De la acera y sus aceros
Leo Castillo
CASTILLO, Leo. De la acera y sus aceros.
Barranquilla, Ediciones La Casa de Asterión, 2008, ISSN: 0124-9282.
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Desnuda
En el azul terciopelo nocturno
joya de luz, flota
luna.
Pulse prodigiosa, lenta
la delicada caricia imposible
de cada célula la entraña extasiada tu fuerza
luna.
Algo dirá
que más allá de las noches en la Noche
nos volvemos a encontrar.
De reojo el ojo indigno
no se atreve
luna
a intentar la contemplación cabal
de la inagotable belleza:
la experiencia con la muerte cuando
tal vez —dices— a ver no nos volveremos
luna.
Paloma
Bella
la arisca elegancia de tu cuello al andar
y la percusión
de tu vuelo tornasolado
amor en mi corazón
paloma.
Brisa
Acaba de llegar
como cada Navidad sola
a mis sentidos el suave obsequio
del norte los alisios.
Beso
de música en la piel
fresca hasta el alma
tu lanza leve errante amor.
Me voy vengo en el remolino de tus hebras
¡vean!
el árbol ebrio se desprende
de su madura hoja en danza:
¡brisa de Barranquilla!
Corazón avestruz
Yo
que mi cabeza escondo en un fino grano de sombras
que me quedo a solas y arrasado
ante fantásticas génesis de fuegos fatuos
que me profano en tu mirada rectilínea
que tiemblo y huyo el rostro
que me escondo entre mis manos
que no revelo la imagen fascinada
que ofrezco poseído de cierta cruel belleza
escondo mi cabeza.
Indecible
Ilusorio el propósito
trampa que ahueco y te intenta en cueros
calzados con los mismo zapatos de tomar la calle de ayer
mis dedos de avanzar casi un paso
profano el esfuerzo
describo en torno tuyo con escrúpulos un cerco
secreto Rosa Helena, es tu nombre.
Del brillo del huevo de la tormenta
suelta indiferencia y destello del árbol azul
que todo verde en el fondo provee
eres el revuelo desprendido de las hojas arremolinadas
en el vórtice del turbión
de uno que camina entre sus brazos desvencijados
péndulos rematados en dos manos vacías, prófugas
de tales cuales maneras y modos
socialmente su estremecimiento desplazando
hacia la fisura entre cielo y tierra, por allí se precipita
en la música Rosa Helena, es tu nombre.
Resbaladiza castidad en los estambres que curva la intuición
cultivada tus dedos
en cauteloso desvelo jaqueado
por el potente generador silenciosamente oculto de tu ser sutil
de una fuga Rosa Helena, es tu nombre.
Sincrónicamente contigo circulo en los ductos del día, hermética, rápida
prodigiosa puñalada póstuma me propina
el cadáver de algún desestimado enemigo
aullido en las profundidades del vacío
de noche Rosa Helena, es tu nombre.
Suspendido dedo en el centro del aire
señalando lo solo sin asidero
dolor, drenas los congestionados nervios
de la doméstica maquinal de pudrirme entre estos fantasmas
sonrisa lila de un ahogado dulce
asombro Rosa Helena, es tu nombre.
Sin embargo tu tal vez surtido de melodía
sugerida yerba en el viento, propicios
hora y lugar
hostilidad , ya no más
áspid antiguo, envenenando desierto adentro emboscado
en frescura borboteante,
agua que eres, tú de las aguas flor
de lágrima enamorada Rosa Helena, es tu nombre.
Para definirte astas de luna
hostia rota
me sotano en oficio erecto y hierático
desenvuelto en la malicia de escatimar excusas
toda penitencia carga mi hombro
entre mis propias manos tembloroso de sospechas me recojes
desvío mis ojos de todo fin
y columpiado en la cuerda floja
del alambre de plata para degollar murciélagos
obscuramente, hoz de luna
brújula de loco Rosa Helena, es tu nombre.
Furioso pernocto en cuclillas
ante el arca de las esencias de tu inasibilidad
con la frente inclinada penosamente he viajado
tras el perfume suelto de tu verdad
al servicio de esta misión indeclinable
me atrapo en un raro embrujo
del fatal camino Rosa Helena, es tu imposible nombre.
