María:
La enfermedad de Colombia

Gina Villamizar
ginamaria16@hotmail.com

La novela María de Jorge Isaacs, ha sido considerada la novela romántica por excelencia en Latinoamérica. La relación entre María y Efraín se ha catalogado como una historia de amor con un final triste, debido al fracaso amoroso de la pareja por la muerte de la protagonista. Sin embargo, más allá de esta historia romántica, se puede encontrar que esta relación de amor es una alegoría del conflicto de configuración nacional. A mitad del siglo XIX, Colombia vivió una crisis protagonizada por los partidos liberal y Conservador, lo que desató a su vez la guerra civil. “Hacia 1850 en la Nueva Granada los grupos sociales no podían ubicarse en el mismo partido político: la divergencia ya señalada entre los latifundistas y los restantes grupos sociales; debía expresarse en la oposición de dos nuevos partidos políticos.” (Mejía: 263). De igual forma, la heterogeneidad de razas se constituyó en una condición crítica para el país, puesto que era el periodo de la búsqueda de igualdad entre negros y blancos, debido a que el presidente López durante su mandato abolió la esclavitud.

En la novela, aparentemente no existen los conflictos por los que pasaba la sociedad de la época, sin embargo, Sommers en su texto Foundational fictions: The Nacional Romances of Latin America, afirma que el ambiente natural y familiar en el que se desarrolla la obra, provee el modelo de una aparente consolidación o formación nacional sin violencia, durante un periodo de conflictos internos. Además, cabe recalcar que Colombia no consiguió ninguna clase de consolidación nacional en el siglo XIX, por el contrario, era un país fragmentado por las diferencias sociales, políticas y religiosas.

Ahora bien, para Sommers, la representación de la crisis nacional en la novela, radica en la enfermedad de María, convirtiéndose en una metáfora del conflicto y de la carencia de rumbo en la sociedad. Por un lado, tenemos a una familia burguesa, hacendada y acomodada la cual parece no tener problema alguno. Son amables con sus trabajadores esclavos y todo parece estar en plena calma.

“Tenía yo un cariño especial por el negrito; él contaba a la sazón 12 años; era simpático, y casi podría decirse que bello” (Isaacs 88). “En mi ausencia mi padre había mejorado sus propiedades notablemente: una costosa y bella fabrica de azúcar […] los esclavos, bien vestidos y contentos hasta donde es posible estarlo en la servidumbre, eran sumisos y afectuosos para con su amo […]. Hallé hombres a los que, niños antes, me habían ensenado a poner trampas a las chilacoas y guatines en la espesura de los bosques.” (Isaacs: 24) 

Por otro lado, María sufre la misma enfermedad que mató a su madre, la judía Sara.  Siendo María una judía conversa al catolicismo, no puede escapar de este mal que la persigue. “[…] no lo digas a nuestros parientes; pero cuando llegues a la primera costa donde se halle un sacerdote católico, hazla bautizar y que le cambien el nombre de Ester por el de María” (Isaacs: 30). Salomón, el padre de María, concebía la cristiandad como una oportunidad de llevar una vida mejor. “si el cristianismo da en las desgracias supremas el alivio que tú me has dado, tal vez yo haría desdichada a mi hija dejándola judía”. (30). No obstante, vemos que “[...] María is tragically linked to her own mother both through her jewish religion and the fact that she has inherited the disease that killed her mother”. (Reyes: 34)  De allí que, como afirma Sommers, el hecho de ser judío se convierte en el vehículo de Isaacs para representar el fin de la clase hacendada y que el ser judío se convierte en una maldición. El ser judía, no compagina con el mundo de Efraín ni con el de Colombia en esta época. Si ella tuviera hijos con Efraín, ellos sufrirían la misma enfermedad, convirtiéndose en la destrucción de la familia.  El haberse convertido al catolicismo, y el haberse cambiado de nombre, prueba aquí que no fue suficiente para la Joven protagonista llevar una vida mejor. Es su origen religioso, lo que provoca su enfermedad y posteriormente su muerte.

