Los dos Juanes

Iván Iglesias
iiglesias@uca.edu
Spanish Lecturer I
University of Central Arkansas
Conway, Arkansas 72032 (Estados Unidos)

El autor vive en los Estados Unidos.
Es Magíster en Literatura Hispana y profesor de la Universidad de Arkansas.

Muchos son los personajes de la literatura que han pasado a formar parte de la cultura universal. Figuras como don Quijote, la Celestina y el Lazarillo ocupan un lugar importante en este ámbito cultural; pero sin duda alguna, la figura de don Juan Tenorio, el gran símbolo de la seducción, goza de tanta popularidad que se podría considerar un personaje mítico y objeto de imitación para el sexo masculino y de sentimientos “encontrados” para el sexo femenino. En este ensayo pretendo establecer, a modo comparativo, algunos puntos paralelos y otros divergentes en el personaje de don Juan tratado por dos grandes dramaturgos de la literatura española: Tirso de Molina (XVII), su creador, y José Zorrilla (XIX), el genio que lo inmortalizó.

Son muchos los aspectos que podrían trabajarse al tratar de plantear similitudes y diferencias entre los dos “don Juanes”; sin embargo, yo sólo quiero referirme a algunos en especial. El primero se refiere al tema del lenguaje. Una de las armas más efectivas que puede llegar a tener un seductor es el “don de la palabra”. Don Juan Tenorio, tanto en la obra de Tirso como en la de Zorrilla, hace uso de un lenguaje cargado de mucha expresividad y sentimentalismo. La fuerza de sus versos ingeniosamente “arropa” las verdaderas intenciones del galán y lo lleva a cumplir su ansiado fin: seducir a su dama. El don Juan de Tirso de Molina para lograr poseer sexualmente a Aminta recurre al siguiente discurso:

¡Ay, Aminta de mis ojos!,
mañana sobre virillas
de tersa plata, estrellada
con clavos de oro de Tibar,
pondrás los hermosos pies,
/.../
y en tus orejas pondrás
transparentes perlas finas.

Por su lado, el don Juan, de Zorrilla, le comunica a doña Inés sus más íntimas pasiones así:

Y estas palabras que están
filtrando insensiblemente
tu corazón, ya pendiente
de los labios de don Juan,
/.../
inflamando en su interior
un fuego germinador va.

Quisiera anotar que esta fuerza y expresividad en el lenguaje no sólo actúan sobre las mujeres seducidas sino también sobre el resto de los personajes, quienes alcanzan a reconocer la habilidad de nuestro protagonista:

Don Juan Tenorio se sabe
que es la más mala cabeza
del orbe, y no hubo hombre alguno
que aventajarle pudiera...

Otro aspecto compartido por los dos “don Juanes” y que está estrechamente ligado con el tema del lenguaje (ya que es éste el que le permite llegar a la seducción y luego a la deshonra de la mujer), es el de la figura del “burlador”. Tirso de Molina hizo mucho más obvia esta caracterización de su personaje al titular su obra El burlador de Sevilla y convidado de piedra; pero así mismo, el personaje de don Juan lo reafirma en más de una ocasión dentro del drama:

Sevilla a voces me llama
el burlador; y el mayor
gusto que en mí puede haber
es burlar una mujer
y dejarla sin honor.

Si el burlar es hábito antiguo mío
¿Qué me preguntas sabiendo mi condición?
¡Que mal conoces al burlador de Sevilla!

José Zorrilla, por su parte, aunque no hace una alusión directa al carácter de “burlador” de su don Juan, construye su “imagen” a través de las palabras emitidas por el mismo protagonista:

La razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé,
y a las mujeres vendí.

...mis cuentas traigo en el mío:
en dos líneas separadas,
los muertos en desafío,
y las mujeres burladas.

Los “don Juanes”, el de Tirso de Molina y el de Zorrilla, ultrajaron mujeres que pertenecían a diferentes niveles sociales. Al leer la obra de Tirso, nos damos cuenta de que don Juan sedujo y “gozó” a cuatro mujeres: Isabela (duquesa), Tisbea (pescadora), doña Ana (hija del comendador) y Aminta (labradora). El don Juan de Zorrilla da muestra de sus conquistas en los distintos planos sociales también, pero éste nos lo hace saber a través de sus mismas palabras:

Desde una princesa real
a la hija de un pescador,
¡oh!, ha recorrido mi amor
toda la escala social.