Empalado en un rayo
Tus dedos tocan tus dedos
tus ojos tus ojos ven
escuchando te escuchas
tu piel siente para ti.
El tajo de luz del medio día
hiende la creación:
la noche de anoche
la noche que vendrá.
Nada tan inmenso como un cocuyo
nada tan leve como el cosmos
a sí mismo sostenido entre tus manos titilando.
Desde el panorámico de los autos la luna
a través del ventanal
se pega al techo a frotarse el vientre.
Bocarriba en la soledad
ella
hacia ti
bocabajo baja.
Te vas
luego
con tres azotes de luz.
Corsario y espejo
La calle se precipita veloz
en mis entrañas.
Desfondado
de ruido y de luz
grávido quedo.
He saqueado de esta calle su noche
y la tristeza inconmensurable
que mi canto canta no lo soy
amigo, yo
yo soy tú
regurgitado abstracto y desnudo
sin la inútil artillería de tu ferocidad
horra de sentido.
Ajenamente azul
Tocar a una puerta impone cómos y cuándos
astucia para amordazar tácticamente la dignidad
una puerta es una cosa rotunda y maciza
que casi no cede a las mondaduras en las roídas rodillas.
Tocar una puerta como salir de caza
con la pólvora mojada de nuestra fe
baba canina resbalada
nuestra mirada.
Toco a tu puerta que mezquina entreabre
climatizada la delgadísima brecha de tu desconfianza
accedo
soy engullido y sin digerir
me vomitas ya fermentado.
Toco en ti la certeza de estar con nadie
doy en la mitad de mi orfandad de la especie
retomo la acerca mía
pateo una lata que resonante rueda
hasta la trampa de la alcantarilla
zampado el puño
en el bolsillo sin fondo
silbo una canción que quiere decir:
“la tarde ajenamente azul”.
El otro huésped
Sobrevino entonces
inmisericorde la estación extraña
golpeando desde abajo
duro y parejo
hasta barrerme de mi segura orilla
hacia adentro
contra las losas del largo
obscuro y solitario pasillo.
A rastras y al fondo
como pude
peldaño tras peldaño
escalé la empinada la estrecha escalera
para acabar en esta azotea abisal
contigua a este solo cielo podado de rosas.
Aquí y ahora
espoleado sin tregua por los perros de la muerte
que me ladran fuerte abajo
intento el equilibrio
en el borde mismo de la azotea abisal
embrutecido de incoar la nostalgia
de lo que no ha sido sino
secuencia desconcertante de espejismos.
Aquí y ahora
son todos mis cuidados
para el otro huésped
y su impaciencia criminal.
Con los ojos que me arden
me queman como brasa viva
lío mi áspero cigarrillo ideal
y acometo la grave tarea:
forjar con el delicado material
de las palabras evasivas
una invención de requiebros
y de reflejos que lo distraigan
que me preserven de la impaciencia criminal del suicida
que me habita despabilado
a mi lado
en esta misma dolida
edificación resonante.
Un paso adelante
Sin los dioses y sin los hombres
allí pasa negra tu sombra, Aram
con esos ojos tuyos entornados
que brillan singularmente heridos
por los reflejos del día espejeante.
Pero tu risa, Aram
no luce ya tu risa que al roce
de las horas volaba
con la fresca mañana.
Tu legítima muerte pasa contigo
presidiendo todo gesto que intentas
con su sello de póstuma perfección.
Siempre venías, Aram
siempre ibas (ya no recordamos bien)
volviendo amigablemente la cabeza.
Aquí se te quería
se te cuidaba
y hasta se te habría podido advertir:
“no des un paso más, Aram
que se te acaba el mundo”.
Pero de nada hubiera valido
igualmente.
Y allí cruza ante todos tu sombra
que pasa y esparce, Aram
un aura de limbo
un paso adelante siempre.
Un paso siempre adelante.
Johnny
Desquiciadas ya
de sus cremalleras las horas
debidamente amortajado el rostro impuro del día
famélico y atormentado entre la sucia
tristeza de la calle
Johnny el demente catapulta su prestigiosa ira
hasta el encandilamiento
tuerce maniáticamente
el mismo callejón
en pos de ese centro perfecto y esquivo
que lo retiene y lo rechaza
y al que nunca acaba de llegar.
