La función del dramaturgo
Tomás Jurado Zabala
Introducción
El presente trabajo tiene como finalidad plantear algunas consideraciones acerca de la Dramaturgia, vista desde la óptica del actor, y para ello tomaremos como punto de partida la pregunta ¿Cuál es el papel del actor en el hecho teatral?
Comencemos por dejar definido, de manera sencilla para luego profundizar en la semántica, que en esta primera parte entenderemos que el dramaturgo es el autor del texto dramático, el actor es quien lo representa, y el director es quien organiza la forma estética de presentar el espectáculo ante el público. Igualmente tomemos en consideración la referencia de algunos autores, Ricardo Wagner [1], por ejemplo, cuando se refiere a la tríada teatral, autor-actor-espectadores, como la base del acontecimiento dramático. Es decir, se entiende que si no se cumpliera esta condición, el teatro, por definición, no se cumpliría. De la misma manera trabajaremos sobre la premisa de la no supremacía del texto: "[...] el texto escrito es sólo una parte de la síntesis teatral, es algo muerto hasta que revive en el espectáculo. [...]. Esto Último confirma que no existe la supremacía del texto escrito en la formación de la síntesis teatral. El teatro no es un género literario, es más que eso: la compleja síntesis teatral se da como un procedimiento comunitario, como una acción social." [2]
Veremos, entonces, al actor como una síntesis final del texto.
Pavís nos refiere la dificultad de registrar signos apenas perceptibles como determinadas entonaciones, miradas, gestos, contenidos, etc. En ese sentido Pavís usa el término "energía", concretamente la energía que desprende un actor con su presencia y movimiento. Hay que leer el cuerpo del actor —dice Pavis— como leemos el del bailarín. Por tanto, esa vectorización del deseo no está sólo presente en el espectador, sino también en el actor. De hecho, y he aquí lo que nos llama la atención en cuanto a su significación, que todo el método de Pavis se mueve esencialmente entre el actor y el espectador. [3]
Desarrollo:
Dramaturgia
Iniciemos con la pregunta que se hizo Jorge Dubatti, acerca de, si en el teatro sólo escribe el autor, y que la respuesta fue invariablemente, que no. Que existen diferentes sujetos creadores, de donde se desprende que hay una dramaturgia del autor, dramaturgia del director, dramaturgia del actor, dramaturgia grupal, e inclusive una dramaturgia que resulta de la fusión de las anteriores.
Se rompe, pues, ese paradigma que durante muchos siglos se tuvo como cierto acerca del valor casi absoluto del texto teatral. El teatro entonces se concebía encasillado en el lenguaje referido por el autor teatral, sin ver más allá, o cuando mucho se alargaba por la propuesta aristotélica de que "la realidad no se expresa sólo por conceptos, sino también por 'representación' o mímesis." [4]
El doctor José Ramón Alcántara Mejía, en su libro Teatralidad y Cultura: hacia una est/ética de la representación, ahonda en el análisis de la poética aristotélica, de cuyo texto se desprende que Aristóteles, desde entonces, ya nos daba por definición que la dramaturgia era algo más que literatura.
"[...] Ahora bien, según Aristóteles, tanto los poetas líricos como los poetas épicos también intentan representar acciones humanas, pero éstos lo hacen empleando solamente el material lingüístico, por lo que podemos decir que apelan a la imaginación sensible sólo a través de las estructuras lingüísticas, incluyendo, por supuesto, su dimensión sonora. El poeta dramático, en cambio, emplea el lenguaje solamente en un sentido transitivo, como una extensión de lo que realmente intenta hacer: Representar acciones. Así que el objetivo final está relacionado con el acto de «contemplar» tales acciones (y de allí «teatro» como corolario de «drama») y, a través de la contemplación, «comprender» lo que tales acciones constituyen. El hecho de que la contemplación del fenómeno dramático requiera de espectadores para su realización implica que, a diferencia de las demás artes, el teatro es una actividad esencialmente comunitaria. [...]. El teatro se dirige no sólo a crear un espectáculo visual u oral, sino a conmover al espectador en toda su dimensión humana, incluyendo la corporal, pues la relación teatro-audiencia es siempre corporal." [5]
Tenemos entonces que para Aristóteles "la representación" estaba estructurada en dos partes: el Qué y el Cómo.
