El idioma nuestro
de todos los días

Aníbal Tobón Bermúdez
atobon@etb.net.co

Las Lenguas

Una lengua, un lenguaje o un idioma, es un conjunto de palabras o formas expresivas de un grupo de seres humanos. Desde bíblicos tiempos, se habla de la diversidad de lenguajes que el hombre ha utilizado para comunicarse, y bastaría con citar a la Torre de Babel, que según la Biblia, dio lugar a nuestra diversidad de lenguas, aunque el celebérrimo ejemplo haya sido para crear la confusión en la comunicación.

Hace doscientos, o quizás trescientos mil años —no se conoce una fecha exacta—, el homo sapiens creó un lenguaje que sustituyó los aullidos para mostrar su dolor, risa para expresar su alegría, gritos para mostrar su coraje y gemidos para decir amor. Es allí cuando se gesta el habla y el sonido, como medio de comunicación y para expresar acciones o sentimientos.

Luego de crear un lenguaje vino su segunda aventura lingüística: la invención de  la escritura. El primer escrito que se conoce se atribuye a los sumerios de Mesopotamia y es anterior al 3000 a.C. Como está escrito con caracteres ideográficos, su lectura se presta a la ambigüedad, pero está presente el principio de la transferencia fonética. En el caso de los egipcios, se conocen escritos que proceden de unos cien años después y también testimonian el principio de transferencia en sus jeroglíficos.

Los fenicios, pueblo de comerciantes viajeros, fueron quienes perfilaron una forma de alfabeto o abecedario para la escritura. El alfabeto fenicio sólo tenía consonantes y el texto se leía de derecha a izquierda. Éste fue adoptado por los arameos y los hebreos, y un poco más tarde, griegos y etruscos lo introdujeron en Europa Occidental.

World Watch Institute dice que actualmente habría en el mundo unas 3.000 lenguas, algunas solo orales y otras escritas, muchas de las cuales están en peligro de extinción por diversos motivos. El primero de ellos es que la mitad de esas 3.000 sólo son habladas, y según la UNESCO, se necesita que una lengua sea usada por lo menos por 100.000 personas para seguir con vida en la siguiente generación. El segundo motivo es que la mayoría son articuladas por menos de 2.500 personas, lo cual las hace candidatas para entrar al Reino del Silencio.

Entre las que más peligran están, según World Watch, el udihe de Siberia, hablado por 100 personas; el arikapu del Amazonas, usado por solo por seis, y el eyak de Alaska, hablado por una sola persona. Es decir que en estos momentos, ya pueden haberse extinguido, y con la pérdida de una lengua se pierde un trozo de historia y cultura del ser humano, y también peligra la necesaria diversidad del planeta.

El castellano, o español, que realmente es una derivación del latín, como lo son el italiano, el francés y el portugués, nace de las persecuciones a los monjes anacoretas de la hoy provincia de Rioja en Castilla. Los textos en latín que esos monjes estudiaban resultaban complicados y comenzaron a emplear, y hacer anotaciones, con palabras mucho más sencillas. Aunque el proceso de construcción de toda nueva lengua es lento y complejo, puede darse como cuna del castellano los apuntes hechos por los monjes en el llamado Código Emilianense en el Siglo X.

Algunos opinan que el inglés es el idioma de los negocios; el árabe, de la poesía; el francés, de la gastronomía; el  italiano, del amor; el alemán, de la guerra; el chino, de la diplomacia, y el español, del placer.

También puede hablarse de Lenguas Criollas, que son en su mayoría lenguajes de procedencia dialectal, y entre ellas están el creole y el papiamento, que dejaron de ser dialectos. El creole, del que cada diez palabras, cuatro son del inglés, llamado también cróele, o patois jamaiquino, fue creado por esclavos y hoy es un lenguaje común en varias regiones. Tiene como base el inglés, con algunas palabras del holandés, una fonética de cadencia africana y algunos giros de jergas de marinería.

El papiamento es hablado en Aruba, Bonaire y Curazao. Se trata de otra lengua criolla, cuyo léxico procede del español y el portugués principalmente (sin que se pueda realmente diferenciar cuál de ellos es mayoría), y en menor medida del holandés, el inglés, el francés, la lengua indígena arahuaco, y diversos lenguajes africanos. Esta lengua criolla cuenta con literatura, así como periódicos, revistas, y sitios electrónicos.