De la misma manera piensa Don Anselmo, el padre de Efraín, quien le dice a su hijo que la unión de ellos dos llevaría a la familia al fracaso y la destrucción. Él sabe de la enfermedad de María, que es la misma que acabó con Sara siendo tan joven. Don Anselmo quiere que su hijo, como todo joven burgués continúe sus estudios en Europa y para él, María se convierte en el impedimento para que Efraín y la familia progresen, sobre todo en tiempos de crisis, puesto que la economía de la familia no marchaba bien, debido a los fracasos en los negocios.

“Yo tengo cosas muy tristes para decirte, tan tristes que son la causa de mi enfermedad. Tú estabas en la montaña…Mamá lo sabe todo, y yo oí que papá le decía a ella que mi madre había muerto de un mal cuyo nombre no alcancé a oír; que tú estabas destinado a hacer una bella carrera, y que yo…!ah!, yo no sé si es cierto lo que oí…será que no merezco que seas como eres conmigo…[...].” (Isaacs: 50).

Posteriormente, el padre cambia de opinión, con respecto a la unión de los jóvenes, claro está, Efraín debía partir primero a culminar sus estudios de medicina y a su regreso, se casaría con María. Los enamorados acatan la decisión del padre. No obstante, la partida de Efraín, acelera el deterioro de María, lo que finalmente la lleva a la muerte. El joven no alcanza a regresar a tiempo, al menos para despedirse de su amada. Vemos entonces, que la enfermedad de la heroína, se convierte en una imposibilidad de unión entre la joven pareja. Asimismo, al presentarse esta situación como una alegoría del conflicto de configuración nacional en Colombia, se convierte en la imposibilidad de unión y de aceptación entre las distintas clases sociales, raciales y políticas del país. De allí que se considere que la enfermedad de María, es la enfermedad de Colombia.

Por otro lado, María nació en Jamaica, por lo que lleva sangre negra, mientras que Efraín es blanco. Esta es otra diferencia que existe en la pareja pero también en la nación, donde judíos y negros en el siglo XIX eran considerados una enfermedad. Fue un periodo en que los hacendados se rehusaban a integrarse con sus esclavos, recién liberados. En la obra, estas diferencias no encuentran soluciones. Sin  embargo, si es notorio que las familias no hacendadas y de origen más humilde si logran alcanzar la felicidad y el amor. Por ejemplo, Braulio y Tránsito, Bruno y Remigia, vecinos y trabajadores que vivían en la parte de arriba en la montaña, se casan y forman una familia con hijos sanos. Lo que demuestra, que fuera de la esfera hacendada y plantera, los trabajadores humildes son los que representan la renovación nacional, es decir, los agricultores y labradores independientes pertenecen a la nueva esfera de la sociedad, una vez que la esclavitud ha sido abolida.

De la misma manera, Efraín posee sangre judía aunque un poco más lejana, ya que fue su padre mitad inglés, mitad judío y que se convirtió al catolicismo para poder casarse con la madre de Efraín que si era católica. Asimismo, la sociedad fue incapaz de obtener una igualdad racial entre blancos y negros.

“[…] en lo que sigue, sugeriré que el judaísmo sirve como figura de dos caras de la indecible diferencia racial en la sociedad hacendada: la diferencia entre blancos y negros. [...]. La familia hacendada de María o es demasiado conservadora y blanca para sostener alianzas con los liberales y llegar a ser clase hegemónica, o no es lo suficientemente conservadora y blanca” (Sommers: 440)

Asimismo, la idea de la enfermedad de Maria está presente desde el inicio de la novela, por lo tanto, su muerte no es una sorpresa para el lector. Un ejemplo claro lo tenemos cuando Don Jorge enferma debido a un fracaso en sus negocios:                        
“El doctor me llamó disimuladamente al salón para decirme: -usted no desconoce el peligro en que se halla su padre; no me queda ya otra esperanza que la que tengo en los efectos de una copiosa sangría que voy a darle [...] si al venir el día no se hubiere presentado, nada me resta por hacer”. (Isaacs: 166)

