marta como quien sale de un laberinto iluminado.
Luego de la crisis total de Clemencia, sobre todo a raíz de la muerte de Socorro, su abnegada madre —la única persona en este mundo que veía de ella y que la mantenía— logré reunir una parte de los tres libros que siempre llevaba consigo y que borroneaba y corregía cada vez que podía. Recuerdo sus títulos: ¡Que viva la infidelidad!, País de libélulas y Cuartel. Siete años hace que los guardo como un fardo solo hecho de bellezas. Ahora que sus poemas pueden alzar vuelo en la presente edición, no me queda más que el placer de compartirlos con los posibles lectores en honor al recuerdo de haber sido amigo y protector de Clemencia durante un trecho del camino. El tiempo, juez de todo lo terrenal, no me sobresalta porque estoy seguro de que la belleza y la validez de sus poemas sabrán remontar fácilmente los límites y los senderos que nos son vedados presentir.
Hernán Vargascarreño
Palabras para el acto de desagravio
a la poeta Clemencia Tariffa
Hay un poema de Clemencia Tariffa que me llama la atención. Se titula "Misiva". Es un texto a la vez coloquial y hermético, iluminador y misterioso. Comienza con este magnífico verso: Todos los soles han de ser iguales tanto en las cartas como en las fábulas. Y continúa con lo que, a mi manera de ver, es una incuestionable aceptación de su destino como poeta, una confesión de amor por el oficio y por la vida: Pues si en realidad existe un dios, él más que nadie sabe que soy feliz de ser lo que soy, que desde que empecé a hacer arte jamás quise otra cosa diferente. Pienso que es este escueto reconocimiento de su elección por la creación lo que despierta mi admiración por este poema, lo que me hace festejarlo.
He leído, igualmente, otros textos de Clemencia, y tanto esos como el que he citado, delatan —y en esto quiero hacer énfasis— a una persona con una sensibilidad riquísima y con un pensamiento, sí, difícil si se quiere, pero lúcido. Toda su obra denuncia a una mujer y a un temperamento que nació para crear y no para destruir, para defender la vida antes que la muerte; a una poeta que delira por lo que vale la pena delirar, por el afán de frenesí, por el ansia de asombro, por la necesidad de revelarse tal como es, sin renuncias ni fingimientos. Yo deseo, hoy, con estas escasas pero comprometidas palabras, saludar a la poeta y a sus poemas. Saludar a quien, intuyo, reconoce ante los disparates adversos que le presenta la vida, que el artista nació ante todo para comprender y no para ser comprendido. Y me uno a este acto de desagravio y afecto con la convicción de quien también ha experimentado las dificultades que conlleva, en nuestro país, vivir y escribir.
Poeta, un día todos los soles habrán de ser iguales tanto en las cartas como en las fábulas.
Su amiga:
María Mercedes Carranza
Chantaje
Que se alboroten lindas mariposas
sobre nuestros cerebros cálidos
mientras van los pensamientos
que tanto amo
chantajeando un país entero,
y por los corredores oscuros
se incendien siempre
un par de senos pequeños
entre sus manos jugosas.
Vacío
En las noches
de mis días,
maullando,
mendigo
un trocito de luna.
¿Y qué he conseguido?
Quiero
Quiero un decreto inocente
con palabras llenas de azúcar.
Quiero un amante menos letrado
que bese mi espalda,
mi ombligo y mi trenza.
Quiero un país amando la hierba.
Claro que si hay otra imagen
—lo digo al hablar dormida—
quiero despertar en su poesía
o en su alma velluda.
Mayo
Ven a mí
hoy día de las flores,
que en mi patio
han nacido diezdeldías
y se desgajan las granadas,
así como en el campo
han crecido las lluvias de oro,
los azahares y clavellinas.
Ven a mí,
hoy día de las flores,
que mañana
de tanto ahuyentar la primavera
quizá no vuelvan a crecer las trinitarias.
Brillo
Esperanza en la noche,
Clemencia intacta,
sal en mi sábana dorada.
Por favor, no dejes horas en casa
ni el reloj que tanto molesta,
pues no sería agradable
que el amor
estuviese contado con agujas.
Calor
Después de correr las cortinas
no acepto la idea
de haber cerrado mis labios,
mucho menos
haberme enamorado.
Los huesos me reclaman:
¿Por qué respiré tanto fuego
por este militante del amor?
Pero con la misma fuerza
yo sé odiar
y tirar calladamente una flor
creando así el dilema necesario
entre el sol y la estrella.
…no sería honrado
amar de otra manera.
Vigilia
Brótame o quémame,
enlunémonos hasta la punta del alma,
quiébrame bajo las nubes violetas,
sin resistencia quiero ser tuya.