Los dialectos

Un dialecto puede ser desde una determinada manera de hablar o escribir una lengua por un reducido conglomerado humano, pero también una derivación, escrita o hablada, de un idioma conocido, e incluso, puede tratarse de una mezcla de lenguas.

No existen criterios universalmente aceptados para equiparar o distinguir los idiomas de los dialectos bastante extendidos, bien porque los hablantes del dialecto no tienen un estado o nación propios; porque su lenguaje carece de prestigio; porque no hay suficientes diferencias gramaticales con respecto al idioma del que desciende, o bien, porque las diferencias son exclusivamente fonéticas o de vocabulario.

En América del Sur escojo el lunfardo, que tiene como base a otros dialectos italianos (especialmente, el genovés), junto con algunas palabras francesas frecuentemente referidas a la vida bohemia: garçonnière,  por vivienda de soltero, o prissé, por dosis de cocaína. También, las aportadas por otros grupos extranjeros (papirusa, del polaco; bondi, del portugués). A través del gauchesco llegaron indigenismos (cancha, pucho), afronegrismos (quilombo, mandinga), arcaísmos españoles (aguaitar, espichar) y también palabras del caló (dialecto de los gitanos españoles) como araca y mangar, junto a palabras de la germanía (dialecto de los bajos fondos españoles del siglo XVIII) como runfla y taita.

También integran el vocabulario lunfardo palabras inventadas, algunas a través del intercambio de la posición de las sílabas, procedimiento conocido como vesre o alrevesino. Otras de origen incierto, como mandanga o trolo, y palabras castellanas con nuevos significados (marrón por ano, o moco por error importante.) Éste último tipo de palabras ha crecido en gran porcentaje dentro del conjunto de palabras del lunfardo, a medida que ha transcurrido el tiempo.

También debería contarse desde ya al spanglish como un dialecto, que es relativamente nuevo y se dice que comenzó a formarse entre 1965 y 1970. Podría ser definido como una forma de español que emplea una gran cantidad de palabras prestadas de un inglés deformado, especialmente como sustituto de palabras que existen en español, y hablado principalmente en México y Estados Unidos. Por ejemplo: asuranza por seguro, carpeta por alfombra, eskipear por “echarse la leva” de la escuela, grocería por mercancía, puchar por empujar, ruffo por techo, choppin por ir de compras, teipear por escribir a máquina, mailear por enviar mensajes electrónicos, o accesar por acceder.

Muchas de las palabras proceden de nuevas tecnologías, como el Internet, en donde así mismo se está gestando una nueva escritura q’ obdc kda vez más a la incesante búsqueda de la rapidez, en estos tiempos de stress, en donde se suprimen vocales o se usan vocablos en clave.  

Las jergas

Claro es que en Colombia tenemos jergas, más que todo orales y a las que muchas veces se les “acomoda” una escritura. Voy a escoger una que entre los colombianos ha persistido, a pesar de su actual poco uso: el alrevesino en el que se trastruecan las sílabas como en los casos de misaca y lonpanta por camisa y pantalón, y que era el idioma de las “barras y las galladas” como se conocía años atrás a los clanes que se estacionaban en las esquinas de Curramba, otro término alrevesino a medias, creado por el poeta, locutor y publicista Juan Eugenio Cañavera (quien falleció hace algún tiempo), término venido de barranq, para significar en escritura de teletipos a Barranquilla, y diferenciarla de barrank que era Barrancabermeja.

Aquí en la ciudad, donde hay lingüistas de pretil y bordillo, por los años sesentas sobresalió Pedro Ponce, un bacanquillero, es decir, un bacán natural de Bacanquilla. Pedro era (¿es?) un modernizador y saboteador del idioma común y corriente de esos años, que inventaba palabras y las ponía de moda antes que cantara algún otro gallo, muchas de las cuales hicieron carrera entre la parla delirante de los bacanquilleros de esos años y hasta se expandieron al resto del país.

Entre las palabras que recuerdo estaban coleto por alocado, coleteras por locuras, friquiado por sentirse mal, teso por valiente, colino por drogado, zanahorio por sano, o Pedro Judex para significar algún indeterminado personaje. Claro es que también esa jerga ha sufrido variaciones y algunas palabras han desaparecido, o se escuchan poco, como triaca por homosexual o trola por pene.

