El valor impresionístico de los sonidos
en el poema “No dejes los espejos bocarriba”,
de John Jairo Junieles
Carlos Daniel Ortiz Caraballo
Maestría en Literatura Hispanoamericana
Instituto Caro y Cuervo
El sonido es el alma de una lengua, el aliento que provee vida a las palabras para comentar, crear, y hasta imitar la realidad que designan. De esa última particularidad, deviene precisamente el carácter onomatopéyico y el valor simbólico de ciertos sonidos para la construcción de éste tipo específico de palabras, y en ciertas circunstancias estéticas, de un determinado efecto lírico.
A cada uno de los sonidos de una lengua les ha asignado una letra o grafía, la cual, no sólo le otorga su representación visual sino que trata de ser fiel reflejo de su esencia sonora. Es así como cada uno de estos sonidos adquiere un valor distinto según la posición que ocupen en una palabra dada, sin embargo, tienen también unos rasgos que no varían y que permiten reconocerlos sin confusiones en cualquier posición.
Maurice Grammont [1] considera que cada sonido articulado (vocálico y consonántico) indistintamente, tienen un efecto particular que remite o conecta a quien lo escucha con una idea especifica. A ese singular efecto le llamó ‘valor impresionístico de los sonidos’, pues la producción de los sonidos que conforman una determinada palabra tiende a reproducir el efecto sonoro del ser u objeto que designan, reforzando el sentido de una determinada expresión y estimulando asimismo, de diferentes modos la percepción del receptor.
Por ejemplo, en el caso de las vocales, considera que estos sonidos llegan al oído como notas agudas (que expresan por naturaleza ruidos agudos y estridentes como el de un martillo al golpear un yunque), graves (como el de un tambor o el ruido producido al tocar la puerta), claras o luminosas (expresan ruidos como el sonido de una flauta o el de un triángulo metálico, asimismo, expresan ruidos ligeros, melosos dulces y en ocasiones de estrépito) y oscuras (expresan ruidos sordos). Todas las vocales son susceptibles de entrar en esta clasificación ya que pasa a ser definida por su contexto.
Las consonantes las clasifica desde la naturaleza de su modo y punto de articulación, las que ordena en: oclusivas que expresan un ruido seco (b, d, g sonoras y p, t, k, sordas); nasales que producen ruidos reales o aparentemente nasales (m, n, ñ); líquidas que suministran un ruido que semeja un soplido (l, r, rr y otros chillones); y las aspirantes que son propensas a producir un soplo acompañado de un cuchicheo (j).
Ese valor impresionístico de sentidos que expresan los sonidos de una lengua, trascienden hasta la creación literaria. De acuerdo con Grammont, los contextos más favorables para la realización de los valores de las vocales son el habla afectiva y la poesía.
Una interpretación a la poesía “No dejes los espejos boca arriba” [2] de John Jairo Junieles, permitirá una aproximación al microcosmos semántico de esta obra lírica, sustentada desde sus cualidades sonoras, es decir, desde el valor evocador de los sonidos articulados del texto, su fono-simbolismo que tratan de reproducir el sonido de las acciones y cosas significadas.
Un primer acercamiento a la significación de la poesía de este poeta cartagenero, a partir del valor simbólico de los sonidos que la conforman, se hace perceptible la reiteración de la palabra vengo abriendo cada una de las cuatro estrofas en que está ordenada la obra. Esta palabra se encuentra en relación con la evocación de unos lugares y objetos específicos en la extensión de la poesía, que se despliegan hacia los orígenes de cada una de las etapas de desarrollo del hablante lírico; la casa, el patio, el cuarto y la hamaca tienen una expresión sonora de carácter apacible y sordos como la nostalgia producida por esos lugares y objetos. La grafía v (descrita como fonema oclusivo bilabial sonoro /b/) es reforzada por el sonido de la g ( /g/ oclusivo posterior velar sordo), que se articulan con las vocales luminosas E (/e/) y O (/o/), convocan a una quietud melodiosa y perdurable; esta última característica deviene también, de la resonancia y combinación con la letra n (nasal predorso velar sonora /n/).
