Polvo de estrellas en mis manos y otros poemas
Ana María Manceda
Cuando estuve cerca del río
soberbio, creyéndose mar
no lo supe valorar.
¿Qué haría el mar sin los ríos?
La luna llena cegaba
Luego el descubrimiento
Existían otras regiones, otros fantasmas
Existían otros olores y la asepsia...
El desgarro y la esperanza.
Tuve en mis dedos estrellas
que jugaban a huir
Hoy las tengo aferradas a mis puños
¡Me iluminaron de tal manera!
Ahora lo sé
Quizás perdí la pericia del juego
Una estrella que salta titilando
Y mis dedos buscan su salto
Así es ahora...
Tengo polvo de estrellas en mis manos.
Los caballos
Del libro Analogías.
Los caballos trotan...
Van dejando su huella, abriendo camino
pasaron sigilosos, asombrados
cuando el hombre dibujó sus primeros signos.
Siguieron trotando,
año tras año, siglo tras siglo
trota que trota...
En su derrotero descubrieron puentes,
castillos, catedrales, ciudades.
Los caballos siguieron trotando
y vivieron guerras y vivieron guerras,
Cruzaron la Antigüedad,
la modernidad y la post-modernidad,
siendo testigos de las maravillas
creadas por el genio del hombre,
vacunas, esculturas, poemas, colores, amores
y la sublime armonía de los ángeles, la música
Siguieron trotando, trota que trota...
Aterrorizados vieron hongos gigantes en el cielo
y juguetes maravillosos buscando la luna.
Siguieron trotando, trota que trota...
por campos minados de miseria y hambre
por cosmopolitas urbes de privilegios
y vivieron guerras y vivieron guerras.
En su largo viaje de agonía y éxtasis
presenciaron la extinción de aves,
peces, grandes mamíferos, árboles y flores.
Todo obra del hombre, todo obra del hombre.
Siguieron trotando...
pero van vislumbrando el final del viaje,
saben que verán siempre lo mismo,
el esplendor y la miseria, el altruismo y el egoísmo
y verán guerras y verán guerras...
Si me pintas
Si me pintas la cara
píntame una sonrisa, grande muy grande
tan grande que le de sombras
al dolor que sube por mi garganta
que viene desde el estómago, ahí
donde se estrelló mi alma.
Y a mi mirada ¡ah! Solo píntale
un poco de rojo y un asomo
de lágrimas.
He buscado la libertad
He buscado la Libertad creyéndome pájaro, viento,
agua que fluye.
He buscado la Libertad en las resonancias del espacio
imaginando mi materia desintegrada
en las radiaciones de mi conciencia
en la luz que me baña desde el cosmos.
He buscado mi Libertad en cada nudo del camino
en mis sueños.
He buscado la Libertad viendo crecer a mi hijo
Y destruirme en ella cuando él ya buscaba
su libertad.
He buscado mi Libertad en mis amores,
en las amistades perdidas, en las nuevas,
en la gente de mi sangre.
He buscado la Libertad en mis libros,
amados libros, en sus olores, en sus historias.
He buscado la Libertad en cada gota de lluvia
en la nieve que cae tan lejos de mi niñez.
En el jardín y en el bosque,
en el río ¡ Ah, el río! plateado, el más ancho.
He buscado y seguiré aún cuando caiga
vencida.
Los sentimientos me hacen esclava.
Buceando en el infinito
Poema incluido en la antología El río demorado.
Buenos Aires, Dunken, 2006.
El excéntrico millonario lo raptó. El poeta encerrado jugaba a descubrir el sol
en la ostentosa pintura de las paredes de la cárcel, sus lágrimas brillaban con el reflejo. El cuaderno y una lapicera eran sus únicas posesiones, ni un libro, tremenda tortura.
En las páginas debía escribir todo lo que sabía del infinito.
Escribió sobre pájaros, sobre vientos. ¿Hasta dónde llegaban sus sonidos?
¿El amor rozaba sus fronteras? ¿Existirían los arcoiris en ese sin fin?
Se expandió con su conciencia y con el universo.
Escaló montañas virtuales para observar desde la mágica altura
la pequeñez real de la existencia.
Se sumergió en las entrañas de la tierra para viajar junto al magma
que se desplazaba sobre la superficie, buscando en cada partícula algún indicio del misterio. Solo descubrió las rocas que engendraban el planeta.
El sueño era bendecido cuando su mente agotada dejaba de pensar.
El tiempo dado para explicar lo abstracto llegaba a su fin.
Creyó estar cerca de terminar su obra cuando se compenetró en la violencia,
en el sufrimiento de las madres ante la pérdida de sus hijos,
ante la injusticia social que veía en el mundo,
sufrió tanto que no pudo escribirlos.
El día del último encuentro llegó. El secuestrador entró en su celda,
era repugnante, su abdomen promiscuo se adelantaba soberbio a su cuerpo.
Sus ojos eran dos huecos vacíos si no fuera que dispersaban algunos destellos inciertos. El poeta sabía de su muerte, se acercaba,
estaba sentenciado.
Ante la pregunta si había llegado a la explicación del infinito, respondió:
Sí, pero no tengo una sola respuesta, una está en la búsqueda que he vivido en estos días de encierro, la otra en su ignorancia,
en su triste e infinita ignorancia.
Gaia: Diosa tierra
Poema incluido en la antología Mundo poético.
