El Abasto y otros poemas
María Alejandra Crespín Argañaraz
Escritora argentina y profesora en Letras
Con días y noches….
con un viento que apenas gemía,
con Poscka, curvas de mimos…
con tus labios,
con amaneceres
donde el sol quedaba ardiente
por la luz de nuestros ojos.
Con una terraza
donde nuestros cuerpos oscuros
jugaban a punta de cincel,
con Gardel y Rampal, tan presentes…
descubriéndonos
y entendiéndonos,
y amándote…
Casas bajas y silencioso sol,
y olor a carne de domingo
y escaleras de mármol
y desayunos al sol.
Un lugar de goce,
de dicha de causalidad,
de calles recorridas,
de buzones, de música… el tango.
Yo estoy enamorada de un sitio
y converjo en un tiempo con ese lugar
y con emociones que laten dentro de mí.
Ese lugar es un barrio,
pero decirlo es perderlo.
Es poema que ya se canta con improperios de amor.
Digo ABASTO, te llamo por tu nombre,
como en el amor…
Te recorro,
te pienso, te siento.
Soy un par de pies más sobre tu barrio,
y un corazón,
y una boca,
y unas manos, y unos ojos,
mirada penetrante.
ABASTO, destaco tus letras,
las gozo, las pinto y…
me siento a tu lado, te digo ABASTO, y ya está todo.
Yo creo en la mágica virtud de ocho letras
dichas con amor, con intención de pasión.
¿Y que puedo hacer?
¿Enumerarte en calles,
en mujeres, en niños?
No te recorro,
te mido en Pasaje Zelaya,
te discuto, te contribuyo.
O si un poco de recuerdo
es todo el recuerdo
puedo ensayar el tarareo
de Lamento en Irlanda,
o si no te escribo
como en el Amor…
te deletreo… ABASTO.
Profundidad
Necesito que algo me impulse
como el viento al velero;
tus ojos, por ejemplo,
esos ojos que miran para adentro
y se hunden en la profundidad del sueño.
O tu paso,
con algo de misterioso apuro;
paso sin huella,
con el eco sutil de los recuerdos.
O tu risa,
cascabel sonoro,
juego de luces en tu rostro, melódica cadencia
donde navega tu alegría de vivir…
O tu mano,
la que pliega el contenido de las horas
para que sirvan
de señal al libro donde el tiempo
escribió nuestro destino.
Algo, o todo, me impulsará mañana
como el viento al velero,
hasta el puerto
seguro de tus brazos,
o hasta el mar sin riberas
del olvido…
Ariadna
Te extraño, imperturbable
sobreviviente de mi naufragio,
Dios de nuestra isla,
habitante de lugares lejanos,
Teseo de regiones encantadas.
A veces sueño que te veré a mi lado,
que escucharé tu voz, dando aliento a mi pena.
¿Sabes que sufro mucho?
¿Sabes que este lugar se ha vuelto insoportable?
Daría mi vida por sentirte,
por tener tu mirada sobre mi pelo,
tu voz acariciando mi dolor,
tu mano fuerte en mi mano solitaria.
Estás en mi recuerdo,
no quiero años, sin ti.
No quiero este río de minutos sin tus palabras,
tengo miedo de que me devore el minotauro,
miedo de ofrecerme en sacrificio,
miedo de que me abandones…
Solo tú puedes llegar aquí,
solo tu calidez y tu deseo
pueden darme esperanzas.