Uno que no viene
Cada tanto
en ese alguien que nos sale
sonriente al paso
con oculto júbilo presentimos
al gemelo extraviado aquella tarde sin memoria.
Aderezamos generosamente la mesa
para obsequiar al enviado intuido
en las trazas del recién llegado.
¿No es este por ventura el esperado
el tan pacientemente aguardado para destapar
el íntimo vino de nuestra complicidad?
No. No lo es. ¿Quién pues este farsante
extraño comensal
sentado a nuestra mesa?
Una prolongación gesticulante
de nuestra larga espera que se prolonga.
Se prolonga.
Sugerencia
Cierto que no eres
sino esta masa sola
en el fondo agrio de las horas
con una pesada certeza
de no ser para nada
ni querer para nadie
atento al péndulo de ansiedad
que te escande el aliento.
Cierto que no eres
sino bestia dolida que se retira
indigestada de una cosa que amarga
durante la estación inmóvil y sofocante.
Concedido.
Pero atiende amigo ahora
esta última sugerencia:
ponle algo de música
al golpeteo sordo de tanto pensar
atúrdete
sal y vendimia la luz del crepúsculo
embriágate mi amigo
festeja tu sepelio.
Parte
Mal que bien
Abelardo prosigue
claro
dando tumbos
entre una espesa nube
de insectos a contra luz.
Ocasionalmente
intenta desentumecer algo en el tiempo
organiza sus ruidos y
cuando es posible
enciende un fósforo para no extraviarse.
Uno hasta se conmueve al verlo
enalteciendo su orfandad en la esquina
o intentando el excepcional ministerio
de deshojar pétalo
a pétalo
la intrincada flor de la claridad.
Abelardo el pobre
con su fiebre alta
embota entre la seda metales
se atreve decidido
a diestra y a siniestra
de su alternativa de callejones sin salida.
Debieras verle chocar
la suspendida copa
regalar al que se aleja
con la fragancia de aguacero recordado
de la flor del adiós.
Cuando cierras la puerta
Abelardo entreabre un postigo
intenta confundir al vecino
escamoteándole su sombra
sin lograr por cierto aligerar
el ingrato fardo de la incomprensión.
Abelardo va y viene
de la plaza a su escondrijo
en la obscuridad de la transparencia
sin lograr arrojar por ningún medio
del ojal de su esperanza raída
la flor violeta de ese adiós
que le florece cuando calla.
Réquiem por un insecto
Cuando por fin murió Gregorio
la asistenta voceó la nueva de esta manera:
—¡Ha reventado
ahí lo tienen
lo que se dice reventado!
Gregorio yacía en el piso
entre hilazas, polvo y desperdicio.
Todavía la noche anterior Grete su hermana
hablaba de la apremiante necesidad
de deshacerse de tal carga
de este insecto cuanto antes.
Entre tanto sin fuerzas
y mal herido por la manzana
que se pudre clavada en su espalda
el agonizante Gregorio escuchaba sus palabras.
Al alba
Gregorio entrega el alma
no menos adolorida que su cuerpo inútil
y de tan numerosas patitas
que no logran sin embargo
mantenerlo en pie.
Ha muerto Gregorio
—¡Ha reventado
lo que se dice reventado! —vocea la asistenta
mientras yo cierro mi libro, corro
y aseguro mi puerta
para amordazar a solas un sollozo inminente.
¿Cómo no haber amado
a este inocente monstruo arrinconado?
Los pasajeros
Irrumpen un día
en nuestra zona de riesgo:
—Me llamo Paco Nieto
el inquilino de arriba
y estoy a tus completas órdenes.
—Me llamo Diana
la reina de Bellas Artes
y me gana bailar y enloquecer.
—Soy tu querida María Eugenia
y te quiero
te quiero tanto Leo.
—Me llamo Ricardo, amigo mío
y te convido a fumar
de mi fantástico cigarrillo verde.
—A mi puedes llamarme Susana
pero págame antes mi amor.
Al otro día son espejismo y nostalgia
fantasmas borrosos enredados entre el gentío
que el tiempo hábilmente escamotea
y finalmente devora
con su habitual eficacia.