El qué era el drama en sí, formado por el mythos, es decir, el entramado verbal, la forma en que está contada la historia, lo que trata. El ethos, que es un poco como el carácter del personaje, lo que pone de manifiesto la elección responsable del héroe trágico, la responsabilidad de lo actuado asumido con conciencia; en definitiva es una forma de moverse en la vida y tomar una decisión en el entramado; y la dianoia, que viene siendo esa claridad de razón que nos llega de repente.
En tanto el cómo, era el teatro, la contemplación. Para Aristóteles era el lexis, o sea el sistema de signos que expresan algo, entendiéndolo en toda su dimensión, desde el argumento literario hasta lo corporal o gestual. La melopeia, o sea el ritmo, los compuestos del tiempo en el entramado; y el opsis, entendido éste como el espectáculo en sí, el espacio escénico, la maquinaria, luces, escenografías, sonidos, etc.
Vemos entonces, cómo la afirmación del argentino Jorge Dubatti, acerca del concepto de dramaturgia y el funcionamiento de los diferentes estadios teatrales no hacen sino apuntalar lo expresado por Aristóteles. El teatro no es un hecho absoluto y homogéneo, sino una diversidad de poéticas asumidas por autores, actores y directores.
Dubatti es enfático al declarar que el concepto de dramaturgo ya no es el de la persona que trabaja en su escritorio y lleva el texto al director. "Ya no existe la dramaturgia puramente literaria: todo texto es atravesado por el principio de la virtualidad escénica".
Dramaturgia del autor
A la luz de lo visto en párrafos precedentes, se hace contraproducente hablar de una dramaturgia concebida sólo como texto, obviando la teatralidad y sus diferentes significaciones. Nos encontramos con que el texto teatral asume unas características propias que lo alejan de ser un texto con validez por sí mismo, cuestión que lo hace totalmente diferente de la poesía y de la novela. El dramaturgo crea la obra "literaria" para ser interpretada por el actor, independientemente de que sea o no representada. Una vez creada la obra teatral el autor pasa a un segundo plano, cediendo la voz a sus personajes, que deberán ser interpretados por actores, que vuelven a asumir el gran rol dentro del hecho y del acontecimiento teatral.
Dramaturgia del director
Vamos a entender por dramaturgia del director aquélla que es creada por éste una vez que analiza un texto teatral, o después de su representación. Sabemos que el papel del director estriba fundamentalmente en generar las condiciones necesarias para darle forma al acontecimiento teatral, organizar el discurso de puesta en escena, investigar, visualizar en su imaginario el desarrollo de la acción, es decir que, por su propia responsabilidad, se transforma en un creador, en un ente generador de la dramaturgia del espacio y en consecuencia un engranaje fundamental en la trama significante y en el discurso teatral.
La profesión de director es relativamente nueva, casi se enmarca en el siglo XX. En tiempos pretéritos eran los escritores quienes daban las pautas para la escenificación de sus obras. Tenemos como ejemplo a los clásicos griegos, Shakespeare, Moliere, autores y actores. Se ha señalado que la causa más citada de la creación del rol de Director es el naturalismo de fines del siglo XIX. No es casual que André Antoine, que, más allá de su trabajo actoral, fue uno de los introductores de la figura del régisseur en Francia, fuera un activo participante del grupo de escritores que se nucleaba en tomo a Émile Zola. La visión intimista de Chejov fue uno de los factores del surgimiento de Stanislawsky, quien a través de su conocida teoría del actor, dejaría asentada definitivamente la idea de la necesidad de un director.
