Sentimiento
de soledad y belleza
Juan Pedro Cerrato
Poeta español
Los guijarros pulidos
La cala tiene el mar transparente.
Meto la mano en el mar
para coger un guijarro del fondo rocoso;
y el movimiento de mi mano en el agua,
brusco, asusta a los peces.
El mar, durante años, ha pulido
los guijarros y su tacto es suave.
Casa abandonada
La casa hace años que está abandonada
y aquí no viene nadie.
Sólo vengo yo: a caminar entre los olivos,
a leer, a mirar las lagartijas que salen
de las piedras. Si tú vienes
podemos mirar juntos las lagartijas,
hablar a la sombra de un olivo.
Un árbol se llama como yo
Oscurece en el monte. Saco
la navaja de la mochila, y grabo
mi nombre en la corteza de los árboles.
Ahora las hormigas, el viento,
las piedras, las flores saben mi nombre.
Un árbol se llama como yo
y a mí me gustaría llamarme árbol.
Lagartija pegada a la cisterna
La lagartija, pegada a la pared
de la cisterna, la veo en el patio
desde niño. Yo me crié en el patio con el sol
en la tapia, con la higuera, las plantas
y la lagartija pegada a la cisterna.
Saco agua de la cisterna
y riego las plantas de las macetas.
Otoño en el parque
El otoño ha pelado los árboles
dejando montones de hojas secas
y ramas rotas en el suelo.
Camino por el parque
y mis pasos hacen crujir la hojarasca.
Los árboles han quedado pelados
y yo quisiera vestirlos de hojas de colores.
Ramas que se lleva el torrente
Ha terminado de llover.
El torrente se lleva las ramas partidas
que han caído de los árboles.
No digo nada. La belleza es eterna
y las palabras se gastan enseguida.
El torrente —crecido tras la lluvia—
se lleva ramas partidas, un tronco podrido.
Barcas varadas en las rocas
La cala, de guijarros y grava,
tiene una hilera de barracas
de pesca. Las barcas de los pescadores
están varadas en las rocas, boca abajo,
con la madera rota. La belleza
es una forma de entender el mundo
y dar sentido a la locura de la vida.
Cruz tallada en piedra
La cruz, tallada en piedra,
es antigua. La cruz señala
el camino de la ermita. La soledad
en los caminos es la compañía de Dios.
La cruz ha sido guía de viajeros
durante siglos, y la humedad le ha dado
el color rojizo de la piedra oxidada.
La torre de Ses Animes
El mar desde la Torre de Ses Animes
es el paisaje más bello que he visto
en mi vida. Un acantilado
entre la montaña, el mar y el cielo,
con la torre que se levanta sobre las rocas.
El mar, inmenso, se une al cielo
en la línea del horizonte.
Olivos de troncos retorcidos
El campo mallorquín es seco
y está cubierto de matorrales y olivos.
Mayo, junio, son meses calurosos,
y los olivos dan buena sombra.
Los olivos viejos, con los troncos retorcidos
y las raíces hundidas en las piedras,
lo saben todo de mi vida.
El crujido de las ramas secas
El cielo se ha nublado,
se ha vuelto gris sobre el monte.
El silencio vale más que las palabras:
lo noto al romper una rama seca
y oír el crujido de la madera.
Hoy no quiero escribir, sólo romper ramas
o mirar las nubes sobre el monte.
Poema de amor
El amor está aquí, en la lluvia
que cae. Y en otro sitio,
lejos de aquí, junto a ti. Y llueva,
o haga sol, en todos los lugares del mundo.
El amor es la unión de todos los seres
y todas las cosas: la lluvia que cae,
la hierba mojada, tú, yo.
Gaviotas volando sobre el mar
Las gaviotas, posadas en las rocas
de la cala, levantan el vuelo.
Las veo volar entre las rocas,
haciendo círculos sobre el mar.
Las gaviotas dan vueltas a la cala,
haciendo círculos cada vez más estrechos
y bajos, casi cayendo en el mar.
Judería bajo la lluvia
La judería, bajo la lluvia, entristece
y la tristeza me enamora.
La lluvia se derrama en las calles viejas,
empedradas, del barrio de la judería,
cerca de la catedral. La lluvia
forma charcos en las baldosas rotas,
y yo estoy enamorado de la vida.
Casa rodeada de árboles
La casa está rodeada de árboles.
