De repente llega
la palabra lobo

Oswaldo Roses
oswaldo_roses@hotmail.com


De repente llega la palabra oscura
tras tantos días fusilados,
como cuando el corazón palpita
en fango.

De repente llega la palabra lobo
y, para disimular, en arco iris.

De repente llega la palabra estéril,
sí, diabolizando en beso;
sí, abandonando en ciego perro
o cero
a la vuelalepra del grito
sajado en frío.

De repente llega la palabra bruta
como peor que ripio inepto o esclavo
a quiméricas melodías como lo mísero.

De repente llega el estiércol
aún superviviente
del credo que aniñó el ansia.

Llega el oro brujo del sentido ebrio,
llega el oro, ¡a por él!,
podrido en soledad
para enterrar lágrimas.

Llega, llega la venganza
automática;
llega, llega la olla vacía;
llega lo que queda de la vida y su momia;
llega la política cutre y ruiseñora, la mentira gorda
estupefacta de puercos hongos, llega
el poder distraído enturbiando al que ÚNICAMENTE está
besando agua.

Llega la piedad amarilla,
el hachazo
encomiado
en el escaparate de la verdad.


Nocturno

(rosa última de la mirada
pelo negro
llanto que olvida)

él
como luna de sal por el silencio

él
sueño que entierra besos
monedas de sangre

él
en la olla áspera de lo oculto
sin nombre
vieja y alejada ausencia


Canción infantil

Muerte, te pintaré hoy
una flor por si te sirve;
es la esperanza de un niño,
de un niño, que no se olvide.

Muerte, te pintaré tres
sonrisas en sueño firme;
son las de él, ¡ay! jugando
entre cometas sin límite.


Dios

Esta pena que tengo en ti anudada
de fe, ¡oh!, me lleva al pundonor, al Cristo;
creciente de amapola —y no por nada—
más allá de la médula en que existo.

Que bondad no la excusa en tu morada
el cielo, casi fácil o... previsto;
quizá tu corazón en vena alada
allí la hace Luz, mas ¡cuánto insisto!

¿Se aniñará lo extrínseco a la larga,
se tornará a la lluvia de su nube
descartándose muerte con su carga?

Es tu premonición que sube y sube,
es la mirada de alegría amarga,
es la fe del confín en donde estuve.


Tener

A Eugenia Keyser.

Tener una casa para llorar, tener un rincón cómplice,
un ocaso, un cielo.

Tener una noche para perderse,
una... cansada luz
y un olvido para enamorarse.

Tener una verdad callada —alejada— o una soledad ciega,
un tiempo ignorado,
una prisión de amor
                                 y un mal de ángeles.

Tener un sueño desnudo del valor,
una raíz que no podrá comenzar,
una enfermedad de
siempre.

Tener una esperanza muerta,
muertísima,
sin llave,
sí, del más basta,
vana,
terrible
y sólo por uno.

Tener un puño de piedra,
tener que ya no tener,
tener una sombra de llorar,
un espejo imperfecto.

Tener el abandono,
el crimen saciadamente acumulado de todo,
el cansancio astuto
y el abismo.

Tener la vergüenza con su derrota
en un poema
ya
—loco—
vaciado.

Tener la levedad tan vivaracha
andante,
¡oh la quimera!                                                                                               

Por ese lado

Por ese lado vendrán los muertos,
por ese lado vendrán los desagües de Dios,
por ese lado vendrán los rayos fríos del olvido,
los sueños sin deseo, los niños abandonados...,
por ese lado vendrán las rosas muertas.

Por ese lado vendrán los bueyes inútiles reducidos con ojos de murciélago,
los engañados, vendrán los engañados
y los irremediablemente acabados
para arrancar el mundo por verdad.

Por ese lado vendrán los muertos censurados,
los fabricados para la burla,
los que ya no quieren alguna respuesta;
vendrán los indesgastables muertos,
los miserables muertos,
los viejos de muerte
y los bombardeados de muerte.


Aquí

Aquí
todas las mentiras hacen ruido
porque el ruido es el único gran recurso de las mentiras.

La verdad necesita el poner en claro que unos ya la pagan con poder
y la limitan con miedo;
necesita el poner en claro que unos ya impiden hablar
a otro,
que unos ya impiden demostrarla o apenas decirla.

La verdad es lo contrario a lo que publica un medio de comunicación
o un intelectual
que ya decide quién debe decir y quién debe no decir.

Aquí
todos los buitres comercian con la dignidad
y, luego, viven y hablan a costa de la dignidad
interesada y comerciada.

Aquí todos los cerdos enseñan qué es la verdad...
totalmente impuesta.

Aquí todos los mentirosos hablan de la verdad;
aquí todos los manipuladores hablan de la verdad;
aquí todos los censuradores, los que no reconocen alguna
demostración, los que no reconocen alguna voz,
los que no reconocen a quien han humillado...,
hablan y hablan y hablan de verdad.


¿Qué puedo decirte?

Dios, eres poderoso pero has llorado;
eres un sueño que no se ha extendido en sus falsedades;
eres esperanza pero de ella hacen yugo los usureros.

Eres vida pero todos han decidido MORIR,
¡oh!, a banquetes de niebla todos han decidido
MORIR.

La cobardía y su alineación premian,
la cobardía sólo sobreprotegen,
la cobardía sólo dulcifican;
lo demás lo devoran.

Eres azul infinito pero...¿qué les importa eso?
Increíble y monótonamente los gusanos hacen sus olimpiadas de mentiras
y ponen sus garabatos patrios, sus leyendas sordas,
sus esquemas en asno, sus burlas en mitin,
sus torturas en gloria, sus fanfarronerías en cloaca,
sus rifas en justa justicia, sus musarañas en paraíso,
sus hurtos solapados en chalets,
su mierdas puras en hipo
ilustrísimo...,
sus coqueterías a lo reíble y fétido maniquí,
sus dioses patanes
donde tu nombre está apuñalado.
                     
