Muerte, heme aquí
Heidy Romero
Heme aquí, madre de amargas despedidas.
Abrázame con tus alas
y apaga esta vela que ya no es mía.
Te he buscado en la infinita oscuridad
de las almas torturadas, en la melancólica noche
donde los caídos gimen por sus pecados.
Ya estoy desesperado, tengo ansias por dormir
contigo para que me arranques el corazón
y huyas con mis pesares.
Muerte, heme aquí. Apacigua mi dolor en los atrios
de tu casa y no me niegues tu dulce compañía.
Seca mis lágrimas con tu capa rasgada,
fundida entre cenizas y huesos secos de sedienta maldad.
Heme aquí, madre de mi último suspiro.
Cansado y fastidiado por la humillante vida,
solo espero este infierno
que se aproxima con voraz hambruna y triste sequía.
Muerte, heme aquí solo,
sacrificándome por la paz y la eterna libertad
de los que moran en la casa de tu creador.
En la fría aurora se desvanece mi mirada,
ya estoy falleciendo, Muerte, amada mía, heme aquí.
Olvidados
Al pueblo colombiano.
Y cayeron las flamas ardientes del cielo
castigando así al pueblo insensato.
Un grito de guerra ahuyenta las almas
de los caídos, infieles mortales fundidos
en el alba de la oscuridad.
Mi pueblo clama con fe al Gran Rey entristecido
por la maldad del corazón negro
de los despiadados santos.
Soldado, es hora de luchar, ponte tu armadura blanca
y pelea con el escudo sagrado de la humildad.
Hemos sido olvidados, ya estoy cansado de tanto dolor,
aposté mi vida a cambio de la libertad y la perdí.
La Libertad ya no existe para aquellos débiles que confiaron
en aquellos mortales con mascaras de ángeles,
ahora solo vivimos para la madre Muerte,
quien nos asecha de día
y nos cobija con su funesto espíritu en la noches
heladas de este amargo lugar,
de esta solitaria prisión
a la que todos hemos sido sometidos.
¡Culpables!, nos ha declarado la vida
por todos nuestros pesares.
En un mar de sangre hemos sido olvidados,
los violentos carecen de corazón y la Democracia de rostro.
¿Quién soy?, un hombre despojado de sí,
camino por las calles quebrantadas por la injusticia de los todopoderosos.
Así vivimos en el atracante día que le espera a un manojo
de criaturas que anhelan la Paz en medio del olvido.
Un verso más
A Pablo Neruda.
Hoy te dedico un verso más,
Maestro de maestros, porque la
grandeza de tus obras será
memorable por la eternidad.
He escrito mil y mil pero nunca
como las tuyas que perduran y
perduran en este claro sin fin.
Dedicaste tu vida y rendiste pleitesía
a tu noble arte que te llevó por el mundo
donde te conocimos y después de un siglo
hoy te admiramos, poeta cantor.
Porque tus letras serán tesoro
y tu nombre inmortal.
Aunque te halles en la tumba, yo he de promulgar:
A ti, Pablo Neruda, un verso más te quiero regalar.
A donde quiera que hayas ido,
al valle del silencio eterno, allí,
mi voz llegará donde este amoroso
verso seguirá tus humildes pasos.
Un verso más le quiero regalar
al niño que llevas dentro,
aquel que yo encontré en medio de mis
fantasías y de tus grandes proezas
donde la poesía es hermosa y suave
con el viento que se apaga en la calidez
de tu lecho.