Gato
Con ganosa impaciencia espero
que la ciudad se vaya a pique
de una vez por todas
en un propicio recogimiento frágil
y casi culpable
apenas pulsado por los grillos del presagio
que se sobresaltan entre mis sienes
al compás de los astros titilantes
para volverme furtivo
y aventurarme humilde y emocionado
a través de los pasajes inéditos
y los más íntimos rincones de la vigilia
al cotidiano y singular encuentro
con la sorpresa eterna
de la noche imaginera.
¡Gato…!
Mujer sin rostro
Con medroso paso de liebre te aproximas
tanteas con yemas sensitivas la tosca pared
roza apenas
mi puerta tu aliento.
Finalmente te retiras
bajas suavemente la honda calle
mientras un remolino
agita las trinitarias a tu paso.
Siempre
mujer que no tienes rostro aquí
te vas sin haber llegado
lo que me indulta del adiós
pero me niega también
la culpa azorada de haberte poseído.
Ovillado a mis pies
Este perro negro y solo en su noche ulula
y me ladra su conversación.
Ovillado negro a mis pies
me conoce sin cómputos ni estadísticas
no piensa nada sobre mí
no me juzga lujurioso por ejemplo
ni me sospecha mezquino
triste o solo
y se me echa a los pies.
Este negro perro solamente
me recuerda al verme
con su efusivo rabo saludante
y me lame generosamente
con la misma lengua de lamerse los gonococos.
Cuando voy de noche al patio
orinando contra las matas
me adivina en la penumbra
sin palabras en su testa horizontal
solo y sin hablarse
fluyendo a su propio paso
hacia una muerte ignorada, inexistente.
Este perro negro que vigila
me olisquea sin destrozarme
con su fiera de dentro
y asumiendo que no represento riegos
me deja pasar
me absuelve
me invita a la amistad.
Susana
Sentada en mis piernas
Susana está desnuda y se levanta
se levanta y danza
al borde del milagro desafiante
y coquetea ante el abismo.
Susana acciona el aparato de vídeo
para que veamos pornografía
y me deja entrar en ella.
Y me deja así mismo salir de ella.
Susana me da su cuerpo
pero su alma la reserva
para uno que se aleja insensiblemente en ella misma
ignorando
sin acordarse ya incluso.
Susana lleva dentro el eco
del paso de su habitante
y cada tanto lo saluda
con el pañuelo borroso de su sonrisa
y le extiende su ternura rezagada.
Susana destinada a su andén
combada contra la esquina
como un arco iris en la bocacalle
como trampa del cielo
en el centro de la noche.
Susana, la putica bonita de la calle Caldas
festiva mariposa que juega y arde
en el pabilo encendido de cada noche.
Tarde, verano, tucán, golero
Ataviado con el más profuso colorido de sus galas
—verdadero arco iris de plumas—
un doméstico tucán en la flexible rama
su pesada torpeza balancea y exhibe en el laurel.
Más al fondo y más arriba en la tarde
de luto estricto su silueta leve revestida
un golero silba al tajo los más elevados aires
el susurro de su ser en desasida libertad.
La vistosa vanidad su colorido apoya en baja rama
y cada vez más
el ave obscura parece del suelo
retirar su aéreo ser
hasta la cúpula justo del limpio azul
deslizando su gracia y su pena
a través de la vasta nave de la tarde.
Toda su gloria es el vuelo
toda la tarde su capa azul
y las blancas nubes de un suave brillo
una corona en su ceño ciñen.
Y su trono es el viento.
Esfinge
Nada extraño mantengo oculto
salvo un hueco
llaga pública que al sol expuesta
acecinará el fuego que ya está ardiendo.
Yo sólo elaboro pajaritos de papel
que tararean y describen en vuelo
las maldiciones de mi consentimiento
pues maldecir me purifica como una oración
zarpa dentellada al tobillo
herido en la nada me fermento
clavo sangrientos insectos decapitados previamente
en el turbio bestiario de mi memoria.
Anoche he muerto como una rata vieja
en el zócalo de los criminales silenciosos
de rabia babeada
resucito cansado y perdono remotamente
como quien arroja hojas desde una roca saliente de la luna
hacia un cayo ultramarino.
Sordo rugía el arpa de mi corazón
desde el vértigo de la curvatura
de las horas y sus agujeros infernales
voy mordido de bestia
y veneno de indiferencia circula pesadamente en mis venas
cual sombra lenta de pesada nube
me revuelco
son ascuas las yemas de mis dedos, llamean mis ojos
bebo vidrio molido y cago hielo.