                                                                                                
Costumbres

La ilusión daba la mano a la tiniebla
cada año, puntualmente.

Los precios daban la mano
a la expiación macabra y a las hienas.

Las religiones, sin molicie,
daban la mano a los barrancos.

Los idiotas daban la mano, conformes con burda opereta,
a otros idiotas con túnica.

Los políticos traperos, cagados de amor
y con ositos de peluche,
daban la mano a los rascacielos.

Las mujeres tan obsesionadas por el sexo,
con sus tics alcohólicos y sus tactos en calcomanía,
daban la mano a los parlanchines.

Los asesinos de culebras —éstos, exitosos—
daban la mano a los enfermos de subcuento y colesterol.

Los helicópteros —tan aceleradamente— daban la mano
a los caminos de muerto.

Y las crías de gusano... alzaron la lluvia
seca —maldita— entre las manos.
¡Oh!
¡Oh!, menos amor, mucho menos
es necesario
del nacional-catolicista.

El amor no hace falta, es putipirata,
máximo pedo del tonto de la haba,
oriente de estampa,
coplilla de borracho embaucador
y Biblia en conserva,
del que revienta la ilusión
de una inocencia.

El amor es una vieja rica de las miserables,
es un ruido de los adornos y de los homenajes codificado,
es una llamada de atención de los monumentos de la peste,
es un negociante hechicero con pelos en los ojos,
es una moda capital de cuatro mil astucias,
es una sordera alucinante de sol a sol,
es una madriguera de bandidos,
es una lideración de esclavos,
es un fondo de oscuridad,
es un recuerdo de grasa bélica
desérticamente bestia,
un bumerán de locuras y la sarna de las costumbres,
del que engaña o pone al engaño por delante
y... no deja al beso ser beso.


¡Ay de mí!

Matarán a las palabras que sean sólo palabras;
ya tienen leyes triunfantes esos ahorcadores,
ya tienen leyes justas —según sus mentiras—,
leyes nocturnas hechas con rata estrujada,
leyes de las que no te toleran dudar,
leyes llevadas al cine, llevadas
a todos los tronos o manifestaciones de los sueños,
leyes cadavéricamente mutadas por promesa,
leyes impuestas,
leyes a carcajadas y cojas,
leyes en cabalgata de truhanes,
leyes infernales de amor y de eslogan,
leyes que en soberbia atroz exterminarán hasta el último indígena,
leyes para que Wall Street esté repleto de dólares,
para que las armas tengan su venta y los miedos tengan su excusa,
para que los ideales se rajen y los desiertos se pudran,
para llenar los periódicos de vacío,
para malparir musiquillas de ternura,
para apalear a los que nunca dejaron de apalear
ni siquiera respirar...

Pero ahí están las leyes para que fuertemente sean
más fuertes y putas leyes,
ahí están las leyes, diabólicas y todopoderosas
leyes,
para siempre eternamente...
Amén.
                                                                                                                                         
Hay

Hay una mano abierta
que han cortado de alguna esperanza;
y está aún p-a-l-p-i-t-a-n-d-o
en medio de los que gritan
y gritan terror.

Es como si sus gritos recompensaran al terror
y lo siguieran...
porque otra voz aplastan,
otra luz matan,
otra sed destripan salvajemente... siempre
y, después, después difunden
que la respetan con sentimientos de bella golondrina.

¡Ay, Dios mío!, ¿qué crueldad no fue negada?;
lo fariseo siempre se creerá perfecto,
se creerá que lo tiene todo bien y controlado,
¿controlado?,
¿controlado?,  ¡qué...!:
controlado
con la perfección abismal
de las tormentas.


A Eduardo Haro Tecglen

La esperanza fue él que no asesina
cuando reinaba la opresión y el miedo,
mas por mucho reinar a sucio enredo
él siguió con su fe que no asesina.

¡Qué raro credo, Dios, qué tez marina
tan rara, que no admite otro credo!
Yo no puedo saber por qué, no puedo,
¡eso de ansiarse dignidad fulmina!

Sólo sé que insistió en ella, el muy perro,
sólo sé que insistió más a puño y hierro
y hoy, en ocasión, le fulminó la muerte.

Destinos hay para perder y causas;
los mismos para ser, ya en que no hay pausas
por quien seguirá aún, aún más fuerte.
El autor:

Oswaldo Roses (José Repiso Moyano) es escritor y poeta nacido en 1965 en Cuevas de San Marcos (Málaga). Ha publicado: La muerte más difícil, Ediciones Torre Tavira, Cádiz, 1994; Amada, dulce amada, Ed. Lord Byron, Lima, 2006; Una tierna maldición, Ediciones Índice, Bogotá, 2006; Extensión, Ed. Lord Byron, Lima, 2007. Ha ganado los premios: 'Villa de Monesterio', Monasterio (Badajoz) 2005; 'Fray Antonio Corredor García', Montehermoso (Cáceres), 2006; Certamen de Cartas de Amor, Teguise, Lanzarote, 2007; 2o. Premio en el Concurso Internacional AYSAND, La Calera, 2007, Córdoba, Argentina; Diploma de Honor en el Concurso Internacional de Poesía “La Porte des Poètes”, París, Francia. Ha sido traducido al catalán, inglés, portugués e  italiano. Ha sido incluido en Nueva Poesía Hispanoamericana, Ed. Lord Byron, Lima, 2004.
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©   Osvaldo Roses
(José Repiso Moyano)

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VIII – Número 32
Enero-Febrero-Marzo de 2008

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