Estas cosas

Vivian Astrid De Villeros
vivianastridddv@hotmail.com

Temo escribirte porque  a lo mejor, como has hecho en otras ocasiones, las cosas que te he contado terminas por verterlas en tus poemas o en tus escritos fortuitos. También temo por aquello de que quien maneja la información, maneja el mundo. Por lo tanto, no sería conveniente que estas cosas estuvieran rodando de boca en boca, ni que salieran publicadas en el diario matutino; para evitar las estigmatizaciones a las que hemos sido sometidos por obra y gracia de nuestras posiciones en contravía. Así, las cosas no guardarían la justa proporción de las medidas como tampoco sería nada halagüeño, verme retratada en las páginas de los diarios porque ya sabemos adónde van a parar.

En primera instancia, recurro a ti por ser tú quien eres: un hombre distaste, sin apasionamientos ni claves erradas que conduzcan a pensar que eres un destino atractivo en este país en guerra, en esta ciudad que todos cantan pero que oculta sus injusticias atávicas en los cimientos generacionales, que se asoman  a la vida como nardos en flor.

Debes estar loca, me decías la última vez que hablamos pues me refería al escaso tiempo que existe para los deliquios enternecedores de aquella vorágine de pasiones y de selva clara. Estás loca, repetías al unísono de tu locuacidad abundante en dichos y en repertorio de moda.

Es evidente, estoy loca de miedo cuando leo las medidas apriorísticas de quienes degluten del presupuesto las tajadas del apetitoso ponqué y luego, sin el menor de los remilgos salen a retractarse en público porque, según la filosofía deportiva, perder también es ganar. La voracidad insaciable e inobjetable de los que sí pueden.


Estos empleados de carro asignado para labores  oficiales siguen parqueándolos en los extramuros, unas cuantas horas no más, sin importarles el triste desperdicio del erario. Así pues, lo público y lo privado cruzan las fronteras de lo imprevisible, de lo nefastamente correcto. Locura mía, que desdice de las alianzas estratégicas de sórdida credibilidad, que le han dado un vuelco inesperado a lo que nos toca y pertenece.

La locura amaña. Ten cuidado que te puede enardecer y quedarse contigo para siempre, decías. Hasta razón tendrás porque debo estar loca de remate para seguir riéndome en medio de estas alucinaciones recurrentes de la realidad sin fondo en la que vivimos. Pluralizo porque en ambos, tanto en ti como en mí, tienen asidero tus fundamentaciones teóricas: una de cada cuatro personas está deprimida. Digo, estamos al borde de la hoguera, esperando en la esperanza que no se ve, que por ningún lado llega. Como te decía al comienzo, temo porque estas cosas pueden revertirse en los espantos cotidianos que atemorizan la sinrazón.
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©   Vivian Astrid De Villeros

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VIII – Número 31
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2007

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
Narrativa

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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