89 poemas y dibujos de los 90
Josep Esteve Rico Sogorb
Poeta español
He roto
He roto los espejos
qué tanto afeaban mi rostro.
He cansado mis magullados pies,
rozando los duros asfaltos.
He dejado sobre los polvorientos taquillones,
los oscuros desperdicios de mi alma
donde duermen esperpénticas figuras
y reposan calmadas,
las olvidadizas musas.
Ahora, me he convertido a fuerza de golpes
en un simbólico y aparente 'Fausto',
cambiante y tornadizo en mi dualidad.
Tengo una parte de mi ser
que niega pero busca a 'Mefisto',
aquel viejo demonio tan malévolo y juguetón.
Me he forjado una coraza
para contener el furor y los deseos
que alimentan mi falta de rencor.
Sin nada sucio por borrar,
me he convertido en un nuevo hombre.
Con el alma limpia y el corazón
abierto como un naciente manantial;
voy amando el presente,
y estimo con deseoso anhelo....,
los futuros años,
de paces, venideros.
Quisiera...
Quisiera hablar de ti
con palabras útiles y livianas.
Decir que te siento lejos,
que no se oyen desde ahí
donde estás ahora,
ni mi voz,
ni mi grito desesperado.
Quisiera tratar de ti
lo que el tiempo me permita.
Hablar lo que siento,
vociferar lo que te guardo
dentro de mí,
para lanzarte piedras, terciopelos,
conchas o guijarros
mientras apenas me escuchas...
cuando ni tu marina caracola
te sirve ya para oírme.
Quisiera,
—si tú me dejaras—
construirte nueva
inventando otro cuerpo
y otro espíritu
¡tan distintos!
Quisiera...
Pero
ni tu marina caracola
sirve ya para oírme.
Placer
Mis manos rozan tu pecho y caderas.
Tus excitantes piernas vibran
cuando tu sonrosada y húmeda fruta se abre para mí,
para poseerla toda entera.
Mojada estás en sudor y jugos viscosos,
rellena de placeres donde la lengua quiere entrar a visitar
los muros carnosos de tu caverna sabrosa.
Mis ansias quieren sentirte.
Estás abierta para mí.
Tus muslos tiemblan y los toco.
Palpo tus nalgas suaves y araño tu espalda apretándote
fuertemente hacia mí con cálido abrazo.
Froto mi cuerpo contra tus carnes
mientras sientes la dureza de mi sexo punzante.
Quieres notarlo largo y lento.
Ojalá no acabemos nunca.
La noche transcurrió envueltos en sudor y placer.
Sábana
Te envolví en la sutil sábana que tímidamente deslicé
a lo largo de tu figura desnuda e imponente sobre la cama.
Acariciaba lentamente tu cuerpo tocando el lienzo,
notando los abultados pechos que destacaban
como dos frutas dispuestas a ser nectadas
por mi boca sedienta de jugos amorosos.
Mis manos abiertas oscilaban entre mejillas y muslos,
palpando las finas hebras de la sábana,
y mis dedos jugueteaban tanteando cada poro de tu piel,
cada vello, cada vena, cada pliegue.
Descendí por tus hombros rozando despacio la tela,
como una pluma o como si amasara un pastel,
arribando a tu espalda que recorrí hasta tus nalgas blanquecinas
de carnes tiernas, suaves y jugosas,
mientras apretaba con las palmas de mis manos ,
frotando levemente y alzando tus caderas a cada movimiento.
Te inclibas de puntillas para sentir mi tacto
y abriendo las caderas extendías tus muslos
que dejaban entrever por la sábana
la sombra apetitosa de tu vello sobresaliendo entre las piernas
a través de la semitransparente tela
que me erotizaba causando mi extasiada contemplación.
Trémula y ávida te desprendiste del pudor
al despojarte del erotizante lienzo
y nuestros cuerpos se unieron en un cálido abrazo perenne
como preludio de una madrugada de goce infinito.
Noche de sábana, desnudez y erotismo.
Y la culminación del amor en sexo.
Poemándote
Ansío escribir versos sobre tu piel con la pluma de mis dedos
mojados con la tinta de mi saliva.
Deseo poemar todo tu cuerpo rimando tus suaves caderas,
creando ripios en tus prietos senos y sonetear tu vientre con líricas apasionadas.
Anhelo enversarte entera a lamidas para juguetear con la métrica de tu pubis,
consumando nuestro poema carnal con la fuerza de mi rúbrica erecta.
Tugurio
En el tugurio de meretrices, la soledad me atrapó lentamente,
despues de recorrer callejones inmundos
poblados de jovenzuelas impúdicas
moviendo su lascivia al son de acordes desenfrenados.
Las meretrices cubiertas de rimmel y pinturas lujuriosas
se acercaron a limbar como sanguijuelas mi cartera,
envolviéndome con sus brazos pecaminosos.
Con mi ira atrincheré a las furcias
tras la barra prostituida de alcoholes y mercachifles monedas.
Y me quedé solo con mi hombría...
Desearía
Desearía fundirme en tu ser como un todo para llenarte de mi esencia.
Desearía hacer de nuestros cuerpos el más bello poema jamás escrito.
Desearía vivir intensamente tu acto de amor, tu entrega.
Que cada gesto, cada suspiro, cada mirada, sean el cielo.
Alcanzar el placer con ojos cerrados y sentir tus húmedos besos.
Ser tuyo entero para hacernos trajes de sudor y latidos.
Desearía que me vistieras de caricias, de tactos, de lamidas, y vestirnos de pasión.
Hagamos de nuestros cuerpos el más bello poema jamás escrito...
Noche de purpurina
Noche de sudor, baile y piercing.
Estrellas de purpurina sobre tu cobriza piel vibrante
al ritmo latino de acompasados pasos.
Esas manos entrelazadas húmedas por el calor de nuestros cuerpos,
poros exhuberantes y carnes sudorosas.
Tu vientre danzaba sin rendirse en la noche de música,
pródiga en bailes de ropas mojadas.
Tu purpurina destellando mil fulgores desde tu piel cálida e insinuante.
La pasión y el frenético ritmo nos poseyeron locamente,
agotando esa noche purpurinada.
Murieron los encuentros de baile y música.
Murieron las noches de purpurina...