La Galería
Coordinación:
Alvaro Suescún Toledo
Giancarlo Macchi:
La furiosa paz de la acuarela
(Sala III)
Giancarlo Macchi
en la residencia de Alberto Ravachi
en Altos del Caney, Caujaral
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© Giancarlo Macchi
© Eduardo Márceles Daconte
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
LA GALERÍA
Museo Virtual de Artistas del Caribe
MUVAC
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 33
Abril-Mayo-Junio de 2008
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
El URL de este documento es:
http://casadeasterion.homestead.com/v9n34gcmacchi.html
Giancarlo Macchi
Eduardo Márceles Daconte
Texto de presentación
Catalogo Exposición Galería Hotel El Prado
28 de abril 2006
En el pasado la técnica acuarelística era muy utilizada como medio para ilustrar investigaciones científicas con carácter documental o como testimonio visual de costumbres y tradiciones; en la actualidad es considerada una disciplina artística autónoma que goza de gran admiración y prestigio.
El maestro Giancarlo Macchi ejerce en Barranquilla un influyente magisterio pedagógico orientando a las nuevas generaciones de profesionales de la arquitectura de cuyo seno ha surgido un grupo de artistas que se destaca por la valiosa contribución al desarrollo de la acuarela en la costa Caribe. Macchi percibe el mundo de sus imágenes valiéndose de una paleta con pocos colores, apenas los básicos, para proponer un conjunto de visiones con los que enlaza la dimensión terrígena a la espiritualidad del espacio. Su obra denota la decantación de la experiencia madurada a través de un sostenido ejercicio de su vocación artística. Si la acuarela es, en términos de su mínima expresión, la conjugación de luz y color, en sus trabajos se observa esa espléndida luminosidad que caracteriza el trópico caribeño, integrando en ocasiones la bruma sobre un horizonte difuso de matices atmosféricos.
Más que ofrecer un retrato minucioso del tema, estas acuarelas manifiestan la gestualidad espontánea de quien se interesa por la esencia a través de escasas pinceladas. Es un ejercicio dinámico con el que captura los fulgores de un sol crepuscular sobre la lámina de un mar apacible, o un bodegón de sensuales frutas tropicales, o el perfil a contraluz del Castillo de Salgar como un mascarón de proa que surca un cálido oleaje.
En tonalidades poéticas, Macchi armoniza un canto a la naturaleza, aprovechando la sutileza del medio acuoso para proyectar las íntimas emociones de quien sabe a ciencia cierta para qué sirven los pinceles en esta época de transgresiones y disidencias.
Viejo muelle de mi Puerto