Los carnavales:
¡Qué nota bacana!
César “Paragüita” Morales
Director de la comparsa Las marimondas del Barrio Abajo
Folclorólogo y amante de las tradiciones fiesteras
Tomado del libro: Recuerdos de mi Barrio Abajo.
Si algún barrio en la ciudad tiene tradición carnavalera, ése es mi barrio Abajo. Proliferación de recochas donde todo el mundo participaba sin ninguna clase de problemas. Y es que el carnaval de Barranquilla nació aquí, pues, el barrio era el epicentro de la ciudad. Como dice Alfonso Fontalvo, director de El Torito: “Era el sitio obligado de concentración de danzas y cumbiambas que venían a presentarse en el Paseo Bolívar y que después se paseaban por el barrio Abajo con todo su esplendor, pues, ¿pa’dónde mas iban a cogé?”
La gente veterana del barrio cuenta lo bello que eran las guachernas, en pequeños grupos recorrían las calles yendo de casa en casa, golpeando palmas y tablitas, verseando con alegría, bailando y cantando, alumbrando el sitio con una lámpara de gas en cipote desorden bacano. ¡Era todo un goce sabrosón! Ese fue el origen del espectacular evento que ahora se lleva a cabo el viernes, ocho días antes de la Batalla de Flores, cuya gestora ¿quién no lo sabe? es La Novia de Barranquilla, Esthercita Forero.
La Cumbia siempre ha sido el ritmo baluarte del barrio, y bajero que se respete debe ser un buen bailador de cumbia. De ahí la carrandanga de cumbiambas que salían: LA OLIMPICA, fundada en 1935 por Teobaldo Miranda y cuya sede era en la calle Paraíso con Olaya y Aduana, esta Cumbiamba participó en la inauguración del Jardín Águila en 1937 y sus primeros capitanes fueron el propio Teobaldo con Griselda, quien era su novia y con quien se “ahorcó” (casó) después. El sub-capitán era nadie menos que Ángel Rivaldo, el que después fundó la famosísima cumbiamba EL TANGANAZO el 20 de enero de 1948, con Victoria, quien fuera su novia, y horca después.
Existió también LA PIÑA MADURA, dirigida por el viejo Canelo Castro, que también sacó EL PERRENCAZO, con Neyla Montaño, reina del barrio en 1962.
La familia Arias organizó la cumbiamba LA PURA VIDA, dicho de moda que Clavillazo, el actor cómico mexicano, tiraba al ruedo en sus películas. Existió también EL HURACÁN, que sacaron Agustín Booz y Octavio García en 1949, con integrantes que trabajaban en la Unial y con moradores del barrio Abajo. Aquí debutó la legendaria Amalia Jiménez, quien no ha mondao un año bailando cumbia en los carnavales. Aún participa en LA SOBERANA, de Margarita Peñaranda.
EL AGUA PA’MÍ fue organizada por Antenor Llinás y Myriam Bolaño, sus capitanes; su sede estaba en Santana con Aduana y Olaya.
LA GUAPACHOSA fue fundada por Fanny Pardo y el viejo Julio de la Hoz, padre de Julito, famoso bailarín de cumbia, capitán de CURRAMBA LA BELLA, grupo que dirige la maricuyita de Rosa Lozano.
Había también una cumbia infantil, ESTRELLITA DEL BARRIO ABAJO organizada por Luis Altamar, que también fundó EL CAÑONAZO, en 1965, cumbiamba insigne del barrio y la que más Congos de Oro ha ganado en la historia de los Carnavales. “Tengo Congos hasta pa’ tirar p’arriba, dice con toda “humildad” su hijo Rafael “Cabeza’e Dado” Altamar.
A mediados de los 80 salió JUVENTUD DEL BARRIO ABAJO, organizada por Berta Prent, pero no duró mucho.
La más reciente es LA CANDELA VIVA, fundada en 1982 por excumbiamberos del Tanganazo y el Cañonazo, entre ellos, Luis Morrinson, Henry “Muñeco” Castillo, Nicolás Peña, Gabriel Marriaga y León Martínez.
