El nudo corredizo
Enrique Buenaventura
Dramaturgo colombiano
Personajes en orden de aparición:
1. El juez con cara de perro pastor alemán
2. Mary
3. Juez con cara de zorro
4. Juez con cara de hiena
5. Muerte
6. Madre
7. Suegra
8. Duquesa
9. Duque
10. Médico
11. Inspector
12. Tom
13. Abate
14. Carpintero
15. Iván
16. Matelot
17. Contramaestre
18. Brugues
19. El parche
20. Cirujano
21. Una voz
22. Coro
23. Morgan
24. Warde
25. Howkins
26. Drake
27. Timonel
28. Capitán Corsario
CAPITULO I
1. EL JUEZ CON CARA DE PERRO PASTOR ALEMÁN: Mary Read, estás convicta de haber aceptado que se izara, a bordo de “El Dragón de los Mares”, el pabellón negro.
2. MARY: No me lo consultaron.
3. JUEZ CON CARA DE ZORRO: El que inocentemente peca, inocentemente se condena.
4. JUEZ CON CARA DE HIENA: No robarás, Exodo: 20,15, y el Apóstol San Pablo declara, expresamente, que los ladrones no heredarán el reino de Dios, Corintios: 6,10.
5. EL JUEZ CON CARA DE PERRO PASTOR ALEMÁN: Asesinaste al capitán Santiago Narváez, del Galeón: “El Español Indomable”.
6. MARY: Recibí órdenes, en realidad odiaba la piratería.
7. EL JUEZ CON CARA DE PERRO
PASTOR ALEMÁN: Nadarán los asesinos en lago de fuego y azufre.
8. JUEZ CON CARA DE ZORRO: Eras la primera en el abordaje y la más temeraria y no te fallaba el cuchillo ni menos el hacha.
9. MARY: Era el primero, porque, cuando hice eso, era nombre.
10. EL JUEZ CON CARA DE HIENA: Si hubieses tenido igual destreza para atender tu casa, cuidar a tu marido y a tu familia y leer la Biblia...
11. MARY: Eso no me fue permitido.
12. EL JUEZ CON CARA DE ZORRO: La palabra de Dios hubiera sido la lámpara que iluminara tu camino, Salmos 119 y 105.
13. EL JUEZ CON CARA DE PERRO PASTOR ALEMÁN: Confíate pues, al Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo, Juan 1, 29.
14. LOS TRES JUECES EN CORO: Y, para rematar, se trata de una mujer, ante lo cual callan el Antiguo y el Nuevo Testamentos. Nosotros quedamos mudos y paralizados, pues, por más que quisiéramos, no encontraríamos pena mayor que la muerte. Te condenamos a la horca por no poder inventar otra cosa.
15. MARY: No me ahorcarán así...
16. MUERTE: Esperarán tu parto.
17. MARY: Ya no se mueve, pero no quiere que aquí esté su tumba.
18. MUERTE: Recuérdalo aun después de morir: te ahorcan por mujer.
CAPITULO II
19. MADRE: Toda historia tiene su comienzo. Resulta que me casé a los 17 años con un marinero. Vivimos en casa de mi suegra, que había pertenecido a la servidumbre del Duque de Breda y fue dama de compañía de la duquesa. Algo había ahorrado en la pechuga y más había raspado con las uñas. Parí un varón y mi marido, que navegó desde niño, prácticamente sin mojarse, salió de viaje y no regresó. Su barco se dio por perdido y, ante esa incertidumbre, la compañía de las Indias Occidentales no me reconoció un penique. Poco después del parto volví a quedar... y cuando comenzó a notarse, dije adiós a mi suegra.
1er Acto
20. MARY: ¡Date por vencido!
21. CADETE: ¡Quiero otra oportunidad!
22. MARY: Bien, cambiemos de sable.
23. CADETE: Eres un demonio.
24. MARY: Defiéndete de ésta y de ésta... y destotra...
25. CADETE: Me rindo.
26. MARY: De rodillas.
27. CADETE: Me has sacado sangre.
28. MARY: Si no florea la sangre, aunque no sea más que unos pétalos, el combate no tiene valor.
29. CADETE: Eres una bestia, John. Vamos a los mosquetes.
30. MARY: Vamos.
31. CADETE: ¡Qué puntería!
2º Acto
32. SUEGRA: No deberías irte. Espera, al menos, que llegue al año. Me he encariñado con él... y eso que apenas me lo dejas tocar.
33. MADRE: No quiero que se moleste. Mi familia es del campo. Ya sabe usted cómo son los campesinos.
34. SUEGRA: Sí, miserables y avarientos.
35. MADRE: La familia es todo para ellos.
36. SUEGRA: A fin de tener a quien roer. Son como ratas.
37. MADRE: Quieren conocerlo.
38. SUEGRA: Pero no alimentarlo ni vestirlo.

Menos mal que hasta ahora tú das leche y él come teta. Pero el becerro crece y se hace novillo.
39. MADRE: Regresaremos pronto.
40. SUEGRA: ¿Cuándo?.
41. MADRE: Tengo algunos ahorros...
42. SUEGRA: Toma. Una libra...
43. MADRE: No alcanza.
44. SUEGRA: Arréglate. O vuelve más pronto.
45. MADRE: El campo le hará bien.
46. SUEGRA: Le hará mal.
47. MADRE: Volvemos sanos y salvos.
48. SUEGRA: Hay peste y es un niño enfermizo.
3er Acto
49. MARY: La prueba de la manzana.
50. CADETE: ¿Con mosquete?
51. MARY: Es más difícil.
52. CADETE: Mira que tengo una cabeza bien puesta.
53. MARY: Tratemos de conservarla en su sitio.
54. MUERTE: ¡Cambio la manzana intacta por una perforada! Y...

Aquí está la bala. Iba directo a la nariz. Le habría desfloripado la hermosa cara... y Mary habría ido a la horca antes de tiempo.
4º Acto
55. SUEGRA: Dos chelines más y sanseacabó.
56. MADRE: Le dan un golpe en el codo y abre los dedos del pie.
57. SUEGRA: En lugar de murmurar deberías agradecer.
58. MADRE: Gracias, madre.
59. MUERTE: El niño murió en el camino y cuando la madre llegó donde sus parientes, ya estaba otra vez... dio a luz.
60. MADRE: Así es la vida.
61. MUERTE: Si no fuera así, yo tendría menos trabajo y esta especie condenada habría desaparecido...
62. MADRE: Pero Dios quiso que fuera niña.
63. MARY: ¡Y esa niña soy yo! Ocurre que cuando llegué a esta casa por primera vez, tenía... seis años.
CAPITULO III
64. SUEGRA: ¡Hija mía! ¡Tu ángel de la guarda me avisó!
65. MUERTE: Yo no soy ningún ángel de la guarda.
66. SUEGRA: Me escribiste que llegarías a principios de semana.
67. MUERTE: El dinero se acabó antes de lo esperado.
68. MARY: La abuela me miraba insistentemente.

