La Galería

Coordinación:
Alvaro Suescún Toledo
alvarosu@hotmail.de


Roberto Angulo:
Agua y luz en la mirada
(Sala III)
Roberto Angulo
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© Roberto Angulo
© Álvaro Suescún Toledo
© Francisco Gil Tovar
© Eduardo Serrano
© Enrique Caballero
© Margarita Galindo Steffens
© Mario Rivero
© Campo Elías Romero Fuenmayor

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
LA GALERÍA
Museo Virtual de Artistas del Caribe
MUVAC

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VIII – Número 31
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2007

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

El URL de este documento es:
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Las reflexiones de Angulo:
Los efectos de la luz en el paisaje

Álvaro Suescún Toledo
alvarosu@hotmail.de


Una visión de paisaje de rara pureza se advierte en la serenidad  de esas plantas tras los efectos de luz espejeándose en las aguas. La sonoridad cristalina de la atmósfera le confiere a estas acuarelas una dimensión encantada,  en  las que hay una placidez propia de las filosofías orientales  presente en la exposición individual que ahora Roberto Angulo exhibe en la Galería de la Aduana.

Revela que hacía trece años no hacía una muestra de carácter individual en Barranquilla. Acostumbrados como estamos a percibir los triunfos de quien ha sido calificado como "un virtuoso, el más hábil cultivador de la acuarela tradicional en Colombia" [1], al saberlo participando repetidamente en las muestras colectivas habíamos perdido la visión de su obra en conjunto, máxime cuando ella misma está conformada por elementos de apariencia intrascendente disueltos en una luz que pareciera desmaterializarse en la atmósfera, su grande acierto, y el aporte que hace para convalidarse ante la historia.  Son esos los recientes cambios en su obra, perceptibles en su extensa y lúcida trayectoria que, en sus más recientes incursiones,  exalta su sensibilidad en la muestra de pequeños detalles que pasarían desapercibidos en el observador tradicional. Para lograrlo investiga el comportamiento de los efectos de la luz, tantea en busca de un encuentro con la realidad a través de la mancha,  divirtiéndose cuando a otros preocupa, viéndolas alcanzar vida propia en una exultación visual que le imprime animosidad. Observador inquisitivo, Angulo aprovecha todos los recursos  valiéndose de las posibilidades del pincel diluido en sus primeros trazos, sustituyéndolos por una extensión monocromática y amplia que repite hasta obtener la intensidad apropiada del color deseado. Al aplicar ciertos trucos conocidos y otros  experimentales, agregados al bagaje adquirido en su temprana relación de aprendizaje con Giancarlo Macchi [2],  incrementa la fuerza visual resultante en los cambios tonales del reflejo que incorpora al conjunto estético de su obra, obteniendo como resultado estos paisajes alternativos, emblemas de la transitoriedad de la vida cuyas notas, entre sentimentales y simbólicas, constituyen una composición a ritmo de poesía.

Cada vez menos preocupado por la seguridad que produce su hábil manejo de la técnica, ha pasado del paisaje lacustre y marino a los elementos intrascendentes, acercándose —sin que esa fuera su intención premeditada— en sus sensaciones a los clásicos orientales de la acuarela, sus iniciales precursores, y el consecutivo posterior de mayor prestigio, por su obra, los impresionistas. Como en ellos, su expresión es la resultante de una actitud de total inconformismo felizmente asimilada en el audaz recurso del cromatismo en gradación desde los registros fríos de los nenúfares hasta las encendidas tonalidades de la puesta del sol sobre la barca que él acierta en titular Distorsión.

Este período de su trabajo tiene la acentuada característica de la persistencia en la experimentación. Así ha logrado construir un lenguaje en el que, perfectamente balanceada la utilización libre y despreocupada del color con una mayor libertad expresiva en la forma, la resultante está dotada, en su ambiente poético, de una dosis de magia oriental que eleva la acuarela al rango de arte calificado, sin el sacrificio de la belleza propia del objeto.

