La Galería
Coordinación:
Alvaro Suescún Toledo
Giancarlo Macchi:
La furiosa paz de la acuarela
(Sala II)
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© Giancarlo Macchi
© Álvaro Suescún Toledo
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
LA GALERÍA
Museo Virtual de Artistas del Caribe
MUVAC
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 33
Abril-Mayo-Junio de 2008
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
El URL de este documento es:
http://casadeasterion.homestead.com/v9n34macchi.html
Giancarlo Macchi:
Acuarelista
Álvaro Suescún Toledo
Publicado en Revista Extra No. 85. Febrero de 2006.
Italiano de nacimiento y currambero —más todavía, ñero de corazón—, se lo reconoce como el padre de los acuarelistas que se han formado en la Universidad del Atlántico, y a estos como los mejores en todo el país, al punto que se habla de una escuela de formación cuya sede es Barranquilla y que tuvo en Kurt Levy a su pionero. Ellos, todos, han sufrido los rigores de su disciplina austera, que los ha encauzado a lo largo de veinte años, quizá más, de forcejeos continuos que han dado los más óptimos resultados. Su camada manifiesta con orgullo esa relación de pertenencia. Por allí han desfilado descollantes figuras entre las que cabría mencionar a Roberto Angulo, Manuel De los Ríos, Álvaro Rodríguez, Álvaro Herazo, Carlos Garrido, Manuel Ariza, Álvaro Barrios, Arnulfo y Rafael Luna, Pepe Colina, Francisco Daza, todos forjados en su cátedra, y con su holgado mecenazgo intelectual.
El encanto de su labor pictórica se fundamenta en los valores que les agrega a sus obras, dándoles la connotación de documentos visuales. En cuanto a la hechura, son muy libérrimas, de manera que hay fragmentos de su obra en que apenas sí toca el papel, concediéndole a la técnica su mayor importancia. Es aquí en donde se revela su destreza y se le reconoce su magistratura. En esas acuarelas, hay razones para fundamentar sentimientos de admiración que le originan, de una manera singular, factores de aprecio por los conocedores de este que es considerado muy difícil arte. En ellas desarrolla visualmente los apuntes, prefiere hacerlos al natural, en el mismo espacio, para someterlas en su expresión, dejando a su albedrío zonas ligeramente incompletas para ofrecer esa sensación de inspirada libertad. Lo suyo son los paisajes. Las vistas al aire libre, el mar, las montañas, los caminos y, en algunas ciudades, lo que sea digno de atesorar para evitar los desgastes de la memoria. Tiene una gran predilección por recoger los retazos de nuestra historia para plasmarlos en el recuerdo colectivo. No a la manera de los coleccionistas, y de ello también tiene manías, pues no carece del entusiasmo riguroso que hace viable el proceso de almacenista, aunque más pareciera acercarse al que guarda con la pretensión de hacer realidades diversas construyendo fantasías al desgaire.
Guarda apreciables joyas. Documentos originales de los próceres y de algunos presidentes de la República reposan en sus baúles. En materia de numismática es muy difícil valorar el tesoro de su colección; hasta cuando tenían uso las estampillas, eran su pasatiempo predilecto; de libros posee incunables, pero su mayor y más preciado tesoro es la información —difícil de encontrar— que da testimonio de cómo era el sitio de lo que hoy conocemos como Barranquilla.
Recuerdos de un tiempo ya pasado