La partida

Iván Iglesias
iiglesias@uca.edu
Spanish Lecturer I
University of Central Arkansas
Conway, Arkansas 72032 (Estados Unidos)


A la gran abuela Isabel Terraza

Hoy lloro por  tu partida grabada en un espacio sin medida
y por tu silencio encarcelado entre paredes de lamento.
Hoy lloro por los minutos que le faltaron a nuestra despedida
y por tantos recuerdos vivos que abrazan este momento.

Hoy lloro por tu porte fuerte de guerrera
a quien las lides de la vida terminaron por vencer.
Hoy lloro por tu larga y ceniza cabellera
que el paso de los años logró embellecer.

Hoy lloro por tu sonrisa amable y franca
y por el cálido regazo que me sirvió de abrigo.
Hoy lloroi por aquella rosa blanca
que te acompañó en tu viaje, sin viajar conmigo.

Hoy lloro por el lazo de tu vejez y de mi infancia
que tus manos tejieron con dulce maestría.
Hoy lloro de tristeza al saber que tu fragancia
quedará en el recuerdo de aquel lejano día.

Hoy lloro y lloraré por tu ausencia inesperada
que no logro comprender en esta noche oscura.
Hoy lloro y lloraré por tu imagen inmaculada
que conmigo llevaré hasta mi sepultura.


Hoy quiero hablar de ti

Hoy quiero hablar de ti y de tu vida entera
porque recordarte es sentir conmigo tu presencia.
Hoy quiero yo contar tu historia verdadera
y aliviar así el dolor que trae tu ausencia.

Santa Ana se llamaba, de tu pueblo, la patrona,
apreciada dondequiera en tu vasto Magdalena.
Allí creciste, bella dama sin reinado y sin corona
pero heredaste del sol tu fuerte tez morena.

De los valles y montañas tomaste tu frescura
y acariciaste la tierra hasta verla dar a luz.
Usurpaste de los ríos el compás de tu cintura,
naturaleza engendrada de aquel que murió en la Cruz.

Catorce primaveras vestían tu figura
cuando La Puerta de Oro escogiste por morada.
Tus progenitores sentenciaron con firmeza tu locura,
ignorando que de Cúpido una flecha tenías clavada.

La flecha encantada logró su cometido
y a gran varón por muchos años te mantuvo unida.
La fuerza del galán en tu vientre dejó prendido
el fruto de una generación de Dios muy bendecida.

Dicha generación hoy recuerda con tristeza
los arduos sacrificios de tu fiel labor.
Tus sabias enseñanzas serán la fortaleza
que nos unirá por siempre en torno a tu amor.


Mi infancia sin ti

A la tía Nicolaza, Mimía.

He vuelto a ver mi infancia en tu piel ya madura,
en tus ojos encorvados, en tu voz un poco grave,
en los años de tu espalda a causa de la estatura
del alma soñadora que embarcaste en tu frágil nave.

He vuelto a ver mi infancia en tus manos arrugadas
que se estiran solo con el recuerdo de una sonrisa vivida
y puedo observar, en tus cuencas, las lágrimas derramadas
por aquellos que has servido con atención desmedida.

He vuelto a ver mi infancia en tu caminar adolorido
en el que en cada paso se confunden la emoción y la razón
y  me pregunto si al final del muy extenso recorrido
habrá un poco de regocijo para tu abatido corazón.

He vuelto a ver mi infancia en la batalla de tus dedos
por dejar tatuada la huella de tu esmero en la labor
y admiro esa maestría con la que resuelves los enredos,
la misma que a tu arte culinario le añade ese sabor.

He vuelto a ver mi infancia en tu carácter bondadoso,
ese que por divina herencia se transmite dentro de mí.
Siempre recuerdo con nostalgia ese rostro cariñoso
que ha alegrado a tantas almas, pero ¿cuál de ellas te ha alegrado a ti?


Nuestra historia

A mi querida esposa Star.

Ficción no he de llamar
a la historia que hoy he de contar
pero seguro me he de esmerar
en buenos acontecimientos relatar.

Maestro por profesión él tenía
y ella de estudiante a sus clases venía.
Sirvió de alcahueta la mesa un día
para enviar el mensaje que así decía:

Llámame esta noche
y no olvides traer el coche,
te esperaré en mi puerta
para llevarte a la Huerta.

La chica, que tonta no era,
tomó directo la carretera,
rogando que en la puerta estuviera
su galán gozando de la espera.

Ella lucía abrigo de cuero curtido
que el gran usurero le había vendido.
Él reflejaba en su vestido,
más que de galán, aspecto de bandido.

Las apariencias a un lado se hicieron
y a su cita contentos se fueron.
Entre tragos y palabras consumieron
todo lo que en su loco afán pidieron.

El bolsillo del galán soportó
todo lo que la cuenta abarcó,
mas triste el pobre hombre quedó
al ver que su fortuna se esfumó.

Sin prestar atención al caso,
planeó con cuidado el otro paso
y, para evitar cualquier fracaso,
decidió esperar para dar su zarpazo.

El clima terminó por favorecer
los intentos del galán, al querer,
por el frío en sus labios, pretender
de la dama un cálido beso tener.

Ese beso el amor selló
y dos corazones por pasión unió.
Esta buena historia así aconteció.
Que cuente otro ahora, que aquí me callo yo.
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©   Iván Iglesias

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VIII – Número 29
Abril-Mayo-Junio de 2007

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN VIII - NÚMERO 29