No iba a ser fácil hacerle tragar el cuento.
69. MADRE: No nos querían dejar venir.
70. MUERTE: Al contrario. Prácticamente los echaron.
71. MADRE: Se habían encariñado con John.
72. SUEGRA: John... jamás te hubiera reconocido.
73. MARY: Recuerden que yo era un niño de dos años.
74. SUEGRA: Y... ¿el lunar en la frente?
75. MUERTE: La madre tragó saliva. Tuve la sensación de que me miró al fondo de mis ojos vacíos y eso la inspiró.
76. MADRE: ¡Los campesinos tienen remedio para todo!
77. SUEGRA: Era grande... oscuro...
78. MARY: Sentí como si me brotara el lunar.
79. SUEGRA: Esa señal la tenían el padre y el abuelo.
80. MADRE: Los campesinos...
81. SUEGRA: No quisiera que se tratara de brujerías. Una señal de familia, no se borra así no más.
82. MADRE: ¡Qué sé yo! El lunar desapareció con un ungüento. No era ninguna belleza... podría resultar maligno... ¡pero saluda a tu abuelo, John ¡John!
83. MARY: Es difícil fingir que uno recuerda a quien jamás ha visto, sobre todo si tiene seis años... sin embargo, pasé la prueba.
84. SUEGRA: De perfil tiene un aire a su padre.
85. MARY: A mi madre le volvió el alma al cuerpo.
86. MADRE: ¡No sólo de perfil! ¡Es idéntico! ¡Seco y hosco como elhijo suyo!
87. SUEGRA: Que en el mar descanse.
88. MADRE: Amén...
5º Acto
89. MARY: Recuerdo aquella casa, la más grande que vería en mi vida. Caminé hacia el fondo.
90. SUEGRA: Cuatro alcobas, comedor, cocina, jardín... ¡serás muy feliz aquí!
91. MADRE: No sé si nos quedemos.
92. SUEGRA: ¡Cómo no! ¡Jamás me separaré de mi nieto! Cada vez se parece más a su padre.
93. MADRE: En la ciudad he conseguido trabajo.
94. SUEGRA: Mayor razón para que me encargue de él. ¡Es como volver a ser madre!
95. MADRE: No nos podemos separar.
96. MARY: Y, recuerdo que pensé: ojalá no te vuelva a ver.
97. SUEGRA: Vienes a visitarlo cuando quieras.
98. MADRE: El es todo para mí...
99. SUEGRA: ¡Maldita sea tu terquedad!
100. MARY: Y recuerdo que dije, señalando a la abuela: me quedo con ella.
101. MUERTE: Y ella se dará cuenta de lo que eres en un santiamén. Se acabará la escuela militar y las libras...
102. MADRE: ¡Hijo mío! ¡Hijo de mi alma! ¿Me quieres abandonar?
103. MARY: Empezó su melodrama. Y me agarré al faldón de la abuela.
104. MADRE: No le puedes hacer eso a tu madre.
105. MARY: ¿Y lo que usted me ha hecho a mí? Traté de bajarme los pantaloncitos y mostrar las nalgas.
106. MADRE: ¡No! ¡No hagas eso! Te he corregido, porque una madre tiene que hacerlo y más si no tienes padre... pero, ¡cuántas veces me he sacado el pan de la boca para dártelo!
107. MARY: Mis seis años habían sido bien vividos y me habían enseñado a pensar. ¡No quiero el pan de su boca! ¡Quiero comer en mesa y dormir en cama!... ¡Y todos los días con sus noches!
108. MADRE: ¡Te vas conmigo!
109. MARY: Recuerdo la llama que vi en sus ojos. El castigo sería terrible. Ya no sólo las nalgas quedarían como un tatuaje, sino todo el cuerpo.
110. SUEGRA: Debes irte con tu madre.
111. MADRE: ¡Oh, hijo mío! ¡Mi única compañía!
112. MARY: Mentiras, pensé, compañía no te falta ni de día ni menos de noche.
113. MADRE: ¡Oh, soledad la mía, viudez terrible, sin aquel que no volvió jamás, que pereció en la mar!
114. MUERTE: Van a llegar a un entendimiento.
115. SUEGRA: Eres libre. Tu hijo es tuyo.
116. MADRE: Sí, pero usted le pasará algo...
117.MSUEGRA: Una libra al año.
118. MADRE: Dios se lo ha de pagar.
119. SUEGRA: No puedo hacer menos por mi único nieto. Además, siento la muerte cerca.
120. MUERTE: Vivirás todavía unos años, que te costarán unas cuantas libras.
121. MADRE: No hable de muerte, madre mía. Jamás la vi tan saludable.
122. SUEGRA: La procesión va por dentro... dejando huellas de sangre.
CAPITULO IV
123. MARY: Y recuerdo que no me avisaste lo que me iba a pasar... De pronto sentí mi ropa pegajosa... Algo corría por mis músculos y grité, creyendo morir, creyendo que me vaciaba como un odre lleno de un líquido viscoso y maloliente... Y era sangre. Limpiaste con un trapo mis piernas temblorosas y me metiste aquí un taco de algodón forrado de lienzo.
124. MADRE: Es el mal de madre. Te vendrá cada mes, como una maldición.
125. MARY: Y te fuiste... ¡Este maldito corpiño me aprieta demasiado! ¿Por qué demonios no me dejaron ser mujer? ¿Por qué me condenaron a vivir disfrazada? ¡Quiero ser mujer y quiero ser traspasada hasta que se me derritan las entrañas!
126. MUERTE: Nunca tendrás tetas enormes ni un culo desmesurado. Has pasado y seguirás pasando por hombre.
127. MARY:Soy un hombre, tengo diecisiete años y no sé cómo son los hombres.
128. MUERTE:Conoces la causa.
129. MARY:Sí sí, maldita sea, reemplazo a mi hermano muerto.
130. MUERTE:Lo que les permite vivir, a tu madre y a ti.
131. MARY:¡Pero ella sí tiene amantes y se da la gran vida!
6º Acto
132. MUERTE:Ya terminó la gran vida.
133. MADRE:¡Hijo mío!
134. MARY:¡Hija mía!
135. MADRE:Bueno, hijo o hija, ha ocurrido algo terrible.
136. MUERTE:Una irreparable desgracia.
137. MADRE:Tu abuela ha muerto.
138. MUERTE:Y la libra anual también.
139. MARY:Y tú has gastado todo...
140. MADRE:Algo queda.
141. MARY:¡Muy bien! Ahora sí puedo ser lo que soy: una mujer.
142. MADRE:Es un error.
143. MARY:Ya no reemplazo a nadie.
144. MADRE: Pero, como mujer, no te esperan más que calamidades. Ya has probado que puedes desempeñarte como un hombre y que ni Dios se da cuenta de lo que eres... Los que tienen las oportunidades son los hombres. ¡A vestirse de luto!
¡Vamos al funeral!
145. MUERTE:Yo, no.
7º Acto
146. MADRE:Gracias, señora Duquesa, por haber honrado, con su presencia, el triste adiós a los despojos de mi pobre suegra.
147. DUQUESA:¡Ay, querida mía, más que una sirvienta, tu suegra fue mi paño de lágrimas! ¿Quién es ese apuesto doncel que parece sacado de un gobelino?
148. MADRE:Es mi hijo John. Ven, querido, saluda a la señora Duquesa, bajo cuya protección naciste y creciste. A su servidumbre tuvo el honor de pertenecer tu pobre abuela.
149. DUQUESA:Tan fiel, tan abnegada y discreta. Ya no existe servidumbre. Sólo piensan en ellos y en el salario. Es preferible un esclavo, pero... no es igual. ¡Terrible! No sé a dónde vamos a llegar. Acércate, primoroso, que te vea bien. ¡Hermoso! Lo tiene todo...
150. MUERTE:Todo... es mucho decir.
151. MADRE:Saluda, John
152. DUQUESA:¡Tentadora timidez! Un beso. ¡Como si le hubiera puesto una brasa en la boca! ¿Temor o... pasión?
153. MADRE:Temor. No ha conocido mujer.
154. DUQUESA:Y su rostro es suave como la seda.
155. MADRE:Hijo, te está acariciando la señora Duquesa de Breda.
156. DUQUESA:La señora Byrne, que en paz descanse, les pasaba una libra anual.
157. MADRE:Así es.
158. DUQUESA:Ahorró toda su vida.
159. MADRE:Una vida de privaciones.
160. MARY:Con el permiso de usted, señora Duquesa.
161. DUQUESA:Por ahora, querido... ¿dónde y de qué van a vivir?
162. MADRE:No sé... Estoy tan ofuscada. Este niño tendrá que trabajar. Con enormes sacrificios había empezado la carrera militar. Infantería, insistía mi suegra, nada de mar... Tendrá que olvidarse...
163. DUQUESA:¡En absoluto! Jamás he abandonado a los huérfanos y deudos de quienes me han servido fielmente. Lo quiero para mí.
164. MADRE:No entiendo.
165. DUQUESA:Para mi servicio.
166. MADRE:Es suyo, señora Duquesa.
167. DUQUESA:Le pagaré, a ese muchacho, tres libras al año y seguirán en esta casa pero me firmarán un contrato. Los tiempos cambian. ¡Ah, le costearé la carrera militar!
168. MADRE:¡Tres libras!
169. DUQUESA:Quiero un servicio especial.
170. MUERTE:Eso no se puede aceptar.
171. MADRE:En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Si me niego, puedo ser echada de aquí y, más aún, acusada de puta, lapidada, o de bruja y reducida a un montón de ceniza.
172. MUERTE:¡Cójame ese trompo en l’uña!
173. MADRE:Acepto. Pero, señora Duquesa, manténgalo a cierta distancia. No le dé confianza... Recuerde lo que dijo sobre la servidumbre de ahora y no le agrego nada sobre la juventud de hoy...
174. DUQUESA:Nada. Yo soy santotomasina, para creer, debo tocar la llaga.
175. MADRE:Me va a dar un vahído.
176. DUQUESA:Te has puesto pálida. Entiendo. Es mucha la brega que tiene un entierro. Adiós, querida. Hay que sobreponerse a las adversidades.
177. MADRE:Mary, Mary.
178. MARY:Señora.
179. MADRE:La Condesa ofrece tres libras por tus servicios y, además, pagará la academia. Le has caído en gracia. ¿No te hablé de las ventajas de ser hombre?
180. MARY:Soy mujer.
181. MADRE:Sí, claro, pero hay que ocultarlo como una enfermedad. ¡Ante ti se abre un mundo!
182. MARY:Falso.
183. MADRE:Pero brillante. Al año producías una libra. Has pasado a tres sin darte cuenta... después ganarás lo que quieras.
CAPITULO V
184. DUQUESA:Insisto en que no eres un criado. Eres un amigo.
185. MARY:Haré lo que pueda... ¡Esto es nuevo para mí! Le ruego tener paciencia.
186. DUQUESA:Eres despierto y tienes la mano bendita. ¡Hay que ver lo que has hecho en dos días en el jardín! Pero... ¿Y yo?
187. MARY:Usted ¿qué?
188. DUQUESA:Mírame. Nunca estás un rato conmigo. Ven, siéntate aquí.
189. MARY:Me dijo que buscara el correo.
190. DUQUESA:Deja el correo. Ese tipo no escribe y, si lo hace, sus cartas son falsas, hipócritas y, además, insípidas. Ven.
191. MUERTE: Acércate, lleva el juego con cuidado.
192. MARY: De todos modos debo salir.
193. DUQUESA: Ven. Siéntate... ¡Pero siéntate! No, allá no. Acércate. ¡Quise hacerte una caricia y es como si te hubiera golpeado!
194. MARY: No estoy acostumbrado.
195. DUQUESA: Cierra la puerta, con llave, dame la llave.
196. MARY: Señora, no sé lo que quiere.
197.DUQUESA: Yo sí... ¿Nunca has tocado una mujer?
198. MARY: No.
199.DUQUESA: Estás tenso como un tronco. Tranquilízate. Eres fuerte y suave al mismo tiempo. ¿Qué es eso? ¡No tienes nada allí!
200. MARY: ¿Qué quiere que tenga?
201. DUQUESA: ¡Lo que tienes que tener!
202. MARY: Yo no vine para eso.
203. DUQUESA: ¡Viniste para lo que a mí me dé la gana!
204. MARY: Pues se equivoca.
205. DUQUESA: Si tu madre me engañó, me las vas a pagar.
206. MARY: Madame... trate de calmarse.
207. DUQUESA: Si se han burlado de mí, soy capaz de matarte.
208. MUERTE: ¡Toma el puñal! Ella no sabe manejarlo, pero tú sí.

¡Un golpe académico! ¡Ya está!