Vengo de una casa con techo de dos aguas y cuartos de tierra
Pisada, alumbrada en las noches por velas y lámparas de
Petróleo.
Existe de igual modo al interior de ese primer verso, la aliteración del plural en las palabras cuya designación de objetos y lugares (casa, aguas, cuartos, las noches, velas, lámparas), reproducen el suave recorrido de otra voz, la voz de la letra s (fricativa pre-dorso alveolar sorda /s/), la de la brisa que camina por esos recuerdos con cierto orgullo, pero sobretodo con nostalgia.
Las vocales claras como la ‘i’, que son por naturaleza propensas a expresar sonidos metálicos, estridentes y agudos, desborda esta característica en el segundo verso; palabras como India, orín, nido, orinar así lo precisan. Los aromas y olores son portadores de la reminiscencia producida por la reiteración de los sonidos vocálico mencionado; no obstante en el verso anterior, la reiteración de la letra, es más que todo una asociación rítmica del sinfonía interna de la poesía, que despliega sus rasgos impresionísticos claros.
Vengo de un patio donde siempre huele a azahar de la India,
a orín de caballos, se pasean enormes morrocollos entre
matas y piedras, y buscamos nidos de alacranes para orinar
sobre ellos.
El segundo párrafo se halla construido también, a partir de un predominio del de los sonidos de las consonantes rr y R (fonema lateral vibrante simple /r/ y vibrante múltiple /rr/ respectivamente) los cuales elevan el ritmo de la narración sobre recuerdos placenteros, remembranzas que estos sonidos particularizan con una estruendosa puerilidad que va acorde con el sentido del verso. Palabras como siempre, azahar, orín, enormes, morrocollos, entre, piedras, alacranes, para, orinar, y sobre lo demuestran. Además, ratifica el soplido que manifiesta el fonema ‘s’ en los olores aludidos.
Los dos últimos versos reposan sobre una actitud emotiva igual que el verso anterior, pero estos, por tratarse del final, son más apacibles. Uno de los sonidos predominantes es el de la consonate ‘c’ (descritos como post-dorso velar oclusivo /k/), que manifiestan un tajante distanciamiento, un vacío causado por la sequedad del sonido; el sonido ‘s’ sigue destacándose por la suavidad en relación con el paso del viento, pero esta vez, ya no actuá en concordancia con los olores, sino con el transcurrir del tiempo.


de un baúl sobre el que reposa siempre el almanaque Bristol.


Vengo de una hamaca donde el abuelo me da su primer


no dejes los espejos boca arriba,


nunca sabes lo que puede salir de ellos.
Los sonidos consonánticos ‘b’, ‘d’ (oclusivo dental sordo), y ‘j’ (fricativa post-dorso-velar sorda) (representados con /b/, /d/ y /x/ sucesivamente),contribuyen también a generar una sensación de tranquilidad, que se funde en la calma de un viento ligero y suave; a pesar de la articulación de las distintas variedades de vocales en el verso, son sus combinaciones con las consonantes las que no permiten una estridencia mayor, solo la necesaria para estar en concordancia con el ritmo de la poesía.
Para establecer el sentido de esta obra lírica, valga introducir el término isotopía que es acuñado por Greimas [3] , para designar la redundancia de significados que aparecen en un texto y que a la vez orientan su sentido, posibilitando la lectura del mismo como un discurso homogéneo.
La isotopía dominante de la poesía de John Jairo Junieles, se enmarca en la idea del: el retorno; retorno que es construido por el hablante lírico a partir de la búsqueda que emprende hasta sus lugares y objetos de orígenes. Ese retorno a los lugares anhelados a los que sólo se tiene acceso a través de la evocación y el recuerdo.
Es en primera instancia, el reencuentro del ser con los lugares de procedencia; los cuales se afirman en la reiteración nostálgica, en la evocación a través de ciertos grupos de sonidos como los que conforman la palabra ‘vengo’, y todavía más, el fonema consonántico /s/ que tiende a reproducir el trascurrir del viento, y más aún, del tiempo, oleaje sobre el cual se deja de arrastrar la memoria del hablante lírico para regresar a su inocencia.
