Me duele Dios...
Yván Silén
Me apiado de Dios como si lo hubieran saqueado.
Me duele Dios como me duelen los cojones.
Y me duelen los ojos como me duele
la luz. Me duelen las manos cuando
padezco la lluvia. Me duele la
risa y río, y deambulo y sueño
la injusticia de los hombres, el delito a
la mujer, el genocidio de los niños…
Me duele Dios como me duelen los cojones. Me
duele la muerte como si me hubieran matado.
Me duele el cielo como me duele la tierra.
Y estoy cruzando los espejos y no hallo a nadie.
Estoy cruzando la mujer y no me ahuyento.
Me duele Dios…como me duelen los cojones.
Orpheo
Las jóvenes famélicas
me rondan,
me acorralan
y atacan,
bacantemente,
para devorarme el falo...
La luna mira desde el eclipse
y la sangre corre unicorniamente dulce.
El espejo
¡El espejo
es la sevicia de Dios
en los ojos de la mujer herida:
la hurí era posta
como las lunas del desierto.
La hetaira, cuasi desnuda,
se disgustó
con el demiurgo
y se engulló la nada.
El dragón observó la silueta:
¡el desierto había cubierto la luna!
Tu cara de loca
Con tu cara de loca te vi
partir con tus zapatitos rojos
y te vi mediamitad
en la lunacompleta
del espejo de tu sueño partido.
Te vi
orinar, supongo,
como si estuvieras soñando
en la claridad de los umbrales
de tu blog.
Te vi vibrar en las imágenes tuyas
para ese ojo esquizo
que te mira con mi ojo.
Mitad desnuda, mitad de luz
mitad foto y mitad deseo.
Te adiviné oscuro por las esquinas
mulatas de tu vulva.
Con tus zapatitos rojos
te vi orinar en la sospecha
de tu vulva.
¿Quién?
Sueño oscuro la muerte
como una aguja que te traspasa
y que te cose. Y nadie
sa
be (¿lo sabes tú, acaso?)
¿quién de nosotros se ha quedado
sin semen? ¿Quién ha perdido
su prepucio entre tus labios?
¿Qué noche blanca de cisnes lilas
te ha traspasado la garganta?
¿Quién dijo esto?
¿Quién halló lo otro de la nada?
¿Quién dirá detrás de mi
o quién hurgará delante
en la eucaristía de las ratas
del convento?
¿Quién se ha quedado
sin mi sed, quién se ha quedado sin tu seno;
quién sin las hojas del desierto?
¿Quién, enemigo de Dios,
está vendiendo mi bicho en las esquinas?
¿Qué camello ha gritado tu nombre
en las navajas?
Debo de dudar. Debo de ser cierto.
Debes de ser la sinécdoque y lo breve
y debes de ser tú, indecentemente, Buda.
(Follar tu flor, chichar tu rosa
como un clavo de ataúd en los espejos).
¿Quién se ha comido mi lengua por tu lengua?
¿Quién se ha bebido azul las lunas de tu cáliz?
¿Quién se te ha mentido aláhmente
dentro de ti dos veces?
¿Quién se ha venido por tu culo en la tristeza?
¿O quién blasfema como yo en las alegrías?
¿Quién esquiza, quién trastea, quién hurga?
¿Quién sodomiza la belleza de Diana en el reflejo?
¿Quién ha traficado
la muerte entre los besos?
¿Quién rabia, quién ira,
quién dirá o quién lirará a Orfeo
por el silencio de los sueños?
(Follar tu flor, tu dedal
como un bicho ataúd en los espejos).
Estoy regalando mis palabras inciertas
a los pobres.
M’estoy hospedado bichamente al fondo de tu vulva
y nadie sabrá de mí (una rosa),
nadie me hallará (un pistilo)
en la metástasis del Dios alucinado
entre los labios.
(Follar tu flor, tu erizo
como un clavo de falo en los espejos).
Porque soy el que pregunta por Dios,
el que lo cita, el que lo llama, el amante,
que yace diosmente a las puertas de la nada.