Para redondear un poco la idea del director como dramaturgo, veamos de soslayo la concepción del llamado ‘dramaturg' o su equivalente en español "dramaturgista" que es una figura dentro de la creación dramática que viene asumiendo un rol de significación capital dentro del proceso teatral. Por eso al hablar de dramaturgia del director, igualmente se habla de dramaturgia del dramaturgista, lo cual hasta cierto punto amenaza con hacer desaparecer la figura del director. Dentro de toda esta terminología confusa resulta complejo dar una definición precisa del término. "El Dramaturgista es la conciencia crítica y artística del teatro". ¿Y eso qué nos dice? Se sabe que los dramaturgistas son "facilitadores": "facilitan" sencillamente el éxito de la puesta en escena o de la escritura de una obra nueva, haciendo "arreglos", "adaptaciones", "versiones", "traducciones", o incluso "escribir por encargo". El semiólogo francés Patrice Pavis, lo designa como un consejero literario y teatral de una compañía, un director de escena o responsable de la preparación del espectáculo que determina el sentido de la puesta en escena de una obra.
Nada de esto es nuevo, como sabemos, lo .nuevo es el interés que se ha despertado entre la gente de teatro por la polisemia que adopta el término dramaturgia.
Dramaturgia del actor
Con todo lo comentado hasta ahora podemos ir redondeando una idea final basada en la significación y trascendencia del actor dentro del fenómeno dramatúrgico.
Observamos desde diversas perspectivas cómo Grotowski y Barba lo ubican nuevamente en el centro de la atención como los más directos responsables del hecho teatral. Puede haber teatro sin escenografía; puede haber teatro sin luces; puede haber teatro sin texto dramático; pero no puede haber teatro sin actores, decía el polaco. También puede haber teatro sin directores, decimos nosotros.
En el mismo sentido ha hablado el maestro Eugenio Barba, cuando en Venezuela, en un taller de dirección realizado en el año 2002, al referirse a la dramaturgia como lo entendíamos entonces, expresaba que el texto no es sencillamente lo que está escrito, o lo que oímos hablado, sino un entramado, un entretejido. Es por ello —nos decía— que en toda actuación hay texto.
Esto hecha por tierra las otras singularidades, pero se mantiene la idea y el significado de triada teatral, si entendemos que el mensaje indistintamente de que sea gestual, se convierte en texto.
Concebimos entonces la dramaturgia del actor como fundamental.
"El crítico teatral por excelencia es el actor", dijo alguien por ahí.
El actor pone en evidencia las potencialidades de significado en una obra, porque la verdadera hermenéutica del teatro es la representación. Y he aquí que se nos presenta otra nueva visión de dramaturgia: el espectador, que resulta ser el último creador del hecho escénico. Sin espectador no hay espectáculo. Él, al final, es quien completa y da sentido al espectáculo, él forma una nueva dramaturgia a través de la percepción de lo que ha visto y de lo que ha completado con su imaginación. Él forma el discurso final. Él es el testigo más inmediato de lo narrado en escena. Eso es lo que vale para el acontecimiento teatral, pues, el espectáculo solamente tiene sentido si, de alguna manera, es capaz de inventar una realidad en comunión con el espectador.
Artaud decía: "[...]. Esta idea de la supremacía de la palabra en el teatro está tan arraigada en nosotros, y hasta tal punto nos parece el teatro mero reflejo material del texto, que todo lo que en el teatro excede del texto y no está estrictamente condicionado por él nos parece que pertenece al dominio de la puesta en escena, que consideramos muy inferior al texto. [...]. En el teatro occidental la palabra se emplea para expresar conflictos psicológicos particulares, la realidad cotidiana de la vida. El lenguaje hablado expresa fácilmente esos conflictos [...]. Pero por su misma naturaleza, estos conflictos morales no necesitan en absoluto de la escena para resolverse. [...]. El dominio del teatro, hay que decirlo, no es psicológico, sino plástico y físico." [6]
Una percepción más completa la percibimos en estas palabras de Jerzy Grotowski donde refiere la relación del texto con el hecho teatral:
"Los actores y yo nos enfrentamos al texto; no es posible expresar lo objetivo en el texto, y de hecho sólo aquellos textos realmente malos nos dan una sola posibilidad de interpretación. Las obras maestras representan una especie de rompecabezas para nosotros". [ ... ] "En el teatro, si usted quiere, el texto tiene la misma función que el mito tuvo para el poeta de los tiempos antiguos." [7]
Esto nos trae a considerar la dramaturgia de los actores vista desde la experiencia de la "creación colectiva" en la Commedia dell' Arte, aparecida en Italia, a mitad del siglo XVI, y que, sin lugar a dudas, se estableció históricamente como un teatro de actores que creaban en comunión con el público a través de un guion preestablecido donde los actores, que además tenían habilidades de acróbatas, magos, prestidigitadores, equilibristas, cantantes y gimnastas, iban desarrollando y complementándolos con parlamentos improvisados, de acuerdo a las situaciones que se iban dando en escena. Una dramaturgia en toda la expresión de la palabra.