De igual forma, cuando Feliciana, la nana de María muere, también regresa la idea de la enfermedad y muerte de la jovencita. Esta conexión se hace, debido a que en la novela, se nos presenta su historia de amor con un triste final similar al de Efraín y María. Estando en África, esta mujer se enamora de Sinar, un hombre de una tribu distinta que se encontraba cautivo en su población. Ellos se enamoran y luchan para que su amor sea aceptado por las distintas familias. Cuando finalmente logran acabar con todas las barreras, se casan pero la misma noche de bodas son separados por la esclavitud.  “Cuando despertó de aquel sueño quebrantador y espantoso se halló sobre cubierta y sólo divisó a su alrededor el nebuloso horizonte del mar. Nay no dio ni un adiós a las montañas de su país”. (Isaacs: 197). Ella fue enviada a Colombia en calidad de esclava, pasó a manos de patrones que la explotaban hasta que fue rescatada por Don Jorge quien la lleva a su hacienda para que se haga cargo de María. La historia de Nay, alimenta la idea de que “la separación de Nay y Sinar por el mar anuncia la próxima separación de María y Efraín, lo mismo que la muerte de Feliciana anuncia la de María”. (Menton: 9 ) 

Tanto María como Feliciana, son convertidas al catolicismo y también reciben cambio de nombre, Ester y Nay. Por otro lado, Don Anselmo, quien es de origen judío, logra recuperarse y seguir adelante con su vida. Para sommers, es importante que haya sido él mismo quien eligiera su conversión al catolicismo. En el caso de María, ella no lo eligió, fue orden de su padre que así fuera, lo que ha podido considerarse como una traición. Sommers también dice que la familia de conversos y cristianos de Efraín está condenada, María muere porque es judía o porque su conversión fue un pecado.

Un ejemplo de la idea anterior, se presenta con la aparición de un ave negra en la novela. Esta ave es vista por la pareja como un símbolo de malos presagios, da la idea de que algo malo va a ocurrir. Primero aparece cuando María sufre las primeras convulsiones y Efraín debe salir de la hacienda a buscar un médico. En el trayecto, se le presentaron muchas dificultades, como la de cruzar una fuerte corriente en el río que por poco lo ahoga. Esta aparición del ave, se dio justo cuando María estaba convaleciente y se pensaba que no iba a recuperarse. La segunda aparición del ave, se da cuando los jóvenes hacen sus planes futuros, después del regreso de Efraín a Colombia. En ese momento, esta ave fue considerada como el símbolo de un mal que se aproximaba.

Para Sommers, el ave es la representación de la madre, el espíritu vengativo de Sara por la conversión de su hija; pero es a la vez, es una señal de desigualdad racial entre el mundo de los hacendados, el maestro y el esclavo. Sara no estaba de acuerdo con la conversión de su hija al catolicismo, y seguramente no estaría muy contenta de que su hija se enamorara precisamente de un hombre que no pertenece a la misma religión de su familia. Es por ello, que su espíritu está presente a lo largo de la novela, a través de la enfermedad de María, para recordarle su imposibilidad de juntarse con alguien que es distinto a ella. Hecho que a su vez, los termina separando. De allí, el temor constante de esta familia por el estado delicado de salud de la niña, porque siempre en el fondo tenían la idea de que María podría sufrir la misma enfermedad de la madre, lo que se constituiría también en la destrucción de la familia, si Efraín insistía en permanecer a su lado y no se marcharía a Londres.

Con lo anterior, es notorio que Maria resalta la urgencia de un proyecto nacional que solucione antagonismos, pero no se llega a una solución. A diferencia de otras obras como Martín Rivas, en donde sí se logra una unificación entre una burguesía naciente, ligada a la minería, con la burguesía tradicional, ligada al sector de propietarios, aristócrata, puesto que Martín y Leonor logran estar juntos al final:

“Conociendo, por la pintura que tantas veces te he hecho, el carácter de Leonor, te explicarás cómo haya podido ella conseguir que sus padres aceptasen nuestra unión con inequívocas muestras de alegría.- Así lo deseaba ella y así ha sido. —Don Dámaso, después de obtener mi indulto con poderosos empeños, ha tenido que reconocer delante de su hija que él, al casarse, no estaba en muy superior condición a la mía” (Blest Ghana: 173). 

