Telaraña y otros poemas
Ulises Varsovia
De Hojarasca, 2008.
Por entre la espesura de la niebla
con todas mis personas reunidas,
en busca de aquél cuyos pasos,
cuya figura inconfundible,
cuyo perfil en brumas vagando
por un tiempo ya no tiempo ni olvido,
ya no retención ni sonambulismo
al interior de las hojas muertas.
Extraño internarme en la masa
de gas atmosférico urdido
de diminutos estambres húmedos,
y no llegar nunca a destino,
columbrando formas fugaces
que de prisa por entre los años
con una parte de mí, huyendo,
extraviándose en la humareda.
Yo, seguramente, el que, de pronto,
detenido en medio de la mañana,
o de la tarde, o de los sueños,
sin saber, ni oir, ni recordar,
con un vago presentimiento
de que alguien por aquí, merodeando,
e inútil llamarme en la combustión
de las hojas inmolándose por mí,
llevándome consigo al humo.
Por entre la espesura, entonces,
de una masa de gas cerebral,
con todas mis personas reunidas,
en busca de aquél que muy cerca
y muy lejos, desenredándose
y enredándose nuevamente
en la telaraña de los destinos,
mientras alrededor las hojas secas.
Tres poemas cósmicos
1. Música
Música de instrumentos siderales,
música de esferas y de planetas
fluyendo en la partitura de un orden
de inquebrantables leyes de piedra,
sonando desde el mismo génesis,
en el principio de la luz y el tiempo.
Como el susurro de divinos labios
de jóvenes vírgenes en el Partenón,
o como el fluir de olímpicas linfas
a través de la lira de Morfeo,
¡grandiosa, Universo, tu arquitectura
de sublimes notas equilibradas
en la armonía del cosmos eterno!
En ella vamos los seres terrestres
cautivos, y nuestra gran rebeldía
apenas un rasguño en la faz del Padre,
apenas una leve disonancia
en la suma euritmia de las esferas.
Un violín inalámbrico, Padre,
tu cascada de indescriptibles notas
derramándose en la casta aurora,
una flauta de apolíneo timbre
el rumor de la brisa en la enramada
pulsada por miles de invisibles dedos,
un oboe de líticos registros
el sonido de la ola quebrándose,
o el crepúsculo de hojas crepitantes.
Y la noche pura llena de chispas
desgarrando su materia incombustible,
y las tempestades oceánicas
rugiendo su furor hacia los cielos,
y el aroma de la rosa en sazón,
y el galope del ciervo en el bosque,
y el murmullo del arroyo diáfano…
Música de misteriosas cítaras
el planeta todo sacudido
por un temblor de castalienses linfas,
música de instrumentos siderales
el orden perfecto del Universo
girando en su movimiento eterno,
música de una sublime armonía
cimentada sobre leyes de piedra.
2. Temblor
Si un temblor de mi arboladura
de sutilísimos estambres
por dedos olímpicos pulsados,
o cuando estrellas inaccesibles
su remota energía cósmica
alumbrando mi clarividencia,
¿quiénes, qué, cuántos y de dónde
los que conmigo por la corriente
de un fuerte, torrentoso río,
quiénes su sideral magnetismo
reunido en mi cámara obscura,
desde donde liras y guitarras,
desde donde misteriosas voces
sacudiéndome hasta el espasmo?
Tal vez la misma fuerza oculta,
tal vez la misma raíz del canto
que en Delfos, Dodona o Eleusis,
donde pálidas sacerdotisas
envueltas en vapor terrestre,
emitiendo su cifrado enigma.
Entonces temblando en la noche,
todo penetrado de energía
cósmica, de remotos astros,
como si mi vida una vasija
de arcilla sideral reuniendo
todas las sílabas del canto.
3. Pasmo
Pasmado en el prodigio azul
de la noche de infinitos astros
atrapándome en su radiación,
penetrándome de luz mineral
hasta el mismísimo tuétano
de mis huesos en desbandada,
pasmado en la enceguecedora
luz de luciérnagas cósmicas
clavándome con sus saetas,
dotándome de una energía
diferente en su espeso bullir
a todas las fuerzas terrestres.
Única mi singular presencia
bajo el desnudo planetario
en esta noche de metales
extraterrestres tocándome,
única mi atónita persona
clavada contra la corteza
de un mudo planeta, ensimismado
en el silencio del universo.
Y única la noche mágica
dispersa en miles de destellos,
dispersa en miles de pupilas
mirándome hasta hipnotizarme,
mirándome hasta convertirme
en una más de sus criaturas,
sujeto a su cósmico albedrío.
Veredicto
De: Esperando a Claire.
De la poesía a la eternidad,
un largo camino por una jungla
de ojos ensañados en tu grafía,
destilando sangre, ira y veneno.
Caerán sobre ti como aves de presa,
no dejarán letra sobre letra,
te arrancarán las pausas, los adjetivos,
vomitarán sobre tus mejores piezas,
y a lo largo de tristes decenios
te concederán una tregua
admitiendo tus pobres engendros.
¿Dónde estarás tú, amada criatura
de temblorosos pies y contorno,
cuando tu padre legítimo sea
sometido a juicio y arrojado
al sótano de tinta muerta?,
¿quién, en el temporal de cuchillos,
hará leña del árbol caído,
y arderá tu substancia excelsa
en la chimenea hacia el olvido?
Pero tú me sobrevivirás, poema,
tú tomarás el camino nocturno
en la clandestinidad de los proscritos,
y al final del tortuoso túnel
una luz de luminal fulgor
te rescatará de los escombros.
Yergue, pues, tu cálamo, poeta,
yergue tu grafía en el testimonio
de quién arrojó contra el tiempo
un puñado de trémulas palabras,
y espera el veredicto en su tumba.