Queda claro que en su particular manera de expresar su realismo pretende ser diferente. Insiste con denuedo en su intención primordial,  la solución de los problemas plásticos mediante el establecimiento de un hecho pictórico en la constante búsqueda de la obra de arte. Ese es el camino. Los temas, la forma y el color, en el desarrollo de su constante tarea experimental, son para imponer un estado de independencia y de acercamiento a sus metas personales.

Notas:

[1] Francisco Gil Tovar.  “Roberto Angulo, el pintor”. Propal, 1989.

[2] Giancarlo Macchi, arquitecto barranquillero de ascendencia italiana y también gran acuarelista.
Charco
Cintos
Cúpula de San Pedro
Comentarios
sobre la obra de Roberto Angulo


FRANCISCO GIL TOVAR

Roberto Angulo es sobre todo un virtuoso del procedimiento. En este sentido, quizás el primer acuarelista de Colombia por su habilidad manual y sus movimiento de muchos efectos logrables con un solo toque de pincel, No es esto, sin embargo, con ser un mérito, lo que le hace bueno en su proyecto artístico pues la calidad de oficio y la experiencia técnica no son el arte. Pero  en gran parte, gracias a ello,  puede plantearse hoy la solución  de la síntesis de la forma que conduce a las abstracciones frente a lo que ofrece la naturaleza y a la mayor pureza de lo pictórico. Esto  es ya un planteamiento en la vía de la expresión que lo eleva por sobre las mínimas preocupaciones del oficio.


EDUARDO SERRANO

La obra de Roberto Angulo se inscribe dentro del realismo contemporáneo en cuanto a que es una interpretación fiel del mundo visible, relacionada, especialmente en su encuadre con la fotografía. Su trabajo, no obstante, acusa numerosos factores que revelan una sensibilidad particular y una voluntad de expresión propia. Por ejemplo: su técnica, la acuarela, tratada de manera casi plana y con miras creativas y ambiciosas, evidencia un concepto renovador ante un medio tradicional y frecuentemente relegado a una función decorativa. Su temática de reflejos urbanos (y por ende, de luz) revela así mismo una visión personal al imponer la fragmentación y al obligar a sutiles distorsiones, e inclusive a la imprecisión dentro de su aparente exactitud. Mientras que su color, medido, mesurado, casi monocromático y de entonación poética complementa armónicamente la singular percepción del mundo y la idea de arte como estímulo visual que se hacen manifiestas en su obra.


ENRIQUE CABALLERO

El Tiempo, 1989.

Muerto Hernando Lemaitre, es hoy Roberto Angulo el mejor acuarelista de Colombia. Procede también de la Costa, y esto  nos suministra la mitad de la explicación sobre su excelencia: acuarelistas hay y muy buenos en Antioquia y en la Sabana, principalmente. Pero los de la Costa disponen de unos temas incomparables, comenzando por la imponente Cartagena, la ciudad más linda de España al decir de un poeta Andaluz; el mar Caribe, las aves marinas, el sol y el agua, en fin. El prestigioso Calendario de Propal, a la vez consagratorio por su refinamiento sostenido y popular, porque recorre todas nuestras ciudades, exaltando valores y regando cultura, ha tenido el acierto de seleccionar una docena de pinturas de Angulo para que acompañen a los colombianos a lo largo del incierto 1989.


MARGARITA GALINDO STEFFENS

El Heraldo, 1983.

Si tuviera que dar una nueva definición, un nuevo nombre al oficio del arquitecto Roberto Angulo cuando pinta, yo diría que este artista es “un cazador de luz”. Y es que en las acuarelas de Angulo se produce un fenómeno solar, entrevisto en diferentes atmósferas. Desde las viejas barcazas recostadas en la playa, los troncos escoriados y humedecidos, las hojas llenas de su propio color atemperado por el artista, quien armado de una justa medida, parece haber aprendido el bien difícil arte de no excederse hasta  la exclusivísima toma a pinceladas del agua cantarina en un tonel, o del agua resplandeciente, espejo azotado por las luces y las sombras, sobre las baldosas cuadradas de cualquier sitio.