Se da así, un final feliz de la historia, lo que no ocurre en Maria, donde la enfermedad y la muerte se convierten en la alegoría de la crisis nacional y su imposibilidad de superarla.
“A las cinco de la tarde, Mayn, que permanecía a la cabecera pulsando constantemente a María, se puso en pie y sus ojos humedecidos dejaron comprender a mi padre que había terminado la agonía. […] Estaba como dormida, pero dormida para siempre…!muerta! ¡Sin que mis labios hubiesen aspirado su primer aliento, sin que mis oídos hubiesen escuchado su ultimo adiós[…].” (Isaacs: 291)

En consecuencia, Maria hace que el proyecto familiar fracase y el romance histórico acabe con cualquier posibilidad de unificación entre el movimiento liberal, asociado con una burguesía tímida pero emergente, con el movimiento conservador, asociado a los grandes propietarios, dueños y esclavistas. De hecho, es la misma diferencia que acompaña a Colombia hoy en día, la guerra civil que ha durado más de 100 años, se ha constituido en la imposibilidad de reconciliación entre los distintos partidos políticos y el continuo rechazo a una igualdad nacional.

Con lo anterior, la tesis de Sommers radica en que la enfermedad de Maria se convierte en la imposibilidad de Colombia de unificarse como nación, Colombia es una tragedia  que a diferencia de otros países fue el único que no logró ninguna clase de consolidación en el siglo XIX. Ella habla de un excepcionalismo invertido, es decir, el proceso de Colombia ha sido diferente a otros países en Latinoamérica que si alcanzaron por así decirlo algún tipo de consolidación nacional. Para ella, la novela:

“[…] carece de causa política o social aparente, de odio racial y de conflictos regionales. A diferencia de otras obras donde el amor imposible entre amantes (sectores) históricamente antagónicos subraya la urgencia de un proyecto nacional que reconcilie los antagonismos, en ésta la frustración no apunta  a ninguna solución.” (Sommer: 441)

Ahora bien, la pregunta que debe hacerse en este punto es ¿qué tan diferente ha sido el proceso de Colombia en relación a los demás países? ¿Acaso los procesos de pacificación en Argentina o en México no fueron un exterminio de indígenas y de la población menos favorecida? Este hecho es palpable con David Viñas cuando denuncia a la elite argentina por la desaparición de pueblos indígenas. Él analiza el proceso político e histórico de este país, empezando con la campaña del Desierto que estuvo a cargo del general Roca y de cómo se justifica el exterminio de la población india. En el caso mexicano con el porfiriato, se le hizo creer al pueblo que el sentido de la historia era lineal  y con esta idea, se pretendió justificar las atrocidades cometidas por el régimen, en contra de los esclavos, los obreros, los indígenas y de todos los que estaban en contra o al margen de su proyecto de nación. De igual forma, ¿Qué hay de las guerras civiles en centro y Suramérica, las matanzas de indígenas y la sublevación del pueblo en busca de mejores condiciones? Un ejemplo claro, lo tenemos con el testimonio de Rigoberta Menchú, cuya voz, representa la voz del pueblo maya que ha sido reprimido, explotado, desalojado y asesinado durante décadas en Guatemala. Igualmente, ¿Dónde quedan las dictaduras militares que dejaron tantos muertos y desaparecidos en Suramérica, por ejemplo durante la dictadura militar de Pinochet  en chile? ¿Qué hay de Argentina, donde Videla justificaba la desaparición y asesinatos, con fusilamientos a plena luz del día?

La idea anterior, no hace sino confirmar que la historia de la formación nacional de Colombia, a diferencia de la tesis de Sommers, no ha sido tan diferente ni tan excepcional a los demás países que si lograron algún tipo de consolidación en el siglo XIX, como ella lo ha afirmado. ¿Que clase de unificación puede existir en los demás países, donde el derramamiento de sangre y la injusticia social y política ha oprimido a la población más necesitada? Nuestra historia y nuestra formación, ha sido igual de violenta e igual de sangrienta.  Nuestros muertos, nuestros desplazados y desparecidos han sido los mismos. En consecuencia, su tesis es refutable, y para ello tenemos el ejemplo de Facundo, y la diferenciación que Sarmiento hace entre lo que es civilizado y lo que es bárbaro, así como también, la producción de la imagen bárbara para poder ejercer violencia sobre el otro.