¡Justo en el corazón!
209. MARY: No siento nada.
210. MUERTE: ¿Qué tienes qué sentir?
211. MARY: Creí que matar a alguien...
212. MUERTE: Fue en defensa propia... Ahora ponemos el puñal en la mano de ella.
213. MARY: Me lo guardaría mejor... ¡Oro y plata!
214. MUERTE: Nada de eso. Colócalo en la mano de ella... No resistió la vida con el puerco de su marido.
8º Acto
215. DUQUE: Doctor, certifique usted un ataque cardíaco. Una dama de su rango no se suicida y usted, como médico de la familia, no sólo debe cuidar la salud, sino la honra de todos nosotros.
216. MÉDICO: Como usted diga, señor Duque.
217. DUQUE: Siga usted, señor Inspector.
218. INSPECTOR: Dios guarde a Su Señoría.
219. DUQUE: El doctor ha comprobado un ataque cardíaco. Casi todos los parientes de mi querida esposa han muerto del corazón. Tenga la bondad de tomar nota. John, trae una copa de vino para todos.
220. MÉDICO: Gracias. Con el permiso de usted, señor Duque.
221. DUQUE: Gracias a usted, doctor.
222. INSPECTOR: Debo regresar a la inspección. Reciba usted mis condolencias.
223. DUQUE: Y usted mis agradecimientos. John, brindemos los dos. Ahora serás mi valet de chambre.
224. MUERTE: Nos conviene irnos. Este es peor que ella.
225. DUQUE: No me interesa lo que haya pasado con mi mujer.
226. MARY: No pasó nada y si Su Señoría me permite...
227. DUQUE: Nada de evasivas. Te doblaré el sueldo. Terminarás tus estudios. Te haré ascender a oficial bien pronto.
228. MARY: No me toque.
229. DUQUE: ¡Qué delicadeza! No negaré que me gusta la delicadeza, pero exageras.
230. MARY: Quíteme las manos de encima.
231. MUERTE: Salgamos.
232. MARY: ¡Hasta siempre y hasta nunca, señor!
CAPITULO VI
233. MUERTE: Era tiempo de guerra. Mary hacía demostraciones con su lanza, su espada y su daga, pero ni siquiera le ofrecían la libra al año que había ganado cuando tenía sólo tres. Dio con otro vago que los mismos servicios ofrecía. Se juntaron. En Flandes solicitaban soldados y hacia Flandes marcharon. Las demostraciones entre dos eran más efectivas. La vida, en convivencia, también era más fácil... El cortaba la leña,ella hacía la comida, arreglaba la cama del hombre y, cuando dormía, se extasiaba mirándolo. Entre tanto, descuidada las armas. Ya no relucía su espada, su mosquete se oxidaba, no cuidaba la pólvora...
9º Acto
234. MARY: Esta es la primera vez


Es la primera vez que un hombre


y encontrarme la luz de sus ojos

Rodeada por sus brazos desaparecer


como si fuera un poco de aire,


abre los brazos y las piernas y desaparece lo demás.
235. MUERTE: Y al día siguiente partieron a la guerra y, pocos días después, regresaron derrotados. Unos en guando, otros apoyados en las lanzas o sobre la cureña de un cañón, otros a rastras, dejando toda la sangre tras ellos... Tapaba la humareda el horizonte, ardían los bosques incendiados... Triste sonaba el clarín de retirada. Mary traía a su compañero al hombro. Yo desvié la bala dirigida a ella, pero no pude evitar que él la recibiera...
236. MARY: No puedo más. O te mueres tú o me muero yo. ¡Dios mío! ¡Fue un desastre! ¡Cómo enfrentan un puñado de reclutas a todo un batallón de veteranos! ¡Maldita sea tu tierra, Flandes! ¡No vales un miserable chelín! ¡No vale un penique defender este pantano!
237. MUERTE: Aquí hay un poco de leña y un casco. Hierve agua, lava la herida. Quema bien la daga y saca la bala. ¡Apúrate! El viento helado sopla y la leña no abunda.
238. MARY: Tom, no te mueras, porque me muero contigo.
239. MUERTE: No se va a morir. Démosle un poco de aguardiente.
240. MARY: Me duele más a mí que a él.
241. MUERTE: No te hagas ilusiones. Le duele a él.
242. MARY: Nos cercan, saltando, las aves de rapiña.
243. MUERTE: ¡Fuera! ¡Lejos! ¡Malditas! Me huelen y se ponen atrevidas.
244. MARY: Arriba cada vez hay más. Tapan el sol.
245. MUERTE: Es lo que queda de las batallas. Deberían estar en todos los escudos, estandartes y blasones. Son las aves de la victoria.
246. MARY: Aguanta, Tom... ya sale.
247. MUERTE: Ahora este emplasto de yerbas y barro... que duerma.
248. MARY: Y no le caiga, Señor, ningún miasma, humor, maleficio o podredumbre. ¡Te ofrezco mi vida, Señor, a cambio de la de él!.
249. MUERTE: ¡Cállate!
250. MARY: Ya casi no tiene fiebre... Pero los pies siguen helados.
251. MUERTE: ¡Y sigo atrayendo aves de rapiña!



¡Hienas y perros! ¡Uchchchch!



¡Váyanse, lejos! ¡Harta carroña



tienen en el campo! Lo que hay



aquí está vivo. Arde el fuego.



pasó a través de mis huesos



supe que vendrían días felices.



La primavera sería plena,



sentiría, entre las hojas,



llegaría el crujir de huesos



y estaría sola, sola, de nuevo.
10º Acto
252. TOM: ¿Qué estás haciendo?
253. MARY: Lavo la ropa.
254. TOM: Voy a ayudarte.
255. MARY: No. Espera que me vista.
256. TOM: ¿Por qué?, Yo también quiero lavarme.
257. MARY: Un instante.
258. MUERTE: Ella, por supuesto, no se vistió del todo.
259. TOM: ¿Qué es esto?
260. MARY: Te advertí, te pedí que te esperaras...
261. TOM: Pero es que eres...
262. MARY: Una mujer.
263. MUERTE: Mudo quedó el pobre. Mudo y desor-bitados los ojos.
264. MARY: He permitido que te des cuenta.
265. TOM: ¿Por qué?
266. MARY: Porque me gustas.
267. TOM: Entonces...
268. MARY: ¡Quieto! No te acerques. Con un arma soy un hombre.
269. TOM: Lo sé bien, pero no es honesto.
270. MARY: Lo es, porque sólo te acercarás a mí cuando sea tu mujer.
271. TOM: ¿Debo casarme contigo?
272. MARY: Sí.
273. TOM: ¡Vamos, John! Claro que no eres John. Tu nombre es...
274. MARY: Mary Read. En el próximo pueblo seré tu esposa.
275. TOM: Nunca entenderé a las mujeres.
276. MARY: Yo sí entiendo muy bien a los hombres.
277. MUERTE: ¡El matrimonio de dos soldados!

¡No es un acontecimiento común y corriente! Las autoridades estaban dispuestas a colaborarles. Eso traería gente al pueblo y prosperidad a los miembros del cabildo.
278. TOM: Coman, beban, bailen,


Sin guerra, está probado,


el hombre no puede subsistir.


Para sobrevivir debe uno ganar
279. MUERTE: Nadie se quería quedar sin conocer a quien había sido un bravo soldado y Tom no se enojaba porque Mary dejara ver un poco de sus senos en el amplio corsé. Ya no era tan fácil contar los chelines, las coronas y las libras. Pero vino la paz y con la paz llegó la peste. Hasta los piratas fueron amnistiados aunque de dientes para afuera. Vino la ruina y Tom sucumbió de una fiebre maligna. Aparecieron, de nuevo, las aves de rapiña, las hienas, los perros de presa... Pero esta vez traían sombreros con plumas, gorgueras de encaje, tafetanes, casacas y salieron las mesas, los barriles, los jarros, candelabros, botellas, copas y bandejas.
280. MARY: ¿Seguir siendo mujer? ¿Por qué? ¿Para quién? Mi único amor está bajo la tierra helada y juro, por la cruz de mi espada, que nunca volveré a querer.
281. MUERTE: Nada de juramentos. La vida sigue sobre la barriga, las nalgas, los muñones o las muletas. Sigue caminando sola y, de pronto, encuentra compañía. Mary vistió su uniforme, recogió su armamento y vendió el de Tom. El frío mordía por los rotos del harapiento capote. Alrededor de una caneca, llena de desperdicios encendidos, algunos sin futuro y sin oficio, escuchaban a un fraile que predicaba desde un altillo.
282. ABATE: Esta tierra no sirve. Está vieja, destinada a la basura, saturada de sangre y han sido saqueadas sus entrañas. Ya no pare nada bueno, pero se traga, con gusto, a la gente. Allá, sin embargo, allá, en el horizonte, nos espera el Nuevo Mundo, los galeones a punto de hundirse con su carga de oro, las Antillas, que debemos rescatar de las garras de los españoles. Mal repartido quedó ese universo de perlas, de tierra virgen y de especias. A tiro de piedra tengo, levando ya el ancla, “El Dragón de los Mares”, un navío con treinta cañones, muy marinero. Casi completo ya el equipaje. Si no le falta un brazo ni una pierna, si ha perdido solamente un ojo, alce la mano. No importa si no conserva la dentadura. Comerá poco, pero, en cambio, beberá sin el menor estorbo. ¿Es usted soldado de infantería?
283. MARY: De caballería, de artillería o de marinería. ¡De lo que usted disponga!
284. ABATE: ¡A bordo! ¿Qué hace usted?
285. CARPINTERO: Carpintero, herrero, talabartero, cordonero...
286. ABATE: ¡A bordo! ¿Y usted?
287. IVÁN: Músico y cantante.
288. ABATE: ¡Bienvenido! Y usted... ¿qué hace?
289. MATELOT: Marinero sin barco y sin rumbo.
290. ABATE: ¡Ya los encontró! Y por hoy basta. Zarpamos al anochecer.
291. MUERTE: Y Mary Read se embarcó. Ya no eran chelines, una libra le ofrecieron, aparte del botín que le tocara en suerte.
CAPITULO VII
292. MARY: ¡Oye, Iván!
293. IVÁN: ¿Me conoces?
294. MARY: Claro, cantabas en la Taberna de las Tres Herraduras.
295. IVÁN: Yo también te conozco, pero... ¿Cómo es tu nombre?
296. MARY: John.
297. IVÁN: John... Hay algo que no me cuadra.
298. MUERTE: Es mejor que no le cuadre.
299. MARY: Era uno de los tantos derrotados de Flandes que allá ahogaba sus penas.
300. IVÁN: No, no, no eras uno más. Eras algo especial.
301. MARY: Si te portas bien, un día de éstos lo sabrás.
302. MUERTE: Ya cayó y los juramentos volaron por el aire.
303. MARY: Pero canta, canta la canción del pobre buscador de fortuna en el océano.
304. ABATE: Que nos viene muy bien, porque en alta mar cambiaré de pabellón. No se asusten, cuando convenga izaremos el pabellón blanco y la bandera de Flandes. Depende de la marea. ¡Canta amigo! ¡Venga el vino! ¡Bauticemos esta vida nueva del navío! “El Dragón de los Mares” sólo espera tu canto para poner proa hacia lo desconocido...


CANCIÓN DEL POBRE BUSCADOR
305. IVÁN: Hoy estamos vivos, sobre nuestros pies.


Mañana tendremos los pies delante.


¿De qué nos sirve amontonar riqueza


si no hay más que el presente y el instante?


Hoy vivimos, bailamos y cantamos,


mañana envueltos en un trozo de vela,


por la borda rodamos al abismo.


Hoy estamos en la cresta de la ola,


mañana nos engulle el remolino.


Hoy en monedas de oro nos bañamos,


mañana llegan la bala y el cuchillo.