Recuerdo la vez en que fui a buscar a Pedro Ponce a su casa, y me atendió su mamá, señora de estirpe del barrio El Rosario, que me dijo: “Pedro no está, dijo que salió a dar una voltereta en la lata de su vicario”, que en buen castellano quería decir que “Pedro salió a dar una vuelta en el carro de su papá”. Así se iban extendiendo los dominios lingüísticos de la jerga de Pedro Ponce. Codo a codo con las jeringonzas tan de moda en esos años, sobre todo entre las niñas, quefe hafablafaban cofón lafa lefetrafe f, y en las que se podían hacer malabarismos verbales con cualquiera de las consonantes de nuestro vital alfabeto.

Actualmente se cocinan otros tipos de jergas en el país, sobre todo relacionadas con la tecnología, en la que destacan el uso de neologismos del inglés, otra especie de spanglish, como chatear por enviar mensajes electrónicos y maus por cursor de computadora. Pero también palabras de argot de universitarios, de basuqueros o lingüistas callejeros, como gomelo por superficial, rapero por admirador del rap, parce o parcero por amigo, mamera por aburrimiento, chimbo que unas veces es algo bueno y, en otras regiones, algo malo, traqueto por narcotraficante, sollelle por desquiciado, e incluso camello por trabajo.

En Barranquilla (¿Bacanquilla?), tenemos todo un vocabulario en que la jerga parece se va de juerga: nevada por Terminal de Transportes, plequepleque por pelea o discusión, mamellazo o tramacazo por golpe, barra por unidad monetaria, vergajo por mala gente, chócoros o chismes por trastos, guachafita por tropel y, entre otras más, añoñi, para afirmar, y que en nuestro caso muestra que nuestra bendita jerga de todos los días sigue vivita, vaciladora y hablándose.


Fuentes:

World Watch Institute. Periódicos: El Espectador 01-08-00, 28-01-00 y 20-06-01.
El Colombiano: 24-10-01. El Heraldo 23-04-00 y 20-04-03.

























   
Aníbal Tobón y la poetisa Fadir Delgado
Foto tomada por Guillermo Tedio
  en una fiesta-tertulia en casa de Eduardo Márceles D’Aconte

    El autor:

Aníbal Tobón Bermúdez es director y actor de teatro. También periodista, titiritero, escritor y narrador oral. Ha sido director del Teatro Estudio de la Universidad del Atlántico (1970-72) y del Grupo Teatro de Bellas Artes (76-78). Estudió teatro en la Universidad de Vincennes, París, Francia (1973-74). Actualmente dirige la Caza d’Poesía, un centro de tertulia para artistas, intelectuales, creadores, escritores y bacanquilleros.

Vivió más de 20 años en diversos países con diversas actividades artísticas. A principios de los 70s se fue a Paris a estudiar teatro en la U. de Vincennes, volvió a Colombia en 1976 y armó su hogar frente al mar de Puerto Colombia por unos años, antes de irse a Estocolmo, Suecia, a estudiar cine y teatro. Después de recorrer Europa y el norte de África, saltó a Venezuela, donde coordinó la fundación Cecrea, un proyecto aprobado por el gobierno sueco  para la niñez y la juventud; recibió dos veces Bolsa Trabajo Artístico del Consejo de Artistas de Estocolmo, Suecia (1984 y 88), dirigió los suplementos literarios Astrolabio y Alter nativa, y las páginas de  la fundación Proartes del diario Siglo XXI. En la actualidad dirige el proyecto salgarino que busca habilitar un espacio lúdico y cultural para los niños del sector Solymar y coordina las revistas orales Krónikas Lunáticas y Palabra en el arte, así como Los Monumentos Hablan y el Concervezatorio.

Fue premio Nacional de Artes Plásticas  en 1978 con el Grupo Experimental El Sindicato de Barranquilla.

Como escritor ha sido ganador del Concurso Liberación (París 1982) con el cuento Sos Pechosa. También aparece incluido en la antología de poesía sueca Poeternas Strad. Ha publicado cuentos, poemas, dramaturgia y ensayos en diversos periódios y revistas internacionales. Trabajó como periodista más 30 años para diarios y agencias de prensa entre ellas Inter Press Service (IPS) y Nueva Voz en el extranjero.
   
Ha dirigido y actuado en diferentes piezas montadas por diversos grupos extranjeros, tanto de América como de Europa. Actualmente vive y crea en Salgar y Barranquilla, además realiza Talleres de Formación Artística y Revistas Orales.
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©   Aníbal Tobón Bermúdez

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VIII – Número 29
Abril-Mayo-Junio de 2007

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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