“Si un destello de literatura nacional puede brillar momentáneamente en las nuevas sociedades americanas, es el que resultará de la descripción de las grandiosas escenas naturales, y sobre todo de la lucha entre la civilización europea y la barbarie indígena, entre la inteligencia y la materia”. (Sarmiento: 37)

“[…] Había antes de 1810 en la Republica Argentina dos sociedades distintas, rivales e incompatibles; dos civilizaciones diversas: la una española, europea, culta, y la otra bárbara, americana, casi indígena; y la revolución de las ciudades sólo iba a servir de causa, de móvil, para que estas dos maneras distintas de ser de un pueblo se pusiesen en presencia una de otra, se acometiesen, y después de largos años de lucha la una absorbiese a la otra.” (Sarmiento: 59)

En Martín Fierro, queda demostrado que las injusticias sociales y políticas son las que llevan al gaucho a convertirse en “un gaucho malo”. “Antes de cair al servicio, tenía familia y hacienda, cuando volví, ni la prenda me la habían dejado, ya, -Dios sabe en lo que vendrá a parar esta contienda” (Hernández 60).   En Martín Rivas, se gesta la primera revolución liberal caracterizada por motines y sublevaciones. “En lo mas reñido del combate, una bala derribó al Coronel Urriola, Jefe de los revolucionarios, el que cayó diciendo: ¡me han engañado! —palabras que ha recogido la historia como una prueba de que los revolucionarios no contaban con la obstinada resistencia que encontraron.” (Blest Gana: 156)

Con todo esto, queda demostrado que la situación de Colombia no ha sido tan diferente ni tan excepcionalmente inversa a las demás naciones. Si es claro que la enfermedad de María se convierte en la imposibilidad de unificación de Colombia como nación, la imposibilidad de igualdad entre blancos y negros, pero de allí a afirmar que es el único país que no logró ninguna clase de consolidación en el siglo XIX  y que por ello es diferente a las demás naciones, es una aseveración falsa.  Si es cierto, que la situación de Colombia ha sido más notoria o ha tenido mas renombre porque de alguna manera ha afectado a otros países, como por ejemplo el problema del narcotráfico. Pero no por ello, se le puede catalogar como el único país que no ha podido superar sus conflictos internos. Todas las naciones han pasado por procesos similares y es muy difícil afirmar que las condiciones de una son mejores que las otras. Ya ha quedado demostrado con la literatura que la historia no nos puede engañar. Los procesos de fundación de las naciones en el siglo XIX en Latinoamérica han sido similares, la violencia, las injusticias sociales y políticas y las diferencias de raza, de clase y religión han sido igual de importantes para todos. Puedo afirmar entonces, que la hipótesis de Sommers es valida, pero no del todo acertada, en considerar la formación de Colombia excepcionalmente inversa a las demás naciones.


Bibliografía:

Isaacs, Jorge. María. Medellín: Editorial Bedout S.A. 1982.

Sommer, Doris. Foundational Fictions. The National Romances of Latin America. Berkeley and Los Angeles: University of California Press, 1991. 

Bhabha, Hommi. Nation and narration. London: Routledge. 1986.

Sarmiento, Domingo Faustino. Facundo. Bogotá: Ediciones Universales, 1996.

Hernandez, Jose. Martín Fierro. Bogotá: Ediciones Universales, 1996.

Blest Gana, Alberto. Martin Rivas: Novela de costumbres chilenas. Washington: D.C Heath and Company, 1926.

Menton, Seymour. “La estructura Dualística de María”. Boletín del instituto Caro y Cuervo XXV (1970): 1-27.

Reyes, Lisa. “The nineteenth-century Latin American national Romance and the role of women”. Ariel 8 (1992): 33-44.

Mejia, Gustavo. “La novela de la decadencia de la clase latifundista; María de Jorge Isaacs”. Escritura 2 (1976): 261-277.

Sommers, Doria. “El mal de María: (Con)fusion en un romance nacional". Hispanic issue 104 (1989): 439-474.
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©   Gina Villamizar

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Ensayo

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VIII – Número 30
Julio-Agosto-Septiembre de 2007

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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