Cadáveres de amor
Jill Arango
Humanidades y Lengua Castellana
Universidad del Atlántico
La muerte se une a nosotros
en la celebración del fatal destino.
Nos amamos y porque nos amamos
tenemos que morir juntos.
¿Y qué mejor que sea tu mano
la que me robe el aliento
a través de un beso?
Un último beso que nos lleve
a aquel Edén de lápidas y lamentos
en donde nos conocimos un día
en un caudal de lágrimas y negros.
Un alma clama a su gemela
así como tu sangre y la mía
se mezclan cuando corren juntas
hacia el manantial de nuestros deseos
de sombras, venganza y muerte.
Tu voz
Tu voz es taciturna y tibia
como el canto de los pájaros cautivos,
un murmullo de recuerdo,
un pedazo de cielo.
Diáfana aurora,
suspiro eterno
es tu voz de ocaso,
un esbozo de silencio.
Memorias
No se si lo recuerdas, pero aquella noche
sentí en mi pecho el acero helado
de tu traición homicida.
Fue extraño que el estruendo de la sangre
apenas llegó a perturbar el silencio
en el diáfano valle de tu conciencia.
Hoy se desvanece el recuerdo
de interminables noches de lluvia en tu cielo
y en lo profundo de mi sosiego
sigues tan distante que te siento cerca.
A ti te digo Sísifo
Es divertido verte intentar lo mismo mil veces
pero no importa cuán intenso sea el brillo
en tus ojos o tu pueril esperanza.
No podrás evitar que caiga la noche
y que la oscuridad se apodere de tu alma.
Pesadilla
Y si ella amanece pálida y tiesa,
poseída por el frío irreversible,
tendré miedo,
no de su fantasma sino de su omnipotencia.
Ella, como una bombilla encendida de repente
en el interior de un cuarto oscuro,
invadirá mis recuerdos,
descubriendo con ellos la perfidia de mi alma.
Entonces, la horrorizada se revolcará en su tumba
y deseará morir, pero ya estará muerta.
Diluvio
Está lloviendo.
Quizá llueva por unos instantes.
Quizá esos instantes se vuelvan eternos y llueva por siempre.
Entonces, los colores juveniles se desvanecerán
envolviéndose en un gris absoluto
con aliento húmedo y frío
en el que el silencio reinante
se confunda con cantos de ángeles
cuyos finos aleteos se precipiten en forma de gotas
hacia la tierra cansada.
Poco a poco el agua se irá
adueñando de todo
como lo ha hecho desde siempre.
Correrán los arroyos como niños jugando en un día festivo,
aparecerán las sombras de los espíritus dormidos,
de los hombres deslizándose con los pies descalzos
sobre las aguas que van abriéndose paso
por entre la nebulosa incierta y sin tiempo.
Y así, aquel crisol acuoso de infinita justicia
continuará cayendo con ritmo decadente
hasta que renazcan los colores en el vuelo de las aves
y vuelva la risa verde de los árboles.
Ya el disco brillante evapora con sus rayos
los restos de aquella reparadora visita.
Todo es nuevo ahora, todo está bien bajo el cielo.
Quizá llueva mañana, sólo por unos instantes,
y quizá esos instantes se vuelvan eternos.
Redención
Llega con la noche.
Su rostro es blanco
como vestidura de ángeles.
Él puede sentir el frío de su aliento sobre el cuello.
Entonces corre.
Sus piernas parecen alejarlos del peligro inminente.
Se detiene, mira hacia atrás. No hay nadie.
Suspira y se siente seguro.
Mira hacia adelante y sus ojos asesinos
lo observan fijamente.
Quiere escapar, quiere gritar pero no puede hacerlo
Ante su mirada horrorizada
se desenvaina una espada.
Cierra los ojos y siente una punzada metálica
atravesando su corazón.
Cae, se desangra, agoniza, muere.
La luz de la luna revela el cuerpo lacerado.
Siento deseos de verle el rostro.
El cadáver está sonriendo.
Simple
No entiendo: el reloj continúa su marcha
aunque no haya tiempo.
Ah, si. Es como la danza agonizante del pez
que mordió el anzuelo
o como los latidos de mi corazón ante tu encuentro.
El ultimo día
Ese día verás que lo que te decía era cierto:
Que las estrellas no son eternas,
que los cuerpos sucumben ante el tiempo,
que la gloriosa voz del tiempo se desvanece
poco antes de llevar su canto a tus oídos,
que las almas obstinadas no entienden de vida ni de muerte
y que las oportunidades que perdemos
desaparecen para siempre de nuestras vidas
como el águila surca el cielo con vuelo fugaz…
Y ese día,
cuando al fin descubras
que todo lo que te decía era cierto,
ya no importará porque estarás muerto.
Anhelo
Tan lejos de mí como la estrella que titila,
eres agua que recorre la garganta del sediento,
justo brillo cantante y sereno.
Distante de mis manos pero no de mis sueños,
yo no te alcanzo pero te veo:
Formas danzantes, constelaciones, rezos.
Cuando la lluvia cae sobre las lágrimas,
lloramos por dentro.
Apología de un cadáver
La sangre se viste de rocío,
jamás la muerte fue tan dulce.
Sobre las hojas, la escarcha fúnebre,
risas de ojos que lloran.
Jamás la muerte fue tan bella
como cuando tu rostro helado
reflejó el último brillo
de la estrella en la madrugada.