¡He aquí yo estoy!
¡YO SOY EL QUE AMA A DIOS ABRUPTAMENTE,
el que lo vierte, lo derrama y
se viene girasoles amarillos
entre tus dedos de muñeca japonesa!
¿Quién podrá dar un paso delante del ángel
si soy el Pretérito, el Esquizo,
el Plusvulgar, el Breve, el amanecido,
el que anduvo a mi diestra, metapoéticamente,
el Imperfecto de mí, emocionado, qué más da,
en la memoria de los muertos
(o de tus besos inconclusos).
Soy, QUISIERA SER, el Deseo,
el que te chicha, China,
mulata, tus ojos verdes y oscuros
como el miedo,
el que te clava tierno por las abejas de las rosas,
el que te clava por el ano alucinante
(de tu sueño amanecido
en los incendios, o amanecido en los eclipses)
del Angel Zumbador que fuma marihuana
junto al Altísimo, junto al intento
infinito de tus besos.
¿Qué será de la gramática
cuando yo la escupa?
¿Qué será de ti
cuando yo te sueñe?
¿Quién quebrará tu flor, quién quebrará tu agua,
quién quebrará tu sed,
como un clavo de vidrio en los espejo?
¿Quién ha exprimido tu vulva
con la mano debajo ti y de las lluvias?
¿Quién te ha clavado
nymphamente en los estanques?
¿Quién ha sido idiota
como yo con las muchachas
(que caminan desnudas por las playas)?
¿Quién se suicidó con mis navajas
o con mi payama anaranjada?
¿Quién calidoscopia y quién traficará
carne molida en tus deseos,
si detrás de tu antifaz
me equivoco brevemente,
si detrás de tu Eros,
de tu lujuria me equivoco atento,
si detrás de tu centavo
(que huele a cebolla),
me juego el infinito y me equivoco
el infinito?
¿Quién te halló traficando
con mi semen la palabra?
¿Quién me habrá robado tu portón o tu columpio?
¿Quién me habrá robado tu clítoris en las navajas,
tu secreto de alfiler,
en el libro amargo de las madres?
(Follar tu flor, tu dedal, tu erizo
como un clavo de ataúd contra la muerte).
Abrelata
Con un abrelata maté a mi padre.
Con un tenedor he matado a mi madre.
Pero la luna yace sobre el hielo
del espejo en d
o el ataúd
resbala contra los siervos.
Es sólo la noche.
Y Diana afila la punta de su lanza.
He matado a mis padres
con un abrelata anaranjado.
José Martí
La Muerte está
sentada a mis umbrales.
José Martí
Amaste a la Muerte como a una furia
bajo la lluvia de los días inmensos,
pero tu voz luminosa de Tiresias
no se confundió con l’Apariencia
de los múltiples ojos o de
las múltiples formas: Selene
inmersa en su periodo
pariendo a la Medusa
en los relojes de arena,
pariendo a Diana inmensa entre las lanzas,
o Ariadna inmensa, candorosa, oscura
en los tejidos de sí misma.
Amaste a la Muerte y
quebraste a l’Apariencia medusamente
en donde todo se parecía a sí mismo:
fatal los días, como fatal la fama,
el cielo oscuro de las aguas claras,
el mar prusiano de la tierra verde,
los suicidas lívidos de los ahorcados lilas,
o el Cerbero a la voz del Hades
por donde Silén, abreviado, escaso e infinito
canta en los zaguanes y pregona inmaculado
el sentido del niño de la madre dura
por las grietas infinitas
de la ausencia…
Te levantaste extraño, duro,
para escribir el espanto de tus días
y afilaste la cuchilla de tu verso,
como rosa blanca de la Muerte,
para que Tiresias de Silén,
desde el lomo del centauro blanco
dijera por los días de la Muerte
(el beso santo de la muerta, la madre grande)
que yace quebrado-cuerpo por los días del espanto.
¡JoséMartí, Tiresias oscuro,
infinito por la Muerte!