Hoy sobre nuestros pies estamos vivos,


mañana se aprieta en nudo corredizo


y del viento al vaivén nos balanceamos.
306. ABATE: ¡Esa es la vida del pobre buscador de fortuna! Una balada triste, que dice la verdad... ¡Pero cantada! ¡Sin tragedia ni llanto, sino con una voz que es como el viento! Hincha las velas y nos empuja al triunfo y al desastre. ¡Brindo por la muerte!
307. MUERTE: Muchas gracias.
308. ABATE: Y en cuanto a ti, vida, que palpitas un instante... ¡Estamos dispuestos a beberte hasta la última gota!
CAPITULO VIII
309. CONTRA MAESTRE: Capitán, hemos cruzado lo peor, el estrecho de Dover y entramos al Canal de la Mancha. Frente a nosotros hay dos navíos de guerra.
310. ABATE: Nadie hace caso de un barco con bandera de Flandes. Ya no dominamos los mares. Avancemos a todo trapo.
311. CONTRA MAESTRE: ¿Y si atacan?
312. ABATE: Nos batiremos en retirada hacia adelante. Haremos como Pierre Le Grand, que barrenó el fondo de su bote y lo vio hundirse mientras abordaba un galeón.
313. CONTRA MAESTRE: Y... ¿dónde renovamos las provisiones de boca, el agua y el vino?
314. ABATE: En las Azores. En la São Miguel, hacia Ponta Delgada. Allí no hay vigilancia ni atacan barcos. Lejos de las autoridades de Portugal, sólo les interesa vender agua y provisiones o saquear a los náufragos. De allí navegaremos de bolina hasta encontrar la corriente de las Antillas y la ruta de los galeones.
315. CONTRA MAESTRE: Estamos pasando entre los dos navíos de guerra.
316. ABATE: Bandera inglesa a estribor y francesa a babor.
317. CONTRA MAESTRE: No se ve movimiento en ninguno de los dos.
318. ABATE: Están muy pesados. Regresan de asaltar galeones españoles. Aquí son navíos de guerra, en el Caribe, son corsarios.
11º Acto
319. BRUGUES: ¿De quién es esto?
320. IVÁN: Es mi baúl, con mis pertenencias.
321. BRUGUES: Pues todo va al mar. Y puedes dormir en el baúl, en cubierta. No pisarás nuestro camarote.
322. IVÁN: ¿Nuestro camarote?
323. EL PARCHE: Sí, nuestro camarote.
324. BRUGUES: Soy segundo oficial y él ha sido mi compañero por más de un año.
325. EL PARCHE: ¿Musiquitos a mí? Te enviaré a cantar con las sirenas en las noches de luna llena.
326. CONTRA MAESTRE: ¡Quieto!
327. BRUGUES Nos hemos llevado muy bien.
328. CONTRA MAESTRE: Tan bien que, hace un tiempo, vienen tramando un complot.
329. BRUGUES: Dispare. Los hermanos de la costa le pedirán cuentas.
330. CONTRA MAESTRE: Yo se lo advertí, capitán, le dije que no lo ascendiera.
331. ABATE: El que sea un hijo de puta no le quita sus condiciones de marino, pero confieso que me precipitaré.
332. CONTRA MAESTRE: Ha venido propagando, por lo bajo, que usted está loco.
333. ABATE: La cordura y la bellaquería suelen alabarse mutuamente.
334. CONTRA MAESTRE: Dice que usted sigue siendo católico y que si lo ascendió a él, siendo protestante, fue para engañar a la tripulación.
335. ABATE: Aquí no hay religión. En este navío Dios no necesita padrinos.
336. CONTRA MAESTRE: Y hay más. Dice que usted lo obligó a traicionar la amnistía otorgada por las potencias marinas, que lo entregará y participará con la tripulación, la recompensa.
337. ABATE: Va a ser divertido cuando le arrastre la lengua. Levantado en la horca, lamerá la cubierta.
338. CONTRA MAESTRE: ¡A la vista las Azores!
339. ABATE: Echa el ancla y lanza la yola, que compren las provisiones y nos vamos.
340. MARY: Yo no había subido a bordo, cuando ya me habían vertido el veneno en la oreja.
341. BRUGUES: Eres un maricón muy imaginativo.
342. EL PARCHE: ¡Un músico y una espada no se llevan bien!
343. IVÁN: Puedo batirme con los dos.
344. MARY: No, ese cara de buitre me ha ofendido a mí.
345. CONTRA MAESTRE: Lista la yola.
346. MARY: Muy bien, en ese bote bajamos a la playa pero, antes, a ti te bajo la otra oreja, para que lleves dos parches en la cara.
347. EL PARCHE: ¡Ay, Dios mío!
348. ABATE: Que venga el cirujano.
349. BRUGUES: ¡Puta vida!
350. CONTRA MAESTRE: Tranquilo.
351. BRUGUES: Esto es una conjura.
352. CONTRA MAESTRE: Conjura es la que hemos hecho abortar.
353. CIRUJANO: Te la estás pegando al contrario, así oirás todo al revés.
354. IVÁN: El duelo es mío.
355. MARY: ¡Fájate con ese, cuando te oiga! Y tú, salta la borda.
356. ABATE: Casado está el duelo, llévatelo, cirujano y tómalo con calma.
357. IVÁN: ¡Dale! ¡Acorrálalo contra las rocas!
358. ABATE: Se bate como un león.
359. IVÁN: ¡Lo ha herido! ¡Tengo que bajar!
360. ABATE: Un duelo es entre dos. Tranquilo, es un rasguño. ¡Ya! Le bajó la cabeza. El cuerpo se sacude un rato. Pronto quedará tieso, como un remo.
361. CIRUJANO: Ya está pegada la oreja; ahora, en cuanto a la sordera, habrá que esperar.
362. CONTRA MAESTRE: Las provisiones costaron el doble de lo normal.
363. ABATE: Los portugueses se aprovechan. Saben que no podemos arrimar a las Canarias. Leva el ancla, partimos, y aquí llega otro que requiere tus servicios.
364. CIRUJANO: La herida no es muy profunda.
365. ABATE: Trátala con amor.
366. CIRUJANO: Eso quiere decir que a éste hay que salvarle la vida a toda costa.
367. ABATE: Sí.
368. CIRUJANO: Entonces el amor será doloroso.
369. ABATE: Siempre lo es.
370. CIRUJANO: Hay que quemarla para evitar que se pudra.
371. ABATE: Trae la cuchara caliente y las vendas.
372. MARY: Fue un momento de descuido, justo cuando te asomaste a la borda.
373. IVÁN: Quería bajar.
374. MARY: Hubiera sido un insulto, un duelo es un duelo.
375. IVÁN: Ha podido cortarte el brazo.
376. MARY: He sido soldado toda la vida.
377. ABATE: Un trago.
378. CIRUJANO: Es un instante.
379. MARY: Iván, sírveme de puntal en este momento.
380. IVÁN: Has perdido mucha sangre.
381. MARY: El perdió más.
382. ABATE: Llévatelo a reposar... y pásate a su camarote.
12º Acto
383. MARY: Te mentí, Iván.
384. IVÁN: No entiendo.
385. MARY: Tienes razón en lo que casi adivinas. No soy John Byrne, soy Mary Read, la dueña de la Taberna de las Tres Herraduras y te amo.
386. IVÁN: Yo te amaba desde ese tiempo.
387. MARY: Yo te había echado el ojo, pero quería mucho a mi esposo. Seré tu mujer y tú mi marido.
388. IVÁN: De acuerdo.
389. MARY: Bastará nuestra palabra. A bordo todo seguirá lo mismo, soy John y tu eres Iván.
390. IVÁN: Todo quedará en secreto y el Dragón de Los Mares, seguirá su rumbo.
13º Acto
391. CONTRA MAESTRE: Hay mucha niebla.
392. ABATE: Mejor, porque tengo una corazonada. En la niebla toparemos con algo. Envía a cada uno a su puesto, listos para el abordaje. El Parche se queda en su camarote, lo ahorcaremos cuando reciba su parte del botín. Llámame a Iván.
393. MARY: Bastará nuestra palabra, por el momento todo continuará. Soy John y tu eres Iván.
394. IVÁN: Mantendremos el secreto y “El Dragón de los Mares” seguirá su rumbo.
395. MARY: Hasta que pase la marejada que ha levantado ese maldito. Entonces hablaré con el abate. Quiero una gran boda a bordo. No tengo religión alguna, pero las bodas me apasionan.
396. IVÁN: La de las Tres Herraduras fue sensacional.
397. MARY: Una boda me hace sentir mujer. Es algo que tu, que ninguno de ustedes, puede entender.
398. IVÁN: Trato. Sólo que jamás se me hubiera pasado por la cabeza...
399. MARY: Hay tantas cosas, querido mío, que rara vez o nunca pasan por la cabeza.
400. IVÁN: A sus órdenes, capitán.
401. ABATE: Te quedarás a bordo, harás la guardia arriba y abajo, el navío dependerá de ti cuando aparezca lo que tiene que aparecer.
402. IVÁN: ¿Qué es lo que tiene que aparecer?
403. CONTRA MAESTRE: Haz de cuenta que lo estás viendo. Un galeón, por ejemplo.
404. ABATE: Confío en ti.
405. IVÁN: Gracias, capitán.
406. CONTRA MAESTRE: Revisaré cañones, pólvora, municiones...
407. ABATE: Es inútil, porque, al caer la noche, asaltaremos con armas cortas, me molesta el ruido.
CAPITULO IX
Se han reunido los mejores, han venido a desearme buena suerte. ¡Canta tu hermosa balada, capitán Kidd!

BALADA DEL CAPITÁN KIDD
408. UNA VOZ: Era mi nombre Robert Kidd.
409. CORO: Cuando navegué, cuando navegué.
410. UNA VOZ: Sí, sí, me llamaba Robert Kidd cuando quebranté la ley de Dios.