Buenos Aires, Nuevo Ser, 2003.
Tú
que vas navegando en el espacio
Gaia, dime, ¿Podremos curar tus heridas
nosotros, que las infligimos?
Sé de tu fiebre, tu ahogo
producido
por la ingobernable
codicia humana;
el gas carbónico,
la lluvia ácida ,
la tala indiscriminada
de nuestros bosques,
la llaga gigante
de la capa de ozono,
la fatuidad nuclear,
la destrucción
del delicado equilibrio
que sostiene el tejido
de la biodiversidad.
Sobre todo, Gaia
la insustentable
política ambiental.
Nacen muchos niños, Gaia
que serán pobres,
eso es hambre, eso es enfermedad
ya no harán falta las guerras, Gaia
la extinción será natural.
Tú sigues navegando en el espacio
azul y magnífica
herida de muerte.
Tu venganza no es dulce
nos arrastras con tus vientos
tus huracanes,
tus ríos enfurecidos.
Tus otrora cristalinas aguas
invaden los pueblos
con nuestras propias pestilencias.
El infierno íntimo quema
los frondosos bosques.
¡IGNORANCIA!
Arden la belleza y el oxígeno
arden las esperanzas
mueren especies inocentes.
No vale nada la vanidad
de nuestra intelectualidad.
Y tú sigues, Gaia
tu majestuoso viaje
por el universo en expansión
sigues entre el polvo cósmico
junto a la Vía Láctea
tras el Sol,
por la oscuridad de la nada
hacia un destino iluminado
herida de muerte.
La dueña del mundo
Es irónico, al menos risueño, ir en un bus hacia el trabajo
una mañana de primavera y sentirse la dueña del mundo
porque sí, porque los ojos inmensos brillan, el cerebro bulle de proyectos
y las hormonas esclavizan el cuerpo.
Soy la dueña del mundo,
por eso vivo al límite, por eso he llorado y he escrito un poema
esta mañana, tan solo esta mañana por la guerra de Viet-Nam.
El otro día, la semana pasada fue por lo de la FAO. ¡Hay hambre en el mundo! Mientras la lluvia cae insobornable sobre la historia,
arrasando las espigas y las esperanzas.
La sequía acecha, el desierto acecha. Y los pájaros cantan sobre la tierra. Soy la dueña del mundo, no me alcanza el tiempo,
aún a los dueños del mundo no les alcanza el tiempo.
Por la tarde, mientras el sol se cuelga e insiste empujando
los vitrales del subsuelo
ayudado por los aromas de las flores del bosque que abraza a la Facultad
me sorprende extasiada mirando por el microscopio
una célula vegetal o la espora de un hongo o el perfecto cristal
de una roca. Yo extasiada, y no me alcanza el tiempo.
Por la noche el azar me lleva, el tiempo tampoco alcanza,
las estrellas se alejan, mis manos, mi cuerpo no pueden seguirlas,
quizás mi cerebro, sí, mi cerebro, sí, mi cerebro.
Amanece. La dueña del mundo comienza su ebullición.
Ocurren tantas cosas en el planeta y la familia sigue la estúpida,
nociva tarea de autodestruirse, mientras ocurren tantas cosas en el planeta.
La lluvia cae y el desierto acecha. Los pájaros siempre cantan.
Olores, jazmines, río, noche húmeda, sabores, panchos, pizzas, asados.
Crepúsculo y cerveza. Amores. Libros, libros, libros. Música, amigos,
se juega a ser hippie, bellos, comprometidos. Recitamos poemas en francés.
Es irónico, al menos risueño ir en un bus y sentirse, porque sí,
la dueña del mundo. Hace mucho, mucho tiempo. Ahora es más irónico aún.
Amanece, en la cama, un cuaderno, una lapicera y mi cerebro,
sí, mi cerebro ¡Flasch! Y soy la dueña del mundo.
Te busco
Te busco en los sonidos
que respiran la historia.
Te busco en la nómada
búsqueda
del alimento primitivo.
Te busco en las luces
de quásares ignotos.
Te busco en las cotidianas
mañanas del hastío.
Te busco
queriendo atrapar el tiempo
con el teléfono, con la informática
con la intelectual aventura.
Te busco, te busco…
Y no te encuentro
¡Es solo un poco de ternura!
Poder apoyarme en ese hombro
que acune mi loca cabeza vagabunda.
Te busco y solo te encuentro
en el recuerdo joven de la bruma.
El aleteo de la mariposa
Poema incluido en la antología Arte en tres tiempos.
Córdoba, Novelarte, 2006.
Creí que estaba en reposo la nostalgia,
pero en algún lugar del universo
aleteó una mariposa.
Como un río viajando por su cauce,
la mente esculpida a cada instante
timonea emociones en la rutina.
El caos acecha transparente,
lo simple se vuelve complejo
lo equilibrado comienza el desorden ,
lo invisible se presenta inexorable.
Porque la nostalgia es perversa , parásita, seductora.
Omnipresente, se mezcla con el flujo de la sangre,
con el aire que inspiramos.
El bello paisaje se cubre de neblina,
la música escuchada proviene
desde las sombras
y pinta las caras extrañas que deambulan por las calles.
entonces...
El poema es incipiente y el temido llanto asoma.
Creí que estaba en reposo la nostalgia,
pero en algún lugar del universo aleteó una mariposa.