No permitas que me retire
en esta madrugada
cuando ya se ha hinchado el pecho
y siento cansado y erecto
todo este cuerpo
que saboreó las balas.
Ahora
Tómame ahora que aún
no tengo peso en los años.
Ahora que tu promesa no es amarga
y la edad, aunque igual,
no imagina cobre en el amor
para atar la misma barra
en el mismo bar.
Ahora que la codicia
no ha goteado el corazón fiel.
Ahora
cuando aún puedo decir Sí.
Carta de la ansiedad
Señora:
Cómo haría para decirle
que cuando usted está a mi lado
yo quisiera gritarle
que de su marido estoy enamorada
y los instintos me van devorando.
Señora:
por su marido me detuve en dulce sueño
para convertirme por momento en fiera.
Mas no se preocupe señora:
él ni siquiera lo sabe.
Y yo soy incapaz de insinuarle,
fue la musa de Shakespeare
la que amablemente estuvo enamorada.
¡Ay señora de canción común!
Cómo le diría sin ofenderla
que usted ya no me inspira respeto
ni cuando la miro besando a… su marido;
yo solo aspiro a ser ladrona
en ese rico trigal del que usted es dueña
—y desde hace rato compró—
Pero si deja de cuidarlo
robaré limpiamente su más dorado grano.
En mí el resentimiento se va hinchando.
Eso sí.
No se asuste mi señora
si las campanas cambiaron de tono,
que no es mi corazón el que está repicando,
solamente las agujas que ya no soportan el silencio
y por eso quieren salir del pecho.
Disculpe usted, señora.
Paciencia regia
Mi sentir está dividido.
Antes era un bello bosque
y los pájaros rozaban mis senos
con su pecho amarillo
cantando siempre de dos en dos.
Pero se agotó mi lozana paciencia
y volaron los cantos
dejando una mala experiencia.
Ahora, hasta el suntuoso árbol
opaca su color de montaña regia.
Rito
Será el mismo culto elegante de siempre.
No dejaré partir otro día más;
si algo pensaran los espíritus
al ver esta alma pecadora
tal vez no me dejarían entrar.
Lo importante si ayer no morí
es que hoy me vuelvan a llamar.
Detonación
Me gusta oír cuando habla
y dice
que un filamento de luna
posee tanta luz
como la Madre Oligarquía.
Dice también
que los peces nocturnos
suelen eyacular de espalda
a las estrellas,
pero me enamora cuando su voz
se cuela en mi garganta
para decir cómo gritan
cómo lloran
los ingenuos proyectiles
de una ráfaga enemiga.
Señoras
Señoras con rostro plegable
que ayer oísteis mis poemas
y esta mañana
nos tropezamos en la calle.
Me miráis de reojo
como a un raro animal
como a buitre verde,
y volteáis la cara
meneando el caderaje
musitando sandeces
…¡vaya!...
siento un placer casi morboso
manteniendo esposas en ascuas.
Parece mentira, pero,
en mis poemas
no figuran sus maridos.
Azul
Volarás desnudo esta noche;
besarás la puerta,
el escudo
y quién sabe si seas más feliz
cuando veas un café en la mesa
que solo tú puedes barajar.
Ven hoy a la misma hora,
hoy que todo es azul.
Camino real
Íbamos cantando
por el camino real;
a tu izquierda, viñedos,
limones y maracuyás.
A mi derecha los frutales
con dueños y sin capital.
Sobre nuestras cabezas
un helicóptero de inspección
sin permiso rompió la blanca nube
con su vuelo de colibrí.
Otro día cantaremos
con misterio
con más frenesí
por el camino real.
Paz
Qué silencio decente
desde un cementerio gris,
con un portón de hierro negro
y su mala hierba regada,
con la tumba en mármol del camarada
y los ángeles en posición de consigna.
Pero de pronto en la capilla
las campanas vuelven a sonar.
Vi otro del partido, entró sin permiso
y desde esta noche dormirá con mucho respeto
en los recuerdos de papel.
Sublevación
Durante la rebelión
los habitantes del Olimpo
jamás cambiaron su rutina.
Los torsos herbáceos
de los adolescentes
se ofrecían
para que pastaran
los dulces pezones
de las muchachas.
Eran ingenuos cuerpos
que destilando erotismo
se enredaban fácilmente.
Un buen día protesté
y…
bruscamente caí.
Ayer escuché por la radio
que los demás dioses
también cayeron.
Malla
Yo solo fui a reventar
mis oídos, pero no más,
escuchando que eran compañeros
si del aguacero caían;
no hubo balas,
pero sí hombres,
rojos y muertos.
