Los vehículos
que atropellan el mar
Mario Dux Castel
Los vehículos que atropellan el mar
Los veleros del ayer
Los espejos de tu cabeza
Los ritmos de tu vientre
Los hormigueos de tu ser
Los palacios de tu pecho
Los ríos de tu sexo
Los rojos párpados
Loss arañazos del miedo
Los bueyes que arrastran tu pasado
Los mirlos de tus dedos
Los anillos de tus ojos
Los huesos del alma
Los embarazos
Los cristales de Cristo
Los pensamientos de tus padres sin boca
Los peces del anochecer
Los juegos de tus nalgas
Los riscos de tus pezones
Los aniquilados versos
Los transeúntes de mi vida
El origen del odio
Los que nunca duermen
Los que sonríen
Los que son misterio
Los que tienen bolsas de hambre
Los que viajan por las venas
Los que beben
Los que están
Los que salvan a Dios
Los que dicen no
Los que bañan cerdos y enumeran cuerpos
Los que no lloran
y son como yo
y se parecen a ti
Y yo… ¡soy todos!
Escuchaban a la rabia entre las sábanas
Ella lloraba una guirnalda
Él con un cuchillo en la boca besa su vientre
La soledad se despeina…
Ella lava la ruidosa rutina
Él concentra su fuga en la mirada de un extraño
Dios vende palabras
Él sonreía
Ella reclama fe
Él busca un verso en su pobreza
Ella bebe té
Estaban vivos
Estaban en la pierna de la noche
Llorando un cuervo por lágrima
Èl cruzó la puerta
Ella cerró su camisón…con una bala.
Nadie nos ve
Mamá soy un hueco
Mamá soy tu interior
Mamá estoy latiendo
Mamá soy tu hueso
Mamá soy tu frustación
Mamá arrójame mi pelota
Mamá escucha mi selva
Mamá es mi bendición tu pelo
Mamá escóndeme tras las cortinas
sin agujas
¿Cómo volver a la matriz y afianzar la vida?
Corregir las fracturas
soldar las emociones
comprender que tu vientre será mi camisa
y tus uñas una sonrisa para mi cabeza
Mamá soy tu rabia
soy tu camisón
soy tu desvelo
soy tu herida
soy tus orejas
tus ganas de mear al hombre
Mamá
ódiame con un beso…
Un camión
arrollando:
El beso de un niño
El rezo de un cura
El labio de una novia
El hambre de mis pies
El paseo de mi mente
Los sueños
abordan autobuses
rumbo al infierno
se estaciona el silencio.
El mar está sentado
en el poema
Alguien fuma anarquía
mientras el pensamiento
huye en barco.
¿Quién bañó al perro del desamor?
¿Por qué le cortaste el pelo?
¿No sabías de su rabia?
ayer mordió algunas piernas por aquí
y ya no pudimos huir
Estamos solas
le dijo la luna
a mis palabras
nadie nos ve…
Hospital
Me habló de la falla mental, del origen de la locura, del desvarío alcohólico, del verso que pintó en una celda, me habló de las
mujeres amarillas, de las mujeres sin labios, sin orejas,
sin tacones, sin dedos y con jaulas donde guardan ojos, me dijo:
Dios es un secuestro, me preguntó: ¿Tú también eres un accidente?
Dos veces pinté el mismo cuadro, revelé diez fotografías de un
mar sin sol, he nacido 1.002 veces con la misma ropa, con el
mismo nervioso mirar, he sido el mismo accidente.
Soy tu jarrón sin agua, soy botella, soy voces agazapadas para
llover en la niebla, en el cristal, soy un cabello al cual no se puede
extirpar, un cuadro de Mondrian, una canción sin vestido, un cuervo,
un vehículo que atropella el mar…
Mis manos tropiezan con tus besos, de mi camisa caen amarillos
dolores de verte sentada en mi cabeza.
Estás drogada y sin zapatos en el polvo del adiós, cae con el
avión al mar, con el lápiz al dibujo, cae al púrpura rugir de mi mano.
Quiero ser espuma, bote de basura, rencor para tu café, para tu
ropa orgasmo de flores, camisa de lágrimas, tus pies en mi boca.
Prólogo para el libro de poesía
Nadie nos ve
Ramón Cuéllar Márquez
La poesía es una respuesta de la condición humana: una reacción inteligente que conduce a la claridad, a la vida. Pensamos que poesía es “no entender” lo que decimos; muy al contrario, siempre comunica: rompe estructuras y va hacia la conciencia, hacia el mundo. Encuentro en los poemas de Mario Dux Castel un síntoma inequívoco de sanear la poesía: de sanearse a sí mismo.
Su poesía es un evento en el sentido profundo: no sabemos qué vamos a encontrar. Mario profundiza en sus mínimos instantes de atraer la luz; sus poemínimos —como los nombrara Efraín Huerta— reproducen nítidamente su búsqueda: hay poesía. Su condición humana significa algo: significar la existencia.
Mario Dux Castel sorprende en éste mundo que está repleto de pre-textos y de manifiestos: no nos damos Cuenta de que el único manifiesto real es individuo, no las palabras. Así, la poesía de Dux Castel es un acto de una presencia viva.
Los autores:
Mario Dux Castel nació en México, en 1971. Se inicia en la literatura leyendo a Kafka, Poe, Baudelaire. En 1989 hizo parte de la banda Post-Punk Ninguna me mira. Estudia música en la Escuela de Música Popular Mexicana. Se integra al Taller Literario que dirige el poeta Ramón Cuéllar Márquez, de Baja California. Tiene inéditos los libros de poemas: Nadie nos ve, El sol ya no arde y Los vehículos que atropellan el mar.
Ramón Cuéllar Márquez nació en La Paz, Baja California Sur, en 1966. Estudió Lengua y Literatura Hispánica en la UNAM. En 1986 obtuvo el premio estatal de cuento del CREA. Fue becario del INBA en el área de poesía en el periodo 1992-1993. Ha colaborado en diversas revistas y periódicos de circulación nacional y regional. Ha publicado el libro de poesía La prohibición del santo.

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© Mario Dux Castel
© Ramón Cuéllar Márquez
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VIII – Número 32
Enero-Febrero-Marzo de 2008
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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