El sermón de la ventana
o las voces que resisten

Melfi Campo Torres
melficampo@hotmail.com
Normal de Manaure Cesar
Universidad Popular del Cesar

Peralta Mendoza, Jahel. (2006) El sermón de la ventana.
Colección de Autores Cesarenses. Valledupar: Gráficas del Comercio, 85 p.

                                                                                    Pasan los vivos, pasan los muertos,                                                                                         pasan corriendo, pasan zumbando,
                                                                                     pasa el silencio y pasa gritando.
                                                                                  "Las cosas que pasan",
                                                                                  Jorge Shushen, compositor                                                          Piero, intérprete

Entre los cuentistas cesarenses del segundo periodo [1] que han logrado trascender por la calidad de sus propuestas estéticas se destaca Jahel Peralta Mendoza (San Diego, Cesar, 1950). Algunos de sus primeros cuentos como  “El santero”, “El voto de la discordia”, “La última pelea del Diablo”, y “La maestra de sociales y el insolucionable conflicto entre dos hermanas vecinas” fueron merecedores  de ocupar los primeros puestos, estar entre los finalistas en Concursos literarios a nivel  departamental  o ser incluidos, el caso de éste último, en la Antología de Cuentos de Autores Cesarenses, promovida por del Instituto de Cultura y Turismo del Cesar desde 1986. Éstos,  hacen parte de los diez cuentos que integran el nuevo libro titulado  El Sermón de la Ventana.

Las voces de la cotidianidad  (algunas veces como cantos y, otras, lamentos) y de la  historia de sangre, desplazamiento, de diferendos insolutos,  de desesperanzas o amor, están personificadas en la imagen de la ventana que se reitera en  la obra (título, portada y en varios de los cuentos). La metáfora de la observación crítica del mundo que pasa por su frente aparece como el  espacio desde donde el testigo y víctima de la aciaga realidad, sermonea. Estas voces franquean  la calle y se  resisten al olvido e impunidad:

Esta mañana pasaron los dos muchachos en una moto negra, armados con sus pistolas en el cinto y con la mirada torva [...] antes de cerrar las persianas … veo pasar un cortejo fúnebre y una viuda  gritando  la  inocencia  del  muerto.” ( pp. 21-22)

El sermón de la ventana convoca al lector a escuchar a los perros ladrar; a las viudas ordenar: "¡Sepúltenlo con su gallo!” (p. 38); a los embaucadores: ”todo el mundo sabe que tú eres un tipo hábil… y ahora se te dio por rezar lombriz  y…como tu no eres ningún pendejo te aprendiste de memoria el almanaque Bristol” (p. 45); a los borrachos y a los marginados de la colectividad que habitan  las historias las cuales se mueven entre la realidad e irrealidad como recurso técnico propio de la buena narración.

Aunque las historias tejidas y organizadas desde los diversos tópicos (violencia política y social, superstición, muerte, corrupción  y amor como única oportunidad) del universo ficcional de este escritor,  se ubican y recurren al microuniverso léxico, semántico y discursivo que da identidad  a los  pobladores de una parte del Norte del  Cesar, también es cierto que   sus voces de resistencia, temor, incredulidad y esperanza incluyen al otro. Lo particular se hace universal, la vida y la muerte se estrechan la mano en gesto de continuidad ineludible y se está detrás de ese otro para vencer la muerte, la soledad y dar posibilidad al amor.

Así,  en “Rosas para el alba”, el deseo sexual desde lo onírico es una forma de necesidad del otro: ”Aprendí a ver el mundo a través de sus ojos tristes…Creo que llegué a hacerle el amor en el fragor de mis pesadillas” (p. 72); o la muerte del amado: “Al asesinarlo a él, también me mataron a mí. La mujer que está llorando es la otra” (p. 75) y el gran ejemplo que nos deja la amistad de los perros en “Teo tampoco hizo esperar a los ángeles”.

De igual forma, esas voces de los personajes recuperan y potencian multiplicidades de voces marginales de otras latitudes y no se trata de la simple reproducción de la oralidad, sino de una utilización del discurso en sus posibilidades connotativas,  semánticas y, por ende, ideológicas. Es por ello que,  en varios de los cuentos, esta estrategia va a corresponder con las divergentes posiciones de los personajes ante una misma realidad.  En “Noche de perros“  hay tantas voces como posiciones: los informantes de la guerrilla, la voz de los soldados y la de los ancianos. En  “El santero“ están dos voces diferenciadas: la del pueblo que contempla la muerte de Inocencio y una íntima (en cursiva) que ausculta la personalidad de éste: “y la gente se traga el cuento y te tiene una fe ciega con decirte Inocencio que hasta los políticos que no creen ni en ellos mismos te consultan [...]“  (p. 46) y en “La última pelea del Diablo“ se escucha al suicida, a la viuda, al cantor vallenato y al sacerdote.

Finalmente,  la estrategia del narrador que irrumpe desde distintas voces subjetivas que permean la escritura, permite esa expresión que condensa significaciones y legitima una cultura o forma de estar en el mundo para el diálogo universal.  Los cuentos que propone Peralta evidencian  la voz de los marginados. Su obra muestra el afán de explorar el interior de los personajes y las motivaciones, impulsos, culpabilidad y resistencias de los que van pasando. Su literatura no sólo se limita a contar la historia, sino  que aporta con su  estética crítica al  derecho a  la vida, al disentir y actuar de acuerdo con su  ser cultural.

La autora:

Melfi Campo Torres es profesora de la Escuela Normal de Manaure (Cesar, Colombia) y catedrática en el área de Literatura de la Universidad Popular del Cesar. Especialista en literatura del Caribe Colombiano. Ha publicado ensayos en Ítaca revista del Lenguaje de la Universidad Popular del Cesar y coordina el capítulo Cesar-Guajira de la Red  Nacional de Lenguaje y el Grupo de Investigación de Literatura e Historia del Caribe (GILEHKA).

Nota:

[1] Luis Mario Araújo Becerra, escritor sandiegano residente en Bogotá, contextualiza la aparición  de Peralta Mendoza  en la historia de la letras del Cesar a través de "El ciclo literario de Hahel Peralta" con el que  presenta el volumen.
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©   Melfi Campo Torres

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VIII – Número 32
Enero-Febrero-Marzo de 2008

PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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