El maullido de un gato en el tejado
se oye siempre que vienes
a una casa rural mallorquina.
Los árboles, el gato que maúlla en el tejado,
nosotros, formamos parte de las casas
igual que la cal de las paredes.
Higuera sola en el campo
La higuera, sola en el campo,
es mi árbol de los deseos.
Un hombre es muy poco, está de paso
en el mundo, y no es nada sino tiene amor.
He atado un lazo rojo en una rama
de la higuera: he pedido amor
y que mi vida sea larga y venturosa.
El torrente de Sa Cabana
Me he sentado en un tronco,
al lado del torrente, y miro el agua
que corre rápida. No estoy solo:
el agua que corre, los pájaros que vuelan,
el sol, las flores me acompañan.
El torrente de Sa Cabana
es hermoso, y aquí nadie está solo.
Bosque a finales de otoño
El bosque se vuelve amarillo
a finales de otoño, color de hojarasca.
Aprieto un puñado de hojas secas
y lo tiro al aire. Y lo que tiro es mi alma
que se esparce por el bosque
y hace que las piedras, los matorrales,
los árboles huelan a mí.
Hojarasca que cae al torrente
Las hojas se desprenden de los árboles
y caen al torrente.
Hay que estar un momento quieto
entre los árboles, a la espera del milagro.
El alma se separa del cuerpo
y se la lleva la corriente, torrente abajo,
enredada en las hojas sescas.
Playa cubierta de algas
La playa está cubierta de algas.
Me quito la camisa blanca, las sandalias,
el pantalón de lino. Estoy desnudo
y me tiendo sobre las algas
con los pies dentro del mar.
Las olas se derraman en la playa
y hacen de mí un hilacho de algas.
Luna encima de la huerta
Camino bajo la luz de la luna
por la vereda de la huerta, rica en viñedos.
La luna está encima de la huerta,
y un momento así te llena de belleza
para el resto de la vida. La luna
parece que va a despegarse del cielo
y caer sobre los viñedos.
Paseando por el monte
Creo en la belleza del mundo,
en la unión del hombre con la naturaleza.
Estoy mirando los árboles, la culebra
que se arrastra por la hierba,
las nubes, y es como si mirase
mi alma. Creo en el amor
como actitud fundamental ante la vida.
Siesta bajo los pinos
Me he tumbado en la arena,
bajo los pinos, después de comer.
Oigo el rumor del mar en las rocas
hasta que quedo dormido.
Al despertar tengo arena en los ojos.
El sol brilla entre los pinos
y la primera palabra que digo es felicidad.
Cosas mías del bosque
Cosas mías del bosque, en verano
o en las tardes de invierno.
La espiritualidad: oír el sonido del silencio
en la lluvia que pega en las piedras.
La dulzura: ver las hormigas
que suben por el tronco de los árboles
al cielo. Cosas mías del bosque.
La costa de Punta de n’Amer
El mar es invisible a la mirada.
Si vienes a la costa de Punta de n’Amer
no mires la garriga o el mar
con los ojos, sino con el corazón.
Siento una belleza mayor
que las cosas visibles: y la descubro
en el mar, en el follaje de la garriga.
Iglesia en el crepúsculo
La iglesia rural de Son Negre
en el crepúsculo. En momentos así
se vuelve grande el corazón
y se vuelve pequeño el mundo.
El crepúsculo tiñe de colorado el monte.
La iglesia se vuelve pequeña,
casi invisible, del tamaño del amor.
La ermita incrustada en las rocas
La ermita está incrustada en las rocas
y parece parte de la montaña.
El viento que mueve los matorrales
queda parado. Las nubes
y los árboles son de piedra.
A la ermita de Nostra Senyora de Gràcia
las rocas la visten de piedra.
Noche entre los algarrobos
La noche es tan clara en el monte
que parece de día. Subo
al monte, por la cuesta de los algarrobos,
bajo el cielo estrellado; y es un milagro
esta luz de la noche. La luz
de las estrellas sale de los algarrobos
y se eleva hasta el cielo.
Los caminos rústicos
Los caminos rústicos, pedregosos,
me gusta andarlos. Uno
se detiene a oler una rama de madreselva,
a mirar las nubes, a tocar las espigas
de trigo. Uno se detiene, se sienta
bajo la sombra de un olivo,
le gustaría tener una mujer al lado.
