La nueva novela histórica
o la desmitificación del héroe nacional

Antonio Moreno Quiroga

Abstract:

La Nueva Novela Histórica nace como una posibilidad de presentar perspectivas hasta ahora impensadas de los héroes nacionales. La teoría literaria contemporánea se ha ocupado por determinar las características de este discurso, que pulula dentro de las propuestas narrativas Latinoamericanas. En esta oportunidad se hace un acercamiento a dos novelas pertenecientes a este género: Vigilia del AlmiranteLa Esposa del Doctor Thorne. En ellas se pude apreciar la forma en que los personajes históricos, Cristóbal Colón y Manuelita Sáenz, se ha convertido en materia prima de un discurso artístico con matices verisímiles.

Palabras clave:

Nueva novela histórica, desmitificación, colón, Manuela Sáenz, ficcionalización, desmitificación, Historia, Roa Bastos, Denzil Romero.


El advenimiento de nuevas posibilidades discursivas en la literatura hispanoamericana ha traído dentro de la producción estética, la aparición de la nueva novela histórica, como una propuesta que permite determinar el cambio y el manejo del canon preestablecido. Este fenómeno ha permitido a los escritores trabajar con los discursos que se consideraban marginales, en los que se hace referencia a lo étnico o a la perspectiva de género. Estos  elementos innovadores se dan gracias al entrecruzamiento que el artista hace de la Historia oficial con la ficción.

El discurso historiográfico, cargado de elementos de verosimilitud, y las posibilidades narrativas y de construcción artística, han moldeado un discurso que se contrapone a su antecesor, la novela histórica clásica, estudiada a profundidad por Lukacs. A partir de los planteamientos anteriores y de la propuesta de Mignolo, Todorov, Foucault, así como de las características de la Nueva Novela Histórica, expresadas por Seymour Menton, se realiza a continuación una aproximación a la forma en que el entrecruzamiento Historia-Ficción, da como resultado la desmitificación de dos figuras históricas de renombre, Cristóbal Colón y Manuelita Sáenz. Los textos en los que se basa el presente análisis son Vigilia del Almirante, de Augusto Roa Bastos y  La Esposa del Doctor Thorne, de Denzil Romero.

La novela del autor paraguayo aparece con motivo de la celebración del quinto centenario del descubrimiento de América. Roa Bastos desempolva una serie de notas que guardó durante cuarenta años o más. Presenta a un Colón lleno de pensamientos en los que se mezclan la desesperación y las ansias de inmortalidad; el sueño de Colón de llegar a las Indias Orientales se matiza con los recuerdos que el descubridor tiene en su lecho de muerte en Valladolid.

Vigilia del Almirante se inicia con el recuerdo que tiene Colón en los albores del descubrimiento, cuando sus navíos se encuentran atrapados en un mar de algas que no los deja avanzar a la velocidad que él deseaba. Hay inicios de rebelión entre los marineros, el ambiente se encuentra caldeado y el almirante pide un plazo de tres días para divisar tierra, apoyado en la visión de aves costeras. Pero, como ya se dijo, todos son recuerdos en sus últimos momentos de vida, cuando se le ha despojado de toda su importancia y los títulos que se le habían otorgado.

El aspecto que se quiere resaltar en esta nueva versión de la vida de Colón, es la posibilidad que tiene el descubridor de reflexionar acerca de todas las circunstancias que enmarcan su inscripción en la Historia universal. Así mismo, se juega con la manera como el destino pone todo a su favor al conocer al piloto desconocido, quien es el coprotagonista de la novela. Se puede decir que este ser se convierte en el eje en torno al cual gira la historia; una especie de hilo en que se insertan las perlas del collar construido por Roa Bastos. Del mismo modo, se narra el ardid del almirante al robar los originales de los mapas de Toscanelli y todos los datos de que se valió para acceder al favor de la Corona española en el logro de su derrotero.

