La leyenda de Catalina Loango

Yamila Bauzá
Profesora e investigadora puertorriqueña

Texto escrito por Yadmilla Bauzá-Múscolo, quien desde 1998 enseña cursos en Humanidades y sobre Teoría Cultural del Caribe en el Recinto de Cayey de la Universidad de Puerto Rico.

Según me contaron su nombre completo es María Catalina Salgado y era una de las muchachas más bonitas y simpáticas en Palenque de San Basilio. Catalina Loango, al igual que otras muchachas de Palenque, tenía entre sus deberes lavar la ropa, buscar agua y pescar en el arroyo. Pero algo la distinguía de las demás muchachas del pueblo, Catalina realizaba sus labores mientras cantaba. Dicen en Palenque que ese era un arte que ella tenía.

Un día cuando Catalina se encontraba en el arroyo La Pepa con otras muchachas del pueblo, se encontró con un pez que incesantemente jugaba con sus pies. Encaprichada en agarrarlo aquella tarde Catalina no quiso irse con las chicas al término de sus labores. 'No tengo preciso si fue durante esa tarde o si Catalina regresó en más de una ocasión sola para agarrar al pez', me aclaró Adancito mientras me contaba la historia, pero lo cierto es que ese capricho por el pez la hizo encontrarse con su destino: quedó encantada por un moán quien disfrazado de pez se la llevó a vivir al fondo del arroyo.

Así fue como el moán encantó a Catalina Loango y se la llevó al fondo del arroyo donde tenía una casa toda hecha de oro. Tenía el moán sillas de oro, cacerolas de oro y hasta peines de oro. Desde entonces Catalina Loango quedó sujeta a la voluntad del moán que la encantó en el arroyo. Catalina comenzó a vivir en el mundo del moán debajo del agua.

Luego de buscarla durante días enteros, lo único que encontraron sus familiares y amigos fue su porcelana a orillas del arroyo. Algunos dicen que durante los primeros días de la búsqueda de Catalina, al llamarla por el área del arroyo, la voz de Catalina se escuchó diciendo:

—Estoy aquí debajo del agua. El moán no me deja salir.

Sin embargo llegó el día en que la gente se cansó de buscar a Catalina Loango que por algún tiempo no pudo regresar a su casa en Palenque. Como había sucumbido al encanto del moán ahora era otra mujer que vivía de acuerdo a otras leyes y en otra realidad debajo del agua. Un día desesperada Catalina suplicó al moán que le permitiera salir del encanto para acudir al pueblo.

—Moán, por favor, déjame salir del arroyo. Mira que mi mamá se murió y yo quiero ir a cantar en el velorio. He sido obediente contigo y ahora tan sólo me dedico a ti. Por favor, déjame ir al pueblo.

—Esta bien Catalina, dijo el moán, pero te regresas pronto pues de lo contrario voy y te busco.

Así que Catalina Loango se 'arrestó' (o sea que se decidió) y salió del fondo del arroyo para acudir al velorio de su madre en su antigua casa. Ya era cerca de la media noche cuando Catalina emprendió el camino desde el arroyo al pueblo. Entonces le invadió un sentimiento muy fuerte, una pena profunda la incitó a cantar en una lengua extraña.

Mientras, en casa de Catalina ya se escuchaban los golpes que Batata, el jefe del Lumbalú, le sacaba al tambor sagrado. Las mujeres mayores ya comenzaban a entonar el coro, otras bailaban moviendo las caderas alrededor del cuerpo de la madre de Catalina que yacía a mitad de camino en el bahareque. Ya se empezaban a levantar los ánimos con el aguardiente, la danza y la música. Entonces se escuchó una voz que parecía incorporarse a este mundo desde el más allá, en cuanto expedía un canto en una lengua extraña. Algunos reconocieron que aquella era Catalina Loango, entonces su canto acaparó toda la otra música que Batata y las coristas entonaban con tanta devoción. Entonces Catalina entró al bahareque y se acercó hasta el cajón donde yacía su madre muerta, cantando su 'baile de muerto' al que llamaron Chimbumbe que dice: “Chimaniloango, chimaniloango, chimaniloango de Angola, Juan Gungún me llamo yo, Juan Gungún me han de llamá, ma muje...".

A través del canto Catalina iba contando lo que le había ocurrido desde aquel día que se fue al arroyo. Entonces un coro de mujeres en el lumbalú contestó con su: 'Elelo, elelele, lelelelelile, ehhh...' El canto decía chimaniloango que quiere decir señor de Angola, yo soy Juan Gungún y así me han de llamar mujer. Decía el canto que ya ella no era mujer de este mundo y así le cantaba a su madre que ella tampoco pertenecía a este mundo, mientras le ayudaba en su paso al otro mundo que no podemos ver con los ojos desnudos. Antes de que se cumplieran los nueve días de velorio y 'levantaran el paño', Catalina tuvo que regresar al arroyo. Me dijeron que Catalina Loango se fue luego de que cantó todo lo que sabía cantar y luego de que lloró todo lo que pudo llorar. Sus familiares y la gente del pueblo quedaron perplejos porque Catalina había desaparecido de nuevo.

Ocurrió que un primo hermano de Catalina también murió un día. Catalina volvió a rogar al moán para que la dejara cantar y éste le permitió de nuevo acudir al velorio. Llegó como siempre cantando antes de la media noche y cantó todos los bailes de muerto que ella sabía. Antes de que llegara la novena noche Catalina tuvo que marcharse una vez más para el fondo del arroyo donde la esperaba el moán. Pero dicen que sus familiares y amigos se las ingeniaron para atrapar a Catalina y la amarraron con 'la estola del pagre' para llevarla hasta la iglesia donde la esperaba el cura del pueblo, quien echándole agua bendita intentó librarla del encanto del moán. Pero Catalina gritaba y se trataba de liberar: —Ay, ombe, suéltenme, si es que ya yo no soy muje de este mundo—. Entonces dicen que en eso entró el moán a la iglesia y ordenó a todos que la soltaran porque Catalina le pertenecía. Así lo hicieron y Catalina abandonó el pueblo caminando despacio detrás del moán hacia el arroyo. Aún así Catalina volvió a regresar al pueblo cada vez que alguien se moría. Igual aparecía durante la madrugada cantando su Chimbumbe, su propio baile de muerto que narraba su historia cuando fue encantada por el moán. Entonces se unía al Lumbalú de Palenque de San Basilio y las coristas y los músicos la seguían.

Un día alguien se murió en el pueblo y Catalina ya no regresó más. Dicen que tal vez se había muerto y por esto no regresó jamás. Otros dicen que aún vive encantada por el moán. Cuentan que todavía hay niñas en Palenque que entre días gustan de llamar a Catalina Loango para preguntarle por qué no regresó jamás al pueblo. Catalina a veces escucha estos llamados y emerge del arroyo hasta el pecho para explicarles que aún está encantada y le es imposible volver a Palenque. Entonces las niñas abandonan el arroyo, muertas de la pena por el infortunio de Catalina Loango.

De allí en adelante cada vez que alguien muere, una solista en el Lumbalú se encarga de revivir a Catalina Loango mientras canta el baile de muerto que ella le cantó a su madre la primera vez que regresó al pueblo después de su cautiverio con el moán.
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©   Yamila Bauzá

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VIII – Número 31
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2007

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
Narrativa

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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