Rabia y paz
Alfredo Vaeza Grego
vaezaarte@dedicado.net.uy
El sol, la luna, el mar, las estrellas.
Las olas, el silencio, la espuma, la noche.
La cara, el viento, la sed, el agua.
El corazón, la rima, los ojos, el pez.
La luz, el alma, el dolor, —el artista—.
El tiempo, la ruta, el verde, la noche.
La pirámide, el cuadro, la voz, el misterio.
El grito, el silencio, el cielo, la mente.
El ruin, la mentira, la envidia, la mierda.
El sismo, la boca, los ojos, el túnel.
El amor, el crepúsculo, el corazón, la lagrima.
La fiebre, el sudor, el hielo, el sueño.
La música, el ritmo, el labio, el cerebro.
Volveré, volverás, volarás… el aire.
El estruendo, tus ojos, el pelo, la niña… azul.
El color, el árbol, las palabras, la conciencia.
La malicia, la lacra, el ventajero, el veneno.
El libro, la sinceridad, el pan... verdadero.
El buda, ¿egoísta? Perverso, embustero.
El poeta, la cama, el lápiz el verso.
Dios, la verdad, la fe, el todo.
A Antoine de Saint-Exupery,
después de leer su libro Ciudadela
He visto la bronca del niño cuando su madre llora.
He visto preamaneceres insólitos en la rambla de Montevideo.
He nadado hacia el sol mientras bebía la luna.
He descubierto la fuerza del amor y su potencia en la misa.
He escuchado los cantos del porqué alguien muere.
He revisado y subrayado los libros que alientan mi curso.
¿No me he perdonado todavía a mí mismo?
He visto mi cuerpo tan solo desde mi alma flotante.
He encontrado que soy y no soy como un ser encantado.
He visto donde viven los duendes y les robe su comida.
He visto el silencio aturdirme de póstumas razones.
He visto la depresión atacarme con su inmunda sonrisa
y la dejé seguir de largo…
He descubierto todo en la caída de esa lágrima.
Nada resuelvo sin el sonido del mar y del viento.
¿Has todavía reconocido a Dios e ignorado al hombre?
Me he mil veces equivocado sin corregirme de vuelta.
He dormido en el día lo que despierto en la noche.
No te he llamado —solo espero que vengas—.
He escrito poemas que atemorizan al libro.
He inscrito mi sangre en un colchón de aguas vivas.
He resuelto aceptar la fe como una premisa divina.
¿He pensado en el miedo acobardándolo?
He visto a los niños enseñarme mi alma.