Así como aparece el pensamiento colombino, creado por el autor, éste se mezcla con la visión de otros personajes, otros puntos de vista que enriquecen la narración y le dan un mayor contenido. El aporte que hacen los cronistas, de los que se vale Roa Bastos desde un principio, así como el uso de información histórica, no se hacen esperar; es así como, desde el inicio de la novela, se pueden encontrar alusiones a textos como el diario de a bordo original: “Toda la tarde se oyeron pasar pájaros.” (Roa Bastos, 1992: 15). Desde el inicio mismo de la novela se muestran los atisbos de las dudas del almirante, la incansable lucha que sostiene con su conciencia; lo que le hace confesar a Martín Alonso Pinzón y a Fray Buril, el origen de su conocimiento en torno a la existencia de la ruta hacia Cipango.

El autor se compromete en mostrar aspectos de la vida del almirante que, no siendo relevantes, enriquecen el relato y permiten delimitar un perfil del descubridor del nuevo mundo. Entre estos datos se encuentran sus historias de amor y su posición respecto del amor y las mujeres, sus amores furtivos y la parición de una mujer que marca la vida de Colón desde su juventud. Es así como se hace un sumario de todos los amores del almirante, desde Felipa Moñiz hasta Beatriz Amoros de Bobadilla, e incluso se utiliza una parte de la novela para tratar los amores entre Colón y una mujer a quien se llama Abigail; se relacionan los amoríos del descubridor con Simonetta y la trágica desaparición de ella y su hijo Ludovico. Todas estas mujeres son recordadas por el almirante en medio del viaje, en momentos de soledad y ansiedad, deseoso de tener a alguna de ellas a su lado; por supuesto, todo se queda en eso: pensamientos y ensoñaciones.

La novela se cierra con los desvaríos de Colón en su lecho de muerte, la mezcla de recuerdos e imágenes que se encuentran en su cabeza: la humillación de que ha sido objeto y el aparente olvido al que ha sido abocado. El almirante muere dentro de una cierta lucidez en la que reconoce sus errores y la manera como enfrentó la travesía del encuentro de una  nueva ruta comercial y el manejo que le dio al poder que alguna vez tuvo.

Pero hay otros aspectos que Roa Bastos muestra en su obra, uno de los más importantes es el desarrollo de una teoría en torno a la creación artística, en la que el autor confronta la visión objetiva de la historia, con el desarrollo libre que tiene un artista, al crear una obra estética: “Este es un relato de ficción impura, o mixta, oscilante entre la realidad y la fábula y la fábula en la historia.” (1992: 11).Y más adelante lo refuerza: “Después de todo un autor de historias fingidas escribe el libro que quiere leer y que no encuentra en ninguna parte […]” (1992: 12).

El trabajo del novelista no es mostrar una realidad objetiva, su preocupación es la de llenar vacíos que la Historia no puede presentar. El artista curiosea entre textos raros para crear una ficción que no debe ser o estar ligada en un ciento por ciento con la realidad. El mundo del novelista y del historiador transcurren de forma paralela, solamente hay momentos en que estos se encuentran, se entrecruzan, se mezclan y se enriquecen el uno al otro. Roa Bastos lo enuncia en el capítulo octavo de su novela:

¿Cómo optar entre hechos imaginados y hechos documentados? ¿No se complementan acaso en sus oposiciones y contradicciones, en sus respectivas y opuestas naturalezas? ¿Se excluyen y anulan el rigor científico y la imaginación simbólica o alegórica? No, sino que son dos caminos diferentes, dos maneras distintas de concebir el mundo y expresarlo. Ambas polinizan y fecundan a su modo —para decirlo en lenguaje botánico— la mente y la sensibilidad del lector, verdadero autor de una obra que él la reescribe leyendo, en el supuesto de que lectura y escritura, ciencia e intuición, realidad e imaginación, se valen inversamente de los mismos signos. (1992: 65)

Y a lo largo del texto, el autor trata de defender esta posición, así como la manera en que Colón enriqueció sus diarios y crónicas con su visión de mundo, del mundo de la vida, matizada por una serie de vivencias y restricciones propias de su tiempo.