Asomados a mi ojo del culo
no verán lo que no digo:
soy una esfinge rellena de vacío
ustedes y la policía por igual están sensiblemente equivocados.
Consideraciones de un viejo lector de diarios
en torno a un caso de antropofagia
—Resulta estimulante para el mundano turismo
y hasta un reto a nuestras agallas
que en Norteamérica un cocinero cualquiera
haya reducido la población gringa
en más de cuarenta ciudadanos;
que se haya burlado cada día de su sigilosa vida
—vivió más de cuarenta y seis electrizantes años—
del aparato policial más sofisticado de la tierra.
Casi una víctima por año vivido
ha cobrado el humilde Gerald Stano a sus compatriotas
merecido con ello la primera plana
del New York Times
de Le Temps de París
y de El Tiempo de Bogotá
como toda una luminaria del espectáculo
un huracán, o las elecciones para presidente:
lo que se dice una verdadera democracia
correctamente entendida y así mismo aplicada.
Mal podría sin impaciencia sufrir el peso
de las Babel de los tiempos , sus torres arrogantes
si al calor de las enormes estufas
si entre los vapores del monstruoso banquetes de los poderosos
no empollara obscuramente en sus cocinas el Imperio
uno de estos sangrientos carniceros
uno de esos brutales genios del desquite —dijo
y pasó a la sección de sociales, felinamente.
Claudicaciones
Como ante la irrupción enorme
de un ruido inquietante
estos hombres agazapados en la resignación
inclinan grave su tristeza arrinconada
a la espera sólo del jaque mate.
Momentos antes, un día, un siglo recordable aún
Vibraban con la música las voces
en los cortinajes del alba que traslucían
contra la luna trasnochada
los ebrios reyes de toda vitalidad.
El decurso de los días
su buen pertrecho de pruebas los ha derribado
y conformado con ellos la escena de tragedia bufa
en que se impone representar sin chistar
este incómodo rol de los perdedores.
Serenata
Mientras el amanecer
trepa el árbol del día toronja
de mi corazón destila
una luz esmeralda
un agua ultramarina
que te extiende un golpe de ola
un aletazo de labios.
Un enemigo natural
Tu profesión zumbona, músico de mi mal
tu agria serenata de una perversa intención
viene y enturbia mi serena amistad con la noche sonora.
Aborrezco el dañino monólogo
de tu sanguinario requiebro
partícula de numerosa avidez
diseminada en cada reducto de la porosa tierra.
¿A cuántos nobles monarcas
turbaste el codiciado sueño
mientras sitiaban la gloria
en la cruda noche ante cristiana?
Tú sorbiste, mosquito bebedor
vino bermejo bajo el pellejo
de más de doce docenas de Sumos Pontífices
chupaste, ladino impune, a Marilyn Monroe
en el lóbulo imposible de su oreja izquierda
lo mismo pinchaste a Mr. Armstrong
primer picado de mosquito
que ha pisado la luna
y al mismo Quevedo malgeniado
irritaste la sorna de su terrible lengua.
Mosquito que pasas a la historia
recordado con universal ojeriza
mero zumbido y traidor aguijón
mosquito fiero
aquí va mi manotazo irritado
contra el martirio de tu pequeñez inacabable.
¿Qué brujo hebreo
qué dios aciago
con esmerada saña te utiliza
para atormentarme como al egipcio?
Al pie de la letra
Yo nací de pie y al primer instante
erecto y descalzo ante la débil mirada
de la madre exhausta giró mi cabezota
parado en el fiel de las agujas meridianas y paralelas
hacia los cuatro puntos cardinales:
crucé la mirada hasta el grado antípoda.
Entonces di ágilmente un, dos, tres mil pasos
equilibrando encima del globo terráqueo
llevé algún número al circo
ya que mis pies habían aferrado al suelo
su fe ciega en la ley de la gravedad
evitando que ellos y yo
nos precipitásemos al horror
del vacío de los cielos.
Mi pie mordió el polvo
lo hirió la filosa roca
se atascó en el lodo del camino
ascendió trabajosamente el declive de la montaña
se soltó por el mundo con su solo instinto.