"Si los cómicos dell' Arte fueron improvisadores, en parte y del modo que se ha explicado, esto no significa que fueran cómicos improvisados, más bien significa precisamente, lo contrario: fueron los primeros cómicos convertidos en expertos en el arte, por una preparación larga y regular, transmitida a menudo de padre a hijo. Aquí estuvo el secreto por el que pudieron, durante siglos, dar cuerpo a las sombras." [8]
Conclusión
Podemos concluir señalando que la escritura teatral lo que está poniendo en juego es, en sentido amplio, el concepto de dramaturgia. La noción que hasta hace poco tiempo teníamos de escritura dramática se atomiza en una pluralidad de posibilidades. Hay cambios sustanciales, lo que entendíamos como una obra teatral sigue formando parte del proceso, pero no es el teatro, no es el resultante final llamado espectáculo.
Ya no es sólo el escritor, el autor teatral. La tarea de una dramaturgia que quiera ponerse a la altura de esa literatura no es sólo responsabilidad de unos escritores de teatro. Es responsabilidad del teatro todo y, fundamentalmente, es tarea de los actores; y he aquí que comenzamos a darle forma a nuestra premisa acerca de la trascendencia capital de la dramaturgia del actor.
Esto sólo es posible si el actor deja de ser el simple histrión y se convierte de hecho en creador del discurso teatral en comunión con los espectadores. Sería como la reafirmación de la idea de Antonin Artaud en su Teatro de la crueldad. El actor jugando con un discurso susceptible de ser transformado, un discurso no representado sino presentado en la escena, un alejamiento de la literatura para dar paso a la teatralidad.
Aceptamos entonces que el enunciado del texto teatral, si bien tiene significación, no tiene sentido hasta tanto no nos lo dice el actor. Adquiere sentido solamente en el momento en que se convierte en discurso rodeado de las diferentes situaciones conflictivas y mensajes semióticos que engloba. Y de eso responde el actor.
Como corolario final podemos decir que si hemos de concebir un "crítico teatral" ése tiene que ser el actor, ya que es él quien prueba y realiza las potencialidades de significado en una obra. La verdadera hermenéutica del teatro es la representación, ya lo hemos dicho. Es responsabilidad del actor.
Notas:
1. Fernando Wagner. Teoría y técnica teatral. Editorial Labor, España, 1974.
2. Ana Cecilia Alatorre. Análisis del drama. Grupo Editorial Gaceta, México, 1994.
3. El análisis de los espectáculos de Patrice Pavis. Paidós Comunicación N° 121, Barcelona, 2000.
4. Aristóteles, Poética.
5. José Ramón Alcántara Mejía. Teatralidad y Cultura: Hacia una est/ética de la representación. Universidad Iberoamericana, México, 2002.
6. Antonin Artaud. El teatro y su doble. Edhasa, 1978.
7. Jerzy Grotowski. Hacia un teatro pobre. Siglo XXI Editores, 1970.
8. Silvio D'Amico. Historia del Teatro Dramático. Manuales UTHEA, México, 1961.
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© Tomás Jurado Zabala
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 27
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2006
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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