Editorial:
Alexis Zapata,
el griot de las historias del Sinú
Manuel Guillermo Ortega
(Guillermo Tedio)
Universidad del Atlántico
Como lo fue su tío Manuel Zapata Olivella, Alexis Zapata es un narrador sembrado y centrado en su tierra, las comarcas del río Sinú. En estas Historias de sordomudos, hermoso título para relatos de personajes que no han tenido voz escrita, se siente el olor salvaje de la tierra, el polvo untuoso de los caminos, la risa de la bruja encaramada en las frondas, el cascoteo de los ganados empujados por el ronco canto de los arrieros, las fichas del dominó de dos hombres jugándose una mujer. Pero no son historias de meras anécdotas sino construcciones estéticas de un lenguaje que busca trascender, expresando con hondura, el paso inequívoco de la muerte y al mismo tiempo la certeza de la vida. El autor logra crear unos relatos en los que bajo la punta del iceberg, el lector encuentra una enorme masa de sentidos y significaciones sobre las alturas y miserias de la condición humana.
En este libro (aún inédito), como en su novela anterior, El tallador de santos, Zapata suelta los imaginarios y las narraciones de esta tierra dura y a la vez tierna del Sinú, sobre todo de Montería. Son relatos que tienen una andadura de oralidad y tradición, y que ahora, escritos, se convierten en oralitura. Como sabemos, en la Región Caribe, sobre todo en las vegas del Sinú, la tradición oral manifiesta una axial importancia. Estos han sido territorios abandonados de la letra escrita, la escuela y la instrucción que, antes que liberar con su capacidad para transmitir y conservar el conocimiento, fueron un instrumento de dominación de las minorías, como ocurrió con las escrituras notariales, utilizadas ladinamente para arrebatarles las tierras a los indígenas y campesinos.
Alexis Zapata, con ese tono reposado del hombre que ha ido madurando con las voces y los silencios de sus desvelos por la búsqueda y expresión de su mundo terrígeno, decide, como el antiguo griot africano, contar un manojo de catorce historias que corrían el riesgo de perderse en el olvido y la desmemoria, de allí que ponga a conversar a sus sordomudos, rescatando con ello una parte de identidad de la vieja Montería, a punto de sucumbir ante los avatares de la bulliciosa e indiferente modernida.