Perro ladrando a la luna
El ladrido de un perro
hace que detenga mi paso. La noche
es clara en el campo, y el perro
ladra a la luna sobre los olivos.
El perro ha dejado de ladrar y me acerco
a acariciarlo. El perro lame mi mano
y siento que he hecho un amigo.
Guijarro bajo los bancos de madera
La primera piedra de la catedral
se puso en el año de 1230
sobre las ruinas de la mezquita musulmana.
Hoy, casi 800 años después, yo saco
del bolsillo un guijarro del mar
y lo dejo bajo los bancos de madera
de la catedral. Es mi corazón.
Playa de los perros
El Caló d’es Cans es una playa
de guijarros. La vegetación
llega al borde del mar. El mar es verdoso
y los árboles se levantan en la punta
de las rocas. Playa de los perros
es la traducción del nombre mallorquín,
y es un nombre hermoso.
Olor a tierra mojada
El campo huele a tierra mojada
en septiembre, con las primeras lluvias.
Me arrodillo entre las higueras
y cojo un puñado de tierra: la huelo,
la restriego por la cara. El olor
de la tierra, con las primeras lluvias,
vale más que el pensamiento.
Hormigas
que suben por los árboles
Estoy mirando las hormigas
que suben por el tronco de los árboles.
Quieto, callado. Quiero decirle al bosque
que lo amo. Las hormigas
suben por los árboles; y el amor
a una piedra, a una flor, a un árbol,
sólo puede decirse con el silencio.
La estatua del rey Jaume I
Echo migajas de pan a las palomas
que revolotean por la plaza.
La estatua del rey Jaume I llena de palomas
es preciosa. A su lado los niños juegan,
los novios se besan, los viejos charlan.
Una paloma viene a comer pan
en la palma de mi mano.
La tumba de Robert Graves
La tumba de Robert Graves
está en el cementerio del pueblo de Deià,
en lo alto de una colina donde se ve
el mar. La tumba, sencilla,
es una lápida de piedra bajo la sombra
de un árbol. Me agacho, y pongo
un ramo de flores sobre la tumba.
Camino que lleva a la playa
El camino que lleva a la playa
es pedregoso. El mar se ve entre el ramaje
de los pinos. Y, al caminar, las piedras
se deshacen en volutas de humo
a mis pisadas. Es una fantasía,
pero muevo el humo de las piedras
para poder ver el mar.
La cala de los pescadores
La cala de los pescadores, recogida
entre las rocas, es tranquila.
Siento fascinación
hacia todo lo que me rodea: el mar,
los pinos, las barcas varadas en las rocas.
Siento que fuese el último instante
de mi vida, y no tengo miedo.
Noche de verano en el pueblo
Hace una noche cálida, luminosa.
Vine al parque a pasear entre los árboles,
a ver la luna del verano
sobre el pueblo. Vuelvo a casa,
las calles del pueblo oliendo a belleza.
Son calles de alegría, y la luna
brilla sobre el campanario de la iglesia.
El convento de los monjes trapenses
El convento de los monjes trapenses
está en ruinas. El convento
ha sido abandonado por los hombres,
pero Dios sigue aquí en la hierba
que crece sobre las piedras.
Dios sigue en las ruinas del convento
y en las rocas de la montaña.
Patio en mayo
Las rosas florecen en el patio
y mi alma es un temblor del cuerpo.
Es mayo: el patio se llena
de la luz del sol y el aroma de las flores.
Los jacintos y los tulipanes que planté
en el otoño florecen, y mi cuerpo
es un trozo de alma temblorosa.
Amanecer en el campo
Amanece en el campo. El sol
sale de los peñascos del monte,
luminoso. Estoy rodeado de almendros,
algarrobos, chumberas, matorrales,
y veo amanecer en el campo.
El cielo se ha llenado de luz
y luego la luz ha envuelto la vegetación.
La alameda de Na Camel.la
Los árboles de la alameda de Na Camel.la
son hermosos. Me sé
de memoria Na Camel.la —los árboles,
las casas, la escuela graduada,
los bancos rotos— pero hoy
cruzo la alameda por primera vez.
Es la primera vez que veo un árbol, una casa.
Noche de invierno
La luz de la luna se cuela por las rendijas
de la ventana. En la oscuridad
se ve el cuarto: la cama, la silla,
la mesa llena de libros.
Es invierno, hace frío; pero abro
la ventana y estiro la mano hacia la luna.
La tengo tan cerca, tan cerca.