Mi pie bocabajo y espartano
callada gana libre en los cimientos
de estos ciento ochenta y tres centímetros de vértigo
que el viento arrebata fácilmente del lugar
hacia la remonta línea curva
del abismo a sur y norte
al oriente y al ocaso del camino.
Dura ductilidad la de mi pie viril
en vuelo hacia las fugaces aceras de mi vida inmóvil.
Así que moriré con mis pies en alto
y sueltos ramilletes de emancipación que han sido
pedaleen estrellas y saluden sus recortados dedos
las constelaciones más remotas
que se gasten aromados por el yodo de la brisa del mar:
habrán de sepultarme de cabeza en la playa.
Para la paciencia trajinada y la quijotería andante
de mis pies sin certificaciones honoríficas
por sus perfectos y anónimos servicios
el humilde homenaje de estampar en la memoria
la huella de dos, de una morosa palabra.
Manera de la mano
De lo que es capaz mi mano
es ignorante el Dios mismo que vigila mientras duerme
su eterna siesta con un solo ojo.
Hacedora mano que adelanta en el espacio
su ramaje sensitivo que palpa el viento
saluda lo que vuelve y huye.
Mi mano certera al vuelo en definir
la mano que se levanta a alcanzar mi mano:
mano oferente de Oscar Vergara
el que arrojó su cuerpo contra un autobús
mano inquisitiva la de Edwin Rodríguez
sin respuesta entre mi mano
reposada mano la de Joaco Mattos
de Ricardo De Cuba diligente y desenvuelta la mano
la mano de Henry Stein es adusta y taxativa
mano rota la de Raúl Gómez el roto.
Enciclopédica mano
de la tesitura de los hombres saludantes.
Mañosa talla mi mano
la materia dura de los días
mano que moldea el espacio amorfo
hábil mano que vivisecciona el mundo
me trae los seres o guarda la distancia
me preserva y expresa cabalmente
mano peligrosa
terrible concierto de cinco monjes silenciosos
mano dueña del cosmos
artista mano
sembrada vida en los desiertos del tiempo
emoción que estalla en salva de aplausos
mano que compone muda su plegaria.
Noble mano sin linaje en la noche
fecunda mano original
mano sola.
De una mano voy pendiendo del aire
con esta otra de mí mismo me desprendo.
¡Llueve!
I
¡Alborotada niña de los rizos de plata!
lluvia pianista, cómo vienes y vences
siempre gratis y de nuevo nueva
la magia antigua de tu música
aportando a esta sola orilla de silencio
donde se crispa mi ser
y fresca me sabes a la calle sacar.
Lluvia de los niños jubilosos
del sapo concertino, de las lombrices y de la siembra
lluvia
para tu pública disertación
disponible llevo siempre mi oreja
decididamente a la orden
para tu ocioso reclamo.
II
La lluvia me lava el rostro
cuerpo abajo se lleva la sal de mi piel
y me endulza los labios.
Del olivo se desprende un sonoro revoloteo:
la evidencia verde en el pico
la paloma vuela a proclamar
que el mundo no se fugó con la lluvia.
Como aquel anciano egiptano
vengo de la lluvia con ingenuos ojos
y como él
busco entre las nubes
el bellísimo arco de Dios.
Águila
Anido hacia la parte alta del mundo
junto al puñado de los pocos de mi especie
me place del día su música y su silencio súbito
descuajado de la raíz del trueno.
Vivo para remar en el azul color
de esta región eminente
y sólo me poso en un risco
que es la última antena de la tierra.
Estos parajes son alcanzados por escasas perturbaciones
ocasionalmente
el delgadísimo sonido
del arco creciente de la luna
que tañe el cordaje del crepúsculo.
Potente láser mi pupila
investigo tras las entretelas de la niebla
hasta detectar al cobarde ratón
que se refugia horrorizado
al solo paso de mi sombra aerodinámica.
Sólo puede seguirme el viento
cuando desciendo hendiendo las nubes
hacia la bandeja verde del campo
tras una escogida presa
sobre volando la reverberación de manadas
que pacen en lodazales floridos
que pronto pudrirá el otoño
otoño, perfumería en descomposición.
Aquí el fuego de la estrella de la tarde
es ofrenda votiva
arrimada a la luna de estreno
mas
una que otra vez
mi grito coincide con el deslumbrante rayo
que dispara su ágil dardo de oro
al filo tenso de mis fuertes alas.
