El aprendiz de mago

Aymer Waldir Zuluaga Miranda
Escritor nacido en Medellín (Colombia)
puntoaparte@hotmail.com


Simón aprendió que la magia y la belleza están en los ojos de quien las ve.  En su niñez, una de las cosas que más le agradaban era, además de jugar,  disfrazarse; para él estar disfrazado tenía un valor muy especial pues le  hacía verse más bello y le llevaba a imaginar pequeñas historias; no les  hablo de belleza física ni de historias ficticias, les hablo de que se  sentía bello, se convertía en el protagonista de su historia, se  transformaba, todo a su alrededor se volvía mágico.

En el arte del disfraz, empezó iniciado por su padre. Precisamente voy a  hablarles de un muy especial 31 de octubre. Simón iba a cumplir 6 años de  edad y tenía mucho interés por unos disfraces de Gokú, Pikachú o Dragon  Ball Z, que salían en la televisión; también le gustaban pero no tanto, otras muchas opciones que había de diferentes colores, tamaños, estilos, formas y  precios... La cuestión era que cada uno de los disfraces trataba de imitar  un personaje famoso, pero el asunto del precio influyó mucho en la decisión  de sus padres.

—Papi, ¿sí me vas a comprar el disfraz de Pikachú que vimos ayer? —preguntó  ansioso el niño mientras le brillaban sus ojos de emoción.

—No es posible. Por ahora no tenemos dinero para comprarlo —respondió su  padre al tiempo que le retiraba con cariño un mechón de cabello de la  frente.

—Pero papi, mis demás amigos tendrán hermosos disfraces y yo no voy a ponerme el mismo del año pasado —respondió enojado el niño.

Su Padre le contestó con una mirada triste y fingió una leve sonrisa, pero  sabía que era imposible satisfacer el capricho de su hijo, pues en ese  momento no estaba en capacidad de comprar nada. Desde hacía varios meses lo  habían despedido de su empresa, no por su desempeño, que era muy bueno; sino porque su indemnización por despido era más reducida que la de otros  empleados con menor capacidad de trabajo pero con mayor salario y  antigüedad.

Todas las empresas de la ciudad pasaban por una crisis similar,  debían reducir costos de personal para aumentar la competitividad. Llevaba varios meses sin recibir salario y sabía que pasarían otros meses más en esa  incertidumbre, así que todos los gastos estaban restringidos.

—¿Qué has pensado acerca de lo del disfraz del niño? —le preguntó su esposa  cuando estaban a solas.

—Tendrá que ser algo sencillo hecho en casa. No hay dinero.

Así que luego de un buen rato de conversar, decidieron hacer una capa negra  con un pedazo de tela que sobró y un gran sombrero de cartulina negra. Lo  llamaron "el mago". Simón consintió medírselo a regañadientes para que sus  padres le hicieran unos ajustes y pudo verse frente al espejo. No le  agradó lo que vio.

—Simón, ¿tú sabías que los magos tienen tres poderes muy especiales?

—Ah, ¿sí? ¿Y cuáles son esos poderes, papi?

—Tercero, pueden sorprender a las personas; segundo, pueden hacerlas sonreír, y  primero, pueden hacer aparecer y desaparecer objetos.

Simón no prestaba mucho interés en salir con una capa negra y un sombrero  hechos en casa mientras sus amigos saldrían a lucir los bellos y costosos  disfraces de la televisión, así que su padre se quedó callado por un  momento, su cara estaba triste y sus ojos brillaban, sacó una moneda de su  bolsillo y le preguntó:

—¿Ves esta moneda? Pues voy a arrojarla encima del televisor. Se concentró, alzó su mano con la moneda, la alzó hasta su  cabeza en varios intentos y la lanzó... Simón no vio su trayectoria, ni  escuchó cuando cayó y al mirar encima del televisor, no estaba la moneda;  su padre le mostró su mano vacía, sonrió y le dijo:

—Opsss, algo salió mal, tal vez si decimos las palabras mágicas, aparezca de nuevo. Repite lentamente estas palabras: "Arista pua que a la catay punai" —y empezó a mover de nuevo  su mano sobre su cabeza y a mirar fijamente el televisor donde debía estar la  moneda.