Pájaro en distancia
Con un clavo tocando la puerta
me gritas: ¡Compañera, mataron al poeta!
Y qué dolor a las seis en punto
porque a las cinco y media ya estaba de luto.
Todo en la ruta serán caballos y terciopelo.
Yo tocaré tu cabeza —y qué extraño:
ardiendo la tierra, sudas con pasión—
No bajaré esta frente dura,
pero mi hombro te sentirá preguntando:
¿Camarada, usted no llora al poeta?
Aunque solo tire un clavel y una voz,
aunque siga dando vueltas la luna de Dante,
no puedo recoger un total de sangre
en mis manos delgadas;
mañana un camará
otra gota dejará.
Misiva
Todos los soles han de ser iguales tanto en las cartas como en las fábulas, ante todo, si quien escribe niebla en un país de maravillas tempranas. Y tal vez un malecón de algas conserve en mi cerebro verde como han vivido las letras en las mismas cartas leídas, pues si en realidad existe un dios, él más que nadie sabe que soy feliz de ser lo que soy, que desde que empecé a hacer arte jamás quise otra cosa diferente.
Por supuesto, me siento más húmeda que una manzana rosada, después de leerte. Reconociendo ser más tímida, pero no por eso he olvidado las cigarras, ni mucho menos escribir poemas, por supuesto, cuando le escribo al poeta.
Trotando por el más verde y mullido
de los pastos
Anoche salí al patio, me sentí observada; recosté las caderas sobre el húmedo césped y la cabeza reposó en la malva; el patio está lleno de malvas, sucede cada vez que llueve. Miré al cielo. Había un gran retazo de pana y en una esquina pendía la cacerola de aluminio más grande que jamás haya visto caribeño alguno; brillaba tanto como acero caliente. Esa luna me miraba y me veía diminuta, ¡qué simpática debí parecerle!
Pero la noche se fue poniendo helada. Me fui a acostar. En el techo de mi cuarto hay cuatro goteras; me gusta dormir libre de ropa; sobre la piel, mis vellos. Las gotas resbalan en fila india; justo encima del vientre cae una; es grande y fría; pero me enrosco, parezco un erizo marino, redondo, crispado.
Amaneció y volví al patio. Ahora voy hasta el ciruelo macho; cómo me agrada masticar sus hojas. Entre los huequitos del milimetrado follaje he metido mis largas uñas, y un montón de florecillas que del guácimo se desprenden, caen precisas en la taza que mi otra mano ha formado.
En sereno empieza ahora en octubre, pero sus tardes son tan calientes que aumentaron mi deseo de amar. Decido entrar, desnudarme y regar aceite para niños en mis ojos pintarrajeados. Luego recuesto mi delgado cuerpo en el blando sofá, casi no lo siento; a veces creo que mi poroso cuerpo se confunde con la espuma. ¡Vaya si es delgado! Pero entras tú por el portón trasero como un caballo en corral ajeno. Y yo, que siempre, siempre estoy seca, voy humedeciéndome; aguadas columnillas destila mi frente; procuro evitar tanto gemido, pero me confundo. Ya no sé si eres un potro, o simplemente vas trotando por el más verde y mullido de mis pastos.
Luna temprana
Sostengo la mano fuerte
que la hoz del cielo pende;
como los corazones estáticos
que van colgando en las vitrinas.
Nocturno, caracolito de playa,
haz que no brille una lengua filosa
y que sea uniforme el vestido y la rosa.
Siendo la estrella de esponja,
luna, luna yo estoy con recelo.
Luna, ¿qué fue de tu boina de enero?
Pétalo y flor
No debería el sol
bajar su frente ya rizada
si en mis frágiles manos
deja un sueño,
el beso y una lágrima.
No debería la noche
con sus cabellos pardos
secar mi larga figura
si en agualuna es mojada.
No debería imitar al poeta
un quebradizo pájaro amador.
Si él, Pablo, crea el verso,
la prosa, el pétalo y la flor.
Primera avenida
Aquí, desde la primera avenida,
he visto cómo se transforma el sol
en tono que de pronto desaparece;
es el mar azul fuerte,
sabroso a toda hora
de días brillantes sin fin,
de noche de olas serenas.
Aquí, desde la primera avenida,
he tomado sus bellas manos
tan suavemente hasta sus labios,
en las tardes tan frágiles
cuando su corazón se oscurece.
Capullito
Mirando al sol descubrí
que soy una criatura ciega,
buena alumna en el amor,
pésima en matemáticas
e impuntual para las citas.