Este aspecto arroja un tipo de caracterización sicológica del tipo “donjuanesco” en el que prevalece, sobre la esfera social, el tema de la virilidad y fama de nuestro personaje. Gustavo Correa, en su artículo “El doble aspecto de la honra en el teatro del siglo XVII”, anota que el éxito en la conquista del sexo femenino es signo inherente de hombría y que ésta le asegura al conquistador su fama. Esto explica por qué don Juan busca seducir tantas mujeres como sea posible, sin atender a las implicaciones de tipo social.

Quisiera referirme ahora a algunos aspectos que distancian a los dos “don Juanes”. En El burlador de Sevilla y convidado de piedra, don Juan seduce y “goza” a cuatro mujeres sin enamorarse de ninguna de ellas. Su intención, como lo he mencionado anteriormente, es la de burlarlas y poseerlas sexualmente. Sin embargo, Zorrilla nos presenta a un don Juan que, a pesar de ser él el seductor, termina siendo seducido por la dama a la que él mismo pretendía burlar:

Lo que justicia ni obispos
no pudieron de mi hacer
con cárceles y sermones,
lo pudo su candidez.
Su amor me torna en otro hombre,
regenerando mi ser…

Este cambio en el don Juan, de Zorrilla, influye en el desenlace de la obra, el cual dista del final dado por Tirso a su drama. Recordemos que Tirso decidió terminar los días de su don Juan a manos del “fantasma” de don Gonzalo, asesinado por don Juan, y quien como él mismo lo enuncia, ha regresado para ejercer la justicia divina:

Las maravillas de Dios
son, don Juan, investigables,
y así quiere que tus culpas
a manos de un muerto pagues,
/ ... /
ésta es justicia de Dios.

A mi parecer, Tirso buscó darle a su obra un carácter de ejemplaridad moralizante al prevenir a los lectores de no desafiar al tiempo y sobre todo a Dios, ya que esto implicaría la obtención del castigo divino. La frase “Cuán largo me lo fiáis” que don Juan repite cada vez que alguien le habla de muerte y el juramento de matrimonio que le hizo a Aminta, poniendo por testigo a Dios, les fueron cobrados por el alma de don Gonzalo. Además, recordemos que entre las coplas que cantaban los músicos, se podría encontrar la respuesta a la frase “Cuán largo me lo fiáis” que emite don Juan:

Adviertan los que de Dios
juzgan los castigos grandes,
que no hay plazo que no llegue
ni deuda que no se pague.

José Zorrilla, por el contrario, hace que el personaje de don Juan salve su alma. Lo curioso de todo esto es la forma cómo le da la salvación a su protagonista. Es irónico pensar que después de tantas burlas y ultrajes cometidos por don Juan al sexo femenino, sea una mujer, precisamente, la artífice de su redención:

Y sólo en vida más pura
los justos comprenderán
que el amor salvó a don Juan
al pie de la sepultura.

A modo moralizante logro entender que Zorrilla, a diferencia de la actitud poco clemente de Tirso, nos sugiere la fuerza del amor como el “remedio” esencial para alcanzar el perdón de Dios y por ende la salvación de nuestra alma:

…pues me abre el purgatorio
un punto de penitencia,
es el Dios de la clemencia
el Dios de Don Juan Tenorio.

Sin duda alguna, si la pluma y el papel lo permitieran, podría seguir señalando muchos más puntos que acortan y distancian las caracterizaciones que del personaje de don Juan Tenorio, hicieron Tirso de Molina y José Zorrilla. Cualesquiera que sean los puntos de comparación, lo verdaderamente palpable es que todavía, hasta nuestros días, la figura arquetípica del “don Juan” sigue estando presente en el arte de seducir.  
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©   Iván Iglesias

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 28
Enero-Febrero-Marzo de 2007

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN VII - NÚMERO 28