El mundo es un pesebre imaginario
y otros cuentos
Mario Meléndez
Cuentos del libro Vuelo subterráneo.
El mundo es un pesebre imaginario, y más abajo, en los prostíbulos, Los Reyes Magos sintonizan la señal y se levantan de sus lechos carcomidos por ardientes doncellas. Rápidamente se visten con sus jeans y sus botas vaqueras, y en modernos deportivos (léase camellos), acompañan el brillo de la estrella, que más bien es un satélite guiñándoles el ojo. Junto a ellos van los otros, Los Reyes de la Noche; apostadores, cafiches, hípicos, suicidas, borrachos, travestis, todos acompañan al cortejo, todos quieren ver al Elegido. Y cantan y bailan y beben al ritmo de Aznavour y de Sinatra. Algunos van quedando en el camino, ahogados en su propio delirio, en su cariño al olvido. Otros ya repletan el lugar, y se les ve contentos y emocionados. Pero no están solos según la profecía, CNN con su enorme maquinaria controla las acciones, mientras propaga en vivo y para todo el mundo el ansiado acontecimiento. Vamos con nuestros auspiciadores, repite el hombre tras el micrófono. Entonces vemos y escuchamos lo de siempre: Tome Coca-cola, Use crema Dove, Lleve su cajita feliz Mc Donalds; Herodes no se atreverá con tanta gente, murmura alguien a lo lejos. Peluches del Mesías pa los regalones, poleras, afiches, calcomanías, oro, incienso, mirra, llaveros bendecidos le tenemos. De pronto el día se oscurece, un niño llora entre el gentío. Es la locura. Y todos gritan y corren y se atropellan. Denme más luz. Cuidado con los cables. Estamos al aire. Tómalo de cuerpo entero. Y en el clímax del gran espectáculo (léase centro del pesebre), Cristo, el Elegido, bebe leche cultivada y reparte autógrafos.
Persona no grata
Mientras Dios andaba de viaje, los ángeles me arrendaron el paraíso, y yo no hice otra cosa que invitar a mis amigos y en cuestión de minutos una fiesta de proporciones estallaba por todo el vecindario. Cuando Dios llegó de amanecida algunos ángeles borrachos todavía se arrastraban bajo las mesas y el olor a cigarrillo perfumaba las cortinas y las sábanas dobladas en el closet. No tuve nada que decir en mi defensa, sólo escuchar las quejas de Dios y los castigos contemplados para aquella tontería. Por regar con cerveza los jardines. Por pintar en los muros consignas en contra de la Iglesia y de unos cuantos sacerdotes fascistas. Por ocupar el lecho del Santísimo no para dormir en paz precisamente y orinar las estatuas de los apóstoles. Por corromper a los ángeles menores y hacerlos devotos en pasiones humanas y en leyes ajenas a su naturaleza. Por bailar desnudo en los altares con mujeres que no buscaban su redención ni cuento semejante. Por malgastar el agua bendita en oscuros rituales o simplemente beberla para calmar la resaca. Por contar chistes obscenos referidos al Hijo del Padre o a sucesos acaecidos en el Antiguo Testamento. Por estos hechos y por otros, que hasta los cuervos escucharían sin dejar de ruborizarse. Por estos hechos y por otros, repito, fui arrojado al Purgatorio de una sola cachetada. Y dudo mucho conseguir pasaporte al Infierno. Yo creo que hasta al mismo Demonio le ha dado jaqueca al pedir mis antecedentes.
Han vuelto los tambores
A Nelson Mandela.