Si no es por el sol, no descubro
que soy una extraña mariposa
libérrima e indefensa
con alas incendiadas
sin preocuparme por morir,
solo por libar
al astuto girasol,
y volar, volar siempre firme
mirando al sol.
Lo sé
Es ella la que no puedo
comparar con guitarra nueva
controlando siempre las cuerdas
si hoy te faltaran.
Es ella la de ojos tiernos
y apasionados besos
para quien está en la cama.
Es ella rozando las cejas de la primavera.
Es ella que si camina jamás protesta,
y lleva su labial zapote
igualito al mío.
Amistad
Si nuestra amistad
no fuese tan pura
como el amor
que hacemos clandestinamente,
o tan clara
como tus ojillos color castaño,
o tan firme
como esta luna de marfil
que revolotea en mi país,
de veras,
no escribiría esta noche.
Yo, solo quiero tu amistad.
Criatura infiel
Cerraré mi ventana azul
porque no volverás a entrar.
Y eso,
lo decidí ahora
mirando esa luna plana
como una oblea de maíz.
¡Ah, gato negruzco!
No volverás a entrar
porque eres criatura infiel
de inteligencia desigual,
y eres audaz —recuerdo—
en su techo ajeno
pero no en mi ventana.
Claridad
Yo poseo la autoridad
de veinte mariposas
haciendo el amor,
yo sueño con libertad
aleteando desde mi cama,
y también sé destilar veneno;
claro que en usted
es una lágrima en arena.
Yo, con hoja y lápiz
le escribiré una carta
con ilusiones y color,
si aún puede ser.
Yo quiero amarlo mucho
en una mañana clara como ayer.
Ven.
Que si estás acostumbrado a huir
yo no quiero más soledad
y temor a la vez.
Ser
Se viven cosas raras
cuando se es poeta.
Se es una flor
en la que se ha derramado hiel,
y se tiene la convicción
que un día no muy lejano
saldrán alas
que volarán como pájaros marinos
para guardar así
todo el aire en las manos.
Se es niña, se es mujer,
se es una flor, una paloma
o simplemente, se es poeta.
Ojos
Se ha gastado el amor
que hicimos tan de mañana
todas las mañanas.
Huyó fugazmente la alegría.
Ya no volveré a mirar tus ojos
que antes me enceguecían.
Ni a ver cómo el sol de la tarde
te imitaba día tras día
en su caminar sereno,
en su lluvia de fuego y melancolía,
ese no-sé-qué
que jamás entenderé.
No me verás.
No volveré a mirar tus ojos.
Pájaro
Sueño y respiro una posición extraña
en la hora de pájaros malditos
más oscura que tu mirada sincera
más profunda que mi luna vacía,
derramando la tragedia en tus canas
que me deja caer otra noche en Taganga
o… se olvide el color de una luna almidonada.
Mediodía
Abrí al ardiente mediodía
mi raíz de nube azul;
iba quemando los dedos
de otra tímida noche sin fin;
también tú te quedaste allí
abriendo la camisa liviana,
agradeciendo tu infidelidad.
Nácar
Siento un deseo milenario, cálido a la vez,
con el desespero sutil en ángel solitario;
quiero que sepas, siendo un canto sincero,
que soy miedo, sacrificio, vanidad,
y si puedo, lágrimas de oro
en tus plumas de humedad
jurando ante un cielo sin venas;
en anhelo, con odisea,
perfume a media voz,
besaré tu boca de ángel en mi espejo.
Yo,
llegaré al mar.
Árbol
Aunque sin nombre
me coma el tiempo,
el día, la hora
por dos años en desolación,
seguiré pecando de una a otra boca así;
mañana seré una magia transparente
y temblarán mis manos hasta el fin.
Abril
Porque te hablo sin verte
todo se desbarata para mí.
Si ya es tarde, caen los ojos
en tristeza mojada.
Si no es poeta, tampoco albañil,
la noche será más helada;
son lágrimas pesadas
borrando siempre lo que hice ayer.
Lloraré en tu oficina, o en el taller,
y será mi voz la de otro ser.
Lectura
Por eso leo, por el camarada corriente.
Mano fuerte, luna firme, hoz hermosa;
sabiendo que bajarás dos metros
tú sentirás que la tierra es fría
y hasta melosa.
A esa hora que no habrá quién me acaricie,
solamente volveré a empezar.
Como el guerrero, la arandela en flores,
apretaré la garganta.
Otro día escucharé.
Cabaña
Más del fuego,
nunca podría olvidarme
que seas un mal doctor.
Ya ni me enciende
llorar en esta cabaña sin radio
O prender todos los cigarrillos
en un barrio del sur.