Continúa el autor desarrollando esta idea en el capítulo nueve, en donde toca el tema de la existencia o  no del primer piloto protodescubridor de las costas de las indias:

Hay un punto extremo, sin embargo, en que las líneas paralelas de la ficción llamada historia y de la historia llamada ficción se tocan. El lenguaje simbólico siempre habla de una cosa para decir otra. Alguien escribe tales historias sobre Gengis Khan, Julio César o Juan el Evangelista y no tiene por qué decir la ”verdad” sobre ellos. Toman sus nombres e inventan una vida talmente nueva. O finge escribir una historia para contar otra, oculta crepuscularmente en ella, como las escrituras superpuestas de los palimpsestos. (1992: 79)

Es como si el autor quisiera justificar su trabajo, o mostrar un paso más en el estudio de lo que debe ser la novela histórica, una amalgama de relaciones y textos que se mezclan con la imaginación y la verosimilitud que requiere la creación de carácter artístico. Es como si el artista pudiera decir lo que se le antoje, no tiene la obligación de mostrar los hechos tal cual sucedieron, sino como le parece. Mientras tanto, el historiador debe estar seguro de que sus fuentes son fieles y no dejarse llevar por el criterio personal o subjetivo.

Otro de los temas que se hacen evidentes en Vigilia del Almirante es el tratamiento que le da el autor  a la figura de Cristóbal Colón. Da la impresión de que Roa Bastos quiere hacer una comparación del almirante con la figura legendaria del Caballero de la Triste Figura: se presenta a Colón como el caballero de los océanos, que ha perdido su juicio debido al exceso de lecturas que ha realizado durante toda su vida. Haber visto en la Biblia que él era quien debía encontrar el camino a las Indias, compararse con Moisés y la posibilidad de pasar a través del mar; su contacto con la historia de Marco Polo y muchas otras anécdotas que se relacionan en el capítulo veintidós de la novela:

Los ratos en que el ligur está ocioso, que son los más del año […] se atraca día y noche con la lectura de los libros de navegadores y exploradores, los Amadises, Esplandianes, Palmerines y Doce Pares del Mar, sin olvidar a Florismarte de Hircania, ni al joven marinero Tifis, el primero que hizo navío y que guió a los argonautas hasta la Cólquide y los puso bajo las barbas del propio Vellocino.  (1992: 171)

Más adelante continúa diciendo:

Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, sergas y monsergas de encantamientos como de pendencias, batallas y desafíos, heridas requiebros, amores, tormentas y disparates en las que toda imposibilidad hace su nido. Asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad todo el aparato de aquellas soñadas invenciones, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.  (1992: 172)

Si los fragmentos anteriores se comparan con los correspondientes de la novela de Cervantes:

Es pues,  de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso –que eran los más del año-, se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza […] y de todos ninguno le parecía tan bien como el que compuso el famoso Feliciano de Silva […].  Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar —Que era hombre docto, graduado en Sigüenza—, sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerin de Inglterra o Amadis de Gaula […]. (Miguel de Cervantes, El Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha, 1994, vol 1, cap. 100-101)

El siguiente fragmento se puede comparar con la segunda cita del libro de Roa Bastos:

Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta del mundo! (Ibíd., 1994: 101)

La similitud entre los dos héroes es evidente, viven en un mundo de ensoñación en el que su única verdad es la que predomina, el mundo es más amplio y complejo que su conciencia, así que los dos deben salir a conquistarlo, son los paladines de la Historia. El Quijote cervantino debe salvar al mundo de la injusticia y los monstruos que lo acechan, el Colón de Roa Bastos debe buscar la manera de llegar a la  Especiería antes que otros lo logren. El futuro de los seres humanos está en manos de cada uno de ellos.

La locura que mueve a Don Quijote a realizar todas sus aventuras es la misma que mueve al almirante a navegar por aguas desconocidas para la mayoría, una tarea titánica que será bien recompensada y con la cual asegurará su futuro y un retiro honroso. El Caballero de los Océanos de Roa Bastos tiene, dentro de su locura, una serie de aspectos que le impiden crecer satisfactoriamente. Siempre está tratando de negar o de ocultar su origen judío, quiere negar el parentesco que le asignan con piratas y corsarios, debe aparecer bien ante todo el mundo. Esto incluye visitar, a su regreso de las tierras descubiertas, al rey de Portugal antes que a los reyes españoles, quienes fueron los que financiaron la expedición. Esto último es lo que se toma como mayor agravio, con el fin de despojarlo de todos los privilegios que se le habían otorgado.