Hay que ayudar a Tarzán a reconstruir la selva. Los animales también aportarán lo suyo, y un día no muy lejano veremos al mono feliz, colgado del árbol más hermoso, como en las tardes inolvidables del cine y las revistas animadas. Qué tiempos aquellos. Los elefantes estaban seguros que vivirían cien años y el cocodrilo soñaba con ser el malo de la película. Pero el hombre llegó con una industria bajo el brazo, llegó derribando montañas, llegó a silenciar las cascadas, a derramar esquirlas y muerte al paraíso sagrado de las moscas, avanzó con su tenaza cortando, hiriendo, acorralando, se abrió paso entre el follaje dejando la suave marca del acero y la sonrisa de la pólvora; hizo camino de las flores, se aprovechó de la semilla, de la piedra, de la rama, rapó la mejilla del indio e instaló su reino aguas arriba, donde la luna de vez en cuando bajaba a beber y a conversar con las cenizas. Todo se convirtió en ciudad o campo ajeno, todo se lo llevó el cemento. Y aparecieron razas nuevas y nuevas enfermedades, nuevas miserias que venían de rincones poderosos, con mucha sangre y páginas de odio, con muchos rifles y cadenas recién pintadas. Tarzán entonces trató de hablar y fue acusado de herejía y declarado enemigo de Su Majestad y de los piojos de La Corona. A Jane le sucedió algo parecido, y debió correr a casa de su madre y esconderse bajo la cama para no ser encontrada. Del grueso de los animales nunca más se supo. Cuentan las malas lenguas cómo la fiera luchó en vano durante siglos, y los pocos ejemplares sobrevivientes tuvieron que huir muy lejos y así evitar el exterminio. El resto no corrió la misma suerte, cayeron en la trampa del marfil y del colmillo traicionero. Por otro lado el negro cambió de color y fue más claro hasta hacerse irreconocible. Otros se mantuvieron intactos, pero el destino los durmió en un sueño amargo, los sedujo en una feria de alacranes y acabó por retorcerse en cada uno de sus labios. Al tigre se le cayeron las muelas, el agua pensó en envejecer, la víbora nadó en su propio veneno, el ciervo y la polilla sólo deseaban la muerte. Y una mañana un grito sacudió la selva, se propagó hasta confundir la tierra, hasta pelar las tripas del más crudo de los chacales. Era Tarzán quien regresaba, Tarzán desde la liana de los años, Tarzán entre las canas de una jaula, venía para quedarse, venía cuchillo en mano a liberar las ataduras, a castigar los torsos blancos. Y ellos tuvieron que retroceder, tuvieron que tragarse sus propias pisadas, tuvieron que guardar sus trofeos, sus pieles, sus fotografías, mientras el cielo contemplaba emocionado y una canción se derramaba en la niebla: “Sonríe, niña, y oye los tambores, porque el sonido de mi llama ensangrentada está más verde y más vivo que nunca; sonríe, niña, sonríe, porque he sembrado en el huerto de mi alma, tu voz morena que florecerá por siempre”.
El sueño de las lanzas
Perdóname, Señor: he nacido esclavo, tendrás que protegerme mientras viva. Algunos no me dejarán tranquilo, no le darán descanso a mi sombra ni una camisa para abrigar mi soledad. Y tú tendrás que ayudarme, cuando me cierren las puertas al revelar mi origen, cuando me caigan a pedradas a la salida del trabajo, cuando me escupan la cara y me levanten de noche para golpearme hasta dejarme sin pulso, y me digan: “Negro, no te queremos. Vuelve a la selva a cazar lagartijas, vuelve a la orilla a vender tus canoas, vuelve a la escarcha a revolcarte con los tuyos. No te queremos. Somos nosotros los elegidos en esta historia. No te queremos. Somos hermosos y valientes y justos. Para nosotros el oro, para ti las cadenas. Para nosotros el trigo, para ti la maleza. Para nosotros las palabras, para ti los sonidos, los gestos y las lágrimas. No te queremos, regresa”. Pero yo no me iré, Señor, y mostraré mis llagas, y estaré orgulloso de mis llagas, y cantaré y bailaré y moriré por los míos, y por ellos seré pasto, piedra, camino, océano, por ellos seré árbol encadenado a la tierra, por ellos me levantaré del barro hasta ser bandera, me abrazaré a la sangre de mis antepasados, ellos me seguirán con sus tambores, ellos me prestarán sus cuchillos y sus flechas, ellos rezarán por mí y por los que vienen detrás de mí. Y cuando mi alma desfallezca y mis manos desfallezcan y mis huesos desfallezcan, ellos me levantarán de nuevo para seguir luchando. Y yo veré la luz a pesar de las heridas, y a pesar de los rencores florecerán los sueños, y mis pasos poco a poco visitarán los mercados, mis manos recorrerán el pelaje de las panaderías, mis ojos aprenderán a ver otros ojos, mi voz se fundirá con otras voces, mis palabras serán escuchadas y yo escucharé otras palabras. Y ya no habrá ira ni llanto, ya no habrá miedo ni olvido, y nuestro pueblo será uno más entre los pueblos de la tierra, nuestra raza propagará su canto como una semilla, y tú, Señor, de memoria, cantarás con nosotros.
El autor:
Mario Meléndez (Linares, Chile, 1971). Estudió Periodismo y Comunicación Social. Entre sus libros figuran: Autocultura y juicio (con prólogo del Premio Nacional de Literatura, Roque Esteban Scarpa), Apuntes para una leyenda y Vuelo subterráneo. En 1993 obtiene el Premio Municipal de Literatura en el Bicentenario de Linares. Sus poemas aparecen en diversas revistas de literatura hispanoamericana y en antologías nacionales y extranjeras. Ha sido invitado a numerosos encuentros literarios entre los que destacan el Primer Encuentro Internacional de Amnistía y Solidaridad con el Pueblo, Roma, Italia, 2003, donde es nombrado miembro de honor de la Academia de la Cultura Europea. A comienzos del 2005, es publicado en las prestigiosas revistas Other Voices Poetry y Literati Magazine. Durante el mismo año obtiene el premio “Harvest International" al mejor poema en español otorgado por la University of California Polytechnic, en Estados Unidos. Parte de su obra se encuentra traducida al italiano, inglés, francés, portugués, holandés, alemán, rumano, persa y catalán. Actualmente trabaja en el proyecto “Fiestas del Libro Itinerante”.
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© Mario Meléndez
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 27
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2006
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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