Pluma
La plaza vieja
de hojas secas, campanas;
palomas y gorriones se aplacan
con el agua de la noche.
¡Hum! Qué lindo es mirarlo de madrugada.
Qué delicia en sus brazos
ser la pluma encarcelada.
Qué bello es despertar
y pensar inmediatamente
que volverá íntegro
de mi boca roja.
Gracias
Gracias por la sinceridad
de ser un amigo de mis tardes
y decir que no es la misma estrella
la que hoy me mira
con picardía, con envidia.
Quizá te gusten mis huesos,
pero en el horario que firmaste
debes estar con ella.
Sientes que no es amor de mañana
sino un dilema de Pegaso;
hoy tendrás los ojos
como el anciano
que mira un brasier.
Amistad
Maldije tu amistad
cuando vi que no podías cabalgar,
que era muy difícil para ti
separar una carne limpia
de una etílica sociedad.
Y hoy reconozco
que continúo siendo
la misma potranca cerrera
que cometió un pequeño error
con alguien que nunca
será desobediente.
Por eso hoy, y siempre,
maldeciré tu amistad.
Enigma
Quizá yo vuelva a ser feliz.
De lo contrario, aspiro a nadar
como el pez que se vuelve
cuando ya no tiene brillo.
O decida ser un astuto cangrejo
que ignore otra matanza
en la orilla.
Vejez
No miraré al gato enamorado.
No escucharé la paloma de angustia.
Ni desnudaré mi carne blanda.
Ni prestaré mi piel para volver a soñar.
No gritaré al infierno si no lo siento.
Solo podré añorar
un pocillo de hierbas.
Si al levantarme, ya sé
que me vestirán de ángel.
Patria
Se derrite la tarde
si hay un cuerpo de más.
Pero tú no dices nada,
ni siquiera imaginas las banderas
que en otra ocasión te darían color
en una tierra
que ya se pregunta si pronto vendrá.
Paso fino
Falta un minuto
para llegar a la hora más tonta;
ahora que la pared es más suicida,
inocente y a la vez dura,
no te volveré a imaginar,
y me colgaré otra flor
en el monte de Venus
sin dejar que pase otra tarde;
será otra tarde
sin sentirme culpable
al verlo pasar,
sin abrazar el paso de tu hora
ni de la hora mía.
¡Que viva la infidelidad!
¡Ah! luna que me estás mirando
siempre de aceitosa piel,
desde un caballo negro
murmura sarcástica
que jamás te pude ser fiel.
Pero tú lo sabes lunita.
Yo nunca poseí esa virtud,
mucho menos hoy
cuando las violetas pequeñas
se juntan mudamente
con los caracolitos ciegos
que salen corriendo del río
perseguidos por inocentes,
para meterse como hojas largas
en mi verde corazón que se derrama;
mientras tanto, yo sigo gritando:
¡Ah, que viva la infidelidad!
Rumores
No logro entender,
estoy sentada
en el quicio de la ventana caoba;
sus peldaños son de barro.
Oigo mi nombre por todos lados;
repito, no logro entender qué pasa.
Ni puedo ni debo pensar en los humanos.
Debo sumergirme completa en el mar,
no salir más y vivir allí con las medusas,
pececillos, corales,
o morir como las plantas marinas
rodeada siempre de caracoles.
Estoy triste; me iré por la callejuela que de aquí diviso.
Caminaré calle arriba, seguramente encontraré una flor,
una cayena, un fresco lirio.
Creo que si me tocasen me tornaría polvo. Polvo azul.
Así terminamos las mariposas.
Ciruelas maduras
Existe qué diferencia grande
cuando la ciruela espera
a que el sol la madure.
Pero su piel flácida y fogosa también
(¡vaya qué lío!) se olvidó de besar la mía.
Agradezco pertinazmente
mi comportamiento de ingenua
al cerrar las ventanas del deseo;
claro, presiento un cambio raro
de esa cayena en el mar.
Es algo que duele tan hondo.
Por eso no dejaré de ser para él
una tímida de otoño.
La autora:
Clemencia Tariffa nace en Codazzi, Colombia, en 1957. A sus ocho años fue traída por su madre a vivir al puerto de Santa Marta. Juan Carlos Vives Menotti le publicó en 1987 su libro El ojo de la noche, libro de precioso corte erótico difícilmente superable en nuestro país. Obtuvo en 1994 el Premio Latinoamericano de Poesía Koeyú (Caracas) y el Premio de Poesía del Instituto de Cultura del Cesar.
___________________________
© Clemencia Tariffa
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 27
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2006
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS
FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
El URL de este documento es:
http://casadeasterion.homestead.com/v7n27cuartel.html