Durante todo el recorrido de la novela se está haciendo relación a la vida del héroe cervantino y su parecido con el Almirante. Esto ocurre inclusive en el momento final de la novela, en que el autor recrea la escena de la muerte, precedida por la disposición del testamento de los dos personajes. Los dos mueren cuerdos, reconociéndose ante el mundo y haciendo partícipes a sus allegados de esta nueva. Pero el héroe de Roa Bastos muere en medio de una comodidad relativa, con su sueño casi cumplido y con una lucidez que le permite hasta pedir porque se conserve la integridad de los habitantes de las tierras recién descubiertas, así como sus costumbres y su modo de vida. El héroe de Cervantes muere en medio de la más profunda miseria y viendo que la meta final por la que luchó, no fue alcanzada en su totalidad.

Estas son apenas unas pinceladas de lo que debería ser un análisis más detallado de la obra de Roa Bastos. Se puede decir que Vigilia del Almirante presenta una suerte de temáticas que son tratadas desde diferentes ángulos por el autor; que el desarrollo de cada una de ellas daría para una novela distinta.

El segundo texto del que se ocupa el presente ejercicio, es una novela que toca de forma erótica la vida de la heroína más importante de la época de la emancipación, Manuelita Saenz, en la novela del venezolano Denzil Romero, La Eposa del Doctor Thorne. Al presentar este punto de vista respecto de la quiteña, Romero pone en el tapete una serie de acontecimientos de un alto nivel histórico, tales como las luchas por la independencia en esta parte de América. El revuelo producido por las nuevas corrientes del pensamiento intelectual de occidente y, por supuesto, los hechos más importantes de la vida de un personaje trascendental en el desarrollo y desenlace de la campaña libertadora: la vida turbulenta y excesivamente excitante de la Sáenz. Esta mujer, con su particular forma de ver el mundo, se mezcló con los personajes más relevantes de su época.

Este último punto es el que se va a desarrollar a continuación: la manera como se presenta la visión de mundo de Manuelita Sáenz por parte del autor. Éste toma los acontecimientos primarios de la vida de Manuelita para mostrar su visión cosmopolita y liberada de comprender el acontecer del mundo, el transcurrir de la vida y la forma en que cada una de las experiencias de su niñez, se reflejan en las acciones que enmarcaron su vida.

Es necesario empezar reconociendo la labor del autor a la hora de documentarse en torno a la personalidad y los avatares de la vida de la protagonista. Se respalda en los textos de sus más cercanos biógrafos, lo que le permitió recrear de una manera magistral los aspectos más importantes de la “Libertadora del Libertador”, así como de la vida que llevaba la comunidad de esos años. De esta manera, aparecen pasajes literales de los textos de historia y de las biografías que están editadas respecto de la vida de la Sáenz. Allí se resalta, principalmente, su espíritu altivo y combativo; y se le halaga comparándola con las mujeres más importantes de la Historia. Por otro lado, se le considera simplemente como una de las rameras más grandes que han existido, degradándola y buscando que se le mire con ojos de desprecio, cosa difícil si se tiene en cuenta su decisivo papel en momentos en que el Libertador corrió con más peligro. No se debe olvidar que fue ella la única que se quedó en el corazón de Bolívar, después de la muerte de su única esposa y de la infinidad de aventuras que, a lo largo de su vida, tuvo el buen Don Simón.

Respecto del contenido de la novela, el autor resalta el carácter ilegítimo de la concepción de Manuelita, su vida aparatosa en el convento y sus experiencias al lado de las religiosas quiteñas, recuerdos y eventos que la perseguirán hasta el fin de sus días. Incluso, se dan algunas pinceladas al predecir el final de la Sáenz que, si bien no se describe en el texto, la Historia se ha encargado de reseñar muy bien: “[…] la boca demasiado carnosa aunque sensual, cierto endurecimiento de la sonrisa, el rictus muy marcado de la barbilla y esa hinchazón del cuello que denota la propensión al bocio” (ROMERO, La Esposa del Doctor Thorne, 1990: 29)