He querido dejar de último, a la cipote cumbiamba LOS TRES GOLPES, a la que le decían “la Cumbiamba de los beisbolistas” por la cantidad de peloteros que bailaban en ella, es la más grande que haya existido en los carnavales, con cerca de 400 integrantes liderados por el marica Nando, allá por los años 60, su capitán fue Milcíades Mejía, legendario tercera base de las selecciones de béisbol del Atlántico y de Colombia, acompañado por Francia Bellido, como capitana. La sede estaba donde funcionaba la empresa Incope, calle Santana con Primavera. De ella también hacían parte el “Compita” Agámez, “El Palomo” Villarreal, y Toño Ortega, eterno capitán de El Cañonazo.
¿Y los bailes? Nojoda, ¡en mi barrio sí habían bailes de carnaval! Eran bailes, no verbenas. ¿Que cuál es la diferencia? Hombe, que al baile iban únicamente los invitados y a la verbena iba todo el mundo.
Estos bailes eran organizados por grupos de vecinos, y solo entraban los que mostraban la invitación. Se hacían reuniones para elegir a los capitanes y subcapitanes, para escoger el nombre del baile y el disfraz a lucir o dejar en libertad a los participantes para que se disfrazaran a su gusto; eso sí, quedaban rotundamente prohibido los disfraces de Relámpago y el de Trompo, y se establecía una cuota para la música, el sancocho, el trago, las totumas, etc.
Bailes famosos fueron muchos: El BATACLÁN MEXICANO, organizado por el popular Germán “Cucayo” Gutiérrez, en la calle Medellín entre Olaya y Aduana; todos iban disfrazados a lo manito. Tronco de recocha la que se formaban. Al día siguiente, los pelaos encontrábamos una carrandanga de sombrerones tirados en mitad de la calle.
Gladys y Hortensia Rivaldo organizaban todos los años su baile de carnaval con distinto nombre y distintos motivos. Se recuerdan NOCTURNO DE AMOR, SORPRESAS DEL CARNAVAL, PIERROT Y COLOMBINAS, AIRES TOLIMENSES, CLUB DE SIRVIENTES, LEVEN ANCLAS, HOMBRES EN EL INFIERNO. Estos bailes se llevaban a cabo el día domingo, con repetición el día martes. Eran las décadas de los 50 y los 60.
Por los años 70, los hermanos Yepes (Dairo y Álvaro) organizaban ¡QUE LE DEN, QUE LE DEN!, nombre tomado por la exitosa canción de Los Blanco de Venezuela. Su sede estaba en Santana con Olaya y Aduana, y Mariela Arjona era su capitana. Iveth Rolong organizaba el baile REGÁLAME UNA NOCHE, en la casona donde hoy funciona La casa del Carnaval. Enfrente de donde hoy queda la Acopi, Sello con Olaya esquina; había un caserón grande, donde se efectuaba a mediados de los 50 el baile BRISAS DEL PAMPLONITA, llamado así porque los propietarios y organizadores eran oriundos de Pamplona y los disfrazados iban de campesinos santandereanos. Este baile prendía motores el Sábado y apagaba el picó el martes de carnaval. En esa misma calle del Sello entre Olaya y Aduana, en la casa de la familia Manotas, que tenía un cipote tronco de patio, se hacía BAILE EN LA CASITA DE PAJA. Una vez, un combito de manes integrado por los Hermanos Díaz (Galo, Luis y Humberto), el Mono Angulo, futbolista del Sporting, el Conde Piquete, Alfredo Salas, Lucho Monroy, hermano de la Negra Monroy, eterna capitana de la cumbiamba La Gigantona, que se las tiraban de “Juan la V” y eran culos de hijueputas desbarata bailes, quisieron entrar de sapos sin pagar la cuota y fueron sacados a la brava. ¡Fuera, sapos!, les gritaban. Entonces estos manes echaron “pica-pica” o “pimienta voladora”, y cuando esa vaina empezó a hacer sus efectos, el baile se suspendió por unas horas porque las mujeres tuvieron que ir a sus casas a bañarse y quitarse la piquiña que les causaba la pimienta entre sus piernas. Por eso, a esos manes les tenían miedo y los dejaban entrar gratis a todas partes. En otra oportunidad escribiré sobre ellos.