¡Águila!
Versos hallados tallados
en cayado prehomérico
camino de Colono
Le Figaro publica en griego y en francés el texto integro de un poema escrito en un antiguo bastón hallado cerca de Colono. Resueltamente atribuido a Edipo, trágico rey de Tebas Hecatómpila, he aquí mi versión literal en castellano (que espero sea la primera), así del titular como del texto de la primicia en el diario francés.
El roble se derrama
en el amplio rubor de la mañana
en un semen alado, blanco y giratorio
que vuela a chupar humus
a renacer en verdor, remanso y música de viento.
El sensual roble tiembla
sofocado por el fuego del sol
entre su follaje festoneado de lila
gime
el erecto tallo vibra
y hunde la ávida raíz
en la entraña de la madre profunda
que de sal es
y de jugosas aguas
entregada plena bajo su cobija de hierba.
Estimula, ¡ea, Eolo!, auriga del viento
su firme tallo
besa cada labio lila
de su multiplicada boca florecida
que se venga el roble
en libélulas blancas
sobre el rizado pubis
de su madre la tierra.
Trae, Musa,
el roble a mi canción.
La indiferencia
El culo en tierra
delirante mendigo un escupitajo
que me honre el rostro.
Tus zapatos importantes
me patean en el cuello para que aúlle.
Me aconsejas
un motor 450
cuatro tiras de fibra de vidrio
y un objeto de plástico y alambritos para poder hablar
en voz alta
con invisibles interlocutores
mientras camino o conduzco sin ver
para que me puedas ver.
Si nunca llevo prisa
una palabra llevo para saludarte
saludar la vida a cada paso
y en mi celebración de la luz
soy una fantástica fiesta inaudible un fantasma
en tu corazón muerto.
Sacros acrósticos
I
Buscando el sueño inútilmente
una tras otra vida; tiempo después
del harem, mundana gloria… más es
difícil olvidar el ser; pues tu mente
hábil y perniciosa, en un ingente
alud de seres ¡ay!, te trae otra vez.
II
Poder indestructible, iluminada
alma amorosa, hay en cada voz
bramante como el trueno, y en vos
luz se hace la herida, y transmutada
ofrenda dulce para Dios, tu llaga.
III
La óptima promesa de encontrarnos
amor de mis amores, me anima
muerte, a vivir ya; y no escatima
un solo afán mi alma por hallarnos
en embelesada entrega; amarnos
retirados, ¡ah! silenciosa sima
tan hondo y tan lejos que ni las mismas
estrellas insomnes, puedan estorbarnos.
Vive, Carnaval
Para gustos los colores
Para gustos los colores
se prendió ya el carnaval.
De rinocerontes y elefantes
retumba el suelo africano
tambó, tambó es el continente
cuna del hombre y los arcanos.
Para gustos los colores
se prendió ya el carnaval.
De la noche la pureza
del misterio de su luz
resplandece en la belleza
negra palenquera o de Estambul.
Para gustos los colores
se prendió ya el carnaval.
Si a Colón cola tenemos
es por el histórico albur
esa vergüenza, esos filibusteros
la página torpe, el acero, la cruz.
Para gustos los colores
se prendió ya el carnaval.
Pues que nunca más verán
que mi pan yo me lo gano
bajo látigo en verano
Navidad y carnaval.
Para gustos los colores
se prendió ya el carnaval.
Como de diciembre a enero
en carnavales brillarán
indio, blanco y negro
los tres colores de acá.
Para gustos los colores
se prendió ya el carnaval.
Sin olvidar del mulato
del cimarrón que habló bantú
el desdichado mal rato
negación suprema, la esclavitud.
Para gustos los colores
se prendió ya el carnaval.
Para Changó y Yemayá
mi tambor africano
canto y voto será
de alegría y esperanza, hermano.
Para gustos los colores
se prendió ya el carnaval.
Así como los sabores
del enyuca’o y la cocá
así saben estos sones
aquí y en el más allá.
Para gustos los colores
se prendió ya el carnaval.
La cumbia y el currulao
este negro te trae ya
que es de Africa lega’o
nuestra alma limpia y pelá.
Para gustos los colores
se prendió ya el carnaval
oye sonar los tambores
que este negro va a gozá.