Alfonso Rumazo González, quien se encargara de realizar una de las biografías más completas de Manuela Sáenz, describe la manera como esta aguerrida mujer muere víctima de la peste que asoló la ciudad peruana de Pauta, en 1856, después de haber sido expulsada de la Nueva Granada por Francisco de Paula Santander. Parecía como si la vida de la protagonista de  Denzil Romero estuviera marcada desde el mismo momento de su nacimiento, pues, como lo reseña la historia, en el año del nacimiento de la quiteña, un terremoto asoló al Ecuador y dejó a esta región de América en una precaria situación. Se puede decir que su vida, pensamientos y actos, estuvieron enmarcados dentro de un ámbito de perturbación. Su mente siempre estuvo en movimiento, removiendo las estructuras axiológicas que su sociedad le presentaba, y guiándose por su instinto y su pensamiento liberal.

A lo largo de la obra de Romero, se hace evidente la evolución de una personalidad escabrosa en la protagonista, reflejada en el trato poco convencional que Manuela da a sus semejantes y la  vida díscola que lleva desde su juventud. Estos aspectos contrastan con la visión de mundo de su marido, el doctor Thorne, quien procura a toda costa alejarla de la turbulencia de la vida en Quito, del mundo disparatado en que creció, buscando cambiar su estilo de vida y moldearla como una mujer con las características del tipo europeo. Al final se da cuenta de que su esposa tiene un  espíritu aventurero y fugitivo, que no permite ataduras de ninguna especie y es capaz de pasar por encima hasta de su propio nombre con tal de alcanzar sus metas.

Si bien la novela fue escrita para participar en un concurso de novela erótica, el autor ha tenido mucho cuidado en el tratamiento de los detalles históricos que aparecen en la misma, de manera que no hay contradicción en la secuencia y aparición de los mismos. Esto le permite al lector seguir el trasfondo histórico, sin dejar de disfrutar de las descripciones y escenas que alimentan la obra. La fuerte dosis de erotismo que se incluye en el texto se matiza con el pensamiento liberal de la protagonista: su carácter guerrero, sus ansias de figurar en la sociedad y la especial atención que Manuelita pone en aspectos como su presentación personal y el enriquecimiento de su intelecto, le permiten desenvolverse con una fluidez sorprendente a través de un mundillo gobernado por la monarquía del siglo XVIII y los nuevo vientos independentistas de inicios del XIX.

La vida pública de la protagonista comienza muy temprano, al ser raptada por su primer amante “formal”, con quien descubre las delicias de la vida bucólica y se soslaya en placeres, que al final se ven truncados por la poca integridad del hombre con quien decide partir. Es así como regresa a su casa, donde sus padres se preocupan por recuperar el buen nombre perdido por su hija. Contrae nupcias, entonces, con su “condescendiente” marido, el doctor James Thorne, con lo que se consolida como una de las mujeres más prestantes de la sociedad quiteña. Esto no es suficiente para Manuelita, pues el buen inglés es incapaz de satisfacer el fragor que crece en su cuerpo. Su férrea voluntad y su mente abierta le permiten hasta burlarse de ella misma, sin importar lo que los demás digan o dejen de decir de ella. Lo muestra el autor en una escena en la que Manuela se ríe de un mensaje anónimo que llega a manos de su marido, en donde se tilda a él de carnudo y a ella de mujer impúdica:

Reía, reía Manuela, entonces, como una hiena plenialunada, como un aloca alucinada, como un aniña enloquecida. Reía como si le hiciesen cosquillas o si estuviese ella en un pase de comedia. Reía soltando el trapo, recogiéndose el moño, halándose las greñas, aguantándose el pecho. Reía aturdida, descomedida, atarantada, descoyuntada […]. (1990:62)

