¿Quién puede decir
yo amo?
Alberto Sánchez León
Por mentes no simples
abundan pensamientos simplones
que confunden cosas importantes
con lo único que importa
Pero… no les importa
y, convencidos, llegan a creer
tales identidades llegando a ello
no por inteligencia ni axiomas,
sino por vida, una vida tensa
mas no… intensa
Y es que amar no es estar enamorado,
Amar no es ayudar,
Amar…no sólo es querer.
Y llaman amor a todo esto
Desvalijando así al verbo más pleno
El Verbo de todos los verbos.
¿Quién puede decir Yo amo?
No te enfades amigo
—¡amigo, que bella palabra lleva en su raíz!—
si te digo que amar es
sufrir.
No te enfades amigo
si te digo que amar es
sonreír
¿No te fijas que en este verbo se definen los dioses?
mas el hombre no se define ahí
—no es un Dios—, pero es ahí donde pone su fin.
¿Quién puede decir Yo amo?
Sólo aquél que se endiosa.
Endiosarse, buena meta…, quizás la única para decir
Yo amo.
No hago más que pensar en ti
Mis ojos piden verte tanto
Como mi corazón poseerte
Cuando viajo, veo tu rostro;
Cuando leo, mi mente te busca
Incansablemente hasta dibujarte;
Cuando rezo, mis preces
Suplican por encontrarte;
Cuando lloro veo en mis lágrimas tu figura;
Cuando duermo, tú eres
La protagonista de mis sueños
Y el primer pensamiento al levantarme.
Eres el lucero que ilumina mi vida,
El sentido de mi existencia,
El oxígeno del mar que llevo dentro.
La primera vez que te vi
Tu sonrisa me cautivó
Y al conocerte, sin saberlo
Comencé a amarte.
De tus labios emanaba sonrisa
De tu corazón alegría,
De tu mente poesía
Poesía tan bella como sincera.
Tu ausencia, mi fatiga
Tu pérdida, mi ocaso
Tu muerte, la mía.
Navidad
Tocan campanas de alegría
citas, panderetas y algarabía
que suenan en este día,
día de gran alegría.
¿A qué tanto jolgorio?
¿Por qué en éste día?
porque es el mismo Dios
quien quiso nacer en este día,
día de gran alegría.
En el lugar más humilde
nació Él.
En el lugar más sencillo
nació Él.
Dulce lugar escondido
dulce hogar de Belén.
Para los pequeños
¡Ay de estos pequeños!, decía un santo varón
¡ay de nosotros, adultos que nos creemos!
Pues nadie es adulto sin serlo,
Nadie es mayor siendo pequeño
Nadie es quien sino quiere serlo.
¡Ay de los mayores!, sí, esos tan esbeltos aparentes,
los de pelo blanco, que por dentro negro
pues ninguno de estos puede tirar una piedra
en el ancho mar que nos absorbe.
Que nada te turbe, que nada te espante
Decía una santa mujer
Sólo el adulto espanta con su hacer al infante
Y este, ¿qué va a hacer si es lo que ve?
Niño dame tu sonrisa,
Dame de beber del agua de tu hacer
Pues no hay agua más limpia
Que la del que quiere volver a nacer
Diatribas contra el olvido
Recuerdo tus callejuelas oscuras
Bajo la luna y tenues farolas
Que dibujaban ese aspecto tan singular
De mi Sevilla tan querida y olvidadiza ya.
Por las noches...-¡qué noches!-,
Un flautista creaba ritmo y armonía
En la soledad del Barrio Santa Cruz,
Y una lágrima caía sigilosa por mi cara sin luz.
¿Y tu olor?
Mi sentido no olvida aún tu perfume,
Perfume a tomillo, a jara, jazmín y azahar,
Perfume de un rastro que no se puede olvidar.
Tu imagen –aún perdura-, fue tan fuerte
Que ni el tiempo pudo vencer a mi memoria,
pues para olvidar algo
es condición quererlo antes.
¡Olvido! No quiero vislumbrarte
que lo olvidado tampoco queda en el pasado
pues sólo queda la memoria
de los que combatieron contra el anonimato.
Eres el criminal de un pasado que tuvo su presente
Un asesino de la totalidad de nuestra historia,
Verdugo de nuestra memoria
Fantasma que aparentas estar ausente.
¡Olvido!, no entres en mi puerta,
ni siquiera llames,
pues verte es el inicio de mi ahlzehimer
hablarte, mi muerte.
Tú, comodón que justificas tantos males
Memoria enferma
Engendradora de epidemias incurables,
Que matas lo que somos, y no vas a la cárcel.
¡Olvido!, no vengas nunca a conquistarme
no te molestes, olvídame,
que eres secreto de tantas muertes
aunque tu no-ser siempre te salve.
Tú, cómplice del horror
Música en reposo
Que vienes sin hacer ruido
Y te llevas lo que se te antoje.
¡Ay olvido!, deseo de los vencidos,
anhelo de los cobardes,
inclasificable palabra que chirría en los oídos
de los que quieren olvidarte.
Querer
Tanto quise hacer
Y qué poco hice.
Tanto quise querer
Y qué poco quise
Querer hacer y hacer
Siempre lo quise hacer.
La sangre de Dios
Tronco liso y pesado
Va subiendo la empinada
Atado a un hombre pobre
Que de amor sangra por mi nada.
Locura que se renueva
Sin tronco ni sangre
Dolor en alivio se torna
Y en vino la sangre.
Mediocre somos los hombres
Que no llega a nuestro alcance
Misterio de amor tan grande
Que el de un Dios lleno de sangre.
Virtudes teologales
Salto a un aparente vacío
Piso un suelo invisible de roca,
Algo me sopla al oído:
Dichoso tú que has creído.
No veo el final del trayecto
Y sé que es arduo el trecho
Poco a poco se vislumbra el resplandor
Confío, espero.
Gozo deja el esfuerzo,
Fe baldía e innecesaria ya
Esperanza sinsentido
Bendita caridad, dicha consumada.
Tormenta
Mi alma está en tormenta.
Noto los rayos que queman mi cuerpo
Y los truenos gimen con tal fuerza
Que mis oídos ya no lo soportan.
Tus recuerdos se van desvaneciendo con el tiempo
Y mi rabia aumenta cada instante.
La tormenta está en la cumbre.
El agua me ahoga y poco a poco me asfixio.
Penumbra y tinieblas están en su plenitud.
Las gotas incesantes de agua fría calan mis huesos.
¡Un relámpago me da luz!,
es un salvavidas discontinuo,
es mi-Otro recuerdo vivo y muerto
que apaciguan la tormenta.
Buscando mi identidad
Un día cuesta, otro también
Y se asemeja a las vías del tren.
No es una adivinanza
Es palpar y mostrar que
Lo último que se pierde es la esperanza.
Corriges, educas y por dentro caduco:
No es buen ejemplo.
Actúas y actúas y
El obrar se torna en ser.
La careta es máscara que ya no se quita.
Dejo el humo
Mientras no paro de mascar.
Se agrieta el carácter
¿dónde mi identidad?