Jugar con fuego
Mario Quiroga Fernández
Poeta cubano residente en México
jossuexy56@yahoo.com
Navego contra la corriente,
soy perro de caza y hombre
sin freno, me amordacé y no tengo
cómo escapar de mi propia red.
Loca de pasión, buscas al macho
que te prometió, el sexo descalza.
Muy cerca está, apenas a unas brazas,
todo por pensar en planes perfectos...
Su mordida es como sombra al árbol.
Voy a huir al mangle,
voy a enterrar las cartas,
dormiré en el fango, con los alacranes.
Pero líbrame, noche, de esa hembra ancha
que quiere besarme.
Ya libre de este amor,
Nunca más imploraré un milagro,
Prefiero morir que decir te quiero,
A la dama insomne.
Pediré perdón a los duendes blancos,
solo que si me esconden
del triste fantasma.
Aguas turbias
Pillo y absurdo rufián,
saltas al río sin saber bracear,
todo por alcanzar un trozo de papel.
Las aguas turbias te arrastran
a la cascada, cielo gris.
Pierdes la sonrisa al caer.
Perdón al amor, paciencia al lamento,
ya sabes mentir pero no sufrir,
fuerzas de un tigre, vencedor del placer,
entrégate al fuego y deja quemar
tu dura mirada, la que ayer creíste
de conquistador.
¿Qué quieres ahora, el sol en tu mano?
Si llevas muy dentro un huracán sin dueño,
extraviaste el rumbo, por loco y perverso
y ahora mira lejos, la hermosa gaviota,
Se lleva tu alma, sin estar tú muerto...
Aprende de una vez: se ama o se pierde.
Mi dueña
Corazón de hielo,
sueños de conquista,
llamarada en la piel,
rogaste ser un señuelo,
y... tímida emperatriz,
serás un hada o señora
o una liebre perdida.
Tendrás la suerte
de un día rozar
con mi agua fresca y serena.
Ruge el león,
por ti, por tu selva...
Deja caer tu cuerpo
por la canal de la vida,
donde te espera
tu hombre.
El que te sueña despierto,
donde calentarás tu pecho,
después del intenso invierno.
Océano de dos aguas
Contemplando el mar azul,
la ola moldeó una figura
que voló hacia mí
cual gaviota encantada.
Me pidió mis labios,
y una sonrisa
dibujó a lo lejos, con las nubes claras.
Dividí el océano como una manzana...
Puse la alegría en la espuma blanca.
Sobre grises aguas reposé mis penas.
La tarde se iba... sin decirme nada.
Sumergí mis manos en las aguas mansas,
burbujas oscuras brotaban del fondo,
tocaban mi rostro, mas no me inmutaba.
El sol y la luna ya se encontraban
jugando conmigo entre las dos aguas.
Veía a mi gaviota, cómo se marchaba...
Tomando una piedra en forma de ala,
la puse en mi pecho
y escuché sus voces:
¿Por qué no la amas?
Ahora es un ave que llora en silencio,
vuela en la noche sin cielo,
mas es una joven, dormida,
que sueña encontrarte.
Entregué a la roca
un poco de amor del que me quedaba.
Mi mirada se perdió a lo lejos...
El ave de espuma, volando, escapaba.
La vela
Una vela escribe tu nombre con fuego
y en cera derrite tu historia;
por ser de humo y de flores marchitas
no deja su huella,
mas quedan cenizas de blancas figuras:
En una me dices te quiero.
En dos se rompe el hechizo.
Frases borrosas, cosas del pasado…
Amor que pierde una estrella y cura de varias heridas,
complaces mi lecho de ratos sin sentir el grito perdido.
La vida complace a los ricos
que vuelven en pobres sus almas
y mueren sin haber tenido la lumbre que enciende su hoguera.
Tristeza de palomas blancas,
andar en tierras sin sol y apenas
arenas, de grano fino y caliente.
No llores, sabia consejera,
amor y traición son hermanos.
Del hilo de una camisa
se empieza a bordar una tela.
Sin prisa, con mucha alegría,
podrás conquistar fuego para tu próxima idea.
Misterio y veneno
Se vende el tiempo a la ruina,
lo entierran solo, en el desierto.
La quiero y puedo tenerla,
sin vicios, con francas palabras…
brotadas de nidos y cumbres letales,
que nunca salieron del pozo,
se esconden, hay manantiales
cubiertos de miel y veneno.
Quedaste muy sola
al llegar la aurora,
sellada por gotas de agua.
La Fortuna te llama
con alas enormes de hielo.
Para el viaje, apenas un sello,
no tienes, Amor, compañera.
Mujer
Mujer de mirada pasiva
con galanteo caminas,
hija de la luna,
adornos son tus mejillas,
haces señas, transparente…
Bondad y riqueza
marcan tus virtudes.
Por honesta y hechicera,
tienes toda la mañana.
Eres dueña de la noche
con tu sable y tu arco iris,
Ya regresa,
el dios te espera,
aunque no te vio el príncipe,
pequeña, por cubrir tu rostro,
con la manta blanca y suave
que estrenaste en primavera.
Miraste lejos y hallaste un lucero
que te regaló su mano.
Pediste al camino un puente
y la gaviota te trajo dos pañuelos
blancos, suaves,
uno para la alegría,
otro, cubierto de penas.
En vísperas de fiestas,
caminas sin mirar el florero
donde tantas rosas rojas
esperan guarecerse.
De feliz a no saber si vestida de colores,
aún lo puedes ver,
desde infinito a tu vera.
Son las doce y un minuto,
hora de frío y de grises…
Pero el sol está contigo,
por ser dulce,
por ser tierna…
Nostalgia
Escritos y tinta en las nubes
traen viejos recuerdos de antaño,
perciben del ruido de frases
que enredan la vida en pedazos.
Golosos y, frágil la idea,
de senderos con piedras ya muertas,
se esconden debajo de un árbol,
sus frondas son plumas de ave.
El libro, guardado y tranquilo,
reposa en manos de nadie
y liebres de miedo se esconden
ante nuevas ideas soñadas.
Nadie quiere creer la historia
que cuenta el viajero,
sacando verdades del alma,
expulsando mentiras del alma.