Esta actitud hace pensar en lo abierto y liberal del pensamiento de Manuelita, en el carácter avasallador de su conducta y en el perfil de un líder, que arriesga hasta lo más íntimo, con el fin de alcanzar el triunfo. Todos los acontecimientos y personajes se ven disminuidos al lado de tan imponente figura. El valor y el entusiasmo con que la protagonista enfrentaba cada reto, cada objetivo, la enaltecían y hasta hacían olvidar por un momento los episodios oscuros de su vida, su declarado lesbianismo y su desenfreno amatorio. Las ciudades y las gentes se rinden a los pies de la “loca”, como atinó a llamarla el Libertador, y es Lima la que renace con la llegada de Manuelita Sáenz. Romero se encarga de presentarla como una ciudad sombría y aburrida en la que Manuelita no podrá desarrollar sus actividades favoritas [1]:

[…] más valía cerrar los ojos ante esa hilera de casas chatas con sus débiles paramentos de yeso y sus trémulas quinchas, modos de palizadas o tabiques medianeros forrados con caña y enlucidos por una delgadísima capa de barro, coronadas todas por los gallinazos calvos y negros que a guisa de blasones se empinan sobre las techumbres; esas casas patinosas, jaspeadas de moho por la polvareda y el aguaje, o descascaradas, uniformes en su mediocridad ocre y tediosa […]” (1990: 75)

Aquí se plasma ese pensamiento anquilosado y conformista que reinaba antes de la independencia, la pobreza material que no permitía desarrollar ideas distintas a las de tratar de subsistir en la colonia naciente, pensamiento que choca con las ideas revolucionarias, el preciosismo y los lujos tanto materiales como intelectuales de la ilustración, con los que se alimentó la sociedad criolla de la época y que en la novela está representada por Manuela  y su estilo de vida:

[…] el doctor Thorne, al poco, se compró una casona de gran lujo con jardín central y todo, en la calle de San Marcelo […]. (1990: 80)

Esta posición se refuerza, cuando el narrador nos da a conocer los gustos de la quiteña:

Manuela, por su parte, se dedicó a engalanar las propiedades. Espacio suficiente tuvo para lucir sus platerías, sus oropeles y similores, sus copiosas vajillas, sus imponderables cuadros de la escuela quiteña, sus bien restauradas tallas del siglo XVI, sus importadas lámpara venecianas. (1990: 82)

Todo en la Manuelita de Denzil Romero es suntuoso y lujoso y lujurioso y… En pro de mostrar el espíritu altivo y batallador de la quiteña, su insaciable apetito de libertad y de autoformación, incluso de autosatisfacción, Manuela Sáenz de Thorne es el modelo de altivez y superación. Olvidando lo lujuriosa y licenciosa que pudo haber sido en su vida privada, e incluso en momentos de su vida pública, su historia nos hace pensar en una heroína que debió estar al lado de Policarpa Salavarrieta, para llevar a cabo la batalla por la independencia. El personaje histórico ha sido puesto en la perspectiva de la ficción, en la que se le permite tener toda clase de pensamientos y realizar cualquier clase de acciones, por más alocadas que parezcan. Manuelita Sáenz ha sido mitificada por la historia oficial y no se repara en sus actos más pequeños, los íntimos y personales que, en últimas, son los que en verdad la formaron y le dieron las bases para ser un personaje aguerrido y emprendedor. La labor del autor de La Esposa del Doctor Thorne ha sido la de recrear los instantes íntimos de Manuelita, sus pensamientos y sus flaquezas: se han entrecruzado Historia y ficción, para sacar a la luz una obra de magnífica calidad en la que se destaca el manejo de la temática y de las armas de que se vale el autor para matizar su creación.

Aquí surgen las cosas que no se encuentran en la historia oficial, o que solamente se mencionan levemente en las biografías. ¿Acaso aparecen en algún texto histórico los detalles de los encuentros de Manuelita con su tía en el convento? ¿O tantos otros detalles íntimos que solamente se le permiten a la creación novelesca? Pues bien, aquí está ejemplificado lo que en teoría  se ha estudiado desde hace tanto tiempo: los principios de la creación artística, el manejo del tiempo y los hechos, o las características de la  novela de tipo histórico. Es Denzil Romero quien materializa el poder de la palabra al realizar una obra que abarca el acontecer histórico y lo mezcla con el tinte de la imaginación, sublimando un personaje histórico y poniéndolo en perspectiva, humanizándolo, mostrando el lado íntimo de Manuelita Sáenz, sus amores de juventud, su espíritu guerrero y el porqué fue llamada, con justa razón “La Libertadora del Libertador”.

