Entre la noche y el día
Mario Quiroga Fernández
(Escritor cubano)
De la noche al día, en la silenciosa espera del amanecer, entre luces de fantasmas, aumentaban las soluciones; cada minuto sumaba nuevas señales de esperanzas, las brisas que llegaban del mar traían noticias frescas. En su casita apagada, pudo apreciar al tacto cómo su barba había vuelto a crecer, cada segundo era una espina más. Detener el tiempo, volver atrás, era tan imposible como comenzar una bella obra de arte y no tener los materiales para terminarla.
Su matrimonio se convertía en la famosa muralla china, se hallaba solo, sentía el mundo en contra, apenas las sombras acudían en su defensa. A cada instante sentía el frío acero de los labios de su esposa, que reclamaba su derecho y venía en busca de sus tesoros, a cualquier precio, en busca de la pasión y el calor del hombre que en una ocasión le dijo: “Te amo, ¿serás mía?” Muchas heridas no podrían cerrarse y esta idea invadía su pensamiento.
¿Cómo decirle “Todo es mentira, me equivoqué aquel día, a muchos nos pasa alguna vez”? Era hora de detener esa infamia y nada podría justificar la crueldad de seguir representando la farsa. ¿Cómo decir “te quiero”, sin sentirlo siquiera? Al menos, darse cuenta de en quién se había convertido, era el comienzo para reparar lo que creyó irreparable.
Decidido, tomó papel y pluma.
Querida esposa:
En estas líneas te mando un reto, para los dos. Hoy día, reflexionando, supe que te aprecio y valoro más de lo que pensé, lo cual te hace merecedora de mi sinceridad.
Al descubrir mi alma vacía, supe que me engañé, y solo logro salvarte diciéndote lo mucho que siento fallar una vez más. No mereces a un hombre como yo; confesándote mis pesares, alguna vez lo entenderás.
Antes de que el tiempo no perdone, quisiera confesarte que mi amor por ti no es real. Disfruté bellos momentos, tratando de creer que me había enamorado, sin embargo, aquí, desnudo, sintiendo el frío, solo veo un hombre que perdió su esencia.
Termino así mis sueños y aprendo el castigo que queda tras no amar; los golpes de la vida me dejaron como herencia una mezcla de sosiego y crueldad. Tú no serás el blanco.
Tengo que detener la locura en que vivo, no te pido que me entiendas, sólo que me aborrezcas por ser quien soy y no el que soñaste en las noches de espera.
Hoy me arrodillé ante Dios, pidiendo sus consejos y escuché en mi oído la frase: “No tiene remedio si no es con la verdad”.
Te recordaré con cariño y guardaré tus cartas, para leerte un día. Los gatos, los libros y las aves serán mi compañía.
Demos gracias porque pude sacarte de estas redes de muerte que llevo conmigo; sé fuerte y prudente, no cambies o reinterpretes mis palabras, son claras y transparentes.
Nunca sabré querer a nadie más que a mí. El daño que te hice será castigado, las penas que merezco no alcanzan para los días que me queden por vivir; no hay castigo mayor que lo que estoy sintiendo hoy.
Perdóname por haber transformado tus sueños en una pesadilla. No guardes mis cartas, ni la fotos. Arrójalas al río y deja allí tus lágrimas, como si limpiaras tu cuerpo de una enfermedad sin cura.
Me despido y sólo en el silencio quiero tener tu respuesta.
Saludos, no de tu esposo, ni tu amigo, sino de un hombre que no merece un calificativo.
_______________________________________
© Mario Quiroga Fernández
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 27
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2006
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
El URL de este documento es:
http://casadeasterion.homestead.com/v7n27noche.html