Abominable fue mi conducta.
411. CORO: Cuando navegué, cuando navegué.
412. ABATE: Te lavabas la sangre de las manos y las metías en finos guantes de cabritilla con vueltas de encaje de Flandes: “Yo, que soy suave y bueno como un cabrito recién nacido”, solías decir... y entonces te llamaron Kidd, que, en buen romance, es un cabrito que se asoma al mundo.
413. UNA VOZ: Mis pobres padres me educaron bien.
414. CORO: Antes de echarme a navegar, antes de echarme a navegar.
415. UNA VOZ: Me enseñaron a cuidarme del infierno, pero contra ellos, ay, me rebelé.
416. CORO: Y me lancé, ciego, a la mar, y me lancé, ciego, a la mar.
417. ABATE: “A nuestro leal y bienamado capitán William Kidd”, te escribió el rey, Guillermo III de Inglaterra, cambiándote el nombre y dándote licencia de cazar piratas y no tuviste suerte, tenías miedo de perder el empleo y tu linda galera “La Aventura”, pero no te decidías a pasarte al otro bando.
418. UNA VOZ: Me sabía la Biblia de memoria, tal como mis padres me enseñaron.
419. CORO: Antes de echarme a navegar, antes de echarme a navegar.
420. UNA VOZ: Pero la Biblia la enterré en la arena.
421. CORO: Cuando me lancé, ciego, a la mar, cuando me lancé, ciego, a la mar.
422. ABATE: Te hicieron un motín y, con un balde, le rompiste la cabeza al artillero y atacaste cualquier barco que se cruzara en tu camino, incluso si era inglés.
423. UNA VOZ: Asesiné a William Moore, que era artillero y lo llamaban “El Moro”.
424. CORO: Cuando navegué, cuando navegué.
425. UNA VOZ: Muchos vientres vació mi cuchillo.
426. CORO: Cuando navegué, cuando navegué.
427. ABATE: Pero durante el breve resto de tu vida, siempre viste, en cubierta, sentado en el balde, al artillero, que te miraba con sus ojos ciegos.
428. UNA VOZ: Tuve fiebre amarilla y de milagro me salvé.
429. CORO: Cuando navegué, cuando navegué.
430. ABATE: Y, finalmente, con la cuerda al cuello y mientras el verdugo te encajaba el gorro negro, gritaste: ¡Me cago en vos! ¡Sabía muy bien que me meterías tu balde en la cabeza!
431. UNA VOZ: Mucho después me arrepentí, y quise tomar otro camino, pero no me dejaron devolver.
432. CORO: Porque todo el tiempo navegué, porque todo el tiempo navegué.
433. ABATE: Y aquí estás tu, desde hace siglos, Klaus Stortebeker, ofreciendo siempre tu cabeza, en bandeja de oro, a la regente Margarita de Dinamarca, que sopló tus velas, cuando le convino. Avanza, haz el ofrecimiento una vez más, a tu noble protectora que, luego, te mandó a decapitar.
434. UNA VOZ: En mi pabellón de seda negra llevaba yo una calavera y otra de cabrito ya con cuernos.
435. CORO: Mientras al viento me entregué, mientras al viento me entregué.
436. ABATE: Y en tu cama regia yaces, Henry Morgan, con el título de caballero y Vicegobernador de Jamaica.
437. MORGAN: Dos veces me tomé a Maracaibo y abrí a los piratas la ruta del mar del sur, incendiando a Panamá.
438. ABATE: Era demasiado y el gobernador te condenó a la horca. Te salvaste por un pelo, ¡y qué pelo! Nada menos que el Rey Carlos III. Decidió usarte contra tus antiguos compañeros y te volviste un santo: ¡San Henry Morgan, ruega por nosotros, allá, en el infierno, donde estás!
439. MORGAN: Así lo haré, capitán.
440. UNA VOZ: Asalté navíos en Francia y asalté navíos de España y navíos de Flandes asalté.
441. CORO: Cuando navegué, cuando navegué.
442. ABATE: Harapiento borrachín, famoso en las tabernas... pescador de vez en cuando.
443. WARDE: Al fin me enganché como pirata, pero la paz de Inglaterra con España todo lo arruinó. Tuve que entrar a la Marina Real, para no morir de hambre, pero allí el hambre pululaba. ¡Pufff, qué mierda!
444. ABATE: Y hubo motín a bordo.
445. WARDE: Al grito de ¡VIVÁN los tiempos de la Reina Isabel! Cuando cantábamos y maldecíamos a voz en cuello y podíamos matar a los enemigos como moscas.
446. ABATE: Y te hicieron capitán.
447. WARDE: Después de muchas expediciones me fui a Túnez y me volví turco.
448. ABATE: Y al frente de los moros, atacaste a los cristianos. Muy bien.
No necesitamos las religiones, sólo necesitamos a Dios.
449. WARDE: Y en Túnez, ay, en Túnez, me construí un palacio digno de un rey.
Ahora solamente me queda el turbante y el cojín en el cual estoy sentado.
450. ABATE: Es curioso, querido John Warde, porque, hasta donde se me alcanza, nadie se lleva nada para la eternidad...
451. WARDE: Todo es posible con Mahoma y con Alá.
452. UNA VOZ: Noventa lingotes de oro llegué a tener.



¡Noventa lingotes de oro, uno sobre otro, amontoné!
453. CORO: Cuando navegué, cuando navegué.
454. ABATE: Me quito la capucha. Aquí, ante mí, como dos momias, hay dos científicos, excelentes navegantes y escritores, Francis Drake, sostenido por su sobrino John Hawkins... Ambos protegidos por su graciosa majestad Isabel Primera de Inglaterra.
455. EL PARCHE: Allí estás, musiquito. Apenas empiezas la guardia, después de una buena acostada con el asesino maricón, el tal John Byrne... Muy bien, paséate vigilando, de nada te servirán el cuchillo, las pistolas y el fusil, con ese peso irás al mar. ¡Toma!
Perdona por romperte la cabeza con un miserable balde para lavar cubierta. Ahora se deleitarán los tiburones... ¡Cómo pesas! Y el loco del Abate ni se da cuenta. Absorto está, mirando quién sabe qué diablos en la niebla. De todos modos me ahorcarán, pero, mi querido y entrañable Brugues, te logré vengar.
456. HAWKINS: Asalté Cartagena de Indias. Me rechazaron y, de regreso a Inglaterra, la suerte se fue por otro lado. Fatal resultó aquella tempestad.
Caí en manos de los españoles, pero la suerte regresó y un puñado de almas pudimos escapar, cuando llegamos a Inglaterra, parecíamos fantasmas, nada más...
457. DRAKE: Yo sí tomé Cartagena y, a los notables del puesto les obligué a pagar, como rescate, ciento siete mil ducados y me fuí a Inglaterra...
458. ABATE: Pero siguió la tentación y volviste para morir, de fiebre amarilla, en Porto Belo.
459. UNA VOZ: Un camarote lleno de dólares y joyas, con cadena y candado condené.
460. CORO: Cuando navegué, cuando navegué.
461. UNA VOZ: Pero un día caí en prisión y hacia la horca caminé.

¡Adiós digo a la mar!
462. CORO: Donde tanto navegué, donde tanto navegué.
463. ABATE: Y allá siguen, los diviso:
Cumberland, Pata de Palo, mi maestro, cuya pisada en cubierta, retumbaba, como un trueno, en Aragón. Thomas Kuik y Benjamín Palmer. ¡Salúd, amigos, voy a traer una botella de vino para que brindemos!
464. UNA VOZ: Horror, espanto, amor y odio veo en los ojos que me ven.
Cada vez llega más gente para mirarme encadenado desde la cabeza hasta los pies.
¡Pero con la boca amordazada canto y canto mi balada!
¿Fue el amor al oro?
No lo sé.
Sólo sé que terminé colgado.
465. CORO: Porque demasiado tiempo navegué, porque demasiado tiempo navegué.
14º Acto
466. CONTRA MAESTRE: ¿Para dónde va, capitán, con esa botella? Casi atropellamos al galeón de su corazonada, viramos a babor y lo tenemos al costado.
467. ABATE: Iba a brindar, pero se fueron.
468. CONTRA MAESTRE: ¿Quiénes?
469. ABATE: No importa, echémonos un trago y al abordaje, avisa a cada uno. Se atacará con arma corta, como te dije.
¡Ni el menor ruido!
470. MARY: ¿Dónde está Iván?
471. ABATE: Chissst... no hables fuerte, estamos al lado del galeón, a Iván no lo he visto... Estará abajo.
472. MARY: Quisiera despedirme.
473. ABATE: No hay tiempo. Vamos, sube. A ti te confío la vida del capitán del galeón. Yo te sigo.
474. MUERTE: Y Mary Read cumplió. Encontró al capitán español en su camarote, inclinado sobre la mesa. Sin un quejido se dobló, como si lo hubiera sorprendido el sueño. No manchó siquiera la bitácora que estaba corrigiendo. El Abate encontró a los guardias y a unos tripulantes, jugando a las cartas. Hizo las señales convenidas y no se derramó un gota de sangre.
Los dejó terminar la partida y felicitó al ganador, a quien llamaban Pedro El Peludo.
475. EL PARCHE: ¡Al agua! ¡Trágate el Océano! Ahora el timonel soy yo. ¡Adiós, malditos!
¡Soy timonel, capitán y tripulación!
Tres personas y un solo hombre sin miedo. ¡Puto viento! ¡Sopla sobre las velas! ¡Sopla con todo tu fuelle, desgraciado! ¡Necesito entrar en la corriente de Las Antillas y dejarlos en el galeón! No me alcanzarán, este barco es marinero. Pero viento, viento sin resuello, necesito distanciarme antes de que se den cuenta. ¡Ya se avivaron! ¡No griten, que no soy sordo! ¡Eso, eso, viento que sales de los pulmones de los ángeles, sigue soplando! No me dispararán con los cañones, ese católico romano no disparará contra su propio barco.
476. MUERTE: Desde el galeón echaron dos botes, en el primero vienen el Abate, Mary y el Contra Maestre.
477. EL PARCHE: ¡Vamos, Tritón, dios de los mares!
Echate los pedos que necesito y échalos por popa, que no puedo seguir barlobenteando y tú, timoncito, afírmate bien en el codaste, que esto se está escorando a cada viraje y en una de esas escoradas te quedas en el aire.
478. MUERTE: Pero ya el Abate y el Contra Maestre echaron los ganchos.
479. EL PARCHE: Ya regresó ese loco y está engarzando el navío por estribor. ¡Allá voy!
480. MUERTE: No sueltes el timón, imbécil. Ruedas por cubierta como un cachalote, resoplando.
481. ABATE: ¡Vivo! ¡Lo quiero vivo, John! Ya tengo el timón.
Señor Contra Maestre amárrelo y enciérrelo en el camarote.
Allí estará a bizcocho y agua salada hasta nueva orden. ¡Entramos en la corriente de Las Antillas! Timonel, si ya terminó de vomitar, regrese a su puesto, menos mal que logramos recogerlo.
482. CONTRA MAESTRE: Casi se pierde el barco.
483. ABATE: Pero salvamos un hombre.
484. MARY: Me lo arrancó de las manos, capitán.
485. ABATE: Pertenece a la horca. A Dios lo que es de Dios y al diablo lo que es del diablo.
486. CONTRA MAESTRE: Ya llegan con el botín. ¡Bravo muchachos! ¡Remaron como galeotes!
487. MARY: Supongo que no siempre es tan fácil.
488. ABATE: Qué cosa.
489. MARY: Un abordaje.
490. ABATE: Casi nunca sale así, exactamente como me lo reveló mi corazonada.