En la novela de Romero, el aspecto físico de la Sáenz la hace ver como una mujer luchadora y audaz, que merece ser tenida en cuenta por todo el mundo, y lo más importante, ser querida por todo el mundo. El autor realza la belleza de Manuela y la compara con las otras mujeres de su entorno. Mientras ella tiene formas “turgentes” y voluptuosas y es capaz de conquistar a los especímenes de mayor virilidad con sólo una sonrisa, las demás mujeres no alcanzan a sus talones. Las mujeres del común no tiene espíritu, siguen y obedecen a sus maridos, no tienen cuidado con su aspecto personal, no son dignas tan siquiera de su mirada. Para Manuela Sáenz, las mujeres hermosas son también objeto de deseo, se siente atraída por las formas femeninas suaves, así como por los modales sutiles y refinados. Tal fue su gusto, que tuvo amores con las mujeres más bellas de Lima, como la también ecuatoriana Rosita Campuzano, quien fuera llamada después “La Protectora”, por sus amoríos con el generalísimo José de San Martín. Allí fue donde se enseñoreó y demostró sus habilidades en los actos amatorios. De la misma forma, se muestra el carácter emprendedor ya aguerrido de la quiteña, capaz de subyugar a quien ella le plazca.

En adición a los que se viene describiendo, el carácter de Manuela le sirvió para cautivar el corazón del Libertador de cinco naciones, del personaje que soñó con la unidad de Latinoamérica, de crear una gran nación desde México hasta Argentina. La quiteña conquistó y prendó el alma de un ser que llegó al punto de dejar el campo de batalla por estar con ella, que le confió sus secretos  más importantes y le permitió adentrase en sus asuntos más entrañables. Simón Bolívar desechó los prejuicios y malquerencias de su pueblo libertado, para entregarse en los brazos de la pasión, del amor sin condiciones, así como de la serenidad y seguridad que le brindó el abrigo de Manuela Sáenz de Thorne. Así mismo, ella renunció a sus lujos y propiedades, en pos del amor y los sueños de ese diminuto hombre. Manuela opta por la sangre efervescente de Simón, a cambio del lánguido amor de un esposo a quien no quiso pues no la hizo sentir todo lo que ella deseaba, ni llenó sus ansias de libertad y aventura.

Manuelita Sáenz es la mujer que expuso su propia vida con el fin de salvar la de su amado en una fatídica noche septembrina, la mujer que debió salir del país a causa de sus convicciones y su afán por luchar y alcanzar sus ideales. Manuela Sáenz de Thorne, la mujer que murió olvidada y quien fuera sepultada en una fosa común, a causa de la enfermedad epidémica que la sustrajo en forma anticipada del mundo.

En el fondo, es lo que busca presentar el autor en su texto, si bien se centra en el aspecto erótico y sexual. Se busca rescatar un personaje casi olvidado y del cual poco se conocía. El trabajo documental del autor, su afán por utilizar referencias históricas precisas y darles un matiz ficcional, son muestra del poder que tiene el entrecruzamiento del mundo histórico y literario. Todo en pos de construir una versión paralela de la vida de los íconos culturales que han forjado las sociedades contemporáneas.

Es así como podemos encontrar en estos dos ejemplos, una muestra de los mecanismos utilizados por los artistas para darnos su versión de los héroes naciones y los procesos de desentronización y reconstrucción de las figuras axiológicas que la literatura se ha preocupado en representar a partir del discurso oficial.

Nota:

[1] Tenga en cuenta el lector que Denzil Romero se esmera en las descripciones, que usa como uno de sus mejores recursos estilísticos, tanto para adornar la vista de las ciudades y los recintos, como para mostrar los usos y costumbres de la época. Entre otros, la manera de vestir y la moda femenina que reinaba en la época de la independencia. Ni qué decir de las descripciones de las escenas eróticas que pinta con lujo de detalles, lo que le valió para ganar el primer puesto en el X premio La Sonrisa Verical.

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©   Antonio Moreno Quiroga

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VIII – Número 32
Enero-Febrero-Marzo de 2008

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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