De allí justamente que el final del poema esté insertado sobre las creencias populares o el imaginario de los abuelos, de los ancestros, de su sabiduría de cuentos y leyendas que sostienen la cultura oral de las diferentes regiones, en este caso en particular, la cultura de la costa atlántica colombiana; oralidad que es nutrida en el poema con la fuerza rítmica de los sonidos que componen ciertas palabras y frases que describen específicamente esta tradición y su forma de ver el mundo: ‘casa con techo de dos aguas y cuartos de tierra pisada’, ‘patio donde siempre huele azahar de la India’ ‘morrocollos entre matas y piedras’, y ‘un baúl sobre el que reposa siempre el almanaque Bristol’ ‘una hamaca donde el abuelo me da su primer consejo’.
La voz lírica funda su microcosmos cultural con un lenguaje al que sustrae de rasgos particulares como la omisión o apocope consonántica al final de palabras, característica propia del caribe colombiano, lo que demuestra la preocupación del autor por el lenguaje, sin embargo, la tradición oral y la forma de ver el mundo, son expuestas a partir del modo particular en que el hablante lírico hace mención de dicha tradición, en la forma como enuncia el microcosmos cultural de donde se origina.
La reiteración de unos sonidos sobre otros, mantiene el ritmo interno de la poesía, lo que determina el estado emocional de la voz que funda este microcosmos cultural que se soporta en la reminiscencia a su raíz esencial: el abuelo, la viga fundamental que sostiene la obra lírica.
La significación del texto se constituye en la nostalgia, en la idea de la lejanía, de la ausencia, del recuerdo, quizás, del paso del tiempo o tal vez, de la muerte a la que se extraen esos recuerdos.
El profesor Álvaro Calderón Rivera afirma que uno de los intereses de la fonética es “la connotación, a un nivel un tanto abstracto, que los ruidos de la naturaleza tengan en la creación poética, por la presencia o reiteración en lo escrito, de ciertos fonemas. Esta relación de los sentidos con los sonidos se denomina estilística fonética”. [4]
De este modo, esta relación entre poética y la fonética y la fonología, no sólo permite una interpretación a la significación del poema por la adecuada combinación de sonoridades en el ámbito sintáctico, sino también, procura matices significativos que franquea rutas no exploradas a cabalidad.
Notas:
[1] Maurice Grammont. ”Le valeur impressive des voyelles et des connsonnees”. En: Revue de Langues Romanes, t XLIV (1901), pág: 102, 117.
[2] John Jairo Junieles. Canciones de un barrio en la frontera. Instituto cultural de cultura y turismo. Bogotá, 2002. Pág: 11
[3] A. J. Greimas y J. Courtes. Semántica: Diccionario razonado de la teoría de la lengua. Gredos.Madrid, 1982.
[4] Álvaro Calderón Rivera. “Tradición y modernidad de las ciencias fónicas: fonética y fonología”. En: Verbal Hispánica,Ljdljama, 1992.
Bibliografía:
• CALDERÓN RIVERA, Álvaro. “Tradición y modernidad de las ciencias fónicas: fonética y fonología”. Verbal Hispánica, Ljdljama, 1992.
• GARCÍA YEBRA, Valentín. ‘El plano fónico de la lengua’. En: Teoría y práctica de la traducción. Madrid, Gredos, 1982.
• GRAMMONT, Maurice. ”Le valeur impressive des voyelles et des connsonnees” revue de langues romanes, t XLIV (1901), pág: 102, 117.
• GREIMAS, A. J. y COURTÉS, J. Semántica diccionario razonado de la teoría de la lengua. Gredos.Madrid, 1982.
• JUNIELES, John Jairo. Canciones de un barrio en la frontera. Instituto cultural de cultura y turismo. Bogotá, 2002, p. 11.
• PASTORIZA FEIN, Delia. ‘Poética y Fonología’. Boletín de Filología. Tomo VII, # 46, 47, 48. Montevideo, 1951.
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© Carlos Daniel Ortiz Caraballo
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Ensayo
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VII – Número 28
Enero-Febrero-Marzo de 2007
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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