Nana del lucero
y otros poemas
Zandra Montañez Carreño
Escritora colombiana, residente en España
Ilustración de Muriel Frega
Hay que ver, cosa difícil,
qué es dormir un lucero
cantándole una nanita
y que se duerma ligero.
Yo le he dicho a su mamita,
la luna gorda y plateada,
que le cante una nanita
en voz muy baja y pausada.
Y le he dicho a su papito,
el señor sol de los cielos,
que le cante despacito
la canción de los luceros.
Y aunque todos le cantamos
y le mandamos mil besos,
el lucero no se duerme,
¡el muy bandido y travieso!
¡Hay que ver! Cosa difícil
que es dormir un lucero,
ni su madre ni su padre
tampoco lo consiguieron.
Arrorró de la abuelita
Duerme, tesoro mío.
Se fueron el sol y el río
para dejarte soñar
y aquel rayito de luna
te irá meciendo la cuna
en melódico arrullar.
Duérmete, niño mío;
esta noche hace frío
y el silencio va a cantar
con esa estrella plateada
la hermosa canción del hada
para que puedas soñar.
Y la abuelita cantando:
“Duerme, duende de alegría,
mañana será otro día,
ahora sigue soñando
en mis brazos fantasía.
Duerme tesoro mío,
mi gotica de rocío.”
La basura
¡Ay! Qué humilde vive la basura
resignada en el último rincón.
Rellena con despojos de hermosura,
con desechos que fueron ilusión.
En ti lloran las cáscaras doradas,
las más bellas que brillaron bajo el sol;
esas cartas que pasaron ignoradas
y las flores que se dieron por amor.
Los zapatos, de cansancio, desgastados;
una silla que mil sueños arrulló,
los murmullos de manjares y bocados
que tu entraña generosa cobijó.
Los despojos de las frutas deliciosas,
la muñeca que una niña quiso tanto,
el pincel que pintó tan lindas cosas,
y un pañuelo desbordado por el llanto.
Como tumba, serena y silenciosa,
en ti acaban la alegría y la ternura,
y el final de la vida esplendorosa.
¡Cuánta historia conoce la basura!
Huelga de brujas
Ilustración de Mariela Glüzmann
El mundo hechizado por real decreto
hará una huelga de un día completo.
Y en el sindicato de brujas chifladas
se propone huelga de escobas paradas.
La bruja Anacleta que perdió su escoba,
siempre vive en huelga y con cara de boba.
La bruja Benita, que es muy mandona,
secunda la huelga desde su poltrona.
El brujo Martín, fino y elegante,
ya colgó su escoba en el viejo estante.
Y Aníbal, el brujo del vestido roto,
ya no tiene escoba porque monta en moto.
Las brujas suspenden todas sus tareas,
las brujas gorditas y las brujas feas.
La huelga es total, ninguna trabaja,
ni la bruja alta ni la bruja baja.
Haciendo gran bulla salen esta noche
y de sus embrujos no harán derroche.
Saldrán sin escoba y sin su caldero,
sin el gato negro y el alto sombrero.
Esta noche clara contarán estrellas
las brujas chifladas y las brujas bellas.
Los brujos gentiles y los brujos raros
brindarán alegres con vinos muy caros.
Esta noche clara con la luna inmensa,
hay huelga de brujas, lo dice la prensa.
Piden al gobierno del mundo encantado
un mejor salario, bien remunerado.
Terminó la huelga de escobas paradas
con todas las brujas cantando sentadas,
porque consiguieron de la dirección
una buena paga con magia a montón.
La canción de los zapatos
Ilustración de Mariela Glüzmann
Los zapatos cantan bella canción
y entonan todos con su tacón.
La zapatilla, tacón puntilla,
no sólo canta, a veces, chilla.
La bota alta de los vaqueros
no canta tangos, canta boleros,
y los botines de ejecutivo,
a veces, cantan con voz de chivo.
Las alpargatas de fique fino
hacen un coro con mucho tino.
Y las chancletas por las mañanas
cantan en coro por las ventanas.
Esos zapatos de hacer deporte
cantan a dúo con su consorte,
y las sandalias de franciscano
tan sólo cantan en el verano.
Y los simpáticos mocasines
les cantan cumbias a los botines,
y estas boticas que tanto quiero
sólo le cantan a algún lucero.
Los zapatos con su canción
se van juntando en un montón
y, así, metidos en su rincón
cantan hermosa y bella canción,
la que se entona desde el tacón.