El olvido que seremos
Antonio Mora Vélez
Saint-John Perse dijo que solo la poesía salvaba al mundo y que el olvido de ella lo llevaba a la destrucción y sostuvo de Borges que llegaba a la poesía pero a través de sus historias crueles. “Sus versos eran teoremas; sus ficciones, desgarramientos que permiten ver por fin al poeta en carne viva”, le dijo a Tomás Eloy Martínez en 1975 [1].
La novela El olvido que seremos, de Héctor Abad Facio-Lince. pertenece a esa clase de literatura escrita con el dolor y con la sangre de una realidad cruel, que por su verdad y su belleza está llamada a estremecer las conciencias de sus lectores y a hacerlos reflexionar sobre la tragedia colombiana –que es la antítesis del mundo que soñamos los poetas— y pensar en ese reino aún no cancelado por el pensamiento humanista, en el cual el hombre es hermano, amigo y compañero del hombre.
El olvido que seremos, verso de un poema de Borges que llevaba en el bolsillo el doctor Héctor Abad Gómez el día que lo asesinaron en Medellín, no es solo una novela familiar escrita por un hijo agradecido para resaltar los méritos de su padre y dejar constancia de los aciertos de su inteligencia como formador de criterios, es una novela que retrata un fragmento de la historia del país a través de la vida de una familia formada por un médico librepensador dotado de una gran sensibilidad social y una mujer de clase media alta de arraigadas convicciones católicas. Es la historia del amor —representado por la familia pero en especial por la relación padre e hijo— enfrentado al odio criminal de sus enemigos ocultos. La historia de un intelectual altivo y valeroso que no se arrodillaba sino frente a las flores de su jardín. De un profesor universitario de reconocidas calidades científicas y humanas que, de cara a la miseria que conocía como salubrista público, reclamaba “una sociedad más justa, menos infame que la clasista y discriminatoria sociedad colombiana” y que rechazaba la violencia guerrillera como medio para lograrla y la violencia ultraderechista que trata de impedirlo. La historia de un liberal demócrata que no mereció morir de esa manera por mucho que su alma buena e ingenua hubiese cometido errores por culpa de la emotividad y del sentimiento y hubiese sido “Algunas veces, en los últimos años de su vida, manipulada por la extrema izquierda colombiana” [2].
Al concluir la lectura de El olvido que seremos, de Héctor Abad Facio-Lince, nos quedó una gran tristeza y un sentimiento de frustración por lo que algún autor denominó el fracaso de este ensayo llamado hombre que sigue enceguecido por el poder y el dinero y echando mano de las peores conductas, hacia el abismo de la extinción como especie. Pero nos quedó algo de esperanza, gracias al papel esclarecedor de la literatura; porque la novela nos permite dialogar con el pasado reciente de Colombia “de un modo vivificante y original” [3] diálogo que es la condición necesaria para evitar el olvido de lo que nos degrada como seres humanos y para tener plena conciencia del desastre institucional, repensar el país y reconstruir su tejido social desecho por largos años de egoísmo y de intolerancia.
Notas:
[1] Tomás Eloy Martínez. Lugar común la muerte. Madrid, Planeta, 1998, pp. 55 y 59.
[2] Héctor Abad Facio-Lince. El olvido que seremos. Bogotá, Planeta, 2007, pp. 216 y 221.
[3] William Ospina. Los nuevos centros de la esfera. Bogotá, Aguilar, 2001, p. 191.
El autor:
Antonio Mora Vélez es escritor, profesor universitario y columnista de prensa, autor de Glitza y otros libros de cuentos, poemas y ensayos sobre ciencia ficción, género éste en el que es considerado uno de los clásicos y precursores en Colombia.
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© Antonio Mora Vélez
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IX – Número 33
Abril-Mayo-Junio de 2008
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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