Por allá en 1956, se organizó EL MUNDO AL REVES, siendo reina del carnaval Carmiña Moreno y del barrio Claudia Caamaño. El nombre hacía alusión a “El extraño mundo de Subuso”, una muy célebre tira cómica y la nota chévere era que las reglas severas que imponía la sociedad eran transgredidas y las mujeres sacaban a bailar a los hombres. Este baile se efectuaba en la calle Bolívar, entre Luz y Roble, enfrente de donde quedó el diario El Tiempo. Otro baile famoso fue EL ZOOLÓGICO, organizado por los integrantes del equipo de fútbol del barrio y se llamó así porque la gran mayoría de sus integrantes tenían apodos de animales como El Tigre, El Pollino, El Burro, Los Micos, El Camello, etc. El disfraz era al gusto de cada quien. Los hombres se ponían una camisa vistosa y pintaban en la espalda el animal que había dado origen a su apodo. EMBRUJO CUBANO, a finales del 50, tenía su sede en la calle San José, entre Aduana y Primavera, y los participantes se disfrazaban de rumberos antillanos. Para los inicios del 70, se efectuó QUE ME COMA EL TIGRE, en Aduana con San José y Caracas, y su nombre lo dio el disco de moda de la época. Uno de los últimos bailes, antes de que las verbenas callejeras acabaran con esta bella costumbre, fue AL SON DEL AVIÓN, nombre dado por el éxito de Joe Battan, la sensación del momento. A mediados de los 60, en la calle del Sello Nacional, entre Aduana y Luz, se hacía el SONGO SORONGO, en una quinta grande y hermosa, con un patio grandísimo que ahora está ocupada por la legendaria y apreciada familia Larios. Por esa zona le hacía sombra Nelson Pinedo a un bollito de la cuadra llamada Micaela, hija de la famosa loca Elvira. “¡Ey, Nelson, pareces un palo’e almendra, loco!”, le gritaban. Y él respondía con su eterna sonrisa bacanola.
Las reinas del barrio Abajo siempre serán recordadas, entre ellas, Amira Cruzado, soberana en 1954; Cecilia Cárdenas, que reinó en 1955; Claudia Caamaño, en 1956; Cecilia Angarita, en 1957; Edith Fauceth, en 1958; Gladys Hernández, en 1959; Nicolasita Franco, que fue la reina en el inicio de la nueva década, en 1960, cuando se regó la bola de que el mundo se iba a acabar. Alcira Orozco, en 1961; Neila Montaño, en 1962, y no recuerdo los años pero igualmente se sonaron la nota y nos hicieron sentir la felicidad de ser sus súbditos, Elizabeth Macías, Mirna Vargas, Olga Donado, Saturia Delgado y Elvira Ortega.
Otra vaina monocuca, cuadro: en el barrio se volvió costumbre, allá por los 50 y 60, nombrar un Rey Momo, y el prerrequisito era que el escogido fuera el más feo, el más recochero y, adicionalmente, ronero, atributo que no era nada extraño entre los concursantes. Ocuparon sitial de honor, con sobrados méritos, TRABUCO MANDUCO, el Rey de los malucos; VINICIO, que viviendo en San Pacho, se metió de largo en el corazón de los bajeros; MAÑE COPA, famoso “ampayer” que todavía masca un palillo en la boca, y JUAN CHUCHA, coronado por la hija del popular Chavarro. Los bailes de coronación de estos “reyes” eran todo un cipote acontecimiento en el barrio, y era tan adelantada la fama bien ganada, que venía gente de toda la ciudad, a disfrutar del recochón que se armaba.
¡Cómo te quiero, mi barrio!
________________________________________
© César “Paragüita” Morales
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
Narrativa
ISSN: 0124-9290
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 28
Enero-Febrero-Marzo de 2007
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
El URL de este documento es:
http://casadeasterion.homestead.com/v7n28carnav.html