Este gran esfuerzo de concentración y silencio se rompió cuando  gritó:

—¡Tarán!—y allí estaba de nuevo la moneda, en sus manos,  difícilmente podría saber cómo llegó otra vez hasta allí.

Ese miércoles, luego de regresar de la escuela primaria, Simón no quería  ponerse el disfraz de mago, le dijo a su padre que quería tener el mejor  disfraz entre todos sus amigos, y su padre le respondió:

—No aspires a ser  bello sino a tener belleza; no sueñes ser cantante sino canción, no  ambiciones volar sino a ser vuelo —y le propuso un cambio: —Yo te muestro  cómo desaparecer la moneda y tú me demuestras que eres capaz de ser un  mago.

Cuando aprendió el truco, Simón se sentía un verdadero mago, así que su  padre le dijo que, si mantenía esa actitud, tendría los tres poderes del mago y que podría sorprender a las personas, hacerlas sonreír y también aparecer y  desaparecer objetos.

Caminaron hasta un lugar con muchos niños, donde había  una tarima para desfilar con el disfraz, la gente tomaba fotografías y un  señor muy serio hablaba por micrófono y entregaba dulces a los niños. Estando en la fila para subir a la tarima a desfilar, uno de los niños que  iba detrás de Simón le preguntó:

—¿Y de qué se supone que estás disfrazado?

—De mago —le respondió convencido.

El niño, al ver el humilde disfraz de Simón, abrió los  ojos, se rió y gritó:

—Miren, dizque un mago.

Todos voltearon a verlo. Su  padre lo tranquilizó, diciéndole:

—Ya está haciendo efecto tu disfraz, tienes  el tercer poder del mago, estás sorprendiendo a las personas.

La gente no  paraba de mirar a Simón y algunos se empezaron a reír. Su padre tomó fuerte  su mano y le dijo:

—Tienes ahora el segundo poder del mago, los haces  sonreír.

Ya estaban encima de la tarima y era su turno para mostrar el  disfraz ante el público, así que su padre, muy atento a evitar distracciones y para recuperar el pulso de las circunstancias, agregó:

—Si eres un mago,  eres un mago, demuéstrales que puedes hacer desaparecer las cosas —y le entregó la   moneda.

El señor de la tarima estaba arrodillado, con lo que quedaba a la altura de  los niños y le era más fácil sostenerles el micrófono para preguntarles acerca del disfraz. Simón contestó que era un mago, que tenía el poder de  sorprender a la gente, de hacerla sonreír y de hacer aparecer y desaparecer las  cosas. El señor del micrófono, sorprendido, se sonrió.  Entonces Simón alzó su mano mostrando la moneda, anunció por el micrófono  que la lanzaría hasta el árbol que había al frente y se concentró; alzó su  mano con la moneda, la subió hasta su cabeza en varios intentos y la lanzó... Nadie vio su trayectoria, nadie escuchó cuando cayó, y algunos niños que  fueron a mirar debajo del árbol, gritaron que no estaba la moneda; Simón les  mostró su mano vacía, sonrió y dijo:

—Opsss, algo salió mal; tal vez, si decimos las palabras mágicas, aparezca de nuevo. Repitan lentamente estas  palabras: "Arista pua que a la catay punai" —y empezó a mover de nuevo la  mano frente a la cabeza y a mirar fijamente el árbol donde debía estar la moneda.

Este gran esfuerzo de concentración y silencio se rompió cuando gritó:

—¡Tarán!—y allí estaba de nuevo la moneda... en sus manos.

Difícilmente  podrían saber como llegó otra vez hasta allí. Más que con su disfraz, fue  con su actitud que no solo pudo parecer, sino ser un mago.

Esa es la vida, así se debe vivir. De su padre aprendió muchas cosas aunque  no inmediatamente, solo con el tiempo le fueron llegando las conclusiones de sus especiales maneras de actuar, descubriendo que no quería ser mago porque en  el fondo lo que quería era ser magia y lo logró, del disfraz de mago no  conserva ni la capa, ni el sombrero de cartulina negra, ni sus poderes, ni mucho menos la moneda que usó ese día, conserva de él una anécdota que le ayuda a recuperar su identidad cuando cree que está por naufragar.
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©   Aymer Waldir Zuluaga Miranda

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 28
Enero-Febrero-Marzo de 2007

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
Narrativa

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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