No debes hacerte ilusiones y es mejor que estés preparado pues, a veces, se deja allá el pellejo para forro de taburetes o parche de tambor.
491. CONTRA MAESTRE: Desde el palo mayor del galeón divisé dos navíos de guerra. No le dije nada porque lo primero era llegar aquí.
492. ABATE: Andaban cuidando al que abordamos y, probablemente, se extraviaron.
493. CONTRA MAESTRE: Con la tormenta.
494. ABATE: ¿Cuál tormenta?
495. CONTRA MAESTRE: Cuando nos invadió la niebla. ¿No se dio cuenta?
496. ABATE: No recuerdo.
497. CONTRA MAESTRE: Se la veía incendiar el cielo y se la veía rugir, mientras aquí todo era calma.
498. ABATE: Así es por estos rumbos. A veces el ojo de la tormenta se fija un sitio y los párpados se quedan quietos, no pestañean.
499. CONTRA MAESTRE: Eso dispersó al convoy.
500. ABATE: ¿Echaron el cadáver del capitán del galeón en el segundo bote?
501. CONTRA MAESTRE: Está aquí, al costado.
502. ABATE: Arrójenle un cabo y nos arrimamos al promontorio que está frente a nosotros y que no existe en ninguna carta de navegación, que yo sepa.

Yo lo llamé hace tiempos: “El Mér-gulo”, porque esa ave abunda en estos acantilados. Hay una pequeña playa, allí enterraremos al capitán con todos los honores.
503. CONTRA MAESTRE: Tengo el informe del botín.
504. ABATE: Veinte piezas de seda y lana, ropas... perfecto, porque nuestros hombres ya estaban sacando los codos, enseñando las rodillas y, algunos, las nalgas, lo cual es indecente.
505. CONTRA MAESTRE: Todo se está repartiendo.
506. ABATE: Encajes, vino, coñac... Eso está muy bien, pero medido, sin excederse, así es bueno para la salud, de lo contrario, es un grave peligro. Aceite, especias y armas de fuego. ¿De qué clase?
507. CONTRA MAESTRE: Trabucos, pistolas, municiones... Se está detallando minuciosamente.
508. ABATE: Lo necesito. Sesenta libras en coronas inglesas y piezas españolas de a ocho. ¿Coronas inglesas?
509. CONTRA MAESTRE: Los que nos llaman piratas también despojan a otros.
510. ABATE: Y, como Pilatos, se lavan las manos. Pero esta vez los agarramos con las manos sucias. Deja que convivan un hermitaño y un ladrón que, o el ladrón se hace hermitaño, o el hermitaño se hace ladrón.
511. CONTRA MAESTRE: Llegó el bote con el muerto.
512. ABATE: Vamos, echa el ancla.
513. CONTRA MAESTRE: Si no se opone, capitán, prefiero quedarme... por cualquier cosa.
514. ABATE: No pasará nada.
515. CONTRA MAESTRE: Quién sabe.
516. ABATE: Yo sé. Ya regreso.
517. MARY: ¡Iván! ¡Iván! ¿Dónde está Iván?
518. CONTRA MAESTRE: Hemos registrado todo el barco.
519. MARY: Y... el Abate?
520. CONTRA MAESTRE: Está llevando a ese promontorio el cadáver del capitán del galeón.
521. MARY: Iván no está con él.
522. CONTRA MAESTRE: No, pero él debe saber dónde está. No se le escapa nada.
523. MARY: ¡Capitán!
524. CONTRA MAESTRE: La marejada no lo deja oír. Ya cavaron la tumba.
525. MARY: ¿La tumba? Voy a volverme loca.
526. CONTRA MAESTRE: ¿Qué dijo?
527. MARY: Nada... Pienso en voz alta.
528. CONTRA MAESTRE: Ojalá no sea lo que sospecho.
529. MARY: Qué sospecha.
530. CONTRA MAESTRE: Bueno, no es más que una sospecha.
531. MARY: ¿Es igual a la mía?
532. CONTRA MAESTRE: ¿Cómo voy a saberlo?
533. MARY: Porque si es igual...
534. CONTRA MAESTRE: Espere. Quite la mano de la empuñadura del sable. Un último minuto de paciencia. Ya llega el capitán.
535. MARY: ¡Capitán, por favor, capitán, Iván no aparece por ninguna parte!
536. CONTRA MAESTRE: Espera que suba. No te oye.
537. MARY: No puedo esperar.
538. CONTRA MAESTRE: La impaciencia no arregla nada.
539. MARY: Lo sé, pero yo también puedo tener corazonadas y la que tengo no da espera. ¡Capitán! ¿Ha visto a Iván?
540. ABATE: Déjame llegar. No es cualquier cosa enterrar un muerto. Nadie tiene derecho a matar a otro, como no sea en caso de guerra y el mundo no nos da cuartel: día y noche nos hacen la guerra.
541. CONTRA MAESTRE: ¡Leven anclas! ¡Zarpamos!
542. ABATE: Arrastremos aunque sea el bote. Es muy bueno. Tú, John, espérame aquí un momento.
543. MARY: ¡Dios mío, óyeme, te pido que regrese con él!
544. ABATE: ¡Habla, puerco!
545. EL PARCHE: Quíteme la punta del cuchillo del pescuezo para poder articular. Sí, yo lo maté. Con ese balde.
546. MARY: Y yo te mato a ti.
547. ABATE: ¡Alto! Guarda el sable. Se le hará juicio con toda la tripulación. Eligirán jurado, como es nuestra costumbre. Después de condenado lo ahorcaremos, ¡vamos, bellaco, vuelve a tu cárcel!
548. MARY: Y si se echa al agua...
549. ABATE: Nos ahorra la ahorcada. En ese islote no sobreviven sino las aves. No te contengas, llora, chilla, patalea.
550. MARY: De nada sirve, capitán.
551. ABATE: Eres todo un hombre.
552. MARY: Ojalá.
553. ABATE: ¿Qué dices?
554. MARY: Nada. Es que se me salen las palabras.
555. ABATE: ¡Déjalas salir! La palabra que no se dice se pudre en el hígado, Porque contiene todo, incluso el desorden, y, si se queda dentro, uno se enferma. Eso me lo enseñó un esclavo negro dogón, a quien liberé y repatrié hace años. Son muy sabios.
556. MARY: Pero... es que no hay nada que decir.
557. ABATE: Grita, entonces... ¡eso! ¡Con más fuerza! Sigue gritando.
558. MARY: Estoy sola, Iván. Sentada en el balde con el cual te rompieron la cabeza y estoy preñada. Como he apretado mis pechos desde que nacieron, así me he fajado la barriga... ¡Canta!
559. VOZ DE IVÁN: Hoy vivimos, mañana moriremos,




hoy matamos, mañana nos degüellan,




hoy sonrisa, mañana calavera,




hoy asaltamos, mañana nos avientan




al mar, como pescado viejo.
560. ABATE: Se quedó petrificado.
561. MARY: ¿No oye, capitán? Está cantando Iván.
562. ABATE: Sí, sí, oigo.
563. VOZ DE IVÁN: Ayer español nací,




hoy dicen que soy inglés,
564. MARY: Esa no te la habíamos oído ¿Verdad, capitán?
565. ABATE: No, esa no.
566. ABATE: Se quedó petrificado. John ¿me oyes? ¡John! Parece que estuvieras muerto. ¡Arriba! ¡Hay que vivir! ¡Hay que sacudirse la muerte!
567. MUERTE: ¡Si fuera tan fácil!
568. ABATE: Recuerda la canción del pobre buscador de fortuna en el océano.
569. MARY: Suélteme, señor Abate. No tengo que recordar, lo estoy oyendo.
570. MUERTE: El Abate se había dado cuenta, no sólo del cuerpo que se ocultaba bajo la apariencia de hombre, sino del ser que llevaba dentro.
571. CONTRA MAESTRE: Continúan persiguiéndonos.
572. ABATE: ¡Chissst! ¿No oyes?
573. CONTRA MAESTRE: No.
574. ABATE: ¿Estás sordo?
575. CONTRA MAESTRE: Quiero decir sí, sí oigo.
576. VOZ DE IVÁN: Oye, oye mi cantar,

que aunque tenga la voz ahogada,

estoy cantando desde el mar.
577. MARY: ¡Esa tampoco!
578. ABATE: ¿Ves? ¡Has vuelto a reír!
579. CONTRA MAESTRE: Nos pueden alcanzar.
580. ABATE: Lo tengo todo calculado.
581. MARY: ¡Canta, Iván!
582. ABATE: ¡Sí, sí, canta, canta, Iván!
583. VOZ DE IVÁN: A las sirenas oían,