Es por eso por lo que Angulo ya debe estar acostumbrado a resultar ganador en numerosos salones donde ha participado. Es un acuarelista que se llenó de premios. Desde cuando se fue becado a Europa, hasta cuando en Aberbach, escogieron inmediatamente sus acuarelas para hacer con ellas una muestra individual, y luego en Colombia, el artista se impuso. Angulo no es solo el maravilloso técnico de la transparencia, es el artista que nos lleva de repente a su paisaje o nos pone a mirar a través de sus ojos, un simple pero a la vez extraordinario charco de agua.


MARIO RIVERO

Revista Diners, 1979.

Si se examina más detenidamente una acuarela de Angulo, veremos cómo desafía y domina la terca transparencia de este difícil medio, dentro de un oficio que exhibe claramente categoría europea. El dibujo se ofrece con una nitidez perfecta, cristalina, sin que sea simplificado o disuelto en manchas o generalidades. En cuanto a los blancos, trabajados sobre el vacío del papel. Haciendo el umbral entre realidad e ilusión, tal como corresponde  a este color en la acuarela. Se abren con vida propia, desatan la luz o se transforman en un polo magnético en el fondo del cielo o del agua. Angulo logra sin dificultad la hazaña de que los blancos dancen entre las copas de follaje, estríen sobre la laguna en los juncos como espadas, o anticipen a retazos con color a frío, el pecho nevado del invierno.

Por lo demás, se observa cómo este arquitecto que se entrega  a la profesión de pintor con todos lo poros, cuenta con muchos recursos propios para dar vitalidad y riqueza a su acuarela: esgrafiados , veladuras, estrías, y sobre todo una tinta húmeda, “una tinta niña”, que resume la estética propia de la acuarela. El desarrollo  poético y tierno  propio de esta lengua. Testimonio de una sensibilidad muy alerta, empalmando con la gran tradición de paisajistas ingleses que han exaltado el paisaje en su poesía natural y con los pintores de oriente, que reafirman el lazo  fundamental e insuperable del hombre con lo bello y nos confirman en la certeza de que en arte siempre interesa más el alma que la mano y los sentimientos del hombre que la técnica.


CAMPO ELÍAS ROMERO FUENMAYOR

Diario del Caribe,1978.

Cuando Roberto –el Mono– Angulo recibió su grado de arquitecto, en la Universidad del Atlántico en 1973, muy pocos presentían, casi ni él mismo, que a la larga se convertiría en uno de los más afamados acuarelistas costeños —cereteano de nacimiento, ñero por adopción— del país. Sus clases de acuarela como medio de expresión obligatorio  y rutinario en los quehaceres de los arquitectos. Solo le dieron la fugaz información que todos sus compañeros compartieron hacia la mitad de la carrera. No lo hizo maestro en esta técnica, solo lo suficiente para despertar en él poco después, un creciente interés por el lenguaje acuarelístico, que lo condujo  a la experimentación autodidacta en ese medio en el cual es, hoy día, consumado maestro.

La labor del jurado  del Primer Salón Regional Costeño de Artes Plásticas, que lo distinguió con una gran Mención y Beca para Europa, se vio profundamente compensada, al recibir él otra presea brillante, lograda en un certamen más grande en campanillas e importancia, el XXIX Salón Internacional de Pintura celebrado en la ciudad de Deauville, Francia. Allí obtuvo entre más de  1.000 obras competidoras provenientes de  la Europa entera, el Gran II Premio.

Callado, jovial, inquieto, simple, el Mono Angulo acaba de regresar de las Europas sin los consabidos ringorrangos, perifollos que suelen afectar, desvirolar de tiquismisquis y encarretes a los que han visto el Sena, el Támesis y el Po, para luego hacer ¡Fo! al inefable caño de la Ahuyama. No, lo que aprendió, observó y entusiasmó al novel arquitecto, lo guarda íntimamente para sí , sin despliegues de audacia y prepotencia.
Diáfano
Soslayo