el que ahora me oye entenderá
584. MUERTE: Yo nada tengo que ver.
585. ABATE: Les haremos creer que enrumbamos hacia las bermudas, ellos no se meterán allí.
586. CONTRA MAESTRE: ¿Dónde hacemos escala?
587. ABATE: Cuando se pierdan esos tiburones viramos y nos acercamos a Curazao. Allí estaremos seguros y tranquilos. Podemos escorar la nave y carenarla, incluso cambiarle lo que esté comido por la broma, en una palabra, dejarla como nueva.
588. MARY: Señor Abate, quiero confesarle algo.
589. ABATE: Hazlo. Hasta te puedo absolver, porque un cura nunca deja de serlo. No es culpa mía.
590. MARY: He tenido la pistola a punto, pero... ¿Qué se necesita para morir?
591. ABATE: Estar vivo y, como es difícil...
592. MARY: Sobre todo en esta vida de piratas.
593. ABATE: ¡No somos piratas! ¡Somos hombres libres y ciudadanos del mundo! Hacemos guerra justa contra los que nos condenan a la miseria y negamos la autoridad real, la monarquía, los principiados, el Estado... ¡Cualquier Estado!
594. MARY: Perdón, señor Abate.
595. ABATE: El sol sale, alcanza su altura meridiana y no se queda allí, desciende y se hunde en el mar.
596. MARY: Yo quiero estar allí, con usted.
597. ABATE: Dios condena a cada cual a ser lo que quiere ser. Ni flamencos, ni franceses, ni americanos, ni africanos. Las razas y las nacionalidades son un lastre. ¡Hay que tirarlo por la borda para poder avanzar! Será refugio de todos los perseguidos, de los que no han tenido tajada en el banquete del poder. Y no habrá allí gobierno, sólo una eficaz y comprensiva administración.
598. CONTRA MAESTRE: Ya se perdieron de vista los perseguidores.
599. ABATE: Irán hacia Cuba. No deben tener muchas provisiones, son demasiado gordos, inflados, comen mucho.
600. CONTRA MAESTRE: Nos acercamos al ojo de las tormentas.
601. ABATE: Viremos y evitemos que nos guiñen ese ojo. Tráeme al Parche. No debe ocurrirle nada, lo necesito sano y gordo para la horca. Hasta le pegaría la otra oreja si no se hubiera perdido.
602. EL PARCHE: Lo oí renegar de la religión, de la patria, del estado. En Curazao me conocen bien y allí, ante las autoridades, lo pienso denunciar, y a usted también, por asesino.
603. ABATE: John... ¿No me oíste bien?
604. MARY: Sí, pero no me puedo aguantar.
605. EL PARCHE: Deje que nos batamos. Quiero bajarle la cabeza.
606. ABATE: ¡No! No tienes derecho a un duelo. Eres una sabandija.
607. EL PARCHE: ¡Soy patriota! Estoy orgulloso de ser flamenco, de pertenecer a los Estados Generales, de ser súbdito de sus altas grandezas, calvinista y protestante hasta la médula de los huesos. Usted, aunque lo niegue, sigue siendo un católico. En su camarote tiene una imagen del crucificado. No lo salvará ni Dios si me permite desembarcar en la isla, si no me amarra ni me amordaza.
608. ABATE: Suéltalo. Estás libre y toma esto. Es tu parte del botín.
609. EL PARCHE: Lo hundiré, cura de mierda, lo dejaré en el puerto con grillos y cadenas.
610. CONTRA MAESTRE: Estamos atracando.
611. ABATE: Baja a tierra, baja de primero y anda, preséntate a las autoridades.
612. EL PARCHE: Por supuesto que lo haré.
613. MARY: ¡Señor Abate!
614. ABATE: Nos estaba provocando. Si se presenta a las autoridades, será una pérdida para nosotros, porque lo ahorcan en el muelle.
615. MARY: No entiendo.
616. ABATE: Toda la tripulación es testigo del fallido motín y del duelo, así como del asesinato que llevó a cabo. Además, yo pago tributo al príncipe de Orange.
15º Acto
617. MUERTE: En Curazao, “El Dragón de los Mares”, fue levantado en puntales, reparado, y carenado. El Abate fue recibido por el gobernador, mientras el Parche no se atrevió a entrar. Se encontraron luego en una taberna y bebieron sin saciarse, hasta que rodaron por el suelo.
16º Acto
618. CONTRA MAESTRE: Detrás de nosotros viene una balandra...
619. MARY: Mucho más pequeña que las otras.
620. CONTRA MAESTRE: Tienes mucho que aprender. Los de antes eran navíos de guerra, éstos son corsarios de Jamaica y no debes sorprenderte si tienen la osadía de abordarnos. Están observándonos como lo hace el pulpo, desde su cueva, con sus tentáculos llenos de ojos y listos a engancharnos. Si lo hace, será a media noche, durante el cambio de guardia.
621. MARY: No abandonaré la cubierta.
622. CONTRA MAESTRE: Los turnos son indispensables. Nadie rinde sin descansar.
623. MARY: ¿Puede ocurrir que no ataque?
624. CONTRA MAESTRE: Si cuenta bien nuestros cañones, siente el viento y si mide nuestra arboladura, es posible que se vuelva prudente. Pero los hay irremediablemente atrevidos. Que cada hombre aliste su arma corta, que a las doce suene la campana y haya mucho ruido, como se hace para espantar tiburones.
625. MARY: ¿Y el Abate?
626. CONTRA MAESTRE: Está como un leño.
627. MARY: Lo despertará el ruido.
628. CONTRA MAESTRE: No lo despierta nada ni nadie. Esto lo enfrentamos nosotros.
629. MARY: Y... ¿el Parche?
630. CONTRA MAESTRE: No te digo donde lo tengo para evitarte tentaciones ¡Timonel, izó ban-
dera francesa, pero no se engañe, son corsarios!
631. TIMONEL: Coge muy bien barlovento y nos saca ventaja.
632. CONTRA MAESTRE: Esperemos...
633. MARY: Se acabó el viento.
634. CONTRA MAESTRE: Es así en esta parte, sopla de allá o de acá o simplemente deja de soplar.
635. MARY: ¿Por cuánto tiempo?
636. CONTRA MAESTRE: ¿Quién sabe? El manda, su capricho es la ley.
637. MUERTE: Mary no durmió. Se dio muchas vueltas al reloj de arena. Una ampolleta, dos, tres, como si toda la isla Arenosa tuviera que pasar por la estrecha garganta de vidrio y ella la viera escurrirse, con la paciencia que la vida le había impuesto. Sin embargo, con cuánta ansiedad deseó tener la impaciencia del Santo Job, cuando aullaba:
¡Maldita sea la hora en que nací y la noche en que se dijo!. ¡Varón es concebido! ¡Cubran ese día las tinieblas, Dios no lo tenga en cuenta, ni caiga luz alguna sobre él!... ¡Que sea día de eclipse, que la oscuridad lo cubra y que se descuelgue del calendario como número de mal agüero! ¡Que esa noche sea estéril y no la rasgue el grito gozoso de los que cohabitan, por cuanto no cerró la boca del vientre que me llevaba, ni apartó de mis ojos la miseria! La Biblia, en la cual aprendió a leer, volvió a su memoria, para recordar la más hermosa de las maldiciones, porque el Señor de los Señores arroja de manera arbitraria e inescrutable, el dolor, la peste y las desgracias sobre los inocentes... La campana para la merienda, pero no se oía ruido de platos ni voces. Mary no se movió... No se comía mucho, porque eso es malo para la salud: un trozo de bizcocho seco, untado de grasa de cerdo y mojado en vino, algo de pescado y una especie de caldo, lleno de ojos de manteca, que los miran con desprecio y se cierran, luego, indiferentes. Saltó de la litera y subió a cubierta.
638. CONTRA MAESTRE: Allí viene. ¡Ruido, mucho ruido! ¡Silencio! Saltamos nosotros. Tu vas adelante, John.
639. MUERTE: Sorprendidos, los filibusteros de Jamaica, se entregaron sin una baja de aquí o de allá.
640. ABATE: Es un lindo día, tráigame al capitán del corsario, señor Contra Maestre.
641. CAPITÁN CORSARIO: A sus órdenes señor...
642. ABATE: Capitán, sí, aunque le parezca raro. El hábito no hace al monje y me trae suerte.
643. CAPITÁN CORSARIO: Mucha suerte.
644. ABATE: Bueno, la suerte llega... Uno no sabe cómo, ni cuándo. A usted debe haberle ocurrido. ¿Cuánto lleva rodando por estos cayos?
645. CAPITÁN CORSARIO: No hace mucho zarpamos y la suya es la primera vela que se atravesó en nuestra ruta.
646. ABATE: Lo felicito por su coraje y su temeridad. No es cualquier vela.
647. CAPITÁN CORSARIO: Comenzando apenas y todo me sale al revés.
648. ABATE: Y... ¿La carga?
649. CAPITÁN CORSARIO: Banderas, pólvora, balas de cañón y ron.
650. ABATE: ¡Ah, ron! Eso tumba al suelo de una vez.
651. CONTRA MAESTRE Galones de oro y plata, bayetas de Prusia, medias de seda. Y conté ochocientas mil piezas de ocho, de plata, y diez barras de oro, así de altas y así de largas. La balandra es un bocatto di cardinale.
652. CAPITÁN CORSARIO: Depende.
653. ABATE: Sí, depende, depende, claro... Depende.Señor capitán, me gusta esa balandra y sus mentiras no me hacen ninguna gracia. Señor Contra Maestre usted va, en esa embarcación, a Cartagena de Indias y vende a los españoles las mercancías, el señor capitán mediante una carta, garantiza que son bien adquiridas. Que lo encierren en la Santabárbara y lo cubran con su propio dinero, que lo ahoguen las monedas y lo aplasten las barras. Su nombre en Cartagena de Indias será el del capitán de la balandra, apréndaselo. Nos encontraremos en la Tortuga. Al regresar despliegas una enseña blanca en los obenques del mastilero de proa. En el trinquete, bandera inglesa, un cañonazo por barlovento y dos por sotavento y yo respondo arriando e izando el pabellón tres veces y disparando a sotavento ¿Está claro?
654. CONTRA MAESTRE: Me lo anotaré.
655. ABATE: ¿Encontraste esclavos?
656. CONTRA MAESTRE: Tres africanos y dos irlandeses.
657. ABATE: ¡Y ni siquiera los habías mencionado! ¡Como si no existieran!
658. CONTRA MAESTRE: Estaban escondidos. Tuve que buscarlos uno por uno. Quieren quedarse en la balandra.
659. ABATE: No, no se quedan. ¡Que los traigan a bordo y los liberen! Hay hombres que terminan resignándose y aceptando eso de “esclavos por naturaleza”. No me lo creerás, pero la mayor parte de la humanidad desconoce sus derechos y todos danzan al son de sus cadenas.
660. CONTRA MAESTRE: Si hay tormentas u otro motivo para cambiar de rumbo...
661. ABATE: Llegas a la Tortuga de cualquier modo. Nadando si es preciso. Te esperaré el tiempo que sea necesario.
662. MARY: Quiere decir que podemos estar allí meses...
663. ABATE: Quizá.
664. MARY: Y la isla donde se hará Libertalia ¿es muy lejos?
665. ABATE: Siempre.
666. MARY: ¿Cuánto dura el viaje?
667. ABATE: Unos ochenta días... Si todo va bien. ¿Por qué esa pregunta?
668. MARY: Porque debo decirle algo que no he confiado a casi nadie. No soy John Byrne, mi nombre es Mary Read y estoy preñada.
669. ABATE: ¿Tu, una mujer?
670. MARY: Le eché a perder todas sus ideas sobre las mujeres.
671. ABATE: La verdad sea dicha, se me trastornaron un poco. Hay que cambiar de planes. ¡Llámame al Contramaestre!
672. CONTRA MAESTRE: Sí, señor.
673. ABATE: Ponemos rumbo a Jamaica, a Puerto Real. Allí tengo amigos. Larguemos la balandra... Entrégasela al capitán.
674. MARY: Señor Abate, debo decirle algo.
675. ABATE: Eres mujer y estás preñada. No te preocupes, parirás a bordo el hijo de Iván y seguiremos viaje.
Lo ayudaré a criar como si fuera mi nieto y se hará hombre en el lugar de mis sueños, en el pueblo de libertalia, que fundaré en una isla cuidadosamente seleccionada hace años. Mi vida terminará en un pueblo donde no habrá ingleses, ni flamencos, ni africanos. Las razas y las nacionalidades son un lastre. ¡Hay que tirarlo por la borda para poder avanzar! Será refugio de todos los que no han tenido tajada en el banquete del poder, y no habrá allí gobierno, sólo eficaz y comprensiva administración.

¿Qué pasa? No te puedes tener en pie. Nunca te había visto así.
676. MARY: Ya no aguanto más.
677. ABATE: Recuéstate. ¡Qué es esto!
678. MARY: Es él, señor Abate, él, porque si nace es varón.
679. ABATE: ¡Cómo que si nace! Afuera este amarra dijo. Respira... Estás ardiendo. Tranca el timón y llámame al Cirujano. Dile al Contramaestre que regrese a bordo, que suspenda toda operación y deje sólo la vigilancia indispensable en la balandra. ¿Por qué diablos hiciste esto? ¿Por qué Iván no se sinceró conmigo?
680. MARY: Habíamos decidido decírselo, habíamos decidido que usted nos casara a bordo ante la tripulación entera.
681. ABATE: Pero se atravesó esa víbora.
682. CIRUJANO: De modo que esto tenemos. John Byrne... Señor Abate ¿quiere retirarse?
683. CONTRA MAESTRE: ¿Qué ha pasado?
684. ABATE: Ojalá no tengamos que cambiar todos los planes.
685. CIRUJANO: ¿Cuántos días hace que siente fiebre?
686. MARY: ¿Cuánto hace que mataron a Iván? ¿Lo oye? ¿Lo oye cantar? ¡Lo oye o no lo oye!
687. CIRUJANO: Si no se queda quieta no la puedo examinar.
688. MARY: ¿Está muerto?
689. CIRUJANO: No, pero déjeme oír, déjeme tocar.
690. MARY: ¿Y yo? ¿Yo estoy muerta también, verdad? Yo me fui con él.
691. CIRUJANO: Lo que tengo que oír y sentir es muy delicado.
692. ABATE: ¿Por qué la felicidad dura tan poco tiempo en gente que la merece?
693. MARY: Me estaba haciendo un largo vestido blanco con cuello y cola de encajes.
694. ABATE: ¿O es que no existe? ¿Es la felicidad un fantasma?
695. MARY: Ya no importa... cualquier trapo sucio puede ser un sudario.
696. CIRUJANO: Necesito gente. Para empezar agua caliente. Que nadie pregunte nada, que no hagan otra cosa que cumplir mis órdenes.
697. CONTRA MAESTRE: De inmediato.
698. ABATE: Ni pensar en la Tortuga.
699. CIRUJANO: He atendido partos, pero... ¿Cómo le explicara?...
700. ABATE: La Tortuga es una alcantarilla y en Santo Domingo se pelearán por ahorcarnos españoles y francés.
701. CIRUJANO: Cualquier comadrona entiende más de esto.
702. ABATE: No es, precisamente, tu especialidad.
703. CIRUJANO: Sí, mejor dicho, no. En general he tenido poco que ver con enfermedades de mujeres.
704. ABATE: Hombre o mujer, lo importante es la vida ¡Dos vidas que tiene que salvar!
705. CIRUJANO: Hago lo que puedo. Estoy en este barco porque me gusta la aventura, pero la aventura donde yo corro el riesgo. No me gusta aventurar con otros.
706. CONTRA MAESTRE: El cocinero trae agua hirviendo, con fogón y todo y los otros una botica completa.
707. ABATE: ¿Llegan vivos a Jamaica?
708. CIRUJANO: Llegar, llegan, pero... cómo le dijera...
709. ABATE: ¿Tienes ropa de mujer?
710. MARY: Sí.
711. ABATE: No hay de que preocuparse.
712. MARY: Del Parche.
713. ABATE: Esa será preocupación del capitán de la balandra, porque el maldito intentará un motín allí también. No era hombre con tan desmedidas ambiciones, pero se juntó con Brugues y se corrompió del todo.
714. MARY: ¿Saben en qué sitio está él?
715. ABATE: Lo encontraremos.
716. MARY: Sí, señor Abate, lo encontraremos. En algún lugar está cantando... ¿Lo oye?
717. ABATE: Lo oímos... ¿Verdad, señor Cirujano?
718. CIRUJANO: Eso es lo que trato de hacer. Oír unos latidos, pero ustedes me forman un huracán.
719. ABATE: Entrégale a ese corsario su maldita balandra y que desplieguen hasta la última vela. ¿Está mejor?
720. CIRUJANO: Le he dado un calmante.
721. MARY: Estoy en el mar, con él... ¿Lo oye?
722. VOZ DE IVÁN: Flotando en el mar inmenso




¡Ay! mar y cantar y sueño
723. ABATE: Llévenla al camarote. ¡No te quites de su lado!
724. CIRUJANO: Cómo hiciera para que usted me entendiera bien. Yo respondo por los dos, pero eso de entrar a Jamaica y buscar un sitio...
725. ABATE: Es cosa mía.
726. CIRUJANO: Donde manda capitán no chista cirujano. Y menos yo, que hago mejor una barba que una sangría.
727. CONTRA MAESTRE: Malas noticias.
728. ABATE: Una mala racha nunca es a medias. Barre todo lo que encuentra.
729. CONTRA MAESTRE: El Parche sacó buen partido de la confusión armada a bordo. Se fugó, liberó al capitán corsario y partieron.
730. ABATE: Pero no se llevaron nada.
731. CONTRA MAESTRE: A duras penas lo que tenían puesto.
732. ABATE: El capitán tendrá que presentarse en Kingston y, al no llevar otro tesoro que el Parche, si no los cuelgan, los encierran y los hacen confesar los pecados que no cometieron.

Nosotros nos deslizamos entre arrecifes y cayos a Puerto Real. Allí tengo amigos.
733. CONTRA MAESTRE: Sabemos que entramos en una trampa.
734. ABATE: Y que debemos morder la carnada.
735. CONTRA MAESTRE: Sin tragar el anzuelo.
736. ABATE: Y, mientras el anzuelo busca inútilmente el tragadero, enrumbamos a Paramaribo: buen puerto, buen ron, buena cama, buena mesa y lugar seguro para hacer las cuentas.
737. CIRUJANO: Ha bajado la fiebre, pero, lo que tiene adentro está en el último rincón de las entrañas y no ha cuajado todavía. Vive de milagro. ¿Cómo hiciera para que usted me tomara lo que digo al pie de la letra? Que no lleve más calzones ni botas, declárela mujer, porque va a vivir como mujer, va a parir, va a amamantar y criar y Dios quiera que pueda emprender una nueva vida.
738. ABATE: Le juro, señor Cirujano, que haré lo que usted dice. Como mujer la dejaré en Puerto Real, en unas manos amigas y, como mujer, la despediré hasta...
739. CIRUJANO: Digamos la eternidad, porque va a ser condenada esa maniobra, pero señor capitán, usted es consciente de que nos arriesga a todos.
740. ABATE: Ustedes han cumplido mis órdenes como corresponde a cualquier tripulación. No se puede ajusticiar a quienes sólo obedecen.
741. CIRUJANO: Ajusticiar viene de justicia y yo, en esta larga peregrinación, no he visto a esa señora que pintan con venda, balanza y espada. Sólo me he sentido entre la espada y ella, con la sombra de la lazada fatal sobre mi cabeza.
742. ABATE: Confíe en mí.
743. CIRUJANO: Eso le digo yo a usted y vuelve donde ella. En cuanto a mí, sólo confío en Dios.
744. CONTRA MAESTRE: Entramos en la ensenada de Puerto Real. Ya, por supuesto, nos han visto.
745. ABATE: Avancemos un poco.
746. CONTRA MAESTRE: Merma el viento.
747. ABATE: En este momento esa merma nos favorece. Espero que sople con toda su fuerza cuando yo regrese.
748. CONTRA MAESTRE: Nos estamos metiendo, como Jonás, en la boca de la ballena.
749. ABATE: Le haremos cosquillas en el güargüero, de modo que yo pueda atravesarla sin que se dé cuenta, salir por el trasero y llegar hasta donde mis amigos pescadores, en la parte del puerto que avanza sobre zancas de palo mar adentro.
750. CONTRA MAESTRE: Usted señala el límite.
751. ABATE: Que la preparen y echen al agua la yola.
752. CONTRA MAESTRE: ¡Cierran la bahía! ¡De dónde salieron esos barcos, barcazas, chalupas y canoas! De todas partes vienen, con hileras de indios y negros remando.
753. ABATE: ¡Los artilleros! ¡Disparen! ¡Vamos a hacerlos polvo!
754. MUERTE: Pero el viento no los favoreció. Una calma chicha los dejó fondeados, como si mil anclas los aferraran al fondo. Canoas, chalupas y pequeños veleros, saltaban en pedazos, pero, como un cardumen infinito de peces voraces, llegaban y llegaban otros. Fueron abordados y se rindieron.
17º Acto
755. MARY: Le preguntaron al Abate:
756. LOS TRES JUECES EN CORO: ¿Cuál es su último deseo?
757. ABATE: Que se me ahorque a mí como único responsable. Que desaparezca esta tierra, este planeta y los que sigamos girando muertos, en el vacío, veamos nacer otro, con otro sol, menos ardiente, más misericordioso, en estas partes y más generoso en el helado Flandes... Y que haya por lo menos dos lunas porque, a menudo, las noches son muy oscuras y uno no puede encender lumbre, ya que corre el peligro de que lo descubra el enemigo.
758. MARY: Después habló el Parche:
759. EL PARCHE: Ilustrísimos jueces de su majestad soberana de los mares, el rey Carlos de Inglaterra. Ilustrísimo señor gobernador de esta isla de Jamaica, ustedes han confirmado la locura de este hombre por lo que ha dicho, locura que, en mi humilde opinión, y en mi condición de testigo, no lo salva de la horca ni a él, ni a miembro alguno de su tripulación.
760. MUERTE: Mary Read dio a luz, en la oscuridad de su celda, un niño muerto.
La ahorcaron tres meses después. La ahorcaron en secreto, porque su mal amenazaba con llevársela y debía cumplirse la sentencia.
Entre las multitudes que la esperaban en el patíbulo del muelle, no había acuerdo. Esas multitudes habían celebrado la muerte de sus compañeros, pero, en cuanto a Mary, unos estaban en favor de la sentencia y otros en contra. Yo la recibí en mis brazos y me la llevé en silencio.
Tomado de Biblioteca Luis Ángel Arango —BLAA Digital:
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© Enrique Buenaventura
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
La